"Echa tu pan sobre las aguas, que después
de muchos días lo hallarás.
Eclesiastés, 11-1
Alguien dijo -creo que fue Goethe- que todo lo cercano
se aleja. Así, pues, nosotros tomamos cierta distancia
para poder apreciar y valorar, más que nunca, la
vida misma.
Nos encontramos en la segunda mitad del siglo XIX, concretamente
en el mes de abril del año de 1874, cuando un grupo
de pintores expone sus obras, antes rechazadas por el Salón
Oficial. Este grupo estaba compuesto, entre otros, por Renoir,
Cezanne, Monet, Degas. Fue la primera exposición
de Jóvenes Pintores Independientes que serían
llamados impresionistas, tomando el término de la
obra de Claude Monet, intitulada Impression, soleil levant,
según nos lo recordara Alfredo Bryce Echenique. Artistas
estos que con su movimiento y su acción cambiaron
no solamente la expresividad en lo artístico sino
la percepción o visiones de la realidad de aquella
época. Los cambios comenzaban a operarse con mayor
celeridad.
 |
Menos de cuatro años después nace, en Viena,
Martin Mordechai Buber (1878-1965). Creció en un
entorno multilingüe, a saber: Yiddish y alemán
en su hogar, hebreo y francés, ya en su niñez,
así como polaco en la escuela secundaria. Descubrió
-como tantos otros filósofos del siglo XX- la importancia
de restablecer el diálogo interpersonal para devolver
al mundo la humanidad que éste había perdido.
Su teoría del diálogo Yo-Tú sigue siendo
hoy una de las propuestas más originales para comprender
la realidad de la comunicación humana. El encuentro
Yo-Tú es de tal manera esencial para el hombre, opinaba
Buber, que sólo en él se constituye verdaderamente
como persona y deja de ser un mero individuo. Allí
es capaz de captar el sentido de las cosas llegando a los
secretos más íntimos del ser.
Estudioso de la religión y la cultura, este gran
educador y pacificador manifiesta que: "Toda persona
que nace representa algo nuevo, algo que nunca ha existido
antes, algo original y único." En él,
justamente, se sustancia la certeza de esta expresión.
Hacia el año 1916, ideó lo que sería
a la postre uno de sus trabajos filosóficos de mayor
hondura: "Yo y Tú", con su principio
dialógico que redactó en 1919 para publicarlo
en 1923. En ese momento otro pensador y teólogo fundamental
del protestantismo, el alemán Karl Barth reelaboraba
su Carta a los Romanos -publicada en 1919 y con una segunda
edición en 1921-, texto que no solamente fue la piedra
de toque para repensar la teología protestante, sino
que también inaugura la posmodernidad para la teología
protestante alemana e inicia el movimiento de la teología
dialéctica.
Ahora bien, Buber se cuestionaba respecto del hombre y
cómo éste podía encontrar su senda
en esta vida. Y aquí comienza un nuevo tiempo: deja
atrás el cogito -el "yo pienso"-
atendiendo a que toda vida es un encuentro, con lo cual
y para él la relatio, la relación para a ser
la base de su pensamiento filosófico, el encuentro.
La vida auténtica, está dada por el encuentro,
o sea, ni por uno ni por el otro sino entre el uno
y el otro, entre Yo y Tú, como así también
entre Yo y Ello (que es como Buber denomina al ámbito
de la experiencia, de los objetos -sea una mesa,
sea una persona)
Las tres esferas
Martín Buber descreía de vanos apegos a roles
de conductor religioso o incluso de tener para sí
una misión trascendente. Antes bien, valoraba el
hecho de poder mantener una conversación, de estar
junto con el otro en diálogo y en escucha, en recepción,
apertura y entrega. Siendo como él fue, un educador
moral, trazó una línea demarcatoria en cuanto
a una ética de la educación al considerar
que el conocimiento se transfiere una vez el maestro se
compromete con su clase, habida cuenta del interés
de aquel en la formación de un gran carácter
para cada uno de sus alumnos, respetando la unicidad del
mismo, comprendiéndola y, a partir de tal comprensión,
transferir la enseñanza.
