25 de abril
Hoy, nada.
26 de abril
Existe también el tipo que, cuanto más bajo cae
y cuando debería pensar sólo en levantarse, más piensa
en volar y más se exalta. Es ante todo el gusto por
los contrastes y el hábito de contemplarse. Nadie que no
tenga el vicio de mirarse a sí mismo como si fuera otro
-un importantísimo otro- puede durante el dolor o la preocupación
exaltarse en cambio con el placer y la Libertad.
Un hombre que ha vivido doce años con un ideal -tanto mas
si es inconfesado-, cuando despierta se encuentra inevitablemente
comprometido con su carácter y ya no huye del habito de
aquel ideal. Ahora bien, entre las muchas cosas monstruosas,
el hábito de un ideal es feísimo. Y uno se corrige de todo,
pero no de eso. Podrá tratar de cambiar la dirección de
su ideal, pero nada más.
Por fortuna entre todos los hábitos espirituales -pasiones,
deformaciones, complacencia, serenidad, etcétera-, el único
que sobrevive a los días es la calma. Volverá.
Hay que andarse con cuidado al comunicar los descubrimientos
psicológicos de poderosas perversidades a quien ignoraba
ser así; porque la primera víctima será el descubridor verídico.
La vieja historia del toro de Perilo.
Quien revela a una mujer el ser potencial de ella, será
el primer cornudo.
Es matemático. Eso es, matemático.
¿Qué método mejor para una mujer que quiere joder a un
hombre que llevarlo a un ambiente que no es el suyo, vestirlo
de modo ridículo, exponerlo a cosas en las que es inexperto,
y -en cuanto a ella- tener mientras tanto otras cosas que
hacer, incluso esas mismas que el hombre no sabe hacer?
No sólo lo jode delante del mundo, sino -importante para
una mujer, que es el animal mas racional que existe- lo
convence de que esta jodido, conserva la buena conciencia.
Porque con habilidad y experiencia se llega a esta cosa
increíble: preparar las cosas y los hechos -las cadenas
de causalidad-, de modo que, cuanto se desea, se produzca
sin ofender los propios principios de comportamiento ético.
27 de abril
Cuenta:
«Un día me dijo cómo me trataría. Era en aquella época
ansiosa en la que nada había ocurrido, pero debía producirse.
La hacia hablar de su pasado, con el afán de conocer cuanto
mas pudiera de ella, y tener un motivo para mi ensoñación.
Hablaba de un jovenzuelo ingenuo que la había abordado en
el tren. Lo describía como decidido y normal. No le costó
mucho trabajo infatuarlo. Con palabras y gestos. (También
conmigo hizo un viaje.) Y después terminó dándole un nombre
falso.»Y el jovenzuelo le había escrito pidiéndola en matrimonio.»
28 de abril
«Que al señor le agraden las cosas claras, me parece muy
bien por su buen gusto. Pero reflexione el señor que las
cosas claras se digieren en seguida, y luego vuelve el apetito.
Mucho mejor roer en le difícil, darse maña en la búsqueda
de lo pequeño hacer durar mas la esperanza, en suma.»
¿Por que tomárselo tan a pecho? Hemos vuelto al 29. Compuse
poemas ociosos, sufrí por la incapacidad de trabajar, sólo
y contrito en medio de la vida, vagabundo irritado ante
el espectáculo público. ¿Que es lo que falta? ¿Los siete
años transcurridos?
Pero ya basta: ¿ha importado alguna vez la juventud en mi
oficio? Y si los siete años no faltaran, si hubieran acabado
todos bien, es decir, si hubiera compuesto poemas perdurables,
encontrado un trabajo satisfactorio, estuviera acoplado
y agradecido a la vida, casado y alegre con el espectáculo
público; si todo hubiera salido así, ¿tendría algo más?
¿Habría valido la pena? ¿Estaría sentado ante esta mesa
con más gozo?
Y, si respondiera que me encantaría estar ligado, tener
deberes, ¿no estaría diciendo algo inútil, dado que deberes
siempre los tiene uno, con tal de que quiera?
