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La misión de la mente en este mundo de las
formas y la muerte, surgido del conocimiento nupcial
del alma y la materia, es inequívoca y tiene
un perfil claramente trazado. Su encargo consiste
en despertar en el alma, que se halla ensimismada
y presa de los lazos de la forma y la muerte, el recuerdo
de su origen superior, convencerla de que fue un error
dejarse seducir por la materia, originando de ese
modo el mundo, y reforzar en ella la nostalgia y hasta
tal punto que algún día se desprenda
totalmente del dolor y la voluptuosidad y vuele de
regreso a casa, con lo que de inmediato se produciría
el fin del mundo, la materia recobraría su
antigua libertad y la muerte será expulsada
del universo.
Thomas Mann
José y sus hermanos, las historia de Jaacob
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Se analizan los problemas filosóficos derivados de
las filosofías judeo - hebraicas y su secularización
en la herencia del cristianismo como cultura filosófica
y religiosa en occidente. Según Vattimo, la herencia
y secularización forman parte de la génesis
y fundamento del pensamiento débil (Vattimo 1978),
así como la creencia, la verdad y la filosofía.
Imagino de repente que en el momento mismo
del anuncio de Jesús a sus discípulos de que
uno de ellos lo habría de traicionarlo, porque fuese
esta la única manera de cumplirse la profecía
(el misterio ocultuo en la escritura sagrada), y antes que
Judas se levantara y preguntara al señor cuál
de ellos sería, y además un poco antes o un
poco después de que Jesús dijera "aquel
que moje el pan en la salsa ese me habrá de traicionar"...
Jesús se levantaría de la mesa, más
bien, para anunciar a sus discípulos, y entre ellos
a Judas, y en voz alta, que sería él quien
debía ser traicionarlo, para que el misterio cumpliera
con su fe. Además, agregaría, Jesús...
y que tú Judas, y en este instante lo anuncio a todos,
debes cumplir esta profecía por el amor a cristo,
a Dios y a todos con este proyecto. También presumo
que allí se dijo que parte del misterio se cubría
en no saber bien por qué el escogido era Judas y
que aunque muchos lo juzgarían como traidor sería
el cometido propio y profundo de su misión en la
vida y en el mundo. Finalmente... antes de terminar la cena,
Judas y Jesús se abrazaron para despedirse hasta
su próximo reencuentro.
Para estudiar este objeto, hemos tomado como
fuente, la lectura del texto de Vattimo "Creer, que
se cree" (Paidos 1996) y a partir de un intento hermenéutico
aplicado sobre el mismo texto, que nos hemos propuesto devastar,
nos surge una primera pregunta sobre los tema. Esta pregunta
toca como punto central la primera discusión planteada
entre la herencia hebraico cristiana y el debilitamiento
del pensamiento occidental en el siglo XX. Desde otra perspectiva
la idea del concepto de pensamiento débil de las
escisiones surgidas en el propio concepto que nos explica
Vattimo sobre el pensamiento débil. A partir de allí
nos surge la pregunta ¿Cómo ha devenido hoy
de la herencia del pensamiento hebraico-cristiano? O ¿Si
esta herencia nos trajo como sentido de ser y de experiencia
al pensamiento débil? Este planteamiento y al mismo
tiempo esta pregunta que se hace Vattimo, está planteada
a partir de un resurgimiento de la fe, más como concepción
filosófica de la religión cristiana. Así
que nos lleva a considerar a que si por lo menos existe
una fe o una mínima moral para creer, es aquella
que se manifiesta en creer que se cree. La educación,
la formación lo ha llevado a tener una relación,
un acto de creencia con otro que no es tanto un dominador
sino que supone una relación y una convicción
de la existencia y de saber. Esta es la ontología
aquella, primera, que se anuncia como pensamiento débil.
Vattimo en realidad hace una reconstrucción e interpretación
tanto de Heidegger como de Nietzsche y como confluye allí
un sentido cristiano del pensamiento. Esta posición
de Vattimo está puntualizando ciertos signos para
una ontología y como se constata la existencia de
una esencia de ser en tanto metafísica para un sujeto
moderno. Un sujeto que no es sólo signo o cuerpo
de signos y vacío, sino que, además, haya
capacidad para reinterpretación de estos sujetos
y de un otro superior. Hay una reinterpretación del
sentido de la metafísica, no nos intenta explicar
el fin de la metafísica como otro acontecer distinto
de la modernidad, como otra experiencia moderna y propia
de ella misma, de su contexto. En "Creer que se cree"
se anuncia, en primer término que hemos llegado al
debilitamiento de ser y del tiempo y la convicción
que se tiene para seguir creyendo en ese ser que se soporta
en la religión y en una mínima creencia de
ser.
