Roberto Juarroz: Los Extremos de la Palabra
Por Noelia Sueiro


- Ver Poesía vertical de Roberto Juarroz -


El lenguaje es el instrumento de expresión conceptual por excelencia del hombre, quien se constituye integralmente desde, por y a partir del lenguaje ya que las cosas que podemos decir son, de hecho, las cosas que podemos pensar, los términos de nuestro pensamiento. Antes de comunicar las ideas el lenguaje les da forma, las define esculpiendo la experiencia exterior e interior del hombre. Una de las características más importantes del lenguaje es la de ser una compleja entidad viviente por el hecho de estar constantemente en formulación y reformulación, ya sea debido a un aumento en el número de sus elementos constitutivos como al cambio en relación con la apertura polisémica de las palabras. Es decir, el lenguaje es por naturaleza un producto intrínsecamente dinámico que da cuenta del proceso de desarrollo intelectual, emocional y espiritual del ser humano y, por lo tanto, es constantemente redefinido a partir del uso social que el hombre hace de él.

Sin embargo existe un espacio vedado a las palabras en el ámbito de la experiencia interior del hombre que el lenguaje no puede abarcar. En este sentido Roberto Juarroz crea en sus poesías, y a partir de ellas, un mundo denso e intenso jugando en y sobre los límites de la palabra, explorando su riqueza y ahondando en la potencialidad del silencio.

El filósofo austríaco Ludwing Wittgenstein afirmaba que "nuestro lenguaje se articula en juegos de lenguaje que forman parte de una actividad o de una forma de vida" de modo que "los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo y los límites de mi realidad". El término juego de lenguaje es empleado para explicar que el hecho de hablar un lenguaje es parte de una actividad, o de una forma de vida; y existen infinitos e inconmensurables juegos de lenguaje, de hecho, tantos como actividades humanas puedan concebirse. Si los límites de mi lenguaje son los límites de mi realidad , entonces, explorando en los límites del lenguaje se trabaja para ampliar o retroceder las fronteras del mundo:

Es sólo lo posible
que nos demuestra su existencia.

Lo imposible no levanta nunca la voz. (39 – VII)

Y Juarroz se afana en hallar un lenguaje que permita una aproximación a la experiencia plena de la realidad, un lenguaje que sea pura formulación de sentimiento: un lenguaje transdisciplinario capaz de materializar la totalidad de la existencia. Y dice al respecto que "el ejemplo más puro, el más importante del lenguaje transdisciplinario en acción (lenguaje transdisciplinario que puede hacernos acceder al lenguaje global que buscamos) es el lenguaje del arte y sobre todo el lenguaje de la poesía. La poesía no puede actuar en los límites del lenguaje, en los límites de la imaginación, en los límites de la realidad. Para la poesía la realidad es infinita (...) esto significa, desde esta perspectiva, una actitud hacia la totalidad, un aprendizaje, un humilde aprendizaje de la realidad sin fronteras, una disponibilidad sin la cual no hay verdadero lenguaje ni verdadero espíritu hacia la totalidad": hay que alcanzar

...la mirada que escribe y borra al mismo tiempo,
que dibuja y suspende las líneas,
que desvincula y une
simplemente mirando.
La mirada que no es diferente
afuera y adentro del sueño.

La mirada sin zonas intermedias.
La mirada que se crea a sí misma al mirar.
(4.VIII)

Esta mirada activa, creadora, sólo puede alcanzarse ante un cambio de visión del mundo, es decir, un cambio cualitativo en la forma de percepción de la existencia: un despertar o renacimiento que manifiesta el sentir de la integración en la "totalidad o unidad cuyo sentido último no se comprende, pero sin cuya proyección, sin el sentimiento que uno es parte de ella, la vida parece mínima y despojada, muy empobrecida"

Cada cosa es un mensaje,
un pulso que muestra
una escotilla en el vacío.

