Poemas
Por Carlos Fajardo Fajardo (*)

 

Porque los vivos tienen que recordar siempre
Lo que los muertos no pueden olvidar nunca
Laurence Durrell


Para Nubia, la caperuza
de mi bosque


POETAS EN LA NIEBLA

¿Quién los leerá?
¿ A qué manos irán?
Fernando Pessoa

1

Hoy que llueve sobre Bogotá
leo tus poemas Nazin Hikmet, tus cartas desde las cuatro cárceles,
el recuerdo de los patios sonoros en Istambul
el lento pero seguro avance de tu angina de pecho.

No me desilusiono ni lloro.
Tampoco soy un simple desesperanzado.
Sin embargo, Nazin, mi país es una cárcel mayor,
mayor que la de tu Ankara, más fría que la de Cankiri
más insoportable que la de Bursa.
Todas tus cuatro cárceles reunidas son apenas recintos con jardín.

Como tú, turco naciente,
en el nombre de esta tierra tomo la palabra
y malas noticias me llegan con lluvia matutina
malas noticias sobre un país cerrado donde nadie nos deja cantar.

Prisionero, exiliado eterno,
con quince heridas, según decías,
escribo en torno a estas paredes deseando ver una luz.
Escucha Hikmet este poema compuesto por varias manos
con despedazadas uñas de tanto escarbar.

También estamos incomunicados como lo estuviste en Ankara
donde te prohibían ver el cielo azul y un árbol silvestre
plantado en algún sitio.
También hablamos con nosotros mismos
en siniestras ciudades
y nos dan ganas de llorar sobre algún seno
llorar o insultar temblando en la lluvia.

Destrozados, solos con el vaivén de lentas horas,
vigilados desde los cuatro costados
se abre nuestra ira como una gran verdad
y en las torres del aire
lanzamos gritos por oscuras ventanas.

Nazin Hikmet, llueve sobre Bogotá.
Yo releo tu poema a Taranta-babu
pero no puedo hacer un himno para beberme el sol
no puedo estrechar mi pecho y darme alegría.

¿Cuándo cesará esta llama que a todos calcina?


2

Escúchame Giovanni Quessep
seguiré feliz a pesar de la muerte
que me asecha desde las araucarias
seguiremos felices
nadie nos quitará la gratitud de ver un nuevo día
tan mísero y sin jardín.

Aquí la alegría no alcanza para todos.
Estamos cansados.
Hemos habitado por años casas de gran oscuridad
fornicado en sus estrechos espacios
bebido en las noches íntimas
no ha sido suficiente.
Algo nos falta.

Se ha podido gritar y callar
crear momentos de silencio
poblar la vida con palabras.
Pero no. Algo nos falta.

La muerte vigila desde las araucarias
y en sus largos dedos
enreda hilos de una madeja siniestra.

Alguien susurra:
Carlos, Carlos,
estos malos tiempos pasarán


5

Recibe este rostro mío,
mudo, mendigo
Alejandra Pizarnik

Alejandra, Alejandra Pizarnik,
la muerte siempre al lado decías
todo para morir de tanta vida.

Nadie te ocultó del combate
ni las mismas palabras.
Nadie te libró de las querellas
mendiga vaga
vieja niña con tu camisa en llamas.

¿Quién te entiende ahora?

¿Quién lee tu misterioso y sombrío abecedario?

¿Quién recita tu poema de ausente, tu jardín prohibido?

Ahora las lilas colorean vientos
y todavía hay mucho abismo como el que abarcaste
mucha pesadilla en la luz
sombras muertas petrificadas en los muros.

Por favor que nadie te hable
y dejen dormir tu eterna siesta


6

También Lëdo Ivo he sentido como tú
la belleza y el horror en una nerviosa lagartija.
Entre piedras, mangos, higuerillas
salía a recorrer el pequeño-ancho mundo.
También vi en sus ojos de diamante
el sufrimiento celeste, una luz que pronto se apagaría.

Me escondo de Dios, de sus invisibles latidos.
Corro por corredores de sombra tras mi sombra.
Extraviado, sin brújula que me ampare,
lanzo al mar mi infancia y algo se muere
dejando a este hombre viudo de niñez
de posibles misterios, reclamando redención.

También he bebido la sangre de mis semejantes.
Han pasado sobre mí girasoles marchitos, cansados del sol
he pactado con las Hadas
visto en el mar otro mar cercano y terrible.
También Lëdo la poesía es nuestro reino
Ángel y Daimon que se oculta bajo el ropaje del dolor
un rito supremo para detener la muerte.