El hombre del siglo XX (entendiendo esta idea
de hombre en los términos metafísicos) se
sabe y se conoce final, terminado, acabado, y por ende terminada
la modernidad, el pensamiento sobre la modernidad y todos
los modernismos posibles. Este hombre ya no tiene, ya no
acarrea suficientes fuerzas para la lucha. Es decir, su
espíritu al contrario de cómo se producen
los signos de representación de la cultura en los
griegos ya no es agonístico. Este sujeto (no-sujeto)
ya no tiene agonía, y como consecuencia del abatimiento
entre la fe, la religión y el ser, el pensamiento
ha devenido en una suerte de debilidad. El pensamiento devino
(y devendrá posiblemente) en derrota misma de la
occidentalidad. Vattimo atribuye esta condición para
el surgimiento a propósito del propio contexto de
pensamiento débil. Pensamos que este pensamiento
débil, intenta explicar desde la secularización
de la fe religiosa el fin de la metafísica y hasta,
en cierto sentido, el fin propio de la filosofía
(occidental).
No habiendo pues, careos ya, entre metafísica,
esencia, ritualidad, religión, temple, orgullo, nobleza
y tiempo, entre otros; entonces no cabría alguna
posibilidad para que se reconciliasen la herencia religiosa
del cristianismo y pensamiento filosófico. No hay,
exactamente, posible transmutación, en la experiencia
que significa ser, a través de alguna experiencia
mística de la fe. Es por ello que el pensamiento
está debilitado en su propia causa. Tampoco hay alguna,
diferencia entre el dominio que ejercer el pensamiento occidental
y de la cultura occidental. Como no hay disputa para cultura
y pensamiento en el periodo del siglo XX, tampoco la existe
entre ser y objeto. En esta secularización de las
actitudes religiosas se promueve todo aquello que Vattimo
nos anuncia como pensamiento débil. El problema central
de la discusión que Vattimo nos ofrece en "Creer
que se cree", no es estar constituido como esencia
de ser o preguntarse por esta esencia y su sentido en la
cultura. Al contrario, esta colisión, haría
que el problema se tornase oscuro y deslumbrante al mismo
tiempo. Lo que nos conmina a pensar sobre un retorno (¿Plausible
quizá?) Al tiempo de un neo-platonismo influyente
en el pensamiento occidental radica en la cualidad que se
tiene para no dar alguna explicación ya de términos
como occidentalidad. Sólo así, se nos hace
posible imaginar una posible resurrección del mito
de la caverna, como un concepto primigenio para la existencia.
Y como Vattimo nos analiza a Heidegger y a Nietzsche explicando
que ya no se es <voluntad de poder> la que domina,
la propia experiencia de lo religioso; si no una trampa
propia de la objetivación del concepto de occidentalidad,
entonces, es así como hemos puesto fin al tiempo
de la metafísica. Por cierto que el problema central
tampoco está en la pregunta por el ser. No hay diferencia
entre sujeto y objeto. El accidente que ha devenido en ocurrir
es el fin del pensamiento razón y de la religión.
El fin, la disolución del pensamiento metafísico
desde la perspectiva de Vattimo significaría pues
en otro sentido el fin de las condiciones propias de la
fe religiosa y también de la religión que
para el pensamiento occidental del siglo XX el ocaso propio
de la humanidad.
Si hay una vinculación de lo sagrado
y lo religioso en Nietzsche se diría entonces que
esta vinculación se pone de manifiesto en "Así
habló Zaratustra" especialmente. Esta aseveración
parte de la idea de Vattimo alrededor de que el pensamiento
religioso está íntimamente relacionado con
Heidegger y Nietzsche. Además, Vattimo se interrelaciona
con ambos por su profunda educación, formación
y convicción particularmente religiosa y de allí
que él nos haga una explícita y dedicada explicación
sobre el sentido de la fe, la creencia y la herencia hebraico
cristiana. Establece así una diferencia entre el
Dios metafísico y su esencia de finalidad y el Dios
cristiano y el reencuentro con la esencia misma del ser.