Una de las claves de la obra "Yo y Tú",
refiere a las esferas que, según Martín Buber,
son tres las esferas en las que surge el mundo de la relación:
La primera es la de nuestra vida con la naturaleza,
la segunda es la vida con los hombres y la tercera esfera
es la comunicación con las formas inteligibles.
Esferas que hacen a la esencia de su pensamiento en tanto
refieren a la relación que, a su entender, tiene
y mantiene el hombre tanto con el microcosmos como con el
macrocosmos, sin olvidar que para él la educación
se transmite no sólo por el ejemplo personal sino
también por un verdadero vínculo. Asimismo,
es de capital importancia para adentrarnos a cabalidad en
su pensamiento el aprehender el significado que el filósofo
da al Tú:
En cada una de estas esferas, a través de
todo proceso de llegar a ser, cuya presencia sentimos,
tendemos la mirada a la franja del Tú eterno;
en cada Tú nos dirigimos al Tú eterno.
Todas estas esferas están incluidas en el Tú
eterno, pero él no está incluido en ninguna.
A través de todas las esferas, irradia una presencia
única. Mas nosotros podemos, sin embargo, apartar
del presente a cada esfera.
De la vida con la naturaleza podemos extraer el
mundo ´físico´, el de la existencia
material. De la vida con los hombres podemos extraer
el mundo ´noético´, el mundo de los
valores. Pero entonces, todas las esferas pierden su
transparencia y, en consecuencia, su sentido; todas
se han vuelto utilizables y opacas aunque las iluminemos
con los nombres de Cosmos, Eros y Logos. En efecto,
sólo hay Eros para el hombre si los seres se
le vuelven imágenes del Eterno, con las que se
revela la comunidad; y sólo hay para él
Logos si se dirige al misterio por medio del trabajo
y de los servicios para el espíritu.
Afrontar la realidad divina con una realidad humana, es
de lo que se trata y nosotros coincidimos, puesto que si
uno va en busca del otro para un encuentro que es, en sí,
un renacer, un redescubrir, ahí y no en la búsqueda
pequeña del provecho, del cálculo, en ese
momento, decimos, en que la intención es la relación
en sí misma, ahí sí el Tú verdadero
será exaltado por Dios. Lo inefable se dará
cita, la chispa del encuentro operará en cada una
de las partes que entraron en relación, el Yo y el
Tú.
El hombre deviene en un Yo a través del Tú,
nos dice Buber. Estas pocas palabras condensan la esencia
que hace a la persona en contraposición al individuo
o filisteo que solamente ve cosas y pretextos para in en
pos de ellos, olvidándose que pese a esa carrera
desenfrenada y loca, en verdad la vida no se apresura para
llevar a cabo su faena. A esto nosotros lo denominamos la
estrategia de la lentitud, es decir el otorgarnos
el tiempo necesario para ahondar en lo que entendemos debe
ser sopesado y profundizado, al coincidir con Buber en que
el hombre libre sólo tiene una resolución,
la de marchar hacia su destino.
¿Modernidad?
Cuando Ludwig Feuerbach planteó su teoría
de la proyección -o la muerte de Dios-, en verdad
lo proyectado fue "la muerte del hombre".
Una vez producido el Holocausto, se dio, irremediablemente,
el fin del paradigma de la modernidad. Ésta comenzó
promediando el siglo XVII para caer en una profunda crisis
luego de la Primer Guerra Mundial, iniciándose un
período entre ésta y la Segunda Guerra que
Martin Buber denominara el oscurecimiento de la luz del
cielo, el crepúsculo de Dios refiriéndose
al carácter del momento histórico de esa hora.
Podemos, pues, tomar el término posmodernidad
como la época que le sigue a aquella y que hoy nos
comprende. Por lo que, y en acuerdo con teólogos
e historiadores, si el holocausto deparó el fin de
la modernidad, el nacimiento del Estado de Israel fue el
inicio de la era posmoderna.
La alineación
Este mundo, ha visto resquebrajarse la fe en la modernidad.
La alienación junto con el vacío existencial
son males cotidianos ante los cuales nos encontramos aparentemente
sin salida.