Y entonces, entonces, ¿Sólo la echo de menos a ella? ¿A
ella, que me ha jodido? Pero, si todo lo demás sigue inalterable,
¿que representa ella sino una trivial desilusión sentimental?
Animo, joven, ni siquiera es lícito hundirse en un gran
fracaso; no existe el fracaso; estamos como antes, hemos
quemado siete años, nos han ocurrido cosas amables; recomencemos,
pero sin gritar, y tengamos presente que no hay razón alguna
para que dentro de otros siete años no volvamos a repetir
el mismo discurso. Y luego también, y luego también. Pues
¿quien ha dicho que la vida es para gozarla? Chico, tenemos
aun las ilusiones juveniles.
Pero, si es cierto que a todos les ocurre lo mismo, ¿cómo
es que los viejos no tienen todos caras turbadas. endemoniadas,
torturadas, rotas, y son en cambio tan tranquilos?
La única cosa clara es por que los muertos se pudren. Con
todo ese veneno en el cuerpo.
1 de mayo
El que la poesía nazca de la privación, lo apoya el hecho
de que la poesía griega sobre los héroes se realiza cuando
los epígonos son expulsados de las patrias donde están las
tumbas de los héroes.
5 de mayo
El pecado no es una acción en vez de otra, sino toda una
existencia mal trabada. Hay quien peca y quien no. Las mismas
cosas (odiar, joder, holgazanear, maltratar, humillarse,
ensoberbecerse) en uno son pecados, en otros no.
Haber pecado significa quedar convencido de que esa acción
es, de un modo misterioso, creadora de infelicidad propia
para el futuro, que ha quebrantado alguna ley misteriosa
de armonía y que no es sino un eslabón de una cadena de
inarmonías precedentes y futuras. Vivir es como hacer una
larga suma, en la cual basta con haber equivocado el total
de los dos primeros sumandos para que ya no salga. Quiere
decir engranarse en una cadena dentada, etc.
9 de mayo
¿También el consuela de humillarse incurre en las voluptuosidades
de costumbre o es un principio valido?
¿Es decir, ¿uno se humilla como para aprovechar un embate
de la experiencia convirtiéndolo en pretexto de un autoespectáculo
gratuito (sin compromisos morales) o para excavar un filón
de conducta ética, para buscar en suma un plan concienzudo
de deberes?
Es un hecho que existe complacencia en la propia humillación.
Parece imposible distinguir si se goza voluptuosa trágicamente.
En el fondo, como no he encontrado otro reproche a la voluptuosidad
que el de arruinar a quien la ejerce (hacerlo «sufrir inútilmente»),
bastaría con ac1arar si la autohumillación hace sufrir inútilmente
o no. Y en mi caso, ¿cómo salir de la habitual directriz
de comprobar la legitimidad de mi estado mediante su fecundidad
o esterilidad creadora? Porque seguramente esta directriz
es falsa, o al menos insuficiente, ya que no todos practican
el oficio de creadores. La utilidad o la inutilidad del
sufrimiento se determinaran con relación a toda una existencia
Y el que el interesado sea además un creador, nada tiene
que ver con la conciencia. Se trata en este caso de exigencias
que afectan a los cimientos, al margen del oficio, de la
clase y de la nación. Pero quita eso, quita aquello, ¿qué
es lo que queda al hacer de esclavo de los deberes? Es preciso,
pues, no excluir mi condición de creador para bajar al sótano
a buscar la piedra angular, sino considera simplemente que,
amen de creador, soy también u hombre y un desocupado y
un apolítico y un muchacho y otras cosas que se me escapan.
Es un bonito trabajo examinar el efecto de la autohumillación
sobre todas estas condiciones y encontrar el máximo común
divisor. Y no sólo en el presente, sino, todo mi pasado.
Porque, no lo olvidemos, el pecado no es una acción en vez
de otra, sino toda la existencia mal trabada.
¿Es un pecado, pues, mi autohumillación?