Pero entre los mensajes de las cosas
se van dibujando otros mensajes,
allí en el intervalo
(...) como si lo que está
decidiera sin querer el estar
de aquello que no está.

Buscar estos mensajes intermedios,
la forma que se forma entre las formas,
es completar el código.
O tal vez descubrirlo.
(11 – IX)


La ruptura contemporánea entre un saber acumulativo en crecimiento exponencial y un ser interior cada vez más empobrecido hace imposible una mirada global de los conflictos actuales. Es imperioso, entonces, una mirada transversal de la realidad y el reconocimiento de la existencia de diferentes niveles de realidad regidos por diferentes lógicas.

La existencia de varios niveles de realidad y el espacio entre las disciplinas que intentan su abordaje está lleno de potencialidades y en este ámbito radica la posibilidad de que percepción y palabra inauguren la nueva dimensión del encuentro del hombre con la realidad más profunda. Es en virtud de esta estructura discontinua desde donde se funda la necesidad de una aproximación transdisciplinaria que focalice su atención en la dinámica generada por la acción simultánea de los múltiples niveles de realidad: "el lenguaje transdisciplinario es un lenguaje globalizante, holístico. Un lenguaje axial, un lenguaje orientado al centro de todos los otros lenguajes, (...) esto significa, una vez más, una nueva actitud":

...Lograr que la palabra adopte
el licor olvidado
de lo que no es palabra,
sino expectante mutismo
al borde del silencio,
en el contorno de la rosa,
en el atrás sin sueño de los pájaros,
en la sombra casi hueca del hombre.

Y así sumado el mundo,
abrir el espacio novísimo
donde la palabra no sea simplemente
un signo para hablar
sino también para callar,
canal puro del ser,
forma para decir o no decir,
con el sentido a cuestas
como un dios a la espalda.

Quizá el revés de un dios,
quizá su negativo.
O tal vez su modelo.
(1-XII)

"Comúnmente vivimos en un espacio pequeño de la realidad, un segmento diminuto. No es que no sea realidad lo que se hace: todo es realidad, pero vivimos al costado, con las fronteras muy cerca, muy limitadamente. La poesía tiene como objeto inmediato, básico, producir una fractura y ésta consiste en quebrar la escala consuetudinaria, la escala repetitiva, empequeñecida de lo real. Es abrir la realidad y proyectarla en la escala mayor". El hombre que despierta a la realidad es capaz de percibir su ritmo oculto e interno, que "el universo es un conjunto de correspondencias, de relaciones que se corresponden entre sí y el artista o el poeta o el ser que despierta pueden recoger, plasmar, transmitir" sutilmente mediante analogías, apelando al sentido de las semejanzas y las diferencias que vinculan las cosas. Se trata entonces de asumir la integración unitaria con la totalidad ya que sobre esta unidad se asienta el principio organizador del yo, libertad en acción y, en consecuencia, libertad creadora del mundo: expansión de los límites de la realidad.

Y quisiera relacionar la manera de concebir el mundo, la experiencia de vida de Juarroz, con la experiencia Zen en tanto metáfora de otro juego del lenguaje de Wittgenstein. Especialistas en semántica sostienen que las lenguas indoeuropeas nos vinculan a un modo de ver la realidad en forma fragmentada. La linealidad de la estructura sujeto-predicado modela nuestro pensamiento limitándolo e induciendo al hombre a pensar en términos de causa-efecto. No somos capaces de captar la naturaleza de la realidad por haber asimilado la limitación que suponen las palabras. En cambio otras lenguas, como el chino o el hopi están estructuradas de un modo diferente, sobre la base de imágenes. Así la estructura lingüística de la cultura occidental ha dado la visión del mundo compuesto por partes separadas, estáticas o dinámicas en relación de subordinación o inacción.


