“Mas nadie logrará ser
el que es,
si antes no logra pensarse como no es.”
Abel Martín, CLXVII
Antonio Machado a través de Abel Martín
(1) y Juan de Mairena (2) -CLXVII y CLXVIII, respectivamente-,
nos detalla dos métodos para acercarnos a la
realidad: uno lógico-deductivo-discursivo; poético-intuitivo,
el otro. Ambos autores, el propio Machado en definitiva,
están vinculados a la filosofía y a la
poesía, tal vez porque él mismo era un
filósofo, conocía la Filosofía
y los problemas hondos de la filosofía académica,
o tal vez porque como afirma en su Poética
de 1931, “Porque tampoco hay poesía sin
ideas, sin visiones de lo esencial”. De allí
entonces la estrecha vinculación existente entre
arte-poesía y conocimiento. La ciencia y el pensar
abstracto sacrifican aspectos considerados no sustantivos,
pero para abordar lo sustantivo habrá que seleccionar,
según Machado, métodos previamente.
Se plantean entonces en la poesía moderna dos
fenómenos contradictorios en los que se establece
una relación dialéctica entre poesía
y filosofía: esencialidad y temporalidad. El
pensamiento lógico para Machado, se adueña
de las ideas y capta lo esencial, por lo tanto es una
actividad destemporalizadora: “Pensar lógicamente
es abolir el tiempo, suponer que no existe, crear un
movimiento ajeno al cambio, discurrir entre razones
inmutables”. Por lo tanto no podemos hablar de
una poesía del intelecto ya que el intelecto
no ha cantado jamás, no es ésa su misión;
su misión es señalar el imperativo de
su esencialidad. No puede entonces el poeta pensar fuera
del tiempo, ya que su propia vida fuera del tiempo no
es absolutamente nada.
“Todas las artes –dice Juan de Mairena
en la primera lección de su Arte poética-
aspiran a productos permanentes, en realidad, a frutos
intemporales. Las llamadas artes del tiempo, como la
música y la poesía, no son excepción.
El poeta pretende, en efecto, que su obra trascienda
de los momentos psíquicos en que es producida.
Pero no olvidemos que, precisamente, es el tiempo (el
tiempo vital del poeta con su propia vibración)
lo que el poeta pretende intemporalizar, digámoslo
con toda pompa: eternizar. El poema que no tenga muy
marcado el acento temporal estará más
cerca de la lógica que de la lírica.”
Antonio Machado asistió en el Colegio de Francia
de París (1910-1911), al curso de Henri Bergson,
de quien tomó la terminología filosófica
que expresara su sentido de la poesía como palabra
en el tiempo, como intuición de imágenes
vívidas y no sólo cobertura de conceptos.
Lo que lo va a alejar de los poetas de su época,
quienes proceden a una destemporalización de
la lírica por el empleo de las imágenes
más en función conceptual que emotiva.
Mas esta “palabra esencial en el tiempo”
(3) es un intento por aprehender la realidad múltiple
y rica, tanto en sus aspectos externos como en los estados
de ánimo del hombre (la relación entre
el paisaje interno y el externo es tema predominante
en Soledades –1899-1907-, se requiere
por lo tanto de un lenguaje rico, contrario al lenguaje
homogeneizador de la ciencia
Se plantean aquí otros interrogantes, ¿qué
es lo real?, ¿qué es el ser?. Abel Martín
(4) parte de la monadología de Leibniz, concibe
con él la sustancia como algo constantemente
activo pero el movimiento no es para Abel Martín
nada esencial. La fuerza puede ser inmóvil –lo
es en estado de pureza- no por ello deja de ser activa,
a diferencia de la cocepción aristotélica
acerca de los cuepos en movimiento y en reposo. Martín
distingue el movimiento de la mutabilidad: el movimeinto
supone el espacio, no es un cambio real sino aparente,
la mutabilidad o cambio sustancial es, por el contrario,
inespacial. “Sólo se mueven las cosas que
no cambian.” (5)
El cambio sustancial no puede ser pensado conceptualmente
pero sí intuido como el hecho más inmediato
por el cual la conciencia se reconoce a sí misma.
Nos vemos obligados a establecer nuevamente una relación
con los conceptos otorgados por Bergson acerca del tiempo,
éste es ordenado tradicionalmente de modo rectilíneo
y dividido en pasado, presente y futuro artificiales.
