Los problemas que se vinculan a la verdad y la metafísica en la filosofía y la religión
(una lectura de "Creer que se cree" de Gianni Vattimo )
Por Carlos Dimeo

 

 


La misión de la mente en este mundo de las formas y la muerte, surgido del conocimiento nupcial del alma y la materia, es inequívoca y tiene un perfil claramente trazado. Su encargo consiste en despertar en el alma, que se halla ensimismada y presa de los lazos de la forma y la muerte, el recuerdo de su origen superior, convencerla de que fue un error dejarse seducir por la materia, originando de ese modo el mundo, y reforzar en ella la nostalgia y hasta tal punto que algún día se desprenda totalmente del dolor y la voluptuosidad y vuele de regreso a casa, con lo que de inmediato se produciría el fin del mundo, la materia recobraría su antigua libertad y la muerte será expulsada del universo.

Thomas Mann
José y sus hermanos, las historia de Jaacob


Se analizan los problemas filosóficos derivados de las filosofías judeo - hebraicas y su secularización en la herencia del cristianismo como cultura filosófica y religiosa en occidente. Según Vattimo, la herencia y secularización forman parte de la génesis y fundamento del pensamiento débil (Vattimo 1978), así como la creencia, la verdad y la filosofía.

Imagino de repente que en el momento mismo del anuncio de Jesús a sus discípulos de que uno de ellos lo habría de traicionarlo, porque fuese esta la única manera de cumplirse la profecía (el misterio ocultuo en la escritura sagrada), y antes que Judas se levantara y preguntara al señor cuál de ellos sería, y además un poco antes o un poco después de que Jesús dijera "aquel que moje el pan en la salsa ese me habrá de traicionar"... Jesús se levantaría de la mesa, más bien, para anunciar a sus discípulos, y entre ellos a Judas, y en voz alta, que sería él quien debía ser traicionarlo, para que el misterio cumpliera con su fe. Además, agregaría, Jesús... y que tú Judas, y en este instante lo anuncio a todos, debes cumplir esta profecía por el amor a cristo, a Dios y a todos con este proyecto. También presumo que allí se dijo que parte del misterio se cubría en no saber bien por qué el escogido era Judas y que aunque muchos lo juzgarían como traidor sería el cometido propio y profundo de su misión en la vida y en el mundo. Finalmente... antes de terminar la cena, Judas y Jesús se abrazaron para despedirse hasta su próximo reencuentro.

Para estudiar este objeto, hemos tomado como fuente, la lectura del texto de Vattimo "Creer, que se cree" (Paidos 1996) y a partir de un intento hermenéutico aplicado sobre el mismo texto, que nos hemos propuesto devastar, nos surge una primera pregunta sobre los tema. Esta pregunta toca como punto central la primera discusión planteada entre la herencia hebraico cristiana y el debilitamiento del pensamiento occidental en el siglo XX. Desde otra perspectiva la idea del concepto de pensamiento débil de las escisiones surgidas en el propio concepto que nos explica Vattimo sobre el pensamiento débil. A partir de allí nos surge la pregunta ¿Cómo ha devenido hoy de la herencia del pensamiento hebraico-cristiano? O ¿Si esta herencia nos trajo como sentido de ser y de experiencia al pensamiento débil? Este planteamiento y al mismo tiempo esta pregunta que se hace Vattimo, está planteada a partir de un resurgimiento de la fe, más como concepción filosófica de la religión cristiana. Así que nos lleva a considerar a que si por lo menos existe una fe o una mínima moral para creer, es aquella que se manifiesta en creer que se cree. La educación, la formación lo ha llevado a tener una relación, un acto de creencia con otro que no es tanto un dominador sino que supone una relación y una convicción de la existencia y de saber. Esta es la ontología aquella, primera, que se anuncia como pensamiento débil. Vattimo en realidad hace una reconstrucción e interpretación tanto de Heidegger como de Nietzsche y como confluye allí un sentido cristiano del pensamiento. Esta posición de Vattimo está puntualizando ciertos signos para una ontología y como se constata la existencia de una esencia de ser en tanto metafísica para un sujeto moderno. Un sujeto que no es sólo signo o cuerpo de signos y vacío, sino que, además, haya capacidad para reinterpretación de estos sujetos y de un otro superior. Hay una reinterpretación del sentido de la metafísica, no nos intenta explicar el fin de la metafísica como otro acontecer distinto de la modernidad, como otra experiencia moderna y propia de ella misma, de su contexto. En "Creer que se cree" se anuncia, en primer término que hemos llegado al debilitamiento de ser y del tiempo y la convicción que se tiene para seguir creyendo en ese ser que se soporta en la religión y en una mínima creencia de ser.