Zen: una visión integradora

La cosmovisión holística de la humanidad, forma de concepción totalizante y unitaria, se remonta hacia los orígenes del hombre. Las más antiguas y diversas culturas concebían que el movimiento de la Naturaleza tiende hacia orden, hacia el equilibrio, y consideraban al ser humano como parte integrante de esa Naturaleza viva, en constante cambio. En tanto las culturas orientales aprehendieron la existencia de este modo, perpetuándose hasta la actualidad, en occidente comenzó a diluirse, a perderse, al tiempo que iba configurándose una nueva cosmovisión cada vez más fragmentada y materialista de la realidad a partir del dualismo de Descartes y corporizada, en su máxima expresión, en el paradigma mecanicista newtoniano.

"El Zen, el inclasificable Zen es aquello que más se aproxima, dentro de lo que yo he encontrado, a la dinámica más íntima de la creación poética. Porque mediante el impacto de la imagen (en apariencia absurda) provoca la iluminación". Con respecto a la experiencia Zen es menester enfatizar en el hecho de que no se trata de una religión ni de una filosofía, sino que es en alta medida una doctrina de los medios, del camino. Es la disciplina del viaje hacia la gran meta del hombre, la lucidez frente a todas las cosas, frente al universo. Zen es experiencia, vida concentrada, vida siempre consciente o la conciencia cotidiana de las cosas como lo expresara Matsuo Bashoo, poeta del siglo VIII: la conciencia de todo momento, de toda acción, de toda inacción. El sentido del Zen es fundamentalmente el impulso liberador, la tendencia mental que diluye los antagonismos, admite la coexistencia de los opuestos, conduce al desapego y articula las esferas de lo consciente e inconsciente, de modo que se erige en una audaz tentativa de emancipación del hombre por la abolición de los resultados de la mente dualista, disociadora, que discrimina lo racional de lo irracional.

La conciencia a la que aspira la vida en Zen, mediante el Zen , desde el Zen, es una armonización de los factores conscientes e inconscientes contenidos simultáneamente en toda manifestación de la vida humana. Se trata de un espontáneo y lúcido vivir en las cosas, estar en las cosas (tanto en su superficie como en su profundidad), en su abierto secreto, y se manifiesta en asir el milagro siempre presente en las cosas naturales, aparentemente nimias, en ser capaz de abrirse a la vitalidad del palpitar de la naturaleza existente en todas y cada una de las cosas. Es decir la realización de una apertura interior que permita lograr una existencia plena, genuina, auténtica.

La cultura oriental ha concebido una palabra para designar este proceso de renacimiento, de iluminación, y, en el budismo Zen es satori. El satori (wu en chino) es la claridad que hay en las cosas mismas, experimentado a partir de una superación absoluta de toda diferencia, de todo dualismo, es la trascendencia del círculo lógico; pero es una experiencia que ningún lenguaje convencional puede explicar, pues el satori conceptualizado deja de ser satori. La apertura del satori puede darse por un sonido inarticulado, una observación, un incidente, una trivialidad, es decir, es un acto que se da de modo inconsciente cuando la propia mente ha madurado. Religiosamente es un nuevo nacimiento; intelectualmente es la adquisición de un nuevo punto de vista.

La iluminada comprensión es efectivamente un despertar y por lo tanto constituye una nueva perspectiva mental, una penetración intuitiva, "una capacidad que va madurando como fruto, una forma de la atención que se va haciendo cada vez más honda y poco a poco define las palabras, el modo de combinarlas", en oposición al entendimiento intelectual y lógico del hombre, la revelación de un nuevo mundo hasta entonces no percibido por la mente dualista.

Despertar debiera ser
despertar hacia adentro
y encontrar en el fondo
ese nuevo atributo,
tal vez el duplicado de reserva
de todos los colores.