Una idea. Al igual que solo he sabido razonar sobre estética
cuando he tenido ante mi un rebano de poesías mías, donde
he desentrañado el problema (y visto como había que volver
a empezar por el principio), he aquí que deberé ponerme
ante un numero de acciones éticas mías y meditarlas y decidir
cuáles podré recoger y cuáles no, cuáles son los motivos
constantes si los hay (sin duda), y todo lo demás. La dificultad
estriba en aislar esas acciones, para manejarlas, como
manejo cada una de mis poesías. Y después de todo no es
una novedad. Ya he hecho a menudo este trabajillo.
16 de mayo
Es indudable que para la producción de una obra se necesita
un público. Pero hay muchas obras que han nacido sin ese
aparente círculo ansioso, turbulento y desordenado, que
hace surgir el gran arte. Pero el público no faltaba. Simplemente,
el autor se lo había imaginado, lo había creado (lo cual
significa: definido, elegido y amado). En general los antiguos,
hasta el romanticismo, tuvieron el circulo materialmente
entendido; los modernos son diferentes en la falta de el
y revelan ante todo su grandeza (como los antiguos la revelaron
en la instintiva comprensión del verdadero público, al margen
de los pedantes) en la elección y creación que saben hacer
de sus lectores.
Observo, empero, que es falso creer en la posibilidad de
una progresiva creación de un público propio por
parte de un escritor. Así se crea el publico material,
si acaso, el del editor. Pero el público verdadero
debe de estar supuesto desde la primera obra.
6 de septiembre
He descubierto, pues, un tipo de hombre que toma trágicamente
en serio los deberes morales. Piensa en seguida que un principio
moral ha de sostenerse incluso frente a la prisión, la muerte,
tormento, etc.; y, aterrado por tamaña obligación no se
atreve a resolverse a definir y servir su principio moral.
Este tal vive voluptuosamente y no tiene principios. En
el fondo se trata de nobleza de sentimientos.
13 de setiembre
Entre las señales que me advierten de que acabo la juventud,
la suprema es darme cuenta que la literatura no me interesa
ya de veras. Quiero decir que no abro ya los libros con
aquella viva ansiosa esperanza de cosas espirituales que,
pese a todo, sentía antaño. Leo y me gustaría leer cada
vez más, pero no recibo ya como antaño las diversas experiencias
con entusiasmo, no las fundo ya en sereno tumulto prepoético.
Lo mismo me ocurre pasear por Turín; ya no siento la ciudad
como aguijón sentimental y simbólico para la creación. Ya
está hecho, se me ocurre responder cada vez. Teniendo en
la debida cuenta las diversas magulladuras y berrinches
y cansancios y barbechos queda claro que ya no siento la
vida como un descubrimiento y mucho menos por ende la poesía
-sino más bien como un frío material de especulación y análisis
y deberes. En esto late ahora mi vida: la política, la práctica,
cosas todas que se favorece con los libros, pero los libros
no aman como en cambio lo hace la esperanza de creación.
Ahora bien, también de joven me organizaba éticamente: hallada
la posición del impasible investigador, la vivía y la aprovechaba
en la creación. Ahora que he dejado en serio de aprovecharla
en la creación, advierto que ni siquiera me basta para vivir.
Es un dilema grave: ¿he perdido el tiempo hasta ahora apostando
por la poesía o bien la situación actual es premisa de una
mas profunda y vital creación?
14 de setiembre
De acuerdo con Bergson en que tanto el racismo como la
bondad natural del hombre son mitos políticos que han de
juzgarse por sus realizaciones, pero es deshonesto disculpar
la reconocida debilidad filosófica del racismo por el hecho
de que ahora se ha reconocido filosóficamente débil también
la bondad natural. Porque un mito, para ser históricamente
legitime, ha de ser creído en su tiempo, y debe ser la ultima
palabra de la crítica de su tiempo. Tal era la bondad natural
en el siglo XVIII, tal no es el racismo en el XX.
La mismo ocurre con las estructuras de la poesía en las
diversas épocas. Es indiscutible que para nosotros las fábulas
del pasado son mitos, pero para hacer gran poesía el poeta
ha debido creer en sus fábulas, creerlas, esto es, la ultima
palabra de la crítica de su tiempo.