De allí que esperemos tu llegada
para saludar con varias voces la asombrosa alegría
que construye un poema.
Noches en las que no trina ni un pájaro
noches en las que son tus palabras más sonoras y justas
llenas de ese milagro donde se esconden los hombres.

Duro ha sido el tiempo de vivir.
Se derrumban muros y ventanas.
Algo perdura entre los matorrales
algo que no es delirio de la muerte
sino tus poemas resistiendo al fuego
al buitre de la realidad sonora y triste.

Recibe hoy estas palabras recientes
mis versos repetidos una y otra vez para no morir
secretos a voces pronunciados entre amigos
que como murciélagos sedientos
chocan locos, locos
contra las blancas paredes del amor

Octubre 4 de 2001


8

Pero aquí abajo la acción, pisando los talones a la palabra...
Pero aquí abajo todo es condena, a cadena perpetua...         
  
Vladimir Olan

Quien se ha hundido en poesía
ya no puede salir, escribes.
Todo lo tuyo es un encantamiento
un ser maligno y sacro
que impulsa a cuestionarse en la mesa del deseo.

Solitario, oculto, transparente de ti
obligado al bien o al mal
por todos aquellos que te olvidaron en la niebla
te vemos escribir ese Dolor
esperando hablar contigo mismo, cazador de recuerdos.

Imposible dormir.
Caminas en la medianoche
cosiendo los rincones en un amasijo de desesperación.
Preguntas por tu país siempre de otoño
mas sólo el Dolor responde y alcanza la dimensión humana
sólo la dicha queda en la derrota
estos momentos de placer sin placer alguno
tantas ganas de felicidad comunitaria.

Vladimir Olan
el dolor habita en extraños órdenes
está en tu palabra de abismo
torturando de goce a los que de poesía mueren
paralizando el ir y venir de una inocente muchacha
dando vueltas sobre la piel de los condenados.
Está en Praga, la eterna,
aspirando tu respiración
los aromas de abandonadas mujeres en invierno
y en cárceles
piedras que caen sobre ti
a la hora en que la oración por los poetas muertos nada significa.

Un poema, lo sabes, es un don
como lo es un amigo o los labios de una novia
en medio de la ventisca.
Un poema es un descubrimiento

un situarse en otros extremos de lo real
una fugaz declaración de amor.
Hoy las lluvias caen sobre las tumbas.
Algún corazón palpita delante de la tuya.
Alguien que no quiere olvidar
se ha posado frente a ti con un libro de poemas
y lee en alta voz derrotando la ausencia de esas manos
que escribieron paisajes de fuego
vencedor de la muerte

Abril, 2002.


9

A cada cual su palabra.
A cada cual la palabra que cantó para él
cuando la jauría le atacó por la espalda.
A cada cual la palabra que cantó para él y se petrificó.
Paul Celan

Una luna última no te salva.
Sólo esa idea de morir tan joven
sólo la presencia del poema que escribiste
lleno de amor a una madre muerta.

Si pudieras ahora escucharme
sabrías que las monedas caen al fondo de los abismos
que la realidad se ha transformado en lodo
y que existe salvación en algún misterio todavía no revelado.
Pero eso es metafísica de ingratas horas
querencias inútiles para despertar esta sangre que recorre el cuerpo
cada vez que se ama en medio de las tabernas.

Sabes que tus poemas son una cortina de bruma
velos puestos delante de ti
para no ver lo que se enciende de veras en tu imagen.
Entonces miras el mar que no es mar
sino tu despedida.
Sueñas viajar hacia la fatalidad sin promesas
con una palabra o con una mujer de palabras precisas
y te arrojas a las heladas aguas del Sena
arrancándote el pellejo del día.

Bebo mucho, hasta que mi corazón te oscurece, dijiste.
Hablabas como entre símbolos
cartografías secretas para los grandes descifradores
poetas que leen santos y señas en medio del asalto
y revelan códigos en el tallo de la noche.

El tiempo aún te tiene entre sus manos.

Nada te hará olvidar
nadie desterrará tus sufrientes versos
escritos como voraces cuchillos
nadie te quitará esas razones para ser y morir lleno de gracia terrena
de Amapola y Memoria
de Umbral en Umbral
lanzándote a la perpetua fuga de la muerte
poeta dueño de prisiones y de torres.

Mayo, 2002.


10

Profanaron la palabra limpia,
pisotearon el verbo sagrado
Ana Ajmátova.