O quizá la identidad insólita
del que puede encenderlos de nuevo.
(2 – XI)

En el despertar el hombre incrementa y afirma a tal punto su ser interior que es capaz de tender un puente hacia las cosas alcanzando tal amplitud y profundidad que trasciende lo individual y logra acceder de manera activa a otra dimensión de la realidad. Esta apertura intuitiva del inconsciente hacia la complejidad de la realidad es la causa de que infinitos caminos conduzcan a una sola meta, tan perfecta como si hubiese sido planificada con la precisión máxima de modo que el hombre pueda traspasar una frontera y proyectarse hacia el exterior:

Si alguien,
cayendo de sí mismo en sí mismo,
manotea para sostenerse de sí
y encuentra entre él y él
una puerta que lleva a otra parte,
felíz de él y de él,
pues ha encontrado su borrador más antiguo,
la primera copia.
(52 – II)

Juarroz afirma que "la poesía es un modo de vida o es nada: si es un modo del lenguaje, de la expresión, es por lo tanto un modo del ser, no del hacer". Las doctrinas orientales, en el terreno del arte en general, suelen exigir del artista una total identificación con su tema, con su objeto y, especialmente para la práctica Zen en la que toda actividad puede y debe convertirse en un valioso medio de conocimiento interior. Todo lo que uno hace es susceptible de convertirse en un camino del Zen, en arte Zen. No es suficiente retratar fielmente un objeto, se requiere alcanzar la representación de su esencia absoluta, reducir la entidad a aquellos rasgos concretos que den cuenta de sus notas primordiales.


En la poesía Zen las contadas palabras del haiku siempre dicen mucho menos que el silencio que las rodea o penetra. La naturaleza es el tema recurrente de estas poesías, prácticamente intraductibles, en las cuales puede percibirse aquello que quiere decirse sin palabras, aquello que se dice sin palabras. La locuacidad del silencio habilita un nuevo espacio donde emerge la posibilidad creadora ante lo abierto y Juarroz abraza la posibilidad de reconquistar esa conjunción de palabra y silencio, de "abrir algo entre la palabra y el silencio" e intenta la recuperación del silencio desde la poesía a partir de aquello que clama por ser una presencia, por manifestarse y que muy pocos lenguajes son capaces de transmitir:

Escribir un poema
(...) con nada o casi nada,
con las sombras de las palabras,
los espacios olvidados,
un ritmo que apenas se destaca del silencio
y un silencio acotado en un punto
por detrás de la vida.
(34 – XIV)

Porque sin silencio la palabra no existe pero también porque es un elemento de cohesión con un valor específico propio: "hay una carga de silencio en el poema: es el respaldo, la espalda de silencio que tiene la dimensión poética de la vida, toda esa esencial vivencia del silencio sin la cual no hay expresión válida (...). Pero hay algo más: no es sólo esa envoltura de silencio lo que sustenta a la palabra, sino que cada una de ellas tiene su propia carga interna de silencio."

... la palabra no es grito,
sino recibimiento o despedida.
La palabra es el resumen del silencio,
del silencio, que es resumen de todo
. (8 – VI)

Con respecto a la unión con la naturaleza las culturas orientales mantienen una percepción e identificación con lo que en ella existe de sagrado. La sacralización de la naturaleza roza lo cotidiano y, por extensión, la poesía se desarrolla a partir de, por y en un ámbito eminentemente natural y en el orden de la vida diaria. Análogamente también puede rastrearse en la poesía de Juarroz la presencia de la naturaleza a partir de la experiencia de la conciencia no dual de la realidad:

Un árbol es el bosque.
Pero para eso hace falta
que un hombre sea todos los hombres.
O ninguno.
(71 – X)

La mera conciencia de la separación entre lo humano y lo natural no permite al sujeto humano desarrollarse como un ser-en-relaciones, sino apenas sentirse como un ser fragmentado, absurdamente desconectado de la sabiduría natural:

Algunas veces nos sentimos por fin
asentados en la tierra.
Ella parece entonces nuestra casa.
(...)Pero lo mismo en el arraigo o el exilio
seguimos sin conocer nuestra función,
quizá porque ignoramos
la función de la tierra.
(34 – XII)

Fruto de un pensamiento orgánico como parte integral del cosmos, su poesía indaga en el desconocimiento humano de la Naturaleza acerca de lo que de ella hay en nuestro ser constitutivo y en lo que de ella podemos aprender a vivir. Este cambio de perspectiva produce un sentido completamente nuevo de realidad y de valor:

También hemos traicionado al agua.
(...)Ni siquiera supimos
beber la transparencia.
Beber algo es aprenderlo.