No queda claro todavía, o no lo podemos asegurar,
si debido a esta construcción de su formación
católica persiste en él, la defensa del pensamiento
religioso católico. De primera línea esto
no queda claro pero inmediatamente aduce algunas razones
por las cuales piensa escribir y publicar además
un libro como "creer que se cree". Otra cuestión
surge a partir del texto y de la propia escritura y esto
es qué significa, qué representa haber escrito
este libro en primera persona. Yo creo que aquí se
asienta una de las cuestiones fundamentales pues el mismo
Vattimo nos aclara: por qué se ha decidido a escribirlo
además en primera persona. Expresa:
"Reconociendo tanto las razones del compromiso
personal y <testimonial>, como las de la distancia
y la mediación, no hago sino subrayar conscientemente
(con la esperanza de exorcizarlos) ciertos rasgos
embarazosos con los que me he encontrado al releer
el libro. Con frecuencia hay párrafos en los
que el <yo> habría querido ser -de acuerdo
con una buena convención estilística
en los ensayos argumentativos- un <nosotros>;
en otras páginas, el <nosotros> que se
ha mantenido debe leerse como un <yo>"(Vattimo,
p.121)
Surge como tal sobre la propia convicción de si
la representación de ser católico o de estar
vinculado con la religión cristiana aduce en términos
de fe, de dogma y de doctrina a la convicción de
que hay un retorno de la iglesia como sentido y como institución
al pensamiento contemporáneo, pues a Vattimo le preocupa
tratar con un Dios que sólo se ha convertido en un
"tapagujeros" o que está dedicado más
a contar su Historia, como evento o acontecimiento, para
reafirmarse en los tiempos de la modernidad que antes, significarse
Dios en los hombres en el sentido cristiano del término.
Esto es una cuestión que tiene que ver precisamente
con el misterio o con la revelación y la divulgación
del misterio mismo. Armamos el cambio del sentido de la
metafísica (es decir lo que anuncia Vattimo como
pensamiento débil) y asomamos el debilitamiento de
la fe cristiana pero no así de la culpabilidad del
origen y de su sentido en la occidentalidad. Primero un
sujeto más allá de su propia condición
de sujeto humano no puede existir por tanto ni siquiera
podrá tener y concertarse con una aristocracia o
con la nobleza. Segundo el problema de este sujeto es que
ya ni está sometido a su constatación, a la
constatación de si mismo entendido sujeto en la metafísica
de la occidentalidad. Porque la occidentalidad al menos
la de cierto contexto cultural es la afirmación secular
de los sentidos metafísicos. Para Europa Central
y occidente se ha ido afirmando en el pensamiento débil
de América no ha constituido este sentido religioso.
Este sentido que da la occidentalidad al sujeto de ser sujeto
occidental no se ha rellenado en América. No ha habido
un sentido expreso de ser metafísico. Si el holocausto
significó la afirmación de algo en ello está
la constitutividad, la elevación, la inspiración
de una profunda religiosidad. Nada más sagrado, nada
más religioso y al mismo tiempo nada más remarcador
del pensamiento débil que la misma experiencia del
holocausto. América no ha tenido un holocausto pues
la experiencia de la colonialidad está sujeta a una
importación cultural que ya se proveía de
su propia deriva y que no pudo ser constitutiva de objeto
de conocimiento o de sujeto. América no tiene sujeto
en el sentido histórico del término, tanto
no tiene religiosidad, no tiene metafísica, ni desea
que lo esté o si siquiera le interesa. Tercero la
fe cristiana y la religiosa que se ha tergiversado y tornada
a la deriva no tiene ya una impronta a la cual recurrir,
no hay redención, o esperanza alguna de perdón
o de ser perdonados, a pesar de este venirse abajo, existe
un anhelo por el retorno al paraíso o al mundo superlativo
que se constituye más allá del ser. Todas
las religiones prometen un estado superior fuera de esta
conciencia material que está representada por el
cuerpo. Perdido de fe, angustiado por su propia fe, todavía
al sujeto de la tardo-modernidad le queda imperiosamente
el lugar de la fe mínima, es decir el lugar de un
pensamiento débil que se refugia en la memoria de
la occidentalidad y de la metafísica. Fe y representación,
religión y esencia; son representación de
la compleja escisión del judaísmo-hebraico
devenida en los signos y en los referentes de iglesia y
religión. Iglesia, en este caso como confesión,
religión como representación del dogma y de
la doctrina en la fe. La religión es aquello que
se profesa de la misma esencia. La iglesia surge en el debilitamiento
y la religión en la pérdida del dogma. Pero
como nos explica el mismo Vattimo, hay un recurrir a la
religión para no perder el sentido propio de la metafísica,
es por ello que la sagrada escritura no deviene ya en revelación
de un misterio sino más bien en discurso, metáfora,
parábola, paradoja, símbolo a ser leído,
interpretado, comunicado entre los mismos hombres. En cierto
modo se hace una interpretación, una lectura de lo
que se toma, se asume como la verdad esencial, pura, y este
efecto en la lectura misma genera un puente de comunicación
que hace aún más metafísico el pensamiento.