El hombre del siglo XX (entendiendo esta idea de hombre en los términos metafísicos) se sabe y se conoce final, terminado, acabado, y por ende terminada la modernidad, el pensamiento sobre la modernidad y todos los modernismos posibles. Este hombre ya no tiene, ya no acarrea suficientes fuerzas para la lucha. Es decir, su espíritu al contrario de cómo se producen los signos de representación de la cultura en los griegos ya no es agonístico. Este sujeto (no-sujeto) ya no tiene agonía, y como consecuencia del abatimiento entre la fe, la religión y el ser, el pensamiento ha devenido en una suerte de debilidad. El pensamiento devino (y devendrá posiblemente) en derrota misma de la occidentalidad. Vattimo atribuye esta condición para el surgimiento a propósito del propio contexto de pensamiento débil. Pensamos que este pensamiento débil, intenta explicar desde la secularización de la fe religiosa el fin de la metafísica y hasta, en cierto sentido, el fin propio de la filosofía (occidental).

No habiendo pues, careos ya, entre metafísica, esencia, ritualidad, religión, temple, orgullo, nobleza y tiempo, entre otros; entonces no cabría alguna posibilidad para que se reconciliasen la herencia religiosa del cristianismo y pensamiento filosófico. No hay, exactamente, posible transmutación, en la experiencia que significa ser, a través de alguna experiencia mística de la fe. Es por ello que el pensamiento está debilitado en su propia causa. Tampoco hay alguna, diferencia entre el dominio que ejercer el pensamiento occidental y de la cultura occidental. Como no hay disputa para cultura y pensamiento en el periodo del siglo XX, tampoco la existe entre ser y objeto. En esta secularización de las actitudes religiosas se promueve todo aquello que Vattimo nos anuncia como pensamiento débil. El problema central de la discusión que Vattimo nos ofrece en "Creer que se cree", no es estar constituido como esencia de ser o preguntarse por esta esencia y su sentido en la cultura. Al contrario, esta colisión, haría que el problema se tornase oscuro y deslumbrante al mismo tiempo. Lo que nos conmina a pensar sobre un retorno (¿Plausible quizá?) Al tiempo de un neo-platonismo influyente en el pensamiento occidental radica en la cualidad que se tiene para no dar alguna explicación ya de términos como occidentalidad. Sólo así, se nos hace posible imaginar una posible resurrección del mito de la caverna, como un concepto primigenio para la existencia. Y como Vattimo nos analiza a Heidegger y a Nietzsche explicando que ya no se es <voluntad de poder> la que domina, la propia experiencia de lo religioso; si no una trampa propia de la objetivación del concepto de occidentalidad, entonces, es así como hemos puesto fin al tiempo de la metafísica. Por cierto que el problema central tampoco está en la pregunta por el ser. No hay diferencia entre sujeto y objeto. El accidente que ha devenido en ocurrir es el fin del pensamiento razón y de la religión. El fin, la disolución del pensamiento metafísico desde la perspectiva de Vattimo significaría pues en otro sentido el fin de las condiciones propias de la fe religiosa y también de la religión que para el pensamiento occidental del siglo XX el ocaso propio de la humanidad.