Y aprender la transparencia es apenas el comienzo
de aprender lo invisible.
(40 – XII)


Destino y creación

Vivir es la dimensión definitiva del hombre, y la poesía es el culto de esa dimensión. La verdad del mundo humano no puede hallarse como contenido del conocimiento intelectual, sino únicamente como particular existencia humana, íntima experiencia, carnalidad con las cosas ( carnalidad no restringida al hecho físico, material, sino a la experiencia encarnizada en el mismo cuerpo, la experiencia hecha cuerpo).

"He creído siempre que la poesía no es un oficio o una profesión, sino una forma de vida. ¿Un destino? Sí, es un destino. No sé si es pretencioso decir que uno asume un destino, pero supongo que hay formas conscientes e inconscientes de elección y asunción de eso que llamamos destino. ¿Qué es un destino? Supongo que debe ser una necesidad, la necesidad profunda de vivir de determinada manera y no de otra, de hacer esto y no aquello, de sentir que cuando uno no hace lo que está dentro de esa concepción de vida o de lo que debe dar la propia vida, está afuera de lo que es de uno. No entiendo por supuesto el destino como una especie de predeterminación, sino mas bien de una determinación, pero de una determinación que debe ser asumible, que de alguna manera admite la libertad de decisión. Recuerdo aquel pensamiento de Demócrito de que todas las cosas están hechas de azar y necesidad; es decir: de algo imprevisible, aparentemente casual, y al mismo tiempo imprescindible y determinado".

La muerte es otro hilo de la trama.
Hay momentos en que podría penetrar en nosotros
con la misma naturalidad que el hilo de la vida
o el hilo del amor.

El hilo se completaría entonces casi tiernamente,
casi como si nosotros mismos lo tejiéramos.

Hay momentos para morir. (21 –V)

Y continúa diciendo que al hablar de "destino en relación con la poesía y la creación, es preciso agregar ese otro elemento fundamentalmente humano que es la libertad. La poesía es destino o no es. Pero es destino si el destino comprende azar, necesidad y también libertad, lo cual es señalar de alguna manera que no hay destino en la poesía sin creación":

Me ha despertado una palabra entre mis labios,
una palabra que parecía pronunciarse a sí misma.

Tal vez mañana venga otra palabra,
que nadie ha pronunciado,
a entreabrirme los labios desde afuera.

Entonces perderé para siempre
la administración fugaz de mi silencio
y el control engañoso de mi voz.
(40 – IX)

La aceptación y asunción del destino es aquello a partir de lo cual puede vivir en plenitud, "un estado de azar, necesidad y libertad"; no ofrecer resistencias en ningún sentido, simplemente aceptar , y al aceptar hace, crea:

El cielo ya no es una esperanza,
sino tan sólo una expectativa.
El infierno ya no es una condena,
sino tan sólo un vacío.

El hombre ya no se salva ni se pierde:
tan sólo a veces canta en el camino.

Y esta idea del aceptar viene a confirmar el pensamiento de Juarroz de que "la poesía, para mí ya no es ni salvación ni condena, sino simplemente destino (...) el propio camino no se da por abandono, se da simplemente porque todo eso adquiere su forma, su tono".