En esta lógica en la búsqueda de la verdad,
de la verdad verdadera, significa resistir a un final del
tiempo metafísico y reconoce un estar del lado nuevamente
de un complejo sentido metafísico. Hay así
una referencia directa a la metáfora de Alcestes
y el problema de la verdad. Y es que la verdad sólo
se consigue, o se construye desde una realidad de ser en
propia esencia. La realidad en el pensamiento débil
solo puede estar conectada por Dios, en su lectura porque
es él, quien nos anuncia la propia condición
de ser, y por ende de la verdad misma.
"Si, de acuerdo con Nietzsche, debemos desconfiar
de la metafísica -es decir, tanto para él
como para nosotros, de la creencia en una estructura
estable del ser que rige el devenir y da sentido al
conocimiento y normas de la conducta- ello no es así,
en definitiva, "por razones de conocimiento"
(como escribe Nietzsche en el aforismo N° 82 de
El caminante y su sombra). Si así fuera, seguiríamos
estando prisioneros de otra metafísica, de
una teoría que opone una "verdad verdadera"
a los errores que se deben desenmascarar, con lo que
se perpetúa el juego del que queremos apartarnos
por medio de nuestro alejamiento de la metafísica.
Por supuesto, decir que "queremos" (o debemos,
o no podemos menos que, etcétera) mantenernos
fuera del juego y del mecanismo de la metafísica,
implica hablar en nombre de un sujeto, de un "nosotros"
que, en sí mismo, parece ya de por sí
enteramente integrado dentro de esa lógica
metafísica de la que se desea huir"(Vattimo,
p.64)
El desenmarascamiento como develación de lo oculto,
de lo secreto proviene ahora a un tiempo en secularización
de la filosofía y de la religión y el impasse
surgido, o la diferencia entre una y otra, ha sido borrada
para la humanidad en un espacio donde la kenosis ya no tiene
lugar, ni principio. Es precisamente este evento de la kenosis
lo que ha producido un advenimiento hermenéutico
de la escritura sagrada. Evidentemente en este tiempo la
escritura sagrada se lee, se interpreta, y no es la voz
de Dios, la que escuchamos y que manda implacablemente.
El propio Dios, es del antiguo testamento ha desmitificado
su propio significado y se ha secularizado. Acción
transfigurada en la kenosis. El final del imperativo categórico
kantiano, la develación impuesta por la modernidad,
el desenmascarmiento de lo prohibido y lo oculto, la secularización
de la religiosidad y de la razón.
Es probable que el significado de la muerte de Dios en
Nietzsche no sea sólo la muerte de Dios, al menos
en el sentido lato del término. Percibimos más
bien que en Nietzsche hay algo más contundente a
ello (de la muerte de Dios como tal), que es la remarcación
del fin del pensamiento cristiano, de la fe, de la metafísica
aristotélico-tomista, y esto es a "mi juicio"
lo que representa la crisis misma de la razón. Esta
crisi de la razón singularmente no es para Vattimo
entonces total sino que surge de ella un cierto desplazamiento,
y deviene, digamos, en una "novedosa" metafísica,
que es aquella que se denomina en Vattimo ontología
débil. Queda claro entonces que Vattimo no promulga
el fin de la razón y del sentido metafísico,
no promueve una doctrina del nihilismo. Si es así
entonces esta recurrencia de la metafísica en ontología
débil atribuye al discursos del ser un sentido que
se enmarca fuera de lo escatológico. Si la razón
persiste aún en algún sentido es sólo
posible como pensamiento débil, si la ontología
cristiana persiste, es como discurso, como metafísica,
pero no ya como doctrina escatológica. Un resurgimiento
del cristianismo en frente de Nietzsche y de Heidegger como
otra mirada de Dios y de su propia fuente de existencia.