El hombre está alienado de sí mismo y se
inclina ante las obras de sus propias manos. Lo que el hombre
moldea luego venera. En la actualidad los ídolos
simplemente tienen aspectos variados: son las cosas, las
posesiones, las entelequias supuestamente dadoras de sentido
y de lugar, todo lo cual a condición de la renuncia
a la singularidad del ser humano, a su responsabilidad en
el hacer y en el ser, sea en lo público como en lo
privado.
La alienación del hombre se da junto con, o por
imperio de, más precisamente, una caducidad de los
sentimientos y una carencia, cada vez mayor, de pensamiento
crítico. Hay una queda de la responsabilidad que
le atañe a cada persona y que no hace más
que propiciar una renuncia personal a la libertad, porque
asumirla, digámoslo con claridad, implica responsabilizarse
y para hacerlo hay que dar cabida a la reflexión,
al diálogo interior, a la voz de la consciencia,
y a la cordialidad, al buen latir del corazón.
Un seguimiento lineal de este proceso de renuncia, llevará
al hombre a su deshumanización y a la constatación
de una depresión profunda del individuo. La cosificación,
el mero tener para sentir que se es, así se alcance
un nivel importante, nos empobrecerá enormemente,
puesto que, recordando a Erich Fromm, podremos tener mucho
pero seremos muy poco.
La violencia
Ya inmersos en nuestra época, vemos lo kafkiana que
es: El laberíntico mundo moderno en su fase tardía,
el mundo de nuestros siglos XX y XXI, con sus poderes anónimos,
sus guerras, sus genocidios, la explotación más
vil de humanos por humanos, ha superado los máximos
horrores nunca antes conocidos.
Fue John Stuart Mill quien denominara etología a
la ciencia del carácter. Mucho después, en
la segunda mital del siglo XX, 1966, Konrad Lorenz utilizó
dicho término para designar al estudio del comportamiento
animal, comprendido el humano.
Nos importa destacar el sentido y la proyección
dados por Mill. Los hechos de violencia que vivimos cada
vez con mayor frecuencia, intensidad y diversidad en sus
manifestaciones y en los más variados ámbitos,
nos lleva a cuestionarnos sobre el carácter del hombre
y, en tal sentido, el querer buscar las causas que impulsan
tales actitudes de cuyos resultados podremos esbozar estrategias
y tácticas, métodos y acciones puntuales tendientes
a aminorar tales causas, lo máximo posible.
Para hacerlo, para que nuestro intento tenga, siquiera,
posibilidades ciertas de un resultado favorable a la persona
por vía de la acción resultante de tal estudio,
es aconsejable el focalizar la lente en quien se comporta
violentamente y no, meramente, en el comportamiento.
Es decir, el estudiar también, y especialmente,
el núcleo y no solamente lo periférico.
Lo pulsional
Disquisición, interrogación, que parte de
un cuestionamiento clave: ¿Cuál es nuestra
naturaleza?
El estudio de las pulsiones de vida y de muerte, nos conduce
hoy a la investigación de la agresividad en sus dos
vertientes, la benigna y la maligna, pero no en tanto instintivas
únicamente, lo que sería caer atrapados en
un reduccionismo, sino con una mirada abarcadora que comprenda
y aprehenda cómo nuestras pasiones vienen dadas con
nuestros procesos vitales y de aquello que emerge de los
mismos, sumando, pues, la experiencia de vida antes de cerrar
la mirada y evaluar el todo.
Erich Fromm nos recuerda que: "El intento del hombre
de hacer que la vida tenga significado y de sentir el máximo
de intensidad y fuerza que pueda (o crea poder) lograr en
las circunstancias dadas."
La permanencia de estas manifestaciones le hacer ser hombre
y no cosa, le aleja del no-individuo.
El asunto, según lo entendemos, está en privilegiar,
en dar rienda a aquellas pasiones facilitadoras y favorecedoras
de la vida, antes que las otras, las destructoras. A vía
de ejemplo digamos que tan nociva es la violencia irracional
como aquella otra violencia que pretende ser explicada por
imperio del hacer justicia e imponer orden. Antes bien,
creemos en la vida y en un hacer en el que la persona esté
en armonía con los otros, sin perder su identidad,
su libertad; siendo responsable sea en lo público
como en lo privado.
