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«Siempre
he buscado paisajes anteriores a Dios, por eso mi debilidad
por el Caos.»
E.M. Cioran
INTRODUCCIÓN
Siempre los hombres han creído encontrar en el vuelo
de las aves el eco y la sombra de Dios. Los egipcios rindieron
culto a Ra, el dios halcón. En el mundo griego aparecen
Hermes, "el de los pies alados", Dédalo e Ícaro que viajaron
al sol con inmensas alas, y las Nykai de frondosas
alas en sus espaldas.
Esta relación tampoco es ajena al pensamiento judío y,
por consiguiente, al cristiano. En el Génesis se
lee que en el quinto día de la creación, dijo Dios: "-Que
las aguas se llenen de seres vivos, y que vuelen las aves
sobre la tierra surcando el firmamento del cielo". Las aves son, según consta en el
relato bíblico, anteriores al hombre. Por eso, cuando
Noé quiso cerciorarse de que el Diluvio había terminado
envió un cuervo y después una paloma. Tal
como explica Ruperto de Deutz, "la paloma que Noé envió
del arca significa al Espíritu Santo", que con esa misma
figura se apareció en el Jordán cuando Jesús fue bautizado
en el Jordán. Jesucristo mismo se comparó con una
gallina, con un ave, para resaltar su actitud materna
para con Jerusalén: "-¡Cuántas veces quise reunir a tus
hijos como la clueca a su pollada debajo de las alas y
no quisisteis". Tal vez sea ésta la figura precisa
para representar a la divinidad: un ave en vuelo es lo
más parecido a una divinidad majestuosa. Ambas se yerguen
por encima de la tierra.
Pero el primero en intentar una demostración de la existencia
de Dios a partir de una parvada de pájaros fue Jorge Luis
Borges. Demostración genial recogida en El Hacedor
bajo el nombre de "Argumentum ornithologicum". Lo transcribo
por su brevedad; la numeración es mía e intenta respetar
el orden de las ideas:
(1)Cierro los ojos y veo una bandada
de pájaros. (2)La visión dura un segundo
o acaso menos; (3)no sé cuántos pájaros
vi. (4)¿Era definido o indefinido su número?
(5)El problema involucra el de la existencia
de Dios. (6)Si Dios existe, el número es
definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi. (7)Si
Dios no existe, el número es indefinido, porque nadie
pudo llevar la cuenta. (8)En tal caso,
vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno, (9)pero
no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres
o dos pájaros. (10)Vi un número entre diez
y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco,
etcétera. (11)Ese número entero es inconcebible;
(12)ergo, Dios existe.
Este "Argumentum ornithologicum" pretende remedar el
"Argumentum ontologicum" de san Anselmo. Pero puesto que
Borges recurre a la imagen de una bandada de pájaros
lo titula "ornithologicum", palabra derivada del griego
y compuesta por:
1. órnis, ornithos
2. lógos, logou
3. el sufijo -icus
A lo largo de las siguientes páginas intentaré mostrar
que el "Argumentum ornithologicum" es un simulacro del
argumento anselmiano, mitad broma, mitad en serio. También
intentaré mostrar cuáles son las falacias en las que incurre
Borges y por qué su "Argumentum" no tiene cabida dentro
del conjunto tradicional de los argumentos ontológicos.
Sin embargo, sería ingenuo perder de vista que la pretensión
de Borges no es filosófica, teológica, ni mucho menos
apologética. Es oportuno recordar aquella pregunta que
le lanzó Ernesto Sábatopoco
antes de que terminara el año de 1974:
¾
"Pero dígame, Borges, si no cree en Dios, ¿por qué escribe
tantas historias teológicas?"
¾
"Es que creo en la teología como literatura fantástica.
Es la perfección del género".
He fraccionado el "Argumentum" para hacer un análisis
más detallado. Sin embargo, ninguna sección se estudia
sin tener presente el resto. El siguiente análisis remite
al texto original y sigue la numeración propuesta más
arriba.
1. Cierro los ojos y veo una bandada de pájaros.
Borges es un irónico profesional. Sin ser cruel quiero
llamar la atención en este punto: el ciego ve una
bandada de pájaros. Aún más: Borges ve con los
ojos cerrados. Literariamente es una broma. Sin embargo,
la epistemología clásica le da razón: esa imagen no es
"vista con los ojos" sino con la imaginación. Sabemos
que Borges no fue ciego de nacimiento, por lo que en su
imaginación conservaba un sinnúmero de imágenes.