Si hay una vinculación de lo sagrado y lo religioso en Nietzsche se diría entonces que esta vinculación se pone de manifiesto en "Así habló Zaratustra" especialmente. Esta aseveración parte de la idea de Vattimo alrededor de que el pensamiento religioso está íntimamente relacionado con Heidegger y Nietzsche. Además, Vattimo se interrelaciona con ambos por su profunda educación, formación y convicción particularmente religiosa y de allí que él nos haga una explícita y dedicada explicación sobre el sentido de la fe, la creencia y la herencia hebraico cristiana. Establece así una diferencia entre el Dios metafísico y su esencia de finalidad y el Dios cristiano y el reencuentro con la esencia misma del ser. No queda claro todavía, o no lo podemos asegurar, si debido a esta construcción de su formación católica persiste en él, la defensa del pensamiento religioso católico. De primera línea esto no queda claro pero inmediatamente aduce algunas razones por las cuales piensa escribir y publicar además un libro como "creer que se cree". Otra cuestión surge a partir del texto y de la propia escritura y esto es qué significa, qué representa haber escrito este libro en primera persona. Yo creo que aquí se asienta una de las cuestiones fundamentales pues el mismo Vattimo nos aclara: por qué se ha decidido a escribirlo además en primera persona. Expresa:

"Reconociendo tanto las razones del compromiso personal y <testimonial>, como las de la distancia y la mediación, no hago sino subrayar conscientemente (con la esperanza de exorcizarlos) ciertos rasgos embarazosos con los que me he encontrado al releer el libro. Con frecuencia hay párrafos en los que el <yo> habría querido ser -de acuerdo con una buena convención estilística en los ensayos argumentativos- un <nosotros>; en otras páginas, el <nosotros> que se ha mantenido debe leerse como un <yo>"(Vattimo, p.121)

Surge como tal sobre la propia convicción de si la representación de ser católico o de estar vinculado con la religión cristiana aduce en términos de fe, de dogma y de doctrina a la convicción de que hay un retorno de la iglesia como sentido y como institución al pensamiento contemporáneo, pues a Vattimo le preocupa tratar con un Dios que sólo se ha convertido en un "tapagujeros" o que está dedicado más a contar su Historia, como evento o acontecimiento, para reafirmarse en los tiempos de la modernidad que antes, significarse Dios en los hombres en el sentido cristiano del término. Esto es una cuestión que tiene que ver precisamente con el misterio o con la revelación y la divulgación del misterio mismo. Armamos el cambio del sentido de la metafísica (es decir lo que anuncia Vattimo como pensamiento débil) y asomamos el debilitamiento de la fe cristiana pero no así de la culpabilidad del origen y de su sentido en la occidentalidad. Primero un sujeto más allá de su propia condición de sujeto humano no puede existir por tanto ni siquiera podrá tener y concertarse con una aristocracia o con la nobleza. Segundo el problema de este sujeto es que ya ni está sometido a su constatación, a la constatación de si mismo entendido sujeto en la metafísica de la occidentalidad. Porque la occidentalidad al menos la de cierto contexto cultural es la afirmación secular de los sentidos metafísicos. Para Europa Central y occidente se ha ido afirmando en el pensamiento débil de América no ha constituido este sentido religioso. Este sentido que da la occidentalidad al sujeto de ser sujeto occidental no se ha rellenado en América. No ha habido un sentido expreso de ser metafísico. Si el holocausto significó la afirmación de algo en ello está la constitutividad, la elevación, la inspiración de una profunda religiosidad. Nada más sagrado, nada más religioso y al mismo tiempo nada más remarcador del pensamiento débil que la misma experiencia del holocausto. América no ha tenido un holocausto pues la experiencia de la colonialidad está sujeta a una importación cultural que ya se proveía de su propia deriva y que no pudo ser constitutiva de objeto de conocimiento o de sujeto. América no tiene sujeto en el sentido histórico del término, tanto no tiene religiosidad, no tiene metafísica, ni desea que lo esté o si siquiera le interesa. Tercero la fe cristiana y la religiosa que se ha tergiversado y tornada a la deriva no tiene ya una impronta a la cual recurrir, no hay redención, o esperanza alguna de perdón o de ser perdonados, a pesar de este venirse abajo, existe un anhelo por el retorno al paraíso o al mundo superlativo que se constituye más allá del ser. Todas las religiones prometen un estado superior fuera de esta conciencia material que está representada por el cuerpo. Perdido de fe, angustiado por su propia fe, todavía al sujeto de la tardo-modernidad le queda imperiosamente el lugar de la fe mínima, es decir el lugar de un pensamiento débil que se refugia en la memoria de la occidentalidad y de la metafísica. Fe y representación, religión y esencia; son representación de la compleja escisión del judaísmo-hebraico devenida en los signos y en los referentes de iglesia y religión. Iglesia, en este caso como confesión, religión como representación del dogma y de la doctrina en la fe. La religión es aquello que se profesa de la misma esencia. La iglesia surge en el debilitamiento y la religión en la pérdida del dogma. Pero como nos explica el mismo Vattimo, hay un recurrir a la religión para no perder el sentido propio de la metafísica, es por ello que la sagrada escritura no deviene ya en revelación de un misterio sino más bien en discurso, metáfora, parábola, paradoja, símbolo a ser leído, interpretado, comunicado entre los mismos hombres. En cierto modo se hace una interpretación, una lectura de lo que se toma, se asume como la verdad esencial, pura, y este efecto en la lectura misma genera un puente de comunicación que hace aún más metafísico el pensamiento. En esta lógica en la búsqueda de la verdad, de la verdad verdadera, significa resistir a un final del tiempo metafísico y reconoce un estar del lado nuevamente de un complejo sentido metafísico. Hay así una referencia directa a la metáfora de Alcestes y el problema de la verdad. Y es que la verdad sólo se consigue, o se construye desde una realidad de ser en propia esencia. La realidad en el pensamiento débil solo puede estar conectada por Dios, en su lectura porque es él, quien nos anuncia la propia condición de ser, y por ende de la verdad misma.

