La época enferma en que vivo pasea su desnudez
sin aspavientos ni modestias; esto soy, la carnicería
está abierta. Los clientes de Armani pueblan
una ínfima parte de la tierra y destruyen el
resto o lo saquean. El buitre espera la muerte del niño,
inocentes ambos, mientras el supremo imbécil
busca con los ojos vendados y una estaca un nuevo país
al que romperle el alma. El dolor decora cada día
nuestros postres. Los mercenarios se vuelven dignos
y los asesinos incólumes deciden desde los despachos.
Hay muertos de primera clase o de clase turista. Hay
tragedias infinitas escondidas en los números
de los informes. Los religiosos se descuartizan en honor
a sus templos. Los secretos más infames son considerados
materia de "seguridad nacional". El arte se
abstiene de nombrar la ignominia y se evalúa
como una inversión en acciones de Endesa. Los
agujeros pegajosos han tomado posiciones. La pasión
se deja para "Gran Hermano". El silencio servil
se expande como una nube tóxica.
Esto es lo que hay, es lo que veo. En mi opinión
sólo nos queda el recurso digno del espejo y
el ineludible deber de avergonzarnos.
(*) Sandra Sue nació en Middlesex, Inglaterra. Actualmente
vive y trabaja en España.