Sospecho que Borges quiere parodiar el inicio de la tercera
meditación de Descartes: "Claudam nunc oculos, (...) avocabo
omnes sensus, imagines etiam rerum corporalium omnes vel
ex cogitatione mea delebo". Borges refuta a Descartes: no escribe
en futuro sino en presente, como quien pretende ridiculizar
los propósitos de su interlocutor. Y sigue el camino contrario:
a pesar de que cierra los ojos, no suspende las "imágenes
de las cosas corpóreas".
Esta bandada de pájaros es el punto de partida. Debe
notarse el contraste con san Anselmo y el resto de los
filósofos que han procurado argumentaciones de este tipo. Una constante en los argumentos ontológicos:
es que todos inician con una idea, un concepto o una definición.
Las deducciones parten de algo abstracto. Por ejemplo,
el punto medular del argumento propuesto por san Anselmo:
"Sed certe idem ipse insipiens, cum audit hoc ipsum quod
dico: aliquid quo maius nihil cogitari potest, intelligit
quod audit; et quod intelligit in intellectu eius est,
etiam si non intelligat illud esse".
Simplificando, el mecanismo de todo argumento ontológico
consiste en atribuir de manera necesaria el atributo de
existencia a la idea original. Así, la existencia del
ente al que se refiere dicha idea, concepto o definición
es una necesidad, real o lógica. Ese concepto es pues
impelido a existir.
Escribe Graham Oppy que "the premises of ontological
arguments often do not deal directly with perfect beings
than which no greater can be conceived, etc.; rather,
they deal with descriptions of, or ideas of, or concepts
of, or the possibility of the existence of, these things".
Borges, en cambio, parte de una imagen: la bandada de
pájaros. Borges no toma un concepto ni una definición
sino una imagen. Esto es una novedad en la historia de
los argumentos ontológicos.
Según Aristóteles, "la Poesía es más filosófica y esforzada
empresa que la Historia, ya que la Poesía trata sobre
todo de lo universal, y la Historia, por el contrario,
de lo singular".
Borges, en mi opinión, veladamente juega con esta célebre
opinión. ¿Por qué Borges se aventura a un problema filosófico
desde una perspectiva literaria? Más aún, ¿qué razones
tiene Borges para comenzar un argumento a favor de la
existencia de Dios desde una imagen? Sin duda es una ironía,
pero quizá haya algo más.
La bandada de pájaros que cruzó por la mente de Borges
es única. Sólo la vio él, sólo la vio en
esa ocasión. En este sentido es singular (como la Historia,
según observa Aristóteles). Sin embargo, quien lee el
"Argumentum", reproduce en la imaginación su propia bandada
de pájaros. De manera que esa imagen tiene una resonancia
universal. Aunque Borges parte de una bandada de pájaros
singular, cualquier bandada de pájaros puede ayudar a
demostrar la existencia de Dios, siempre y cuando no conozcamos
el número exacto de los pájaros. Borges da el paso de
lo singular a lo universal. Corrobora así lo que Aristóteles
señalara: que "la Poesía es más filosófica". Otra vez,
Borges ha echado el lazo a la filosofía: "... la literatura
fantástica puede confundirse con la filosofía y la religión,
que son acaso otras formas de la literatura fantástica". Parafraseando la expresión escolástica,
la filosofía, en la obra borgeseana, es ancilla Litterarum.
Tomar una imagen como punto de partida es también una
especie de broma filosófica. Es una sutileza, es decirles a los
filósofos: "ustedes se han quebrado la cabeza partiendo
de ´un ser por encima del cual nada puede ser pensado´,
del cogito, de... A mí, en cambio, me basta un
puñado de pájaros para alcanzar sus mismos propósitos.
Olvídense de ideas abstractas, basta una sencilla imagen,
algo que vemos o podemos ver cualquier día".
2. La visión dura un segundo o acaso menos;
Borges pretende sugerir que esta visión le fue dada.
La visión es instantánea, de manera que el testigo es
incapaz de conocer el número exacto de pájaros que vuelan.