¿Es que Nietzsche niega profundamente el fin de Dios
como sentido histórico y religioso? Realmente no
parece ser así, pues por ejemplo se puede observar
una cualidad sensiblemente metafísica de acercamiento
a Dios en "así habló Zaratustra"
Hay algunos momentos de contradicción en el pensamiento
judaico que representan parte de este pensamiento débil.
En un principio la creencia y la fe eran texto de discurso,
pero velaban en su misterio, la escritura sagrada, que no
se revela y no se lee, escritura sagrada que mas bien se
asume, se escucha, está en nosotros, pero no se pone
en cuestión, y no permite la exégesis. El
evento de la kenosis nos ofrece la primera muestra de cómo
surge un de debilitamiento del pensamiento y de la misma
metafísica. El judaísmo "malinterpreta"
(y hay una intrínseca experiencia ya por las escrituras
y por la lectura) el texto en el que reencarnó y
que además anuncia la reencarnación de Dios.
Pero el texto por no poder leerse e interpretarse irrumpe
como oculto y no se entiende. Es que no había texto
que hiciera tal mención a su reencarnación
y existencia como temporalidad, es sólo una "conveniencia"
interpuesta por Dios para demostrar y aplicar todo su poder
y toda su fuerza. A pesar de ello pareciera que Dios no
tiene manera para recuperarse del evento de la kenosis,
representada esta como secularización religiosa.
Más bien el papel de la religión y de la iglesia
se sucede, a partir de este suceso, en intervención
de las ideologías y de la política respectivamente,
en acontecimiento histórico. El tiempo de la kenosis
en el pensamiento judaísta derriba toda posibilidad
de superar el tiempo natural del hombre, esto es un Dios
igualado en hombre deviene entonces en ontología
débil y pareciera no acceder a otra posibilidad de
superación. Son innumerables los casos que tenemos
en América Latina que ponen a la iglesia a jugar
un papel preponderante en el sentido político, moral,
educativo pero en muy pocos caso místico. Vattimo
nos induce a esta reflexión y asegura como la educación
católica le ha dado un un entorno a su representación
(que debería estar enmarcado en el terreno de lo
religioso) un tiempo para le educación política,
social, ideológica y hasta cierto nivel en el juego
de los discurso místico, pero que no profundiza en
el sentido mismo de la religiosidad y de las condiciones
que a ella se le imponen. Es evidente que el lugar de la
consagración sobre el poder que ejerce la iglesia
ya no es parte de los signos particulares de su relación
con la fe y con la creencia. A Vattimo y al hombre común,
de todos los días, parece que no les queda otro camino
en creer que se cree. Un imaginario que aspira a una superación
profunda hacia el alma y la fe y de su condición
frente al sentido de la existencia. La iglesia devino pues
en ontología débil en tanto no puede superar
su propia condición por la fe.
Un pensamiento fuerte, una ontología de la fortaleza
tiene a nuestro juicio dos salidas por un lado el hombre
adquiere total sentido de existencia, supera la fe y vuelve
al lugar nietzscheano <voluntad de poderío>.
El segundo camino se concentra en el campo de la metafísica,
el ser tiene un espacio para significarse tal; así
esta ontología giraría hacia el lugar de Heidegger
con su posición ontológica. Pedro Alzuru lo
explica bien en su libro "Del ultrahombre al hombre
común"
"A este yo hipertrófico del sujeto tardomoderno
se agrega, como rasgo, la pérdida de las utopías.
