¿Varón o hembra?
Anónimas palabras resbalan sobre mis ojeras
como lo hacen las letras de algún cantautor
mientras suenan en mis pensamientos
otras lejanas grafías.
Soy circunstancialmente femenina. Decido.
Y el género que me corresponde es el de ser persona.
Y no admito a trámite recurso alguno. Claudicad.
Descanso momentáneo
Sin faltas y desde la vista de pájaro
a la que
nos tiene acostumbrados, observa entusiasmado
su tetra brik cosecha del 2003.
El anciano del carrito de la compra sucio y destartalado
se acerca como cada mañana a pedir limosna
para suplir la necesidad de embriagarse.
Embriaguez agolpada entre cartones
que a diario recoge sin escrúpulo seleccionador
Con la única finalidad de evitar el dolor
que el frío de la noche le provoca en su piel.
Piensa que no hay salida.
El mundo acabó para él y sólo
al compás del líquido casi acuoso
del que se vale para empuñar cada día que
pasa
puede soportarlo todo. Es un héroe.
Siente la amistad del alcohol por encima de las personas
Y cree saber que sólo él le ayudará.
Por eso mendiga. Por eso ruega unas monedas
que le den por fin el descanso que su alma ansía
aunque sea un descanso momentáneo.
Zapatos de humo
Así sin más decides pegar portazo
a los atardeceres que flotan cercanos al mar
mientras me aseguras
que será fácil superarlo.
No mereces el aire que respiras
porque no es cierto.
Que el amor no sea merecedor
de caricias y arrullos nunca ha sido
parte excluida de mis sentidos
Y por ello culpo tu nacimiento
culpo tu entereza mental
inquisidora de los años que quedan
y culpo tu existencia mezquina.
Si crees que mañana despertarás y
el tiempo habrá limpiado tus zapatos de hollín,
estás, en números enteros
Equivocado.
Nocturna embriaguez que lastimas
Decaigo sobre el tumulto que ilumina mis apesumbradas
noches.
Pero ésta es, especiadamente inusitada.
Caigo en una embriaguez perversa y casi siempre
provocada, por un YO remoloneado.
Embriaguez dolorosa porque los demás,
los ajenos a este mundo, siguen
muriendo al ritmo de piezas de dominó.
¡Macabro juego de la vida!
Aquí, que gozamos del "todo" y del "aún
hay más"
no somos iguales. Somos quienes somos
Y somos lo que nos empuja dentro del alma cadavérica
que se sienta frente a la madre "naturaleza"
televisiva.
Perseguimos el aliento de la desinhibición.
Y no nos culpo.
Desear una vida igual, sencilla o tan siquiera
llevadera, supone mirar de frente al miedo, a la indefensión,
al hambre
EL HAMBRE
Mirar a los ojos y ver
escrito con agujas enfermas "ayuda", "AYUDA",
y
saber que no hay escapatoria posible. Que no existen juegos
en los que
nos quedemos en tablas. Que es mentira.
Es mentira, te repito.
Es mentira que inhalar aire puro y sorber agua limpia
puedan hermanarse con la miseria.
Por eso decaigo. Es por eso que hoy bebo y es por esto
que hoy: me rindo.
Contradicción es justa medida
Vivo entre los rayos mañaneros de
un sol ardiente
Y el hedor insoportable que provocan en mí
Los suburbios subterráneos y urbanos.
Contradicción es la justa medida y no la virtud
que evoca tantas veces a Aristóteles
Contradicción de amar la hipocondríaca vida
de
labor entre los míos y de desear confundirme
entre las hojas de árboles mitológicos
O trabajar la tierra en exclusiva
para sobrevivir. O sobrevivir. Así de simple.
Lucen las bombillas de este paisaje de ciudad
y me despiertan los ruidos del tráfico.
Yo quiero estar allí dónde el día
solo es silencio
y los pájaros te acompañan en coreografía
natural.
Inmersa en contradicción por amar lo salvaje de
la existencia
y la urbanidad de lo humano.
El comienzo de otro estadio vital
El viento se separa de ti cada vez
que incluyes en tus ojos las letras de la esperanza.
De la esperanza verde como el alma de un hombre en pena.
Sigues sólo directrices marcadas por la existencia
y desearías no haber tenido nunca, más de
los años
suficientes que supone la inocencia.
Darse cuenta de ello, es comenzar otro estadio vital.