El lenguaje transdisiciplinario en acción logra ampliar el campo de la realidad, los límites de mi mundo, en la medida en que se haya consumado esa penetración en la naturaleza viviente de las cosas que permite vislumbrar el sentido propio del valor singular y único de cada cosa: hay "un momento en que nos parece que entendemos, o captamos, o se nos revela, o sentimos un poco más de lo que existe (...) podemos percibir el peso, la verosimilitud de que cualquier cosa es lo que es, pero es también lo que no es, su sombra, su posibilidad, su proyecto, lo que no pudo ser y además, cada cosa, cada uno de nosotros, es también lo ni es ni no es. Y creo que esa tercera posibilidad es lo que hace sentir el abismo presente en todas las cosas y presente en nosotros mismos dentro del cual la poesía pide tallar otro abismo":

El fondo de las cosas no es la vida o la muerte.
El fondo es otra cosa
que alguna vez sale a la orilla.
(4 – I)

Un lenguaje que puede dar cuenta de la tensión existente entre la palabra y la imagen primera, entre el sentimiento y el acto fundacional de nombrar y que, por ello, implica una ruptura con el lenguaje convencional para alcanzar a través de la polisemia y de la imagen una trascendencia que consiste en decirnos que cada cosa es otra cosa y que hay que buscarla:

¿También se asombra el árbol?
¿También se asombra el animal?
¿También el agua se asombra?
¿También la piedra es asombro congelado?

Quizá las huellas del asombro
propongan una pista
para solucionar el enigma.

Y tal vez, al final,
sólo haya otro asombro,
como clave de todo.
(5 – XI)

El poema entonces es una aproximación, un acercamiento a una experiencia de alta intensidad. Puede ser la sombra de un árbol, el perfume de una flor, el reflejo en una pared, la luz de un relámpago... infinitos instersticios abiertos, y un sutil entramado de ligeras hebras que enlazan todas las cosas, "la poesía debe abrir las cosas, debe ponerlas al desnudo, debe ponerlas a la intemperie":

Detenerse ante el asombro
(...) equivale a asombrarse del asombro.

Aparece entonces una nueva inocencia,
más esencial que la primera.
Sólo en ella germina
el asombro definitivo:
el reconocimiento a través de las máscaras.

La salvación por el asombro. (11 – XI)

Este reconocimiento a través de las máscaras señala la orfandad de la palabra por la resistencia de la realidad a ser expresada. El mundo deslizándose a través de un lenguaje que se esfuerza inútilmente en contenerlo. "Vivimos entre límites y, sin embargo, en lo más entrañable, uno siente que no hay límites. Pues lo ilimitado no sostiene a nadie: sólo los límites sostienen quehacer en el abismo. Yo siento que a través de la poesía esa búsqueda cobra vida".

La realidad es infracción.
La irrealidad también lo es.
Y entre ambas fluye a veces un río de espejos
que no figura en ningún mapa.
(76 – XIV)

La apertura de la realidad a la dimensión vertical contiene ese estado de disponibilidad por el cual el hombre se detiene ante el asombro y se desliza, intuitivamente, en el abismo de las cosas hasta el fondo, para volver nuevamente a la superficie y dar cuenta de la precariedad de la palabra. La dimensión vertical es "aquello que actúa desde la espalda (por decirlo así), actúa desde abajo; aquello se ha vuelto parte de la propia mirada, parte inseparable del ojo". Este movimiento desdoblado sobre lo vertical es estrictamente un movimiento de retorno, pero un movimiento que se cierra sobre sí mismo reduciendo la experiencia a su imagen primera, tratando de aprehender lo irreductible, lo innombrable.

Y la poesía es el lenguaje global, el lenguaje transdisciplinario, que puede expresar la tensión existente en las fronteras de nuestro mundo, entre el todo y la nada de la palabra. "La idea de verticalidad supone atravesar, romper, ir más allá de la dimensión aplanada, estereotipada, convencional, y buscar lo otro":

El poema es siempre celebración
porque es siempre el extremo
de la intensidad de un pedazo del mundo,
su espalda de fervor restituido,
su puño de desenvarado entusiasmo,
su mas justa pronunciación, la mas firme,
como si estuviera floreciendo una voz. (3 –IX)