15 de setiembre
Si intento un balance de mi obra poética, no le encuentro
ya todas aquellas ventajas. Dejando de lado la gloria o
el deshonor -me examine como si no hubiera publicado-, opino
que el mundo ha perdido ahora para mí todo su aspecto encantado,
pues muchas cosas que me gustaban y contentaban se han apagado
ahora en la página escrita que las incineró. Revelándome
a mí mismo, con su realización, la naturaleza totalmente
fantástica de mis transportes e impulsos y amores y apegos,
los he vuelto ahora, por el propio hecho de la realización
consumada, vacíos e inútiles. Aclaro: no me atormenta el
amor a la novedad por ambición; tengo muy claro que aquellos
descubrimientos no tenían sino un significado prepoético
y por ello -una vez poetizado- han cumplido su misión.
Esta era la razón por la cual sostenía que genio poético
debe ser fecundísimo y durar toda vida. Su espíritu no debe
jamás cesar de producir descubrimientos, para usarlos en
poesía, porque, se detiene, revela con eso que los pocos
ya hechos no provenían de un temperamento nacido para d
cubrir, sino que eran veleidades sentimentales acción tomadas
por descubrimientos prepoéticos.
Yo no sé aún si soy un poeta o un sentimental pero con seguridad
estos meses atroces son la prueba decisiva. Si, como espero,
hasta los mayores descubridores han pasado meses semejantes,
entonces el gozo de componer no es barato. La vida se venga,
y bien, si alguien le roba el oficio. No es nada preocupación
del componer -el famoso tormento- ante la de haber compuesto
y no saber luego qué hacer.
EI libro de Lévy-Bruhl, Mitología Primitiva, permite
suponer que, al pensar la mentalidad primitiva la realidad
como continuo intercambio de cualidad y esencias, como flujo
perenne en el cual el hombre puede convertirse en plátano
o arco o lobo y viceversa (pero no el arco convertirse en
lobo, por ejemplo), la poesía (imágenes) nace como simple
descripción de esa realidad (el dios no se parece
al tiburón, pero es tiburón) y como interés antropocéntrico.
En suma, las imágenes (¡esto me interesa!) no serian juego
expresivo, sino positiva descripción. En sus orígenes, se
entiende. En cuanto al antropocentrismo, no dudaba de él.
2 de octubre
Por fin algo positivo. Aquel horror por el bullicio público,
aquel asco por los gestos mezquinos de los otros, aquel
remordimiento de las vacilaciones e indignidades formales
mías, son prueba de una suficiencia mía, de un sentido de
mi conducta, que no carecen de dignidad. Hasta mi búsqueda
de poesía objetiva significaba eso.
Hoy, sin embargo, estoy desolado por haber descuidado siempre
hasta ahora las formas, los modales, por no haber elaborado
un estilo de comportamiento, sino obrado siempre al acaso
fiándome de mi gusto desdeñoso y cometiendo así infinitas
inconveniencias románticas.
¿Por qué las mujeres en general tienen mejores modales que
los hombres? Porque deben esperarlo todo de su efecto formal,
mientras que los hombres actúan o piensan.
Es preciso volverse más mujer.
28 de diciembre
Se podría ver lo real des de abajo, rec1uido, donde no
quede sino un meditabundo hundirse y dilatarse en el agua.
La compañía no sería sino el irreductible resto de la sociedad,
comparable con la blusa y con el hábito de los sentidos
-ver un muro, oír una voz, respirar el cielo. El sustrato
de la vida de cualquier hombre hecho presente, y penetrado
con firmeza, puesto que cualquiera puede llegar a ese lugar
y alguien hay siempre, aunque sea otro; y la vida no consiste
sino en adornar variablemente esta eterna realidad. El esfuerzo
consistiría en alcanzar al punto la adaptación sin residuos
de baba. Se descubre así que en la vida casi todo es pasatiempo,
de ahí el propósito que se haría el prisionero de vivir,
si es que sale, como el ermitaño, chupando su pasatiempo,
sacándole la medula. Lo cual se proponen todos los prisioneros.
Y la vida pasada resultaría despreocupada y febril, por
las desordenadas pretensiones que la han viciado. Aquí el
pensamiento reducido a superfluidad, revela cuan estrambótico
es en la vida vivir par propia cuenta luchando y proyectando.
