En alguna editorial anterior he citado al antropólogo
Clifford Geertz escribiendo que sin hombres no hay cultura
y sin cultura no hay hombres. Hoy volveré sobre este
concepto para exponer aquello que considero la obra más
significativa en la evolución de la humanidad, y,
por consiguiente, de la cultura: la invención colectiva
del lenguaje.
Más allá de que el lenguaje es una confirmación
irrefutable de que somos sujetos sociales, nos ha proporcionado
la cualidad de convertir en experiencia comunicable todos
nuestros usos, prácticas y habilidades; y por sobre
todas las cosas el lenguaje ha permitido que toda esa experiencia
humana pueda llegar a racionalizarse.
La continuidad del discurso lingüístico le
permite al hombre la facultad de modificar, reconstruir
o actualizar sus frases, sus imágenes, sus símbolos,
sus vivencias, su pasado: puede operar sobre su propia experiencia
acumulada. Podemos decir que la conciencia es resultante
de la actividad del lenguaje; la conciencia utiliza como
soporte al lenguaje mediante la continuidad del discurso
lingüístico. Y es a través de la función
comunicativa y del rol de movilizador de la experiencia
que el lenguaje contribuye como elemento principal a la
evolución de la conciencia, del hombre y de la cultura.
Sin embargo, debemos tomar en cuenta que cuando comenzamos
a diferenciarnos del resto de los seres vivos por nuestro
lenguaje, conciencia, y cultura, también creamos
un medio distinto: un medio humano. Los animales están
inmersos, son parte esencial, del medio natural mientras
que los hombres sólo pueden relacionarse con la naturaleza
a través de distintos elementos, todos ellos creados
por el hombre. Aquí es donde es necesario tener cuidado
en la manera de relacionarnos con el mundo natural, ya hemos
comprobado que nuestras más destacadas habilidades
son las destructivas y que poco nos interesa como sociedad
el medio ambiente. Lamentablemente, si seguimos destruyendo
la naturaleza, hipnotizados en un discurso lingüístico
que habla pero no dice, terminaremos aniquilando también
nuestro lenguaje, nuestra conciencia, nuestra cultura, nuestra
propia existencia.
/fvp