La creación poética de Roberto Juarroz constituye un bloque único, Poesía vertical. Un gran bloque de unidades coherentes entre sí: trece volúmenes bajo un mismo título numerados por un ordinal que los precede. Entre todos generan un movimiento conjunto, y definen con él los límites de un espacio cuyo ritmo interior viene determinado por la cohesión lograda entre esas unidades yuxtapuestas dejando vislumbrar un sutil entramado de relaciones en una integración con la totalidad que refleja la proyección del uno en el todo y la convergencia del todo en uno: "entre otras cosas que el hombre puede hacer, y en este sentido no hacer, me parece que pocas son tan trascendentes, tan definidoras del ser humano como llevar la palabra a su extremos, a su última posibilidad de configurar, crear o expresar algo. Hay en el fondo de esto un acto de fe muy profundo en que la experiencia humana (...) En esa dimensión de arriba y abajo es donde, más tarde o más temprano, caemos todos. Es en esa dimensión donde para mí se dan las cosas mayores del hombre, el gozo o el dolor, el amor o la muerte. Todo aquello que vale la pena".

 

Nota: todos los poemas y fragmentos han sido extraídos de Poesía vertical. Los números romanos indican el volumen correspondiente, y los ordinales el número de poema. Las citas textuales corresponden a aseveraciones del autor extraídas de entrevistas y conferencias.

Bibliografía
- Juarroz Roberto. Poesía vertical (1958 – 1982), Emecé, 1993
- Juarroz, Roberto. Poesía vertical (1983 – 1993), Emecé, 1993
- Juarroz, Roberto. Decimocuarta Poesía vertical, Emecé, 1997
- Juarroz, Roberto. Poesía vertical – Antología esencial, Emecé, 2001
- Juarroz Roberto, Poesía y Creación. Diálogos con Guillermo Boido, Ediciones Carlos Lohlé, 1980
- Bravo L., Un rigor para la intensidad. Reportaje a Roberto Juarroz, Montevideo,1993
- González Dueñas D. y Toledo A., La fidelidad al relámpago. Conversaciones con Roberto Juarroz, Ediciones Sin Nombre/Juan Pablos Editor, México, 1998.
- Juarroz Roberto, Algunas Ideas sobre el Lenguaje de la Transdisciplinariedad. Conferencia en la Biblioteca Nacional, Buenos Aires.
- Carta Abierta del Primer Congreso Mundial sobre Transdisciplinariedad, organizado por el CIRET, París, 1994
- Basarab Nicolescu, La trasndisciplinariedad – Manifiesto. Extracto traducido del francés por Consuelle Falla Garmilla UNAM 1999
- Forns – Broggi, R. La conciencia ecológica del poeta, ponencia dictada en el Congreso Internacional de Lasa, 1998
- Suzuki, D. T., Introducción al Budismo Zen, prólogo de C. G. Jung, Kier, Buenos Aires, 1997
- Vogelmann, D. J., El zen y la crisis del hombre, Paidós, Buenos Aires, 1985
- Wittgenstein, L. Investigaciones filosóficas, UNAM, México, 1988


Suscríbete a Enfocarte.com y recibe las actualizaciones en tu e-mail





| Sumario | Editorial | Plástica | Dibujos | Galería I | Galería II | Ensayo | Perejaume I | Perejaume II | Fotografía | Galería Fotográfica I | Galería Fotográfica II | Literatura | Destacado | Cuento | Amistades históricas | Relato | Artículo | Poesía I | Poesía II | Poesía III | Poesía IV | Poesía V | Poesía VI | Filosofía I | Filosofía II | Cine I | Entrevista |Cine II |


| Home | Staff | Colaboraciones | Directorio | Archivo | Buscador | Poesía semanal |
| Concursos |


Google
  Web www.enfocarte.com

 

Copyright © 2000-2007 Enfocarte.com /fvp.
Prohibida la reproducción de cualquier parte de este sitio web sin permiso del editor. Todos los derechos reservados.