Al desconocer el número exacto, Borges insinúa que esa
visión no fue provocada por él mismo porque, cuando uno
imagina algo, ejerce control sobre la figura, los colores,
la posición, el número, etcétera. Puesto que Borges desconoce
el número hemos de sospechar que esa visión no fue imaginada
a voluntad. La visión (a) pudo haber sido inducida por
otro, o bien (b) llegó casualmente. Caben tres posibles
interpretaciones:
i) la visión es una inspiración, como la inspiración
de las musas;
ii) fue producto de la casualidad;
iii) Dios mismo procuró la imagen;
La primera lectura (i) es imposible, puesto que Borges
descreía de la inspiración arrebatadora. De hecho, confesó
que en una sola ocasión fue partícipe de experiencia semejante.
Restan pues dos posibilidades: que "casualmente" una bandada
de pájaros haya cruzado por la mente de Borges o, por
el contrario, que Dios mismo la haya sembrado. Borges
no se detiene en esto. Quiero creer que Dios indujo tal
imagen para que Borges concluyera Su existencia.
3. no sé cuántos pájaros vi.
Ahora, da Borges el paso imprescindible: de la imagen
a la idea o concepto. Borges trae a colación el concepto
de número, aún implícito en esta etapa del "Argumentum".
Intentará fincar su demostración en el problema del número,
no ya en la imagen misma de los pájaros.
Borges no aprovecha certeza alguna. Al contrario, la
incertidumbre lo acecha y continuamente desconoce el número
de los pájaros. A diferencia de san Anselmo, para quien
es evidente que existe "algo por encima del cual nada
puede ser pensado", o del cogito de Descartes,
por ejemplo, Borges carece de una certeza intelectual
inconmovible. Su única certeza es visual: no duda que
por allí asomaron algunos pájaros volando.
Aunque Borges parece moverse en el nivel intelectual
cuando acude al concepto de número, sabemos que en última
instancia su argumentación está fincada en una representación
imaginativa. Algo original, como se dijo arriba.
4. ¿Era definido o indefinido su número?
A continuación, Borges plantea una pregunta. Es una pregunta
tramposa, una premonición de lo que sucederá más tarde.
Borges desconoce el número de los pájaros y finge que
ése es el principal problema; sin embargo, jamás intenta
aclararlo seriamente. Traslada el problema a otro plano:
al carácter de los números. Se pregunta entonces si el
número de los pájaros era definido o indefinido.
Existe el peligro de confundir los términos finito
e infinito con definido e indefinido.
Sabemos que el número es finito porque no existen las
parvadas infinitas, porque todas las cosas existentes
en la realidad conforman un universo finito. Y aunque
los pájaros son una imagen -no se trata de pájaros reales-,
éstos constituyen a fortiori un número finito,
puesto que nadie es capaz de imaginar el infinito, como
imposible resulta también imaginar la nada o la eternidad.
Indefinido es aquello "que no tiene término
señalado o conocido". De suerte que Borges no intenta
decir que el número sea infinito sino que es desconocido.
El problema no está en la finitud o infinitud del número
sino en su ignorancia.
Según algunos, allí radica la trampa del "Argumentum",
puesto que -aseguran- ésos no son términos técnicos. Borges
no sólo utiliza términos técnicos sino que, incluso, sus
términos poseen connotaciones literarias. Por ejemplo,
véase cómo muta la palabra indefinido por inconcebible para dotar al texto de una palabra
con mayor resonancia.
Después de El escritor y sus fantasmas, es lugar
común afirmar que Borges confunde infinito con
indefinido. Los detractores aducen principalmente
el cuento "La biblioteca de Babel". Descreo absolutamente
de estas sospechas. A mi favor, dos razones:
i) En el epígrafe de dicho cuento se adivina ya
que las variaciones posibles que resulten de combinar
23 letras serán numerosísimas, pero no infinitas.
ii) Apenas en la segunda línea, Borges refiere que
el universo "se compone de un número indefinido, y
tal vez infinito, de galerías hexagonales", lo que
deja ver que el autor distingue dichos términos.
5. El problema involucra el de la existencia de Dios.
La sospecha que motivó la pregunta tramposa se
entiende ahora: Borges pretende que estos problemas nos
lleven a Dios. Ya no se sabe si Dios garantiza la verdad
del enunciado o si, por el contrario, el enunciado posibilita
(o al menos desvela) la existencia de Dios.
A juicio de Shahen Hacyan, fue Gödel uno de los primeros
en vincular a Dios con las matemáticas. Gödel es conocido
por sus teoremas y su modelo cosmológico. Lo menos conocido
es que esbozó y jamás publicó su propio argumento ontológico.