No olvidar nunca que, debajo de todo, el hombre esta desnudo.
Hay un caso en el cual uno se desnuda y se muestra: y es
para hacer la cosa menos razonable y más vergonzosa
de la vida.
Los puntos son: que lo real es rec1usión donde justamente
se vegeta y siempre se vegetara; y que todo lo demás, el
pensamiento, la acción, es pasatiempo, tanto dentro como
fuera. Importa, pues, poseer bien este real, prescindiendo
de todo lo demás. También a causa de que, si no existiese
la compañíaa, como ocurri6 en un tiempo, ni siquiera se
aprovecharía el pasatiempo pensamiento-palabra, sino que
se estaria como un tronco, viviendo. Ahí está (repito) el
drama: hablar mal del pensamiento-palabra, y por lo tanto
de la vida-pasatiempo, añorandoo en silencio todo lo demás
y exaltando por rabia lo real, siempre posible en cualquiera
como segregación entera.
1937
8 de enero
Los errores son siempre iniciales.
13 de enero
Los viejos y los jóvenes (de Luigi Pirandello, N. del E.
I.) es una novela a frustrada porque, atestada de antecedentes
y explicaciones sociales y políticas que deberían convertirla
en un poema moral de ideas con organización y desarrollo
dramático, se fragmenta, en cambio, en personajes que tienen
como ley interna la soledad y terminan todos -con la lógica
de la soledad- en la locura, el embrutecimiento, el suicidio
o la muerte sin heroísmo. Todos están deformados en un
capricho, en un habito interno, que tiende a expresarse
o en monólogo o en caricatura.
El relato carece de un ritmo de alternancia de prosa dilatada
y de diálogo; y no existe la forma de la soledad
salvo para cada personaje por su lado; falta la epopeya
del mundo de solitarios. Mas aún, cada personaje por separado
está construido desde el exterior por antecedentes, análisis,
salidas, que no tienen un ritmo; se nota que el autor acumula
con cálculo lógico muchas cosas para justificar los momentos
en que el solitario culmina y se expresa, a veces con
mucha eficacia.
La prueba de esa esencial composición en frío es el estilo,
lucido, vítreo, aunque coloreado de vez en cuando por arranques
pasionales. Estos son calculados, razonados, también.
17 de enero
Cuanto más se enreda un hombre en una pasión, más dolor
Ie provocan hechos en sí indiferentes; desilusionando, precisamente
por su indiferencia, su tensa avidez. Un ambicioso sufrirá
por la fallida muestra de reconocimiento por parte de un
hombre célebre; el cual inferirá a un evangélico que bus
que su conversación escrúpulos de tentación; que a su vez
despecharán a un individualista, asaltándolo a su pesar.
La envidia, ambición invertida, está en la base de toda
angustia sufrida. No se puede tolerar que una cosa se produzca
indiferentemente, por azar, al margen de nuestra impronta.
Cualquier tipo de fervor lleva consigo una tendencia a percibir
una prefijada ley en la vida, que castiga a quien abusa
del fervor o lo descuida. Un estado de pasión -aunque fuese
la ebriedad de la absoluta autodeterminación- organiza y
anima el universo de modo tal que cada revés parece luego
causado por una ruptura del vital equilibrio de esa difusa
pasión, que así se defiende como un cuerpo vivo. Y según
el temperamento, parecerá haber abusado o haberse mostrado
inferior: en cualquier caso, uno se sentirá orgánicamente
castigado por la ley de la propia pasión y del universo.
Lo cual equivale a decir que todo fervor IIeva consigo
un supersticioso convencimiento de tener que ajustar cuentas
con la propia lógica de las cosas. Hasta el fervor de ,quien
no cree en la transcendencia de una ley.
28 de enero
Cualquier desventura, o nos hemos equivocado y no es una
desventura, o nace de alguna culpable insuficiencia nuestra.
Y como si nos equivocamos la culpa es nuestra, así no debemos
culpar a otros, sino a nosotros, de cualquier desventura.
Conque consuélate.
18 de junio
1 Gentuza - Sacerdote - Charlas (Tarde)
2 En fuga - Camino - Silbido (Crepúsculo)
3 Investigación - Sacerdote rezando
4 Mujer y él (Noche avanzada)
5 (Mañana) Investidura - Regreso (1).