Lo sustantivo, pues, es el amor a la vida antes que el
amor a la muerte. De eso se trata lo nuestro, creo yo, y
no de otra cosa.
Lo daimónico
La violencia, nos ilustra el psicoanalista Rollo May, constituye
una deformación de lo daimónico, una especie
de "posesión demoníaca" en su aspecto
más despiadado. Vivimos en una época de transición
en la que los canales normales de expresión de lo
daimónico se hallan cerrados.
Y para el psicoanalista americano (así como también
Carl Gustav Jung hablara de la coincidentia oppositorum)
lo daimónico opera en sus dos aspectos, lo diabólico
y lo simbólico. Nos dice al respecto que: "El
significado literal de diabolos es el de "desgarrar"
(dia-bollein). Resulta muy significativo advertir que diabólico
es el antónimo de "simbólico", un
término que procede de sym-bollein, que significa
"reunir", juntar. Este significado etimológico
tiene una importancia extraordinaria en lo que respecta
a la ontología del bien y del mal. Lo simbólico
es, pues, lo que reúne, lo que vincula, lo que integra
al individuo consigo mismo y con el grupo. Lo diabólico,
por el contrario, es aquello que lo desintegra; aquello
que lo mantiene separado. Ambas facetas se hallan presentes
en lo daimónico.
Una mirada a nosotros mismos
La reconciliación con nuestras contradicciones no
supone la eliminación de nuestros adversarios externos
pero sí modifica nuestra relación con ellos.
Para alcanzar la paz nos vemos obligados a realizar un doloroso
esfuerzo espiritual. Sólo entonces dejaremos de considerar
que la maldad es algo diabólico y comenzaremos a
relacionarnos con ella en términos mucho más
humanos. Esto es, a fin de cuentas, el camino de la humildad,
camino que nos enseña que el verdadero sendero que
conduce a la paz pasa por el reconocimiento de que hasta
el más encarnizado de nuestros enemigos no deja,
por ello, de ser tan humano como nosotros.
Hacia otro de los extremos, coincidimos con George Orwell
cuando afirma que: "No cabe la menor duda de que
un santo debe evitar el alcohol, la carne, etcétera,
pero, de la misma manera, los seres humanos deben evitar
la santidad." Puesto que se busca una identificación
exclusiva con nuestros aspectos virtuosos, ignorando los
opuestos y, por ende, no atendiendo a la unidad de nuestro
ser, pares de opuestos que la conforman.
En inglés, la raíz de la palabra salud (health)
está relacionada con la de "totalidad"
(whole). La maldad deja de ser algo que debemos destruir
violentamente para convertirse en una enfermedad que debemos
curar, algo que hay que completar. Sólo haciéndonos
seres completos hallaremos el camino que conduce a la paz
y al bienestar. Y, para lograrlo, es fundamental que nos
reconciliemos con nuestras facetas pecadoras e imperfectas.
Uno de los principales objetivos terapéuticos de
la psicología profunda se asienta en tomar el "coraje
moral necesario para no tratar de ser ni mejor ni peor de
lo que uno realmente es.", al estar de lo dicho por
Erich Fromm. En razón de lo cual, al aceptar nuestras
imperfecciones, alcanzaremos la verdadera paz.
Adversarios y adversidades
Goethe decía que nuestros amigos nos enseñan
lo que podemos hacer y nuestros enemigos lo que debemos
hacer.
Desde lo psicológico, el proceso de creación
de un enemigo parece originarse en una proyección
de nuestra sombra sobre aquellas personas que se adecuan
a la imagen que tenemos de lo inferior. Y en lo que atañe
al ámbito de lo colectivo -nación, raza, religión-
el proceso de creación de enemigos adquiere proporciones
míticas, dramáticas y, muchas veces, trágicas.
El enfrentamiento con nuestros enemigos cumple una función
redentora.