Ya en tiempos de la II Guerra Mundial, en las frecuentes
reuniones en casa de Adolfo Bioy Casares, Borges se dejó
seducir por las matemáticas. Abundaron las discusiones
sobre la cuarta dimensión, el tiempo, Dunne, el Universo
Seria, los números transfinitos, Kantor, etcétera.
Es posible que Borges se respalde en Gödel y vincule,
a su modo, a Dios con las matemáticas. Es interesante
notarlo porque, así, Borges se incorpora en la cadena
de los intentos matemáticos por llegar a Dios.
6. y 7. Si Dios existe, el número es definido, porque
Dios sabe cuántos pájaros vi. Si Dios no existe, el número
es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta.
De inmediato Borges se justifica. No es un capricho involucrar
a Dios. En la tradición judeo cristiana, uno de los atributos
de Dios es la completa visión. Dios lo ve todo. Desde
las primeras páginas del Génesis leemos que Dios
conoce el pecado que Adán y Eva procuran ocultar. Lo mismo sucede a Caín.
En el "Nuevo Testamento", Jesús lee los corazones de los
hombres, incluso el de Judas. San Anselmo explica esta facultad
divina: "Quoniam autem idem est summo spiritui scire quod
intelligere sive dicere, necesse est ut eodem modo sciat
omnia quae scit, quo dicit aut intelligit".
Los teólogos resuelven en primer lugar que Dios puede
conocer, y de hecho conoce, el universo de los seres reales.
La referencia bíblica más evidente está en Lucas 12, 7:
"Pero también los cabellos de vuestra cabeza están todos
contados".
La prueba de que Dios también conoce los pensamientos
humanos está, según el consenso unánime de los teólogos,
en la existencia positiva de los pecados de pensamiento.
Si cabe ofender a Dios con un pensamiento tenemos la certeza
de que Dios lee también la mente humana.
Borges no profesaba una fe; sin embargo, ensayó cierta
creencia en la omniabarcante sabiduría de Dios. Así lo
deja ver en "Cosas". Después de una extensa enumeración de objetos,
tales como "El polvo indescifrable que fue Shakespeare"
o "La piedra ciega y la curiosa mano" o incluso "El Ser
que es Tres y es Uno", Borges sugiere que todo eso es
"El otro lado del tapiz. Las cosas / Que nadie mira, salvo
el Dios de Berkeley". Como si se resignara a que Alguien,
al final, es capaz de conocer absolutamente todo.
8. y 9. y 10. En tal caso, vi menos de diez pájaros
(digamos) y más de uno, pero no vi nueve, ocho, siete,
seis, cinco, cuatro, tres o dos pájaros. Vi un número
entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis,
cinco, etcétera.
En estas líneas radica la falacia aritmética y, al mismo
tiempo, el ingenio literario. Borges marca unos parámetros
dentro de los cuales trabajará: vio al menos dos pájaros
pero no más de nueve. Hay un número entre uno y diez que
indica el número exacto de pájaros. Siendo las posibilidades
finitas, Borges tuvo que haber visto un número entre uno
y diez. Sin embargo, puesto que Borges desconoce el número,
traslada el problema a otro nivel. Que Borges ignore el
número no implica que ese número no sea (de suyo) cognoscible.
Borges tiene conciencia de haber visto un número finito
(Vi un número entre diez y uno). El desconocimiento
de tal número le lleva a negar cada posibilidad individual
(que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etcétera).
Por eso miente al decir que no vio nueve pájaros, ni ocho,
ni siete, ni seis, ni cinco, ni cuatro, ni tres, ni dos.
Reconoce que debe elegir algún número de entre aquellos
presentes en el universo que va de uno a diez, pero cuando
se detiene a considerar cada una de las posibilidades
individuales, titubea. «¿Habrán sido cuatro pájaros?,
se pregunta. No, me parece que eran más. ¿Cinco? Tal vez,
pero no podría asegurarlo. Tal vez eran seis o siete.
Pero ese número ya me parece demasiado grande. ¡Caramba,
esos pájaros volaban muy rápido!» La consideración de
cada posibilidad le lleva a la siguiente. Pero al final
termina por descartar todas y cada una de las posibilidades
individuales.
EL NUDO DEL ARGUMENTUM
Borges tiene dos obsesiones:
i. Demostrar que el número es indefinido.
ii. Demostrar la existencia de Dios
Ambas son incompatibles, de acuerdo con las líneas 6
y 7. He apostado, en este trabajo, por
la segunda pretensión. Entiendo que el interés principal
de Borges es demostrar la existencia de Dios. Dejaré de
lado la primera de sus obsesiones. Tres motivos
me respaldan:
a.