31 de octubre
Se deja de ser jóvenes cuando se comprende que decir un
dolor no altera la situación.
6 de noviembre
El mayor error del suicida no es matarse, sino pensar en
ello y no hacerlo. Nada hay más abyecto que el estado de
desintegración moral al que lleva la idea -el hábito de
la idea- del suicidio. Responsabilidad, conciencia, fuerza,
todo flota a la deriva sobre ese mar muerto, y se hunde
y reaflora fútilmente, para escarnio de cualquier estímulo.
El verdadero raté [fracasado] no es el que no tiene
éxito en las grandes cosas -¿quién lo ha tenido nunca?-
sino en las pequeñas. No llegar a construirse una casa,
no conservar a un amigo, no contentar a una mujer: no ganarse
la vida como todo el mundo. Ese es el raté más triste.
9 de noviembre
La repetición en las nuevas poesías no tiene una razón
musical, sino constructiva. Obsérvese cómo las frases-clave
están en ellas siempre en presente, y cómo las otras convergen
hacia él aunque estén en pasado. Quiero decir que en estas
poesías me sucede que aferro una realidad actual, no narrativa
sino evocativa, donde le ocurre algo a una imagen, le
ocurre ahora, en cuanto la imagen es ahora elaborada
por el pensamiento y se la ve obrar y hundir sus raíces
en la realidad.
La palabra o frase repetida no es sino el nervio de esa
imagen, construido de cabo a rabo como un andamiaje, el
eje por el cual la fantasía gira sobre sí misma y se sostiene
justamente como un giroscopio que existe sólo en el
presente, en acción, y luego cae y se convierte en un
hierro cualquiera.
13 de noviembre
A los pequeiios grandes hombres les llega siempre un momento
en el que les hacen pagar su grandeza diciéndoles: «Eres
grande, y justamente por eso no me arriesgo a confiarte
mi vida.»
Un hombre no añora por amor a quien lo ha traicionado,
sino por el envilecimiento de no haber merecido confianza.
16 de noviembre
¿No esta ya claro todo su destino en un niño de tres años
que, mientras lo visten, piensa inquieto en como se las
arreglará para vestirse de mayor, él, que no sabe?
Para poseer algo o a alguien, es preciso no abandonarse
a él, no perder la cabeza, en suma, seguir siendo superior.
Pero es ley de vida que se goza sólo aquello a lo
que nos abandonamos. Si que fueron listos los inventores
del amor de Dios: no existe otra cosa que a la vez pueda
poseerse y gozarse.
17 de noviembre
Toda mujer desea ávidamente un amigo al que confiarse
y con quien llenar el vacío de las horas en que el tercero
esta lejos; exige que ese amigo no le perturbe su amor;
se irrita cuando le pide algo que se interfiere con su amor;
pero si el amigo se encierra en si y mortifica sus miradas
y sus palabras con el único fin de no sufrir con ese deseo,
al punto la mujer -toda mujer- saca de nuevo miradas, uñas
y palabras para saber que sufre y verlo sufrir. Y lo hace
sin darse cuenta.
Y sobre todo, recuérdese que hacer poesías es como hacer
el amor: nunca se sabrá si la propia alegría es compartida.
Es increíble que la mujer adorada venga a decirnos que
sus días son vacíos y angustiados, pero qué no quiere saber
nada de nosotros.
La compensación de haber sufrido tanto es que después
morimos como perros.
Los grandes poetas son tan raros como los grandes amantes.
No bastan las veleidades, las furias y los sueños; se necesita
algo más: cojones duros. Que se llaman también mirada olímpica.
20 de noviembre
Todo cuanto yo podía conceder a la «poesía pura» es el
resultado de la unificación estática de cada poesía en el
instante contemplativo. Falta la oratoria, al faltar el
pensamiento encadenado. Todo se resolverá en una ardiente
iluminación de los diversos pensamientos y de las sensaciones
entrelazadas. La imagen-relato era esto. Sólo que era
un relato hecho con un solo verbo (Mató - Fumó - Bebió
- Gozó - etc.).El problema es cómo salir de la simple proposición
y escribir períodos. ¿Será como en la novela actual? ¿Sustituir
los hechos concatenados por un paisaje interior? ¿Volver
a la idea de dar el pensamiento en movimiento?