Aquí estás Anna Ajmátova
toda intimidad y transparencia
como te gustaban fueran los poemas,
misteriosos y con plenitud de abismo
colmados de ánimo por los sexos
ternura que derrite los barrotes del dolor.

Tantos años olvidada
sola bajo estos cielos
donde bellísimas muchachas se disputan
el honor de ser mujeres de verdugos.

Sencillamente no me dan ganas de cantar
al son de las llaves carcelarias, fue tu frase
mientras Moscú se calcinaba en agua de lodo
y te humillaban con bestiales calumnias.

Buscadora de caminos
dime ¿cuál fue tu secreto para soportar los insultos?
¿Acaso pudiste al fin llorar a solas la muerte de tu fusilado esposo
el suicidio de tu íntima amiga?

Horror ante el horror.
Todos te prohibieron ser tú misma
escupieron tu rostro quemado en el Neva
maldijeron tu casa, tu obra
y la fuerza del látigo te dejó sin aliento.
¿Cómo describir la barbarie, tus lágrimas caídas
en el piso ensangrentado?

Te amé desde el día que supe
que tus manos dieron calor a ese otro desterrado
nuestro -tuyo- al de Liorna, Amadeo Modigliani.
Al arrojar tus rosas sobre su cuarto
adornaste un poco la audaz vida
no rechazaste sus raídos vestidos.
Ebrios de poesía, recitaron a Verlaine en los jardines
parados en un filo de navaja.

Ahora vienes a posar tu mano sobre mi hombro.
Me ayudas a soportar también estos terrores
mi rabia por los pasajeros abandonados al lado de la vía
solos, adelantándose a su muerte.

Anna Ajmátova
alguien escribirá sobre el hambre de los látigos
alguien recordará el temblor de tus pechos de libélula
la espuma del mar de Odessa
tu voluntad de madre
tanto dolor acumulado en tus pálidas mejillas.
Pero nadie te va a olvidar.
Ningún libro tuyo se pudrirá.
Ni de las calles, ni de tus nerviosas estrofas
se borrará tu nombre


12

Los muertos
no tienen donde esconderse
Yannis Ritsos

Los muertos no dicen nada. Se les ve tan callados.
Demasiadas palabras dijeron. Ahora no hablan.
Es tan difícil para ellos ocultar lo que les dejó el tiempo
la línea de la vida.

Rígidos como han quedado
¿Quién puede descifrar sus gestos, esos pétreos ademanes?

Si pudieran hablar.
Pero mejor así.
Cuánta desilusión nos han evitado conocer
cuánta verdad.

Les debemos el sueño.
Aquel silencio ha hecho inventar espejismos
un futuro de fábulas

Que no hablen
y nos dejen aquí
adivinándolos


16

La otra parte, ¿dónde está mi otra parte?

Alguien me quita la vista del día. Alguien roba mis sábados de los almanaques, los fuertes vientos de las terrazas. Alguien detiene el sol y lo destierra de mis ventanas.

No es posible gritar. Se puede aullar a la luna, pero la han exportado de mis cielos.

La otra parte. ¿Dónde está mi otra parte? Aquella saludable y tierna, la que escribió poemas de calles con soles y frondosos árboles; la que habló del verano ¿dónde está?

Alguien quita la tranquilidad de mi luz, deja sombras allí donde antes existían barrios de infancia. Alguien que soy yo mismo y otros invitados, me han despojado de mis cortinas y abierto agujeros en los cuales sólo veo pasadizos sin fin.

¿ Dónde fui? ¿Adónde fueron los poemas de amor y soledad de ti?


17

Voy de terror en terror.
La mano que aferro no me favorece
ni establece un presente lleno de gloria.
Cada rincón de casa tiene el eco escondido de amores
que se van en mí.
Mis poemas son lunas que yo devoré soñando
y dieron un puntapié a la vida perfecta.
En los ojos de esta mujer
que toda la noche ha velado mi partida
veo un desfile de edades colmadas de costumbres
los cambios en mi cara
estas manos cada vez sin asombro
la prolongada distancia entre mi niñez y yo.

Y veo mi infancia.
Pasan pueblos distantes
atardeceres indiferentes a mis tempranos llantos
una madre acariciando sus plantas
un solar
y calles con asustados viajeros.
Y más al fondo, en perspectiva,
veo a la muerte como un asunto que me deja sin amigos
mis labios dirigiéndose al silencio

Para Fernando Garay, amigo incondicional de este poema


19

Es frío el mundo.