"Si, de acuerdo con Nietzsche, debemos desconfiar de la metafísica -es decir, tanto para él como para nosotros, de la creencia en una estructura estable del ser que rige el devenir y da sentido al conocimiento y normas de la conducta- ello no es así, en definitiva, "por razones de conocimiento" (como escribe Nietzsche en el aforismo N° 82 de El caminante y su sombra). Si así fuera, seguiríamos estando prisioneros de otra metafísica, de una teoría que opone una "verdad verdadera" a los errores que se deben desenmascarar, con lo que se perpetúa el juego del que queremos apartarnos por medio de nuestro alejamiento de la metafísica. Por supuesto, decir que "queremos" (o debemos, o no podemos menos que, etcétera) mantenernos fuera del juego y del mecanismo de la metafísica, implica hablar en nombre de un sujeto, de un "nosotros" que, en sí mismo, parece ya de por sí enteramente integrado dentro de esa lógica metafísica de la que se desea huir"(Vattimo, p.64)

El desenmarascamiento como develación de lo oculto, de lo secreto proviene ahora a un tiempo en secularización de la filosofía y de la religión y el impasse surgido, o la diferencia entre una y otra, ha sido borrada para la humanidad en un espacio donde la kenosis ya no tiene lugar, ni principio. Es precisamente este evento de la kenosis lo que ha producido un advenimiento hermenéutico de la escritura sagrada. Evidentemente en este tiempo la escritura sagrada se lee, se interpreta, y no es la voz de Dios, la que escuchamos y que manda implacablemente. El propio Dios, es del antiguo testamento ha desmitificado su propio significado y se ha secularizado. Acción transfigurada en la kenosis. El final del imperativo categórico kantiano, la develación impuesta por la modernidad, el desenmascarmiento de lo prohibido y lo oculto, la secularización de la religiosidad y de la razón.