Según el sociólogo Ernest Becker: "Si
hay algo que nos han enseñado las terribles guerras
de nuestra época es que el enemigo cumple con la
función rituálica de redimirnos del mal. Por
eso todas las guerras son consideradas "guerras santas",
en el doble sentido de constituir, por una parte, una forma
de librar al mundo de la maldad y, por la otra, una revelación
de nuestro propio destino, una función de que Dios
está de nuestra parte."
El verdadero adversario de nuestro tiempo -el hambre, la
pobreza, la destrucción indiscriminada de nuestro
habitat- está más allá de toda proyección
y sólo podrá resolverse adecuadamente cuando
asumamos y seamos los dueños de nuestra sombra colectiva.
El precio que debemos pagar por arrojar nuestro ser a la
oscuridad es la pérdida del alma. Vivimos en una
época de desmesura donde más que nunca recordamos
la frase de Nietzsche: "El Arte impide que muramos
de realidad." Jung, a su vez, decía que: "Hemos
olvidado ingenuamente que bajo el mundo de la razón
descansa otro mundo. Ignoro lo que la humanidad deberá
soportar todavía antes de que se atreva a admitirlo."
Sólo disponemos de una forma de protegernos de la
maldad humana representada por la fuerza inconsciente de
las masas: Desarrollar nuestra conciencia individual. La
frontera para enfrentarnos a la sombra se halla en el interior
del individuo.
Un paso
Somos de la creencia que debemos dar un paso adelante, firme
y resueltamente, en pro de los valores más caros
al humanismo.; viivir nuestra propia vida, pero vivirla
con sentido, con propiedad, es decir, de cara a la gente,
junto con la gente, sin gestos altisonantes sino en el ánimo
y en el hacer de un hoy más humano y compartible.
La labor de una persona es la labor de la humanidad, nada
está prefijado, todo está por decirse siempre
que impere en nuestras mentes, toda vez que reine en nuestros
corazones, el espíritu de proceder con rigor y con
misericordia. Educar es vivir, vivir es dar sentido a lo
que una vez aprendimos.
Enseñemos, pues, a vivir con dignidad y en el amor.
Si nuestro hoy es perverso, nosotros no lo seremos, si nuestro
hoy nos conmueve nosotros no nos postraremos sino que caminaremos,
algo más lentos, algo más dolidos, pero con
paz interior al sabernos hacedores de la cuota parte que
nos corresponde en el hacer del mundo. La vida siempre sorprende
y aunque la posibilidad sea de las más exiguas, igualmente
nos compete dar cabida a la misma y eso solamente se hace
en el compromiso cotidiano y permanente de una vida en donde
la ética y la moral estén en armonía.
Podremos equivocarnos pero a la postre venceremos, siempre
venceremos. Elijamos nosotros si queremos ser exitosos o
queremos ser personas. Optemos por la vida por nuestros
hijos, por nuestros hermanos, por nuestra propia e inembargable
existencia, porque podrán vender nuestras cosas mas
nunca nuestro espíritu. Podemos hacerlo, hagámoslo.
Demos el paso necesario, marquemos hondamente nuestra huella
que al fin y al cabo, el suelo es nuestro como nuestro es
el cielo.
La escuela
La escuela puede ser un arma contra el hambre, solemos escuchar.
Es cierto pero es poco o más bien es limitativo.
Digamos que la escuela es la fuente de agua límpida
y fresca donde los niños sacian la sed de conocimientos
y se descubren capaces de ser, en plenitud, personas.
En ella se puede (y se debe) aprender a convivir y a compartir,
en un espacio público e igualitario en oportunidades,
dando curso a las potencialidades benéficas que anidan
en el ser humano.
La escuela, remarcamos, es ese espacio trascendente donde
el niño puede en condiciones dignas, manifestarse
y acotarse. Ser y saber contenerse para que el otro pueda,
a su tiempo, ser también, como él, persona
y proyecto, mente y espíritu, razón y corazón
en evolución, a punto de descubrirse en el camino,
en el camino de la vida.