En tal sentido el pensamiento de Vattimo ha sufrido
una transformación, ha dejado de pensar el
ultrahombre nietzscheano como sujeto liberado, quehace
coincidir experiencias y significados, no distanciándose
significativamente de una tradición marcada
por Luckacs y Sartre, el ideal de una conciliación
dialéctica donde el sentido de la historia
se identificaría con los hombres. Ahora, piensa
el filósofo, el sentido de la historia se identificaría
con las acciones e intenciones de los hombres concretos
sólo si estos sufren una disolución"(Alzuru,
p.71)
Este pensamiento débil demuestra la incapacidad
del sujeto (ya) para apropiarse de una <voluntad de poder>
una ontología dura. Vattimo produce una continuidad
de sentido sólo para la muerte, pero la muerte corporal,
la muete física y no l muerte como la carencia de
sentido. Lo mismo términos de sentido sobre la muerte
y de su reinterpretación aducen de que todo le pensamiento
filosófico y especialmente aquel que se retoma a
partir de Nietzsche y de Heidegger durante el siglo XX son
propuestas contundentes de una sobrevivencia de la metafísica.
Nietzshce no propone la búsqueda propiamente dicha
de un fundamento tan genuino o tan legítimo, o más
que la verdad misma, en este sentido Vattimo explica muy
bien para fundamentar su idea de que al contrario Nietzsche
se reacomoda en el discurso que se supone contrario a la
metafísica y se asume como una perspectividad distinta
y diferente. La perspectividad del planteamiento Nietzscheano
gira hacia "la hipótesis por el formulada que
la metafísica no es otra cosa que una forma de la
voluntad de poder"(Vattimo, p.66) .En el pensamiento
débil Vattimo nos augura la esperanza de relación
con el sentido. Es obvio que Vattimo al contrario de cuestionar
la metafísica, lo que hace es demostrarnos que tanto
Nietzsche, como Heidegger tienen una forma de explicar otro
sentido de la metafísica misma. Ninguno de nosotros
puede escapar a ella, no tanto por el hecho mismo de que
la metafísica se constituya en el único camino
de la verdad verdadera. Puesto que tampoco ella está
inserta en tratar de proporcionarnos un conocimiento como
camino de la verdad. El problema fundamental no es aportar
a la metafísica aportaciones teóricas de cómo
ella se construye, se la describe como una manifestación
violenta y como <voluntad de poder> en tanto se asume
un yo y no un nosotros. Esta metafísica de la que
nos habla Vattimo, no nos determina el fin de a un tiempo
por no poder anunciarnos o adecuarse a la verdad. Esto nos
vincula con que no se pronuncia por al confirmación
de una verdad. La metafísica de Heidegger en el problema
de Ser y Tiempo, se supera sólo por el pensamiento
científico, con él, o a través de él,
pero igualmente la categoría profunda de sentido
en el ser y en el tiempo producen un significado concreto
que vuelve a la pregunta no por el ser, porque en el estoy
y desde él estoy hablando, sino porque, se es en
el sentido mismo de la metafísica y esto vuelve por
encima de verdad que hallan tanto el pensamiento científico
como el propio filosófico. Así ontología
débil, pero necesariamente desenmascarada para encontrar
la esencia misma de <voluntad de poder>.
El Dios justo es un Dios violento e implacable. El Dios
amoroso es misericordioso. No es posible plegar ambas caras
de la moneda y revertirse a la historia. La Historia inclusive
aquella de las sagradas escrituras nos viene demarcando
el límite de la imagen espejeada entre justicia y
misericordia. El Dios es absoluto, implacable, castiga con
toda su fuerza, su ria para demostrar su condición
perfectible de Dios. Como muy bien lo dice Vattimo "la
violencia no es secularizable". El Dios de la tardomodernidad
no tiene espacio para pensar, imaginarse ajusticiando siendo
misericordioso. Finalmente la religión ha ido perdiendo
su propio terreno en el dogma, en la doctrina, es por ello
que entonces la iglesia que administra la relgión
no le supone otro camino que la conquista de espacios, políticos,
de espacios públicos, de la guerra misma. La pérdida
de la fe y de la fuerza parece devenir entonces irrecuperable.
LA pérdida del dogma ha hecho irreconciliable al
hombre con el cristianismo. La ontología débil
está ahora encarnada en su máxima expresión.