El mismo título del texto ("Argumentum
ornithologicum") recuerda el conjunto de los argumentos
ontológicos, con los cuales se demuestra la existencia
de Dios o alguno de sus atributos.
b.
La línea 5 es una clara indicación de la preocupación
de Borges, porque sabe que la existencia de Dios es
un problema, algo no evidente.
c.
La conclusión del argumento presente
en la línea 12. En cuanto acomete
la conclusión, Borges está tranquilo, y pone entonces
punto final a su texto
Reconozco que (b) es débil porque podría objetarse con
la línea 4:
tal vez alguien considere que el problema principal del
texto es averiguar si el número era definido o si no lo
era. Considero que esta objeción es muy débil. Los motivos
(a) y (c) poseen una fuerza indiscutible.
Desecharé, por ahora, la línea 7, donde se involucra la no-existencia
de Dios y la no-definición del número entero.
Existen dos maneras espontáneas o naturales
de concluir, según lo explicado hasta ahora. Intentaré
demostrar que ambas son falaces. Estas permutaciones se
estudian en las secciones (A) y (B). Es posible también
configurar otros silogismos a partir de algunas suposiciones
inducidas por el mismo Borges. Para ello está la sección
(C). Por último, es posible estructurar otro silogismo
haciendo un paralelismo con san Anselmo y echando mano
del concepto de "inconcebible". Esta posibilidad la exploro
en la sección (D).
A. LA VÍA DE LA FALACIA DEL MODUS TOLLENDO TOLLENS
6. Si Dios existe, el número es definido...
11. Ese número entero es inconcebible;
12. ergo, Dios existe.
Por inconcebible se entiende, según la Real Academia
Española de la Lengua, aquello "que no puede concebirse
o comprenderse". El Oxford Dictionary ofrece otra
definición en la voz inconceivable: "that cannot
be imagined".
Borges procura confundir al lector. Sabe que el número
tiene que ser finito, id est, definido. Sin embargo,
para continuar la broma literaria, explica que tal número
es "inconcebible". Por inconcebible entiende indefinido.
¿Cuál es el fundamento de esta afirmación? Su ignorancia
del número, tal como se lee en las líneas 8, 9 y 10. Se trata de la falacia
del modus tollendo tollens.
"p" significa Dios existe.
"q" significa el número es definido.
El error estriba en que de la negación del consecuente
no se sigue la afirmación del antecedente.
B. LA VÍA DE LA FALACIA DEL MODUS PONENDO PONENS
6. Si Dios existe, el número es definido...
10. Vi un número entre diez y uno....
12. ergo, Dios existe.
Borges ha apostado en la línea 10 a que el número de
los pájaros es un número definido. Fundado en esta aparente
certeza demuestra que Dios existe. Se advierte, sin embargo,
que este raciocinio es la falacia del modus ponendo
ponens:
"p" significa Dios existe.
"q" significa el número es definido.
El error estriba en que de la afirmación del consecuente
no se sigue la afirmación del antecedente.
Intentaré ahora ofrecer dos posibles soluciones distintas
de las anteriores. Si aquéllas las llamé naturales
o espontáneas, éstas parecen más entimemáticas,
porque ofrecen al lector la posibilidad de suponer alguna
de las premisas.
C. DOS POSIBLES CONFIGURACIONES DEL SILOGISMO
Son tres los pasos que Borges da lícitamente:
a. Señalar que la parvada de pájaros está conformada
por un número preciso (entero) de pájaros. Esto quedó
suficientemente explicado en el comentario a la línea
4.
b. Señalar que desconoce dicho número (línea 3). (Aprovecha
entonces para abrir una posible confusión, línea 4:
todo número desconocido es indefinido. El lector poco
avezado podrá figurarse que la discusión está en el
plano de lo finito/infinito.)
c. Un par de suposiciones, presentes en las líneas
6 y 7.
S1. Si Dios existe, entonces Dios conoce el número
de los pájaros. Ese número sería indefinido para Borges
pero definido para Dios. Dicho con otras palabras:
si Dios existe, el número es definido (línea 6).
S2. Si Dios no existe, entonces el número es (absolutamente)
indefinido, puesto que ni Borges ni nadie más puede
conocer ese número (línea 7)
Borges deja en completa libertad al lector, quien eligirá
la premisa menor. Esa elección está condicionada, hasta
cierto punto, por la suposición (S1 ó S2) que el lector
encuentre más convincente o con la que se sienta más familiarizado.