Si quisiéramos darle a esto una sustentación
economicista, al tiempo que proyectar al entorno del niño
la responsabilidad del buen fin que promueve la enseñanza,
recurriríamos a lo expresado por el profesor James
Heckman, de la Universidad de Chicago y premio Nobel de
Economía del año 2000. Heckman advierte que
lo que pesa más en la educación de los hijos
es la escolaridad de los padres. Esta afirmación
la efectuó, con particular énfasis, en el
Encuentro Latinoamericano de la Sociedad de Econometría
2002, celebrado en la ciudad de São Paulo, Brasil,
donde presentó los cálculos que avalan la
importancia de la familia. De su discurso, tomamos las siguientes
palabras: "Un niño que viva en un ambiente familiar
con recursos y de adultos instruidos tendrá un mayor
acceso a la información, a juegos didácticos,
al conocimiento. Todo lo cual será preponderante
en su acceso y en su decisión de seguir los estudios."
Tenemos, entonces, nosotros los adultos un deber más
y a la vez, primordial: continuar nuestro camino de perfeccionamiento,
de instrucción, de apertura al conocimiento en la
esfera de acción que nos ocupe. De tal modo, habremos
de irradiar a quienes nos rodean una modalidad de ser, de
continuar la diaria porfía por un conocimiento más
acabado y abarcador a la vez. No es tiempo perdido sino
tiempo recobrado el que nos damos en gracia para poder indagar,
cuestionar y cuestionarnos en aspectos esenciales como aparentemente
tribiales.
Lo que nos lleva, sin duda, a esfuerzos extraordinarios,
en muchos casos, para que tal complemento en la instrucción
de los adultos se dé cita. De ahí que, una
vez más, recordemos al excelente pedagogo que fue
Martín Buber, en su memorable porfía que le
cupo en Palestina, al organizar (casi podríamos decir
crear) la instrucción para los adultos que
llegaban a aquella tierra sedientos de pertenencia y, muchas
veces, carentes de una instrucción apropiada a su
desarrollo pleno como personas.
Vivir la propia vida, la nuestra: Intransferible y honda
Dicen que el poeta y el pintor son inventores de formas.
Se sirven de las ideas comunes y de todos los rostros. ¿Por
qué, entonces, no darnos permiso para mirar las cosas
con los ojos de la imaginación más pura, viéndolas
en una realidad más profunda para luego proyectarlas
a otra realidad capaz de darse si osamos laborar en tal
sentido?. ¿Cómo? Pues, logrando imágenes
más fuertes que las imágenes reales, siendo
como somos pero sabiéndonos -algo que muchas veces
no nos lo permitimos- la quintaesencia de la realidad percibida.
Raras veces vivimos desde nuestra propia vida al actuar
por reacción en lugar de partir desde la acción
propia, en positivo, desde lo nuestro que es el uno para,
armónicamente, complementarnos, sea con lo opuesto
dentro de nosotros mismos bien como con el otro, entrando
en el principio dialógico, en el encuentro que reconoce
a quienes acceden al diálogo y confiere identidad
a tanto al Tú como al Yo, partes de ese encuentro.
Recordemos, a fin de destacar la relevancia de lo antes
expresado, que raras veces las personas viven con placer
su verdadera vida y sino veamos a Peer Gynt que no pudo
vivir su propia vida y al volver a su país, ya anciano
y desconocido, vio cómo se vendían los accesorios
de su propia leyenda
De regreso a Buber
En torno a la posmodernidad, dice el teólogo alemán
Hans Küng que:
Desde el punto de vista de la cultura, nos movemos
hacia una orientación postideológica.
El universo cultural del futuro estará marcado
por el pluralismo.
Desde el punto de vista religioso, se prepara un
mundo postconfesional e interreligioso. Empieza a desarrollarse,
a paso lento y penoso, una comunidad multiconfesional
y ecuménica.
El cambio de paradigma de la modernidad a la posmodernidad
supone un fundamental cambio de valores (no necesariamente
una desaparición de valores) que conducirá
a un robustecimiento de la visión ético-religiosa
del mundo:
-
de una ciencia amoral a una ciencia
éticamente responsable;
-
de una tecnocracia dominadora
del hombre a una tecnología al servicio de
un hombre más humano;
-
de una industria de impacto medioambiental
a una industria que, de acuerdo con la naturaleza,
fomente los auténticos intereses y necesidades
del hombre;
-
de una democracia jurídico-formal
a una democracia viva que garantice la libertad
y la justicia.
