Festival Internacional de Cine de San Sebastián 2002
ENTREVISTA CON TODD LOUISO
Por Jose Tirado y Violeta Kovacsics


Love Liza fue uno de los mayores éxitos del último Festival de Sundance. Así que, después de ver el film, qué mejor que mantener una conversación distendida con su director, Todd Louiso.

Nacido en Cincinnati hace treinta años, Louiso es un peculiar personaje, sencillo, tímido y de poca palabra. No es nuevo en este oficio de la gran pantalla. Como actor, ha participado en 15 films, entre los que destacan High Fidelity, The Rock o Apollo 13. En 1995 dirigió el cortometraje The Fifteen Minute Hamlet y, con Love Liza, realiza su primer largo.

Todd Louiso es un simpático y peculiar cinéfilo que poco sabe de la producción internacional, pero que controla al dedillo lo que se ha hecho y se sigue haciendo dentro de sus fronteras, tal y como nos demostró a lo largo de la entrevista.


En primer lugar nos gustaría saber cómo ha sido la experiencia de dirigir a otros actores, ya que usted suele estar delante y no detrás de las cámaras.

Ah, muy buena. El hecho de ser actor facilita enormemente el trabajo con los actores. Por eso creo que cualquier director debería haber interpretado alguna vez un papel o, como mínimo, debería haber hecho un curso de preparación. Es la mejor forma para entender a los miembros del reparto.

Y de la misma forma que ser actor le ha facilitado el trabajo, ¿cree que cuando vuelva a la interpretación le será útil haber dirigido un film a la hora de entender a su director?
Sí, por supuesto; principalmente para saber que hay momentos en que es necesario no molestar a un director. Hay ocasiones en que los actores deben dejarle solo, para que pueda pensar cómo solucionar una escena.

Podrían ser momentos de soledad similares a los de Wilson, el protagonista interpretado por Philip Seymour Hoffman, que en numerosas escenas se siente abatido, desolado y sin saber hacia dónde tirar. Esas secuencias de intimidad son, a nuestro parecer, las mejores del film; ¿cómo consiguió generar esos momentos a la vez tan austeros y tan dramáticos?
Antes de rodar esta película había estado viajando por Italia y había visitado muchas iglesias, museos, basílicas, etc. Eso me sirvió de gran inspiración, pensé en los momentos en que viajaba solo, reflexionando, mientras miraba todas esas imágenes religiosas. Por ejemplo, la escena en que Wilson sale del río y su amigo lo arropa con la toalla es muy parecida a cualquier imagen de Jesucristo cubierto con el manto. O, por ejemplo, para generar el ambiente de las secuencias en que el protagonista inhala gasolina y todo se difumina me inspiré en las pinturas de Francias Bacon. Llevé reproducciones de algunos de sus cuadros al rodaje y se los mostré a la directora de fotografía para que, mediante la iluminación y las lentes, procurara crear ese efecto desolador que tienen los cuadros de Bacon. Básicamente la mayoría de esos momentos han sido sacados de pinturas y retratos.

Otro recurso muy bien utilizado en cada uno de esos momentos es la música.
Sí, estoy muy contento con el efecto que la música da a esas escenas. Básicamente es música vocal, siempre la misma voz, ya que mi intención era crear una especie de alter ego, una única voz que guiara al protagonista en sus momentos de soledad. Quería que la música elevara al personaje, pero sin llegar a ser totalmente dramático, sino simplemente un hilo musical. Además, con el bajo presupuesto que teníamos no podía hacer una gran banda sonora con orquesta de cámara, muchas cuerdas, etc. Ha sido una música bastante sencilla, inspirada en las canciones de finales de los 60's e inicio de los 70's.

¿Cuál era el presupuesto con el que contaban?
Sólo un millón de dólares. Eso, hoy en día, en Estados Unidos, no es nada.

¿Esos quebraderos de cabeza que comentaba anteriormente eran causados por la escasez de medios con que se ha rodado el film?
Sí, en la mayoría de casos, sí.

¿Pero no cree que rodar con un presupuesto así puede tener también algunas ventajas?
Risas. ¿Ventajas? Pocas, muy pocas. Quizá la única ventaja es la libertad que he tenido para dirigir, aunque en el fondo, acaba siendo una libertad bastante limitada porque estaba obligado a arreglármelas con lo que tenía. Es una libertad similar a la del pintor que, por mucho que quiera, siempre está delimitado por los márgenes del lienzo.
En cambio, las desventajas son muchas. De hecho, al acabar el rodaje le comenté a mi mujer que no quería volver a ver la película, no quería volver a saber nada de Love Liza, así que imaginaos lo cansado que estaba de ella. El rodaje en esas condiciones es muy duro: no hay tiempo, hay que estar todo el día rodando en la calle, con prisas, pocos descansos, etc. Y los más afectados por esa forma tan incómoda de rodar son los actores. La situación fue especialmente molesta para Philip Seymour Hoffman que debía prepararse un personaje muy duro en poco tiempo, sin descansar, durmiendo en cualquier parte, etc.

Sus comentarios no son demasiado alentadores para quien quiera dirigir cine al margen del sistema. ¿Realmente no cree en el resurgimiento del cine independiente americano?
En estos momentos, el cine independiente americano ya ha pasado a la historia. Bajo mi punto de vista, está prácticamente muerto ya que muchas de las pequeñas compañías que antes apostaban por ese tipo de cine están siendo absorbidas por las grandes productoras. Lo que antes era cine independiente empieza a formar parte del propio sistema de las majors. Pero, aunque esa forma de hacer cine ya no exista como tal, creo que Love Liza sí es una bonita película independiente.

Entonces si ya no hay esperanzas para el cine independiente, ¿qué sentido tiene un festival como Sundance?
Creo que Sundance sigue haciendo un trabajo muy importante. Aunque sea políticamente correcto, es la única forma que queda al cine independiente para resistir. Sundance sigue siendo una buena lanzadera de gente nueva, con ideas y proyectos, y eso es importante para la salud del cine.

Pero poco queda de independiente en Sundance...
Así es. Cada vez se está convirtiendo más en un gran festival. Es cierto que ya no es lo que era antes; ahora están todas las majors en Sundance, esperando a los ganadores para producir sus películas, para distribuirlas, etc.

En su forma de hacer cine se intuye la influencia de los primeros cineastas auténticamente independientes.
Sí, realmente me apasiona el primer cine independiente que apareció en Estados Unidos. Pero también me interesan directores como Stanley Kubrick, aunque en Love Liza no haya prácticamente nada de Kubrick. Probablemente, las películas en que más me he fijado a la hora de rodar mi film han sido París, Texas, de Wim Wenders, Coming Home, de Hal Ashby y, por supuesto, todas las de Jim Jarmush.

¿Considera que Love Liza tiene relación con los films de Todd Solonz?, tal y como se ha comentado.
No creo; Solonz juega a desdibujar totalmente la frontera entre lo cómico y lo dramático. En cambio mi película es más seria; es cierto que contiene toques de humor, pero no creo que pueda compararse con los films de Solonz.




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