Las dos posibles premisas menores son:
pm1) El número es definido. (La razón es que Dios lo
conoce, según el argumento de la omnisciencia. Aquí
se comete una petición de principio, pues quien reconoce
la omnisciencia divina acepta previamente la existencia
de Dios.)
pm2) El número es indefinido. (La razón está en la
línea 3: Borges lo desconoce.)
Es decir, el número es definido para Dios pero indefinido
para Borges.
Quien parta de la S1 tomará de modo natural, casi por
instinto, la pm1. Y quien parta de la S2 tomará la pm2.
Los silogismos que se pueden conformar son dos:
Silogismo 1
S1 (línea 6): Si Dios existe, el número es definido.
pm1: El número es definido.
Entonces: Dios existe.
Este silogismo puede simbolizarse de la siguiente manera:
Falaz. Es una variación de la falacia del modus ponendo
ponens.
Silogismo 2
S2 (línea 7): Si Dios no existe, el número es indefinido.
pm2: El número es indefinido.
Entonces: Dios existe.
Este silogismo puede simbolizarse de la siguiente manera:
Falaz. Es una variación de la falacia del modus tollendo
tollens.
Algún lector querrá intentar la combinación de los otros
posibles silogismos: la S1 con la pm2, y la S2 con la
pm1. Las dos son igualmente falaces.
D. LA VÍA DE LO INCONCEBIBLE
Existe otra manera de descifrar el "Argumentum".
Borges reconoce que el número es inconcebible. Así
se expresa en la línea 11. La razón de su afirmación es
que el número, a pesar de que se encuentra en el conjunto
finito que va del 1 al 10 , no corresponde con ninguno de los números enteros
que conforman ese universo: "pero no vi nueve, ocho, siete,
seis, cinco, cuatro, tres o dos pájaros" . Dicho con otras palabras: el número
es inconcebible porque, tratándose de un número entero menor
a 10 y mayor a 1, no corresponde a ninguno de ellos. Ese
número es pues inconcebible. Llamémosle 5´.
De lo anterior resulta que el número 5´ no sólo es indefinido
sino incluso inconcebible.
Nuestra mente contiene el concepto de inconcebible
tan fuertemente arraigado que los lectores entienden la
expresión cuando Borges escribe: "el número entero es
inconcebible".
Es imposible dudar que 5´ existió, al menos en la mente
de Borges. Puesto que 5´ existió, es posible que otro
ser indefinido e inconcebible exista, como 6´ o incluso
Dios. Dios es también un concepto indefinido e inconcebible,
al menos en la tradición occidental que acogió a Borges.
En Lógica, las posibilidades implican la necesidad. Es
posible, como se dijo, que el ser inconcebible que llamamos
Dios exista. Luego, es necesario que Dios exista.
"Ergo, Dios existe".
Como se adivina, este procedimiento es más cercano al
argumento anselmiano. Pero es igualmente falaz. Gaunilón
tuvo razón.
CONCLUSIONES: UN FALSO APRIORISMO
Borges jamás aclara que su texto sea una prueba a
priori de la existencia de Dios. Sin embargo, la totalidad
de los argumentos ontológicos lo son. Borges pretende
emular los argumentos ontológicos -como
he repetido incansablemente en estas páginas- pero no cumple con el apriorismo característico de los argumentos ontológicos.
Al partir de una imagen visual, su argumentación toma
un carácter a posteriori. Borges tiene la ocurrencia
de partir, por primera vez, de una imagen visual, marginando
el concepto. Sin embargo, esta apuesta le impide pactar
con el apriorismo. La demostración de Borges es, pues,
a posteriori.
La prueba de esto es sencilla, y en el caso de Borges
es quizá aún más clara: toda imagen proviene de una experiencia
previa. Nadie es capaz de reproducir la idea de algo que
no ha sido percibido anteriormente por sus sentidos. Si
Borges hubiera nacido ciego habría sido imposible que
viera esa bandada de pájaros. Sólo porque Borges
ha visto durante más de cincuenta años de su vida es capaz
de reproducir imágenes previamente adquiridas.
Graham Oppy tiene razón cuando escribe: "As far as I
know, no-one has ever tried to develop an ontological
argument which begins with an image. Indeed, I find it
hard to imagine how such an argument would go. After all,
ontological arguments are typically taken to be a priori;
yet what you are suggesting [el "Argumentum Ornithologicum"]
seems to be an argument which begins with something a
posteriori".