En este contexto, Küng nos dice, más adelante,
lo siguiente respecto de Buber:
La reflexión de Buber sobre el principio
dialógico, plasmada en un lenguaje tan abstracto
como expresivo, culmina en un punto teológico.
Su libro descansa en último término sobre
la convicción de que cada relación Yo-Tú
remite a un Tú eterno. Este Tú eterno
no es conocido por principios teóricos o especulaciones
metafísicas, sino por la relación personal
con él que el hombre puede encontrar en todas
partes, en personas animales, en la naturaleza o en
obras de arte.
Una cosa es clara en este sentido para Buber: la
revelación acontece en los encuentros personales
con el eterno Tú, y no sólo en aquel entonces
del Sinaí sino en el aquí y ahora, y siempre
en ese momento en el que estoy abierto a recibirla.
No es la Biblia un libro muerto, sino un relato vivo
de encuentros dialógicos entre el hombre y Dios.
Toda auténtica vida es, pues, para Buber, un encuentro.
Detrás de la máscara
Veamos cómo al escribir intentamos obrar en un sentido
que a veces nos es esquivo. Porque el valor imaginativo
resulta de la elección y del color de las palabras
tanto como de la longitud de la frase, de su apropiación
al personaje que describen. Muchas veces la explicación
de un hecho como de una actitud, está por debajo
de la visión. Se halla tras una aparente máscara
de verdad. Es esa aparente máscara que nosotros,
en estas líneas, queremos quitar para mostrar, al
menos, nuestro sentido de lo verdadero en esto que hemos
dado en denominar el principio de relación, al recordar
al maestro y gran humanista Martín Buber.
Dijo el inefable Marcel Schwob que la semejanza es el lenguaje
intelectual de las diferencias y éstas son, a su
vez, el lenguaje sensible de la semejanza. Todo en este
mundo no es más que signos y signos de signos.
Del mismo modo que las máscaras son el signo que
existe de los rostros, las palabras son el signo que existe
de las cosas. Y las cosas son signos de lo incomprensible.
El Ser, en definitiva, es la perfecta colección de
los individuos del Universo, recuerda Schowb, porque el
ser, al razonar las cosas, las concibe bajo la semejanza;
cuando las imagina, las expresa bajo la diversidad.
Al incitar a la reflexión, bregamos, modestamente,
por lo más caro al ser humano: su trascendencia,
esa chispa que anida e impregna la interioridad de la persona
y que hace que confluyan tanto la espiritualidad como la
religiosidad al no procurarse un dios sino, y antes bien,
al bucear en las profundidades del inconsciente colectivo
para emerger tan vivos como únicos en solidaridad
con el resto de la humanidad.
Como dice la entrañable Simone Weil: "En
realidad nunca debe buscarse a Dios, sino crear las condiciones
para que la atención pueda tender libremente al Bien."
Hablemos de lo inefable.
Lo inefable
Las cuatro letras del nombre divino YHVH, corresponden cada
una a un emblema, según una tradición judía:
Y (yod) al hombre
H (he) al león
V (vau) al toro
y la segunda H (he) al águila
Es el Tetragrammaton de la Kabbalah, el nombre impronunciable
de Dios en hebreo.
Por el contrario y como resalta Luis Fernando Verissimo,
escritor y periodista brasileño, las letras ACGT,
mis Hermanos, no infieren nada trascendente, aunque sí
mediático en el momento actual, y con tendencia a
cosificar aún mas las acciones humanas en el futuro.
Estas últimas 4 letras que mencioné, ACGT,
refieren a las cuatro bases químicas del ADN, a saber:
Adenina, citosina, guanina y timina, cuyas combinaciones
determinan nuestras vidas.
Pero por más que sepamos, no sabemos nada. Por más
extensión de vida, por más que nos olvidemos
de nuestro Ser Esencial, cosificándonos, reitero,
lo imponderable permanece inalterado.