El modo más ordinario y trivial de narrar el pensamiento
es plantear una figura que va construyéndose con el
propio pasado y el futuro. El viejecito de Simplicidad.
El dios-hombre de Mito. La puta de la Puta
campesina (2). El método de estas poesías es un compromiso
entre la posición del personaje y la lógica fantástica
de la materia que 10 construye. No cuento solamente su esencia
y no cuento solamente mi fantasear. Es siempre ambiguo si
ellos piensan o yo los pienso. Me interesan a la vez sus
experiencias y mi lógica fantástica. Pero seamos claros:
mi lógica es un medio, un modo de ser de sus experiencias.
El «descubrimiento de relaciones que es en si argumento
de mi narrar» pareceda pues una quimera.
Seamos claros: at the back of my head [en el fondo
de mi mente] no tolero que el argumento sea el descubrimiento
de relaciones. Ni siquiera en el éxtasis el medio es el
fin. En la práctica nadie puede contar su estilo: el estilo
es por definición algo que se utiIiza para un fin.
Cuando el estilo se convierta en un fin, se convertirá en
algo objetivo, una situación, y no se ve por qué deba tener
mayor dignidad que cualquier otro mundo narrativo.
Del primo de los Mares del Sur decía que hacía esto
y aquello, mientras que de la puta campesina digo que por
la mañana vuelve a sentir, sugerido por el ambiente (olores,
sol, miembros, cama), el conjunto de su infancia y con este
propósito se piensa el sentencioso final.
También del ermitaño del Paisaje I decía que hacía
esto y aquello y la novedad respecto a los Mares consistía
en que aquellos hechos tenían relaciones fantásticas objetivas.
Solamente con el «yo»de Gente desarraigada empiezo
a decir que se piensa un conjunto fantástico, y este pensar
es materia de relato.
Nace pues del yo-personaje la imagen-relato (cfr. también
el yo adolescente de los Mares que en su pequeñez
es ya persona de la cual se dice menos lo que hace que lo
que piensa). Este es el punto: el yo escondido del Dios-cabro,
el yo de Manía de soledad, el yo de Pensamientos
de Dina lo confirman: el yo que narra su pensar ha creado
el método de las sucesivas poesías en tercera persona donde
el argumento ya no es lo que hace el personaje, sino lo
que piensa. La poesía a partir de entonces expresa el conjunto
fantástico interno del personaje. Y no tiene importancia
específica el que el seco pensar se haya convertido, a partir
del ermitaño, en exuberancia de sensaciones.
Me equivocaba en el Oficio del poeta al afirmar que
con el ermitaño he hecho de la imagen el argumento del relato:
con el ermitaño he aprovechado por vez primera las sensaciones
y sus relaciones, pero los argumentos seguían siendo los
hechos.
Así, entrevisto el momento evolutivo, esta claro por qué
me parecía que debía hablar de un compromiso. Si la imagen-relato
nació empíricamente de la situación de un yo que cuenta
sus asuntos en forma de pensamientos (= imágenes), las poesías
objetivas, en tercera persona, son una normal transposición
a tercera persona de la secular técnica introspectiva. Por
aguda o pasmosa que sea la evocación de los diversos conjuntos
fantásticos (las imágenes-relato), he aquí que se aclara
cómo el tema no es el proceso lógico-fantástico de
una mente, sino que sigue siendo lo que esa mente piensa
y sien te. No el estilo, sino el contenido. Lo cual
es una conclusión tan normal, que parece estúpida.
Seamos clarísimos: para obtener un verdadero relato del
pensar debería evocar el complejo interior de alguien
que me dite sobre sus propios modos de pensar. Lo
cual no parece un gran tema.
La verdad del lema: «Renunciad a la tierra y la tierra
os será dada por añadidura» consiste en esto: que al haber
renunciado a todo, se agigantan las pequeñas cosas que aún
nos quedan. Es un modo, en suma, de sacarle el jugo a las
cosas mínimas habitualmente descuidadas.