Es probable que el significado de la muerte de Dios en Nietzsche no sea sólo la muerte de Dios, al menos en el sentido lato del término. Percibimos más bien que en Nietzsche hay algo más contundente a ello (de la muerte de Dios como tal), que es la remarcación del fin del pensamiento cristiano, de la fe, de la metafísica aristotélico-tomista, y esto es a "mi juicio" lo que representa la crisis misma de la razón. Esta crisi de la razón singularmente no es para Vattimo entonces total sino que surge de ella un cierto desplazamiento, y deviene, digamos, en una "novedosa" metafísica, que es aquella que se denomina en Vattimo ontología débil. Queda claro entonces que Vattimo no promulga el fin de la razón y del sentido metafísico, no promueve una doctrina del nihilismo. Si es así entonces esta recurrencia de la metafísica en ontología débil atribuye al discursos del ser un sentido que se enmarca fuera de lo escatológico. Si la razón persiste aún en algún sentido es sólo posible como pensamiento débil, si la ontología cristiana persiste, es como discurso, como metafísica, pero no ya como doctrina escatológica. Un resurgimiento del cristianismo en frente de Nietzsche y de Heidegger como otra mirada de Dios y de su propia fuente de existencia. ¿Es que Nietzsche niega profundamente el fin de Dios como sentido histórico y religioso? Realmente no parece ser así, pues por ejemplo se puede observar una cualidad sensiblemente metafísica de acercamiento a Dios en "así habló Zaratustra"

Hay algunos momentos de contradicción en el pensamiento judaico que representan parte de este pensamiento débil. En un principio la creencia y la fe eran texto de discurso, pero velaban en su misterio, la escritura sagrada, que no se revela y no se lee, escritura sagrada que mas bien se asume, se escucha, está en nosotros, pero no se pone en cuestión, y no permite la exégesis. El evento de la kenosis nos ofrece la primera muestra de cómo surge un de debilitamiento del pensamiento y de la misma metafísica. El judaísmo "malinterpreta" (y hay una intrínseca experiencia ya por las escrituras y por la lectura) el texto en el que reencarnó y que además anuncia la reencarnación de Dios. Pero el texto por no poder leerse e interpretarse irrumpe como oculto y no se entiende. Es que no había texto que hiciera tal mención a su reencarnación y existencia como temporalidad, es sólo una "conveniencia" interpuesta por Dios para demostrar y aplicar todo su poder y toda su fuerza. A pesar de ello pareciera que Dios no tiene manera para recuperarse del evento de la kenosis, representada esta como secularización religiosa. Más bien el papel de la religión y de la iglesia se sucede, a partir de este suceso, en intervención de las ideologías y de la política respectivamente, en acontecimiento histórico. El tiempo de la kenosis en el pensamiento judaísta derriba toda posibilidad de superar el tiempo natural del hombre, esto es un Dios igualado en hombre deviene entonces en ontología débil y pareciera no acceder a otra posibilidad de superación. Son innumerables los casos que tenemos en América Latina que ponen a la iglesia a jugar un papel preponderante en el sentido político, moral, educativo pero en muy pocos caso místico. Vattimo nos induce a esta reflexión y asegura como la educación católica le ha dado un un entorno a su representación (que debería estar enmarcado en el terreno de lo religioso) un tiempo para le educación política, social, ideológica y hasta cierto nivel en el juego de los discurso místico, pero que no profundiza en el sentido mismo de la religiosidad y de las condiciones que a ella se le imponen. Es evidente que el lugar de la consagración sobre el poder que ejerce la iglesia ya no es parte de los signos particulares de su relación con la fe y con la creencia. A Vattimo y al hombre común, de todos los días, parece que no les queda otro camino en creer que se cree. Un imaginario que aspira a una superación profunda hacia el alma y la fe y de su condición frente al sentido de la existencia. La iglesia devino pues en ontología débil en tanto no puede superar su propia condición por la fe.

Un pensamiento fuerte, una ontología de la fortaleza tiene a nuestro juicio dos salidas por un lado el hombre adquiere total sentido de existencia, supera la fe y vuelve al lugar nietzscheano <voluntad de poderío>. El segundo camino se concentra en el campo de la metafísica, el ser tiene un espacio para significarse tal; así esta ontología giraría hacia el lugar de Heidegger con su posición ontológica. Pedro Alzuru lo explica bien en su libro "Del ultrahombre al hombre común"

