E.T.- Director cinematográfico de
films de ficción y de documentales, docente, escritor
de narraciones y poemas, dramaturgo y director teatral ¿cuál
se te ocurre que es tu lugar dentro del cine argentino y
con cuáles de sus realizadores te sentís más
cercano?

Gustavo Fontán |
G.F.- Dicho así parece abrumador, incluso
para uno mismo a la hora de pensarse. De todas maneras algunos
de esos aspectos que señalás corresponden
a un momento determinado de mi biografía. Los libros
de poemas, por ejemplo. Lo que sí creo, y que lo
asumí hace bastante, es que la diversidad me resulta
útil. Me amplifica los puntos de vista, los accesos
a la reflexión, intelectual o poética. Cada
una de esas tareas me otorga una posibilidad diferente.
Por decirlo con palabras de Calvetti creo que “la
realidad reposa en el misterio” y, en definitiva,
uno no hace más que rodear la realidad, cuestionarla,
para observar cómo se escabulle. Y eso es apasionante.
Ahora, definir mi lugar en el cine argentino me parece complejo,
al menos para que lo haga yo mismo. En algún sentido
te diría que me gusta pensarme desde el margen, me
da cierta libertad.
Con respecto a los realizadores... esto fue variando. Me
gustó y me sigue gustando el primer Favio, por ejemplo,
el de la trilogía en blanco y negro. Creo que Favio
es uno de los más importantes directores de actores
que tiene el cine argentino. Me gustan la sinceridad de
Ana Poliak, Pablo Reyero y Lisandro Alonso. Me gustaría
conocer más la obra de Cozarinsky.
E.T.-¿Difieren tus estrategias
de trabajo cuando realizás un filme de ficción
(Donde cae el sol) que cuando hacés un documental
(El paisaje invisible). ¿Dónde ubicás,
si es que hoy todavía existe, la diferencia entre
un tipo de film y otro?
G.F.- Lo primero que me gustaría
decir es que al pensar un relato se hace inevitable el concepto
de subjetividad, en la ficción y el documental. Todo
relato es una mirada sobre una historia, no la historia.
Esto que parece muy teórico es absolutamente claro
desde sus aspectos prácticos: la posición
de cámara, la elección de sonidos o músicas,
la idea de montaje, por nombrar sólo algunos aspectos,
construyen necesariamente un punto de vista.
Tal vez, eso sí, las diferencias entre el film documental
y el de ficción están, fundamentalmente, en
los modos de recepción. No creo que sean definitivas,
pero sí significativas. Uno no puede ver igual El
paisaje invisible, no se vincula de la misma manera
con el relato, al saber que esa persona que está
allí no es un actor sino Jorge Calvetti, que nació
en tal fecha y murió en tal otra, y todo lo que quieras
a partir de ahí. Esta percepción de realidad
subyace, inevitablemente.
Una vez aclarado esto, es necesario pensar también
en los cruces, en los modos de construcción de lo
narrado. ¿Cómo clasificamos, por ejemplo,
El sol del membrillo, de Víctor Erice”?
¿Es una película de ficción o documental?
Acá es donde creo en la imposibilidad de la clasificación
o en las múltiples posibilidades de pensar la problemática.

Jorge Calvetti |
E.T.-¿Cómo fue el trabajo con el
poeta Jorge Calvetti, sobre todo dado su estado de salud,
antes del rodaje de El paisaje invisible?
G.F.- Antes del rodaje tuvimos una serie
de encuentros en los que fuimos definiendo las líneas,
los modos de trabajo, y te diría que había
un acuerdo casi absoluto. Calvetti tenía muchas virtudes.
Una de ellas, que me provocó una gran admiración
y por qué no decirlo una enorme enseñanza,
fue la dignidad con la que enfrentó su enfermedad
y la cercanía de la muerte. Por lo tanto, esas charlas
previas y el rodaje fueron facilitados por su disposición
y la convicción con la que se entregó al proyecto.
Nosotros cuidábamos que las jornadas no fueran demasiado
largas, cosa que no es fácil, pero a él parecía
no importarle. Se maravillaba, por ejemplo, con lo específico
de las tareas en la realización de una película.
Le preguntaba a cada uno, con enorme interés, en
qué consistía su función. Una vez que
nos escuchó, mientras compartíamos un almuerzo
nos dijo: “es interesante, entre todos lo sabemos
todo”. Y a la hora de entregarse a los recuerdos lo
que pasaba era muy misterioso porque todos sentíamos
que lo evocado ocurría nuevamente, se desplegaba
ante nosotros. Entonces, en su departamento, entre esas
cuatro paredes, se movían paisajes, voces, rostros...
E.T.- Has hecho un filme sobre Jacobo
Fijman, otro sobre Macedonio Fernández, un tercero
sobre Leopoldo Marechal y El paisaje invisible
sobre Calvetti. No conozco el trabajo sobre Fernández,
pero los otros me parecen muy diferentes entre sí.
Esa diferencia ¿es buscada? ¿Es producto de
las diferentes escrituras de cada uno de ellos? ¿Pensás
seguir haciendo películas sobre escritores?
G.F.- Me alegra que veas y señales
estas diferencias. Siempre creí que el arte debe
resguardar el derecho a la experimentación. Ante
cada película me formulo preguntas diferentes y al
formulármelas creo que se las traslado al espectador.
Estas preguntas, ahora que lo pienso, es lo que podríamos
llamar en un sentido general, la mirada. Cada relato es
una mirada sobre el mundo, una posibilidad de pensarlo y
de pensarse.
Por otro lado, cuando enfrento a un escritor pensando en
realizar un trabajo, no lo hago desde un sentido histórico,
biográfico. Trato de encontrarle imágenes
a su poética; esa resonancia interna - formas, texturas,
voces, sombras...- que nos deja un texto.
La idea es seguir trabajando con otros escritores. En principio
hay varios que me interesan: Juan Gelman, Alicia Silva Rey,
Felisberto Hernández... Ya veremos.
- Ir a La muerte, el poeta, la cámara y el cineasta
-

Gustavo Fontán con Jorge Calvetti |