No creas que poder tomar decisiones o
coleccionar elixires de los dioses
o disfrutarlos hasta altas horas de la madrugada
sin ojear el péndulo del reloj,
o ni tan siquiera recibir la mañana en cama ajena
puede
compensar el suculento dulzor de un sueño apacible
al arrullo de sábanas almidonadas
ni el poder salir al campo rociado de aire fresco
y alinearse con las ramas de los árboles de un
atardecer agostoniano.
Disfrutad de la dulce anestesia que supone la niñez.
Capricho dulce de tus labios
Tus labios... tus labios...
Cae la noche entre suavidades aéreas.
Tus labios...
Mezo la envidia sobre tus labios
o... ,
poso el alma silenciosa sobre tus labios.
O no...
Ahora son clandestinos,
los caprichos dulces en tus labios.
Ahora son inocuos y... soberanos.
Sabrás, en comitiva templada,
el significado demoledor
... que provocan... tus labios.
La línea de la vida
Anudadas en la garganta,
vocales y consonantes.
El inicio de una vida.
El aseo personal y ajeno,
las leyendas, los números,
las lenguas que no entiendo,
los besos vistos desde la cerradura:
experimentos de laboratorio.
Pubertad añorada.
Responsabilidades, equivocaciones
lamentos, esperanzas, llantos a media noche,
imposiciones gubernamentales, gritos, desesperanza,
ilusión, recompensas, hambre, sed, angustias, pobreza.
El sol, la tierra y el cielo cuando se enojan:
imposibilidades atadas a las muñecas.
... Gritos,
... injusticia,
.... gritos... e injusticia...eternamente.
Ese camino recorrido a plazos y tropezones.
Aún percibo el olor a viejo
desprendido por el ambiente y una mecedora.
Junto al balcón de la vida, observo
desde las rejas,
la cálida puesta de sol que se apaga en mis párpados.
La farola
Percibo en la oscuridad de la calle
un cansino olor a hueco.
La farola se derrite embriagada de igualdades.
Meretriz borracha de dioses, demócratas y cristianos.
Y sólo el tiempo le ha oxidado
esas ideas de libertad explícita.
Y sólo el tiempo antioxidante,
le remite a creaciones extras o mundanas.
Percibo en la oscuridad de la calle
un dolor inusitado de llantos,
una inmensa vasija de miedos, de indefensión que
explota
tras dejar, mutilados y muertos.
Y la luz de la farola, ya no es la misma.
Palidece lentamente, ante las atroces manos
del vacío existente.
Y aún así sin saberlo sigue...
alcoholizada de derechos, comunes e individuales.
Y sólo el tiempo la maltrata,
zarandeando las ideas, que le caen polvorientas.
Inadmisiblemente ebria,
no acepta la vacuidad de la copa,
no admite que... la función vital que encarna,
acaba cuando se avecina el alba.
Por qué lloraban las ventanas
Ayer lloraban las ventanas
golpeando los brazos al unísono
contra los muros que las apadrinaban.
Ayer me dijiste
que los días son hojas paseantes
entre la multitud de tristeza
arrinconada en el casco antiguo de la mente.
Ayer me dijiste
que el hambre son manos
arrancando la piel
desde al tierra suplicante entre sollozos.
Y salió por el caudal de sangre
furia incontenida ...
en río alarmante transmutada.
Y explotaron de tal manera
relámpagos tensionados ante mi misma,
que caí en despedazados sueños
Intencionando,
plácidas
realidades.
Ayer me dijiste
que el ardor de la realidad
quemó tu amor
con maderas cansadas y polvorientas.
Comprendí entonces
ante un reloj intemporal,
porqué lloraban las ventanas.
Comprendí,
porqué mi tez almendrada
reunía manos recogidas en tierras suplicantes,
Y porqué
la tristeza se hallaba arrinconada, en el casco antiguo
de la mente.
El tímido suburbio de mi lengua
Qué tendrá de bueno ser consciente de la
luna
si, al serlo,
abrazos con remilgos me diriges.
Qué tendrá de bueno
un festín nocturno...
a tu lado.
Tú que invocas cada noche
al libro del saber vivido
para que abra mi mente.
Tú que penetras cada vocal
aderezada en el tímido suburbio
que es mi lengua.
Qué tendrá de bueno
encontrarme a tu lado
un domingo cualquiera
de madrugada.