¿Qué desierto es éste donde vine a posar mis pies?

¿A qué arena de circo me han traído?

Ah país, la herida que me has dejado
la sangre que te robas
la pasión que no mereces


DEL LIBRO: DIOS SE HA FATIGADO

 

I

Sé infiel a tu ciudad. No te quedes esperándola. Es probable que ya haya llegado convertida en quimera y tu cuerpo ande perdido en otras calles, buscándola en el olvido. No importa en todo caso.

Sé infiel a tu ciudad, pues a ella le es inútil, indiferente, que habites sus rincones y trates de esculpirla con palabras.

Bajo sus lluvias olvida el primer y último amor que en ella hayas poseído. En sus calles, casa por casa, en todas las esquinas, no esperes sus eternas y falsas promesas. Las ciudades se desgastan igual a los ojos que miramos fijos durante años.

Marcha. Aférrate a tus sogas. Viaja bajo otros soles siendo infiel incluso a tu muerte


DEL LIBRO: BAJO OTROS SOLES

 

MUJERES Y BANDERA
ENERO 22 DE 1822

Las delicadas manos de Josefa,
Juliana y Carmentea
Juegan con agujas.
El ovillo reposa en sus faldones,
las orlas desaparecen lentas
mientras la bandera de la patria
surge con sus orquídeas y palomas.

Difícil es fabricar la patria con manos perfumadas.

"Es para el general Sucre"
proclaman ellas en coro.

No saben que este pañolón de colores,
tejido en las riberas del Lili,
alentará a quinientos lanceros
en la batalla del Pichincha.

Las mujeres bordan la bandera
mientras los hombres
deshilachan la patria.


DEL LIBRO: TIERRA DE SOL.

 

MONÓLOGO DEL CALLEJERO

I

De estrella a estrella mi casa está en silencio. Mi mujer tiene sumergidas sus manos en la noche y canta una rapsodia antigua como mis ojos.

Aquí están estos volcanes con su humo de ciudad. Mi mujer, que ha mirado desde entonces las múltiples erupciones vitales, se prepara para guiarme entre las multitudes como a un ciego que intuye en las esquinas los ocultos secretos de las puertas.

Mi mujer destroza en la calle a mis crueles enemigos. Alta, fuerte, los va alejando con un movimiento de manos, los encierra en una botella de oro y los arroja a un paraíso perdido.

Ella es mi ciudad. Voy penetrándola hasta la delicia de morir, ensartada en mis astas, ondeando en las afueras del mundo, allá en los espacio.

Muerte de mis viejos amigos, estoy con mi mujer que me salva, me deja intacto sobre las tablas de estos escenarios. Prendido a sus largas pestañas y refugiado en un rincón de sus ojos, yo elaboro los atlas como un cartógrafo mayor para inventar la noche de los amorosos.


DEL LIBRO. ATLAS DE CALLEJERÍA



(*) Carlos Fajardo Fajardo (carfajardo@hotmail.com) nació en Santiago de Cali, Colombia, en 1957. Poeta, investigador y ensayista. Filósofo de la Universidad del Cauca. Magíster en Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana y candidato a Doctor en Literatura de la UNED (España). Cofundador y exdirector de la Corporación Si Mañana Despierto, dedicada a la creación e investigación de la literatura. Es profesor de estética, filosofía del arte y literatura en las Universidades Distrital Francisco José de Caldas, Universidad de la Salle de Bogotá y en la Maestría en Filosofía de la Universidad INCCA de Colombia. Ha publicado entre otras obras Origen de Silencios. Fundación Banco de Estado, Popayán (1981), Serenidad Sitiada, Si Mañana Despierto Ediciones, Bogotá (1990), Veraneras, Si Mañana Despierto Ediciones, Santafé de Bogotá (1995), Atlas de callejerías. Trilce Editores, Santafé de Bogotá (1997) Charlas a la Intemperie. Un estudio sobre las sensibilidades y estéticas de la modernidad y la posmodernidad, Universidad INCCA de Colombia, 2000. Estética y posmodernidad. Nuevos contextos y sensibilidades, Editorial Abya-yala, de Quito, Ecuador, 2001, y varios ensayos en revistas y diarios nacionales e internacionales. Ganador del premio de poesía Antonio Llanos, Santiago de Cali 1991; Mención de Honor en el Premio Jorge Isaacs 1996 y 1997, Mención de Honor Premio Ciudad de Bogotá, 1994.




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