Se podrá lograr la eternidad, pero no se entenderá
nada. No en esos términos.
No si el rumbo es la banalidad, no si el precio es el desapego,
no si abdicáramos de la fraternidad y ésta,
que sepamos, no puede encapsularse; es inasible.
El autoconocimiento
En suma, Buber nos enseña que la educación
debe basarse en la confianza. Confianza esta que se asienta,
se da, en una persona singular que solamente puede ser redimida
a través del encuentro con el Tú.
Dice bien Kalman Yaron que el pensamiento educacional,
basado en la propia filosofía del diálogo,
forman la teoría de la educación de Martín
Buber, anclada, por cierto, en su filosofía antropológica.
Buber vio a la educación como a un proceso de vida,
de toda la vida, para el cual la meta del educador ha de
ser la de motivar al alumno tanto al autoconocimiento como
así también, al autoperfeccionamiento.
Finalmente, al terminar estas líneas lo hacemos
desde un Yo a un Tú. Desde un amigo para con otro
amigo: Franz Rosenzweig para con Martín Buber.
Dice Rosenzweig que:
Lo que debe el hombre es
amar a su prójimo como a sí mismo. Como a
sí mismo. Tu prójimo es como tú. El
hombre no debe renegar de sí. Precisamente aquí,
en el mandamiento del amor, su sí-mismo resulta confirmado
definitivamente en su puesto. No es que se le ponga ante
los ojos el mundo como una mezcolanza infinita y se le diga,
señalando con el dedo a toda esa mezcolanza, eso
eres tú. Eso eres tú, así que deja
de distinguirte de ello y ve a mezclarte tú también
en él, a desaparecer y perderte en él. No.
Muy al contrario, Del caos infinito del mundo se le pone
ante su alma un algo próximo, su prójimo;
y de él, y en primer lugar, sólo de él
se le dice: él es como tú. Como tú,
o sea, no tú. Tú sigues siendo tú,
y debes seguir siendo. Pero él no debe quedar para
ti siendo un él, o sea meramente un ello para tu
tú; sino que él es como tú, como tu
tú; un tú como tú; un yo; alma.-
Así finalizamos este trabajo, en clave de amistad,
que es un principio de vida, como lo fue para Martín
Buber, como lo fue para Franz Rosenzweig, como lo es para
tantas personas y tantos educadores. Como debe ser, sin
más.-
Bibliografía
Barth, Karl. Carta a los Romanos
Becker, Ernst. The denial of death. New York, Free
Press.
Buber, Martín. Yo y Tú, Ediciones Nueva
Visión
Eclesiastés, Versión de la Biblia del Oso,
Muchnik Editores SA
Fromm, Erich. Depth Psychology and a New Ethic, London,
Hodder & Stoughton
Jung, Carl Gustav. Recuerdos, sueños, pensamientos,
Seix Barral
Küng, Hans. El Judaísmo, Editorial Trotta
May, Rollo. Amor y Voluntad, Gedisa
Nietzsche,F. La genealogía de la moral, Alianza
Editorial
Orwell, George. Collected Essays, London, Heinemann
Rosenzweig, Franz. La Estrella de la Redención,
Ediciones Sígueme SA.
Schwob, Marcel. Mimos, Espicilegio, Vidas imaginarias,
Ediciones Siruela
Weil, Simone. Raíces del existir, Editorial
Sudamericana
Yaron, Kalman. Martín Buber, Prospects, Int.
Bureau of Education, París, UNESCO
(*) Héctor Valle (hector@netgate.com.uy),
ensayista y conferencista en temas filosóficos en
facultades y escuelas de música de provincias argentinas,
para las cátedras de Filosofía y Ética
y Derechos Humanos, respectivamente (partir de la música
suelo reflexionar en torno a las personas y sus obras).
Poeta por cordialidad. Padre orgulloso de cinco hijos. Uruguayo,
si bien que montevideano con el riesgoso y raro privilegio
de ser autodidacta, tengo un lema de vida a aplicar en mi
cotidiano: rigor y misericordia.
|
Suscríbete
a Enfocarte.com y recibe las actualizaciones en tu e-mail
|
|
|
|