Hacia el final de "La busca de Averroes" Borges escribe:
"En la historia anterior quise narrar el proceso de una
derrota. Pensé, primero, en aquel arzobispo de Canterbury
que se propuso demostrar que hay un Dios; luego en los
alquimistas que buscaron la piedra filosofal; luego, en
los vanos trisectores del ángulo y rectificadores del
círculo". Deposito mis votos en el Dios del silogismo
para que este trabajo no haya sido tampoco una vana derrota.
El
vago azar o el inescrutable laberinto de los efectos y
las causas previsiblemente
decidió que yo concluyera este trabajo el 24 de agosto
del año 2001,
centésimo segundo cumpleaños de Jorge Luis Borges.
Este
trabajo fue presentado en el "Coloquio Internacional Jorge
Luis Borges / Ciencia y Filosofía",
celebrado en honor de Jaime Alazraki por el Centro de
Investigación Ibero-Americana de la
Universität Leipzig y la Fundación Jorge Luis Borges en
octubre de 2001, en Leipzig.
BIBLIOGRAFÍA
Pentateuco, Eunsa, Pamplona, 2000.
Nuevo Testamento, José María Bover y José O´Callaghan
eds., 4ª edición, BAC, 400, Madrid, 1999. San Anselmo
de Canterbury, Obras Completas, BAC, Madrid, 1952.
Aristóteles, Poética, UNAM, México, 2000. Orlando
Barone, Diálogos Sabato - Borges, Emecé, Buenos Aires,
1996. Jorge Luis Borges, Obras completas, Emecé,
Buenos Aires, 1996. René Descartes, Meditaciones
filosóficas, Anagrama, Madrid, 1982. Ruperto de
Deutz, Commentarium in "Genesim", apud Pentateuco,
Eunsa, Pamplona, 2000. Gaunilón, Libro escrito a
favor de un insensato, apud san Anselmo de Canterbury,
"Obras Completas", BAC, Madrid, 1952. Shahen Hacyan,
"La prueba ontológica" en periódico Reforma, sección
Cultural, columna "Aleph Cero", México DF, jueves 18 de
enero de 2001. María Esther Vázquez, Borges, sus
días y su tiempo, Editorial Javier Vergara, Buenos Aires,
1999. Daniel Vera, "Si ´P o no P´ entonces Dios existe",
en elementos (revista trimestral), no. 38, vol. 7,
junio/agosto 2000.
RECURSOS EN INTERNET
José María Martín Ahumada, "Breve refutación de la realidad",
Revista Estigma, apud http://members.fortunecity.es/mundopoesia/articulos/breverefutaciondelarealidad.html,
el 1 de agosto de 2001.
Graham Oppy, Stanford Encyclopedia of Philosophy,
apud http://plato.stanford.edu/entries/ontological-arguments.html,
el 27 de julio de 2001.
NOTAS
Lucas 13, 34. El griego utiliza
el término órnis, ornithos que también puede
significar ave, pájaro. Utilizo la edición
trilingüe de la BAC (no. 400) preparada por José María
Bover y José O´Callaghan, 4ª edición, Madrid, España,
1999.
"Cerraré los ojos, (...)
suspenderé mis sentidos; hasta borraré de mi pensamiento
toda imagen de las cosas corpóreas". René Descartes, Les
Méditationes Metaphysiques, "Méditation Troisième",
Paris, 1641.
Destacan Alejandro de Hales (1185-1245),
Guillermo de Auxerre (1200-1231), Richard Fishacre (+
1248), Buenaventura de Bagnorea (1221-1274), John Peckham
(+ 1292), Mateo de Aquasparta (+ 1302), Giles de Roma
(1247-1316), Juan Duns Scotto (1266-1308), William of
Ware (1270-1300 aprox.), Nicolás de Cusa (1401-1464),
Francisco Suárez (1548-1617), Henry More (1586-1661),
René Descartes (1596-1650), Ralph Cudworth (1617-1688),
Baruch Spinoza (1632-1677), Nicolas Malebranche (1638-1715),
Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716), Francois de Fénelon
(1651-1715), Samuel Clarke (1675-1729), Christian Wolff
(1679-1754), Alexander Baumgarten (1714-1762), Georg Wilhelm
Friedrich Hegel (1770-1831), Friedrich W.J. Schelling
(1775-1854), Robert Flint (1838-1910), Heinrich Scholz
(1884-1956), Karl Barth (1886-1968), Robin G. Collingwood
(1889-1943), Charles Hartshorne (1897-2000), Kurt Gödel
(1906-1980), Norman Malcolm (1911-1990), Jan Berg (n.1928),
Alvin Plantinga (n.1932).