"A este yo hipertrófico del sujeto tardomoderno se agrega, como rasgo, la pérdida de las utopías. En tal sentido el pensamiento de Vattimo ha sufrido una transformación, ha dejado de pensar el ultrahombre nietzscheano como sujeto liberado, quehace coincidir experiencias y significados, no distanciándose significativamente de una tradición marcada por Luckacs y Sartre, el ideal de una conciliación dialéctica donde el sentido de la historia se identificaría con los hombres. Ahora, piensa el filósofo, el sentido de la historia se identificaría con las acciones e intenciones de los hombres concretos sólo si estos sufren una disolución"(Alzuru, p.71)

Este pensamiento débil demuestra la incapacidad del sujeto (ya) para apropiarse de una <voluntad de poder> una ontología dura. Vattimo produce una continuidad de sentido sólo para la muerte, pero la muerte corporal, la muete física y no l muerte como la carencia de sentido. Lo mismo términos de sentido sobre la muerte y de su reinterpretación aducen de que todo le pensamiento filosófico y especialmente aquel que se retoma a partir de Nietzsche y de Heidegger durante el siglo XX son propuestas contundentes de una sobrevivencia de la metafísica. Nietzshce no propone la búsqueda propiamente dicha de un fundamento tan genuino o tan legítimo, o más que la verdad misma, en este sentido Vattimo explica muy bien para fundamentar su idea de que al contrario Nietzsche se reacomoda en el discurso que se supone contrario a la metafísica y se asume como una perspectividad distinta y diferente. La perspectividad del planteamiento Nietzscheano gira hacia "la hipótesis por el formulada que la metafísica no es otra cosa que una forma de la voluntad de poder"(Vattimo, p.66) .En el pensamiento débil Vattimo nos augura la esperanza de relación con el sentido. Es obvio que Vattimo al contrario de cuestionar la metafísica, lo que hace es demostrarnos que tanto Nietzsche, como Heidegger tienen una forma de explicar otro sentido de la metafísica misma. Ninguno de nosotros puede escapar a ella, no tanto por el hecho mismo de que la metafísica se constituya en el único camino de la verdad verdadera. Puesto que tampoco ella está inserta en tratar de proporcionarnos un conocimiento como camino de la verdad. El problema fundamental no es aportar a la metafísica aportaciones teóricas de cómo ella se construye, se la describe como una manifestación violenta y como <voluntad de poder> en tanto se asume un yo y no un nosotros. Esta metafísica de la que nos habla Vattimo, no nos determina el fin de a un tiempo por no poder anunciarnos o adecuarse a la verdad. Esto nos vincula con que no se pronuncia por al confirmación de una verdad. La metafísica de Heidegger en el problema de Ser y Tiempo, se supera sólo por el pensamiento científico, con él, o a través de él, pero igualmente la categoría profunda de sentido en el ser y en el tiempo producen un significado concreto que vuelve a la pregunta no por el ser, porque en el estoy y desde él estoy hablando, sino porque, se es en el sentido mismo de la metafísica y esto vuelve por encima de verdad que hallan tanto el pensamiento científico como el propio filosófico. Así ontología débil, pero necesariamente desenmascarada para encontrar la esencia misma de <voluntad de poder>.

El Dios justo es un Dios violento e implacable. El Dios amoroso es misericordioso. No es posible plegar ambas caras de la moneda y revertirse a la historia. La Historia inclusive aquella de las sagradas escrituras nos viene demarcando el límite de la imagen espejeada entre justicia y misericordia. El Dios es absoluto, implacable, castiga con toda su fuerza, su ria para demostrar su condición perfectible de Dios. Como muy bien lo dice Vattimo "la violencia no es secularizable". El Dios de la tardomodernidad no tiene espacio para pensar, imaginarse ajusticiando siendo misericordioso. Finalmente la religión ha ido perdiendo su propio terreno en el dogma, en la doctrina, es por ello que entonces la iglesia que administra la relgión no le supone otro camino que la conquista de espacios, políticos, de espacios públicos, de la guerra misma. La pérdida de la fe y de la fuerza parece devenir entonces irrecuperable. LA pérdida del dogma ha hecho irreconciliable al hombre con el cristianismo. La ontología débil está ahora encarnada en su máxima expresión.