Qué lectura aceptamos, o podemos, o entendemos,
o necesitamos darle al cristianismo, aquella que evidentemente
está en el dogma, en la fe, en el tiempo de la doctrina
de la creencia o la otra que pertenece a la historia, a
la filosofía y que por lo tanto se hace interpretativa
en el sentido Diltheano, hermenéutica en el sentido
de Gadamer. Exactamente en cual (nuevamente) de estas dos
caras de la moneda debemos situarnos, encontrarnos, habituarnos.
Además del recurso espejeante que nuevamente deja
ante la imposibilidad de resolución del enigma es
decir la construcción de la paradoja. La lectura
secula de la doctrina y de la religión implican tratar
de ofrecerse en el sentido metafísico de la convicción,
nuevamente que una ontología devenga débil,
tenga una voluntad de poder distinta. Vattimo en "creer
que se cree" no sólo se cuestiona a si mismo,
porque tal afirmación o pregunta (creer que se cree)
forman parte de una duda sobre la cuestión fundamental.
La fundamentación y la sustanciación del ser,
se vieron doblegadas al producirse la kenosis. Y cuando
Dios tuvo que enviar a su hijo que es el mismo Dios, devenido
en carne perdió todo sentido sentido propio de la
realidad dura de ser. Porque Dios es esencia no devenida
en carne y la carne es débil. La última posición
de Vattimo cuestiona un poco la persona que utiliza para
hablar sobre la secularización de la religión.
Esto tiene algunas combinaciones profundas en una de ellas
se mira como un "sujeto" colocado frente a Dios
a su permanencia en Dios. Tener una mínima fe para
vivir. No estar consolado por la salvación. En Vattimo
presumo que no es preocupante, beligerante un tiempo nuevo
y tampoco el interés que tiene la doctrina de ser
en sí escatológica. Y esto basta es: Basta
simplemente con asumir una existencia del otro que no está
en mí pero que me hace concomitante. En el pensamiento
Vattimiano sobre la cuestión religiosa no hay mediación
entre ambos Dios y ese yo están conjugados. Por ello
no está en Vattimo el intento de producir un conocimiento
en torno a la idea de Dios o a su sentido. La ontología
deviene débil porque ya no es universal o toral,
porque ya no mira al nosotros sino al yo. Y Vattimo augura
un camino de trascendentalidad mínima posible, en
relación con un yo mismo, con un yo personal. No
tiene más remedio quizá que en "creer
que se cree". Yo he estado escribiendo durante todo
este trabajo como sino fuera yo. Tratar de hacer una lectura
profunda de esta interrogación de Vattimo sobre el
problema religioso y nunca (al menos aquí) he antepuesto
el camino de mi fe y de mi percepción alrededor de
la secularización religiosa, el asunto de esta cuestión
es: ¿es que hoy es posible agregar a este discurso
la participación de un tercero? Yo supongo que hemos
devenido en ontología débil entre otras cosas
porque ya no es posible mirar a Dios en unidad. Es que el
diálogo ahora se ha particularizado tanto como diversidad
humana hoy. Y en este sentido quiero acotar que simplemente
me refiero exclusivamente a un tiempo occidental del pensamiento.
Occidental es pues el lugar de la historia, del tiempo,
de la racionalidad, de la conciencia, del saber etc... y
también el lugar de un Dios venido a la palabra contigo
mismo. Ya las sagradas escrituras no revelan lo oculto,
lo que es monumental, verdad absoluta, tragedia, destino
implacable, ellas están en el pensamiento débil
pues su palabra, su texto devino en hermenéutica
en interpretación y no en palabra sagrada, no en
escatología. Hoy las sagradas escrituras se leen,
se interpretan, se piensan, se hacen órganos productores
de signos no tanto para la fe cristiana, sino para un diálogo
interior. Dios está dentro de mi y por ello me habla.
Bibliografía
Alzuru Pedro, "Del ultrahombre al hombre común"
Ediciones Solar 1997
Feuerbach Ludwig, "Pensamientos sobre la muerte e inmortalidad",
Alianza Editorial 1993.
Mann Thomas, "José y sus hermanos, las historias
de Jacob", Ediciones Grupo Zeta 2000
Vattimo Gianni, "Creer que se cree", Paidos 1996.
Vattimo Gianni, "La secularización de la Filosofía"
Gedisa 1992
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