"Pero cuando me oye decir que hay
un ser por encima del cual no se puede imaginar nada mayor,
este mismo insensato comprende lo que digo; el pensamiento
está en su inteligencia, aunque no crea que existe el
objeto de este pensamiento". San Anselmo de Canterbury,
Proslogium, c. 2, en "Obras Completas", BAC, Madrid,
1952, pp. 366 y 367.
Me escribe Graham Oppy (autor de,
entre otras obras, Ontological Arguments and Belief
in God, New York, Cambridge University Press, 1995)
el 23 de agosto, 2001: "As far as I know, no-one has ever
tried to develop an ontological argument which begins
with an image".
En su Argumentum, san Anselmo
echa mano del ejemplo del pintor y su obra para ilustrar
su raciocinio; pero éste no forma parte del argumento
mismo. Borges, en cambio, ancla su definición en esta
imagen. Tal vez el primero en valorar la importancia y
la necesidad de las imágenes en este tipo de discusiones
haya sido Gaunilón, el primer polemista de san Anselmo,
quien comentó el caso del pintor y su obra, y más célebre
aún resultó su isla Perdida. Cfr. Gaunilón, Libro
escrito a favor de un insensato, apud san Anselmo
de Canterbury, "Obras Completas", BAC, Madrid, 1952, pp.
406 a 415.
En 1970, Borges afirmó en un programa
para Radio Municipal: "Yo creo en la inspiración. Desde
luego que esa inspiración puede darse de diversos modos.
En mi caso se da de un modo muy lento y muy perezoso,
salvo cuando escribí un cuento que posiblemente no
sea el mejor mío, "Las ruinas circulares"; entonces sí
me sentí arrebatado por el tema, como ya te lo he narrado.
Pero esa fue la única vez que me sucedió en la vida. En
todos los otros casos he tenido como una lenta visión
de algo. Y luego esa visión ha ido concretándose." Amparado
en estas líneas afirmo lo de arriba, ya que la visión
de los pájaros es fugaz. El subrayado es mío. Cfr. María Esther Vázquez, Borges, sus días y su tiempo, Editorial
Javier Vergara, Buenos Aires, 1999, p. 96.
Shahen Hacyan, "La prueba ontológica",
periódico Reforma, sección Cultural, columna
Aleph Cero, México DF, enero 18, 2001.
Hasta donde entiendo, muchos matemáticos
se han preocupado personalmente por el problema de Dios,
como Descartes o Newton. Intentar una demostración de
la existencia de Dios desde las matemáticas implica la
imposibilidad que Gaunilón señalara hace diez siglos:
el paso de lo mental a lo real está vedado. Los matemáticos
saben que estos problemas pertenecen a un campo diferente
al suyo propio. No es casual que muchos matemáticos sólo
reconozcan como demostración válida de la existencia de
Dios el "argumento ontológico". Ni siquiera me atrevería
a afirmar que la finalidad principal del Gödel en su "argumento
ontológico" fuera demostrar la existencia de Dios. El
tono de Borges es más literario que matemático. Cfr. la
sección (D. LA VÍA DE LO INCONCEBIBLE) en este mismo trabajo.
"Pero como en el Espíritu supremo
es lo mismo conocer que comprender o hablar, es necesario
que sepa todo, de la misma manera que comprende o habla
todo". San Anselmo de Canterbury, Monologium, c.
35, en "Obras Completas", BAC, Madrid, 1952, pp. 280 y
281.
En El Aleph Borges juega a
ser Dios. Así como Dios lo ve todo, Borges es testigo
de todo acontecimiento pasado, presente y futuro. Sin
embargo, en esa "pequeña esfera tornasolada, de casi increíble
fulgor" no figuran los pensamientos humanos.
(*) Enrique G de la G (San Pedro Garza García, México,
1979). Lector y escritor, estudió filosofía.
Su tesis versa sobre el objeto de la metafísica aristotélica.
Colabora en distintas revistas con ensayos, reseñas
y entrevistas. Agradecido lector de Borges, Victor Hugo
y Alfonso Reyes.
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