Y además hay esto: para los otros, el valor de las cosas
que ellos mismos nos niegan, está marcada en gran parte
por nuestra avidez de poseerlas. Si miramos hacia otra parte,
al punto los propietarios de las cosas las verán desmerecerse
entre sus manos, y nos las arrojarán.
Esto para la sabiduría mundana. Pero como la sentencia pretende
tener una referencia mística, de ella se sigue un gran daño
para el misticismo. ¿Hasta Dios dará un valor a sus creaciones
según nosotros las deseemos o no? Un Dios con complejo
de inferioridad, ¡quién lo diría!
21 de noviembre
Si es cierto que nos acostumbramos al dolor, ¿cómo es
que con el paso de los años sufrimos cada vez más?
No, no son locos esa gente que se divierte, que disfruta,
que viaja, que jode, que combate -no son locos, y eso es
tan cierto que quisiéramos hacerlo también nosotros.
Si en todas las cosas triunfa el martilleo, ¿por que no
también en ésta?
Pensar que ese cuerpo tiene un pensamiento, un despertar,
un reposo, una languidez, una duración cotidiana, y que
si yo fuese ese hombre tendría de veras todo eso, en la
habitación contigua o ante los ojos. El día terminaría en
ella: eso, eso he perdido. Y no hay fuerza humana que pueda
devolvérmela. Y todo eso ha sido desperdiciado sin amor.
Y no es un delito, no es un pecado, no es siquiera una incorrección:
es una cosita que se hace; que no remuerde, como aplastar
un mosquito.
Anímate, hay una ley moral.
- Leer El oficio
de vivir I -
- Leer
El oficio de vivir III -
- Leer El oficio
de vivir IV -
- Leer El oficio
de vivir V -
NOTAS:
(1) Presumiblemente, primeras notas para el cuento Carogni
("Carroñas"), escrito durante los siguientes
días y publicado póstumo en el volumen Notte di festa
("Noche de fiesta") y después en la colección
de Racconti. (N. del E, I.)
(2)Poesías incluidas en Trabajar cansa, al igual
que los otros títulos citados líneas después (N. del E.
I.)
(*) Estos fragmentos pertenecen al diaro de Cesare Pavese
El Oficio de vivir, editado por Seix
Barral. En los sucesivos números de Enfocarte.com
continuaremos editando algunos fragmentos de este libro.
(**) Poeta y novelista italiano. Nace el 9 de septiembre
de 1908 en S. Stefano Belbo (Cúneo) y es el último
de cinco hijos de una familia pequeño burguesa de
origen campesino. Cuando sólo tiene seis años,
su padre muere. Cursa estudios en Turín y, entre
sus profesores de la escuela media superior, cabe señalar
a Augusto Monti, figura de relieve del ambiente antifascista
de la ciudad, amigo de Piero Gobetti y Antonio Gramsci.
En 1932 se licencia en letras con una tesis sobre Walt Whitman;
en esa misma época, empieza su actividad de traductor
con "Moby Dick" de Melville y "La risa negra"
de Sherwood Anderson para la editorial Frassinelli. En 1934
es nombrado director de la revista "Cultura".
En mayo de 1935 es detenido por motivos políticos
y es confinado en Brancaleone Calabro. En 1936 regresa a
Turín y publica el libro de poesía "Lavorare
stanca". Durante la guerra, se refugia con su hermana
en Serralunga y, cuando aquélla termina, se inscribe
en el Partido Comunista Italiano (PCI). De su obra posterior
destacan las siguientes novelas: "De tu tierra"
(1941), "La playa" (1942), "El camarada"
(1947), "La casa in collina" (1948), "El
bello verano" (1949) y "La luna y las fogatas"
(1950); también cabe recordar el atípico "Diálogos
con Leucó" (1947), las poesías
de "Vendrá la muerte y tendrá tus ojos"
(1951) y el diario "El oficio de vivir " (1952).
Víctima de repetidas crisis depresivas, Cesare Pavese
se suicida el 27 de agosto de 1950 en un hotel de Turín,
ingiriendo doce sobres de somníferos.