Bergson acusa a las limitaciones de la inteligencia
por tal error, y la única posibilidad de superar
esas limitaciones está en la fusión de
instinto e inteligencia a la que él llama intuición;
se posibilita así una realidad más auténtica,
la de la conciencia.
El arte tiene mucho de intuitivo, en especial la poesía,
que no puede ser sino una actividad de sentido inverso
al del pensamiento lógico: se trata de realizar
nuevamente lo desrealizado,... “una vez que el
ser ha sido pensado como no es, es preciso pensarlo
como es; urge devolverle su rica, inagotable heterogeneidad.”
Por lo que es el concepto del no ser la creación
específicamente humana.
El soneto con el que Machado dice que Abel Martín
cierra la primera sección de Los Complementarios,
sintetiza en forma precisa lo expuesto hasta aquí:
Cuando el Ser que se es hizo la nada
y reposó, que bien lo merecía,
ya tuvo el día noche, y compañía
tuvo el hombre en la ausencia de la amada.
¡Fiat umbra! Brotó el pensar
humano.
Y el huevo universal alzó, vacío,
ya sin color, desustanciado y frío,
lleno de niebla ingrávida, en su mano.
Toma el cero integral, la hueca esfera
que has de mirar, si lo has de ver, erguido.
Hoy que es espalda el lomo de tu fiera,
y es el milagro del no ser cumplido,
brinda, poeta, un canto de frontera
a la muerte, al silencio y al olvido.
Este es un bello resumen poético del pensar filosófico
machadiano, eminentemente panteísta y cuyo modelo
es la conciencia individual.
Aunque la apertura a la totalidad de la realidad nos
indica que existen diversos métodos de comprensión,
y coincidimos en esto con Machado, la poesía
es el más revolucionario.
Bergson en La evolución creadora (6),
aborda el problema de la evolución desde una
perspectiva del tiempo entendido como duración.
El universo se desarrolla a partir de un tiempo que
es verdadera duración, en ésta se expresa
el impulso vital, una fuerza que está más
allá de todo determinismo, que se desarrolla
continuamente generando nuevas formas, y que constituye
el núcleo más profundo de la realidad.
El impulso vital está presente en el hombre y
en la naturaleza. De la metafísica temporalista
que Bergson delinea se puede deducir también
la preservación que hace de la libertad, ...”jamás
podrá hablarse por los hechos de consciencia,
de condiciones idénticas.” El alma, inmersa
en el perenne fluir de la duración, es libre
porque sus actos siempre son en el fondo nuevos, siempre
aportan algo de nunca realizado.
Machado acabó finalmente por renegar de su
bergsonianismo al reconocer la dificultad de pasar desde
ese intuicionismo más o menos biologista, a una
libertad: “La intuición bergsoniana, derivada
del instinto, no será nunca un instrumento de
libertad: por ello seríamos esclavos de la ciega
corriente vital. Sólo la inteligencia teórica
es un principio de libertad , (de libertad y de dominio).”
(7)
NOTAS
(1) Abel Martín: poeta y filósofo. Nació
en Sevilla (1840). Murió en Madrid (1898). Obra
filosófica: Las cinco formas de la objetividad,
De lo uno a lo otro, Lo universal cualitativo,
De la esencial heterogeneidad del ser. Además
una colección de poesías publicada en
1884, Los complementarios.
(2) Juan de Mairena: poeta, filósofo, retórico
e inventor de una Máquina de Cantar. Nació
en Sevilla (1865).
Murió en Casariego deTapia. Autor de una Vida
de Abel Martín, de Arte Poética
, de una colección de poesías Coplas
mecánicas y de un Tratado de metafísica,
Los siete reversos.
(3) Antonio Machado, Poética. 1931
(4) y (5) Abel Martín, De un Cancionero Apócrifo.
CLXVII
(6) Henri Bergson, La evolución creadora.
Obras Maestras del Pensamiento Contemporáneo.
Nro. 36. Ed. Planeta-De Agostini. España. 1985.
(7) Las citas fueron extraídas de Poesías
completas, Antonio Machado. 15ª. Edición.
Espasa Calpe S.A. Madrid. España. 1974.
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