Qué lectura aceptamos, o podemos, o entendemos, o necesitamos darle al cristianismo, aquella que evidentemente está en el dogma, en la fe, en el tiempo de la doctrina de la creencia o la otra que pertenece a la historia, a la filosofía y que por lo tanto se hace interpretativa en el sentido Diltheano, hermenéutica en el sentido de Gadamer. Exactamente en cual (nuevamente) de estas dos caras de la moneda debemos situarnos, encontrarnos, habituarnos. Además del recurso espejeante que nuevamente deja ante la imposibilidad de resolución del enigma es decir la construcción de la paradoja. La lectura secula de la doctrina y de la religión implican tratar de ofrecerse en el sentido metafísico de la convicción, nuevamente que una ontología devenga débil, tenga una voluntad de poder distinta. Vattimo en "creer que se cree" no sólo se cuestiona a si mismo, porque tal afirmación o pregunta (creer que se cree) forman parte de una duda sobre la cuestión fundamental. La fundamentación y la sustanciación del ser, se vieron doblegadas al producirse la kenosis. Y cuando Dios tuvo que enviar a su hijo que es el mismo Dios, devenido en carne perdió todo sentido sentido propio de la realidad dura de ser. Porque Dios es esencia no devenida en carne y la carne es débil. La última posición de Vattimo cuestiona un poco la persona que utiliza para hablar sobre la secularización de la religión. Esto tiene algunas combinaciones profundas en una de ellas se mira como un "sujeto" colocado frente a Dios a su permanencia en Dios. Tener una mínima fe para vivir. No estar consolado por la salvación. En Vattimo presumo que no es preocupante, beligerante un tiempo nuevo y tampoco el interés que tiene la doctrina de ser en sí escatológica. Y esto basta es: Basta simplemente con asumir una existencia del otro que no está en mí pero que me hace concomitante. En el pensamiento Vattimiano sobre la cuestión religiosa no hay mediación entre ambos Dios y ese yo están conjugados. Por ello no está en Vattimo el intento de producir un conocimiento en torno a la idea de Dios o a su sentido. La ontología deviene débil porque ya no es universal o toral, porque ya no mira al nosotros sino al yo. Y Vattimo augura un camino de trascendentalidad mínima posible, en relación con un yo mismo, con un yo personal. No tiene más remedio quizá que en "creer que se cree". Yo he estado escribiendo durante todo este trabajo como sino fuera yo. Tratar de hacer una lectura profunda de esta interrogación de Vattimo sobre el problema religioso y nunca (al menos aquí) he antepuesto el camino de mi fe y de mi percepción alrededor de la secularización religiosa, el asunto de esta cuestión es: ¿es que hoy es posible agregar a este discurso la participación de un tercero? Yo supongo que hemos devenido en ontología débil entre otras cosas porque ya no es posible mirar a Dios en unidad. Es que el diálogo ahora se ha particularizado tanto como diversidad humana hoy. Y en este sentido quiero acotar que simplemente me refiero exclusivamente a un tiempo occidental del pensamiento. Occidental es pues el lugar de la historia, del tiempo, de la racionalidad, de la conciencia, del saber etc... y también el lugar de un Dios venido a la palabra contigo mismo. Ya las sagradas escrituras no revelan lo oculto, lo que es monumental, verdad absoluta, tragedia, destino implacable, ellas están en el pensamiento débil pues su palabra, su texto devino en hermenéutica en interpretación y no en palabra sagrada, no en escatología. Hoy las sagradas escrituras se leen, se interpretan, se piensan, se hacen órganos productores de signos no tanto para la fe cristiana, sino para un diálogo interior. Dios está dentro de mi y por ello me habla.



Bibliografía
Alzuru Pedro, "Del ultrahombre al hombre común" Ediciones Solar 1997
Feuerbach Ludwig, "Pensamientos sobre la muerte e inmortalidad", Alianza Editorial 1993.
Mann Thomas, "José y sus hermanos, las historias de Jacob", Ediciones Grupo Zeta 2000
Vattimo Gianni, "Creer que se cree", Paidos 1996.
Vattimo Gianni, "La secularización de la Filosofía" Gedisa 1992




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