Love Liza fue uno de los mayores éxitos del
último Festival de Sundance. Así que, después
de ver el film, qué mejor que mantener una conversación
distendida con su director, Todd Louiso.
Nacido en Cincinnati hace treinta años, Louiso es
un peculiar personaje, sencillo, tímido y de poca
palabra. No es nuevo en este oficio de la gran pantalla.
Como actor, ha participado en 15 films, entre los que destacan
High Fidelity, The Rock o Apollo 13.
En 1995 dirigió el cortometraje The Fifteen Minute
Hamlet y, con Love Liza, realiza su primer largo.
Todd Louiso es un simpático y peculiar cinéfilo
que poco sabe de la producción internacional, pero
que controla al dedillo lo que se ha hecho y se sigue haciendo
dentro de sus fronteras, tal y como nos demostró
a lo largo de la entrevista.
En primer lugar nos gustaría saber cómo ha
sido la experiencia de dirigir a otros actores, ya que usted
suele estar delante y no detrás de las cámaras.
Ah, muy buena. El hecho de ser actor facilita enormemente
el trabajo con los actores. Por eso creo que cualquier director
debería haber interpretado alguna vez un papel o,
como mínimo, debería haber hecho un curso
de preparación. Es la mejor forma para entender a
los miembros del reparto.
Y de la misma forma que ser actor le ha facilitado el
trabajo, ¿cree que cuando vuelva a la interpretación
le será útil haber dirigido un film a la hora
de entender a su director?
Sí, por supuesto; principalmente para saber que hay
momentos en que es necesario no molestar a un director.
Hay ocasiones en que los actores deben dejarle solo, para
que pueda pensar cómo solucionar una escena.
Podrían ser momentos de soledad similares a los
de Wilson, el protagonista interpretado por Philip Seymour
Hoffman, que en numerosas escenas se siente abatido, desolado
y sin saber hacia dónde tirar. Esas secuencias de
intimidad son, a nuestro parecer, las mejores del film;
¿cómo consiguió generar esos momentos
a la vez tan austeros y tan dramáticos?
Antes de rodar esta película había estado
viajando por Italia y había visitado muchas iglesias,
museos, basílicas, etc. Eso me sirvió de gran
inspiración, pensé en los momentos en que
viajaba solo, reflexionando, mientras miraba todas esas
imágenes religiosas. Por ejemplo, la escena en que
Wilson sale del río y su amigo lo arropa con la toalla
es muy parecida a cualquier imagen de Jesucristo cubierto
con el manto. O, por ejemplo, para generar el ambiente de
las secuencias en que el protagonista inhala gasolina y
todo se difumina me inspiré en las pinturas de Francias
Bacon. Llevé reproducciones de algunos de sus cuadros
al rodaje y se los mostré a la directora de fotografía
para que, mediante la iluminación y las lentes, procurara
crear ese efecto desolador que tienen los cuadros de Bacon.
Básicamente la mayoría de esos momentos han
sido sacados de pinturas y retratos.
Otro recurso muy bien utilizado en cada uno de esos
momentos es la música.
Sí, estoy muy contento con el efecto que la música
da a esas escenas. Básicamente es música vocal,
siempre la misma voz, ya que mi intención era crear
una especie de alter ego, una única voz que
guiara al protagonista en sus momentos de soledad. Quería
que la música elevara al personaje, pero sin llegar
a ser totalmente dramático, sino simplemente un hilo
musical. Además, con el bajo presupuesto que teníamos
no podía hacer una gran banda sonora con orquesta
de cámara, muchas cuerdas, etc. Ha sido una música
bastante sencilla, inspirada en las canciones de finales
de los 60's e inicio de los 70's.
¿Cuál era el presupuesto con el que contaban?
Sólo un millón de dólares. Eso, hoy
en día, en Estados Unidos, no es nada.
¿Esos quebraderos de cabeza que comentaba anteriormente
eran causados por la escasez de medios con que se ha rodado
el film?
Sí, en la mayoría de casos, sí.
¿Pero no cree que rodar con un presupuesto así
puede tener también algunas ventajas?
Risas. ¿Ventajas? Pocas, muy pocas. Quizá
la única ventaja es la libertad que he tenido para
dirigir, aunque en el fondo, acaba siendo una libertad bastante
limitada porque estaba obligado a arreglármelas con
lo que tenía. Es una libertad similar a la del pintor
que, por mucho que quiera, siempre está delimitado
por los márgenes del lienzo.
En cambio, las desventajas son muchas. De hecho, al acabar
el rodaje le comenté a mi mujer que no quería
volver a ver la película, no quería volver
a saber nada de Love Liza, así que imaginaos
lo cansado que estaba de ella. El rodaje en esas condiciones
es muy duro: no hay tiempo, hay que estar todo el día
rodando en la calle, con prisas, pocos descansos, etc. Y
los más afectados por esa forma tan incómoda
de rodar son los actores. La situación fue especialmente
molesta para Philip Seymour Hoffman que debía prepararse
un personaje muy duro en poco tiempo, sin descansar, durmiendo
en cualquier parte, etc.
Sus comentarios no son demasiado alentadores para quien
quiera dirigir cine al margen del sistema. ¿Realmente
no cree en el resurgimiento del cine independiente americano?
En estos momentos, el cine independiente americano ya ha
pasado a la historia. Bajo mi punto de vista, está
prácticamente muerto ya que muchas de las pequeñas
compañías que antes apostaban por ese tipo
de cine están siendo absorbidas por las grandes productoras.
Lo que antes era cine independiente empieza a formar parte
del propio sistema de las majors. Pero, aunque esa
forma de hacer cine ya no exista como tal, creo que Love
Liza sí es una bonita película independiente.
Entonces si ya no hay esperanzas para el cine independiente,
¿qué sentido tiene un festival como Sundance?
Creo que Sundance sigue haciendo un trabajo muy importante.
Aunque sea políticamente correcto, es la única
forma que queda al cine independiente para resistir. Sundance
sigue siendo una buena lanzadera de gente nueva, con ideas
y proyectos, y eso es importante para la salud del cine.
Pero poco queda de independiente en Sundance...
Así es. Cada vez se está convirtiendo más
en un gran festival. Es cierto que ya no es lo que era antes;
ahora están todas las majors en Sundance,
esperando a los ganadores para producir sus películas,
para distribuirlas, etc.
En su forma de hacer cine se intuye la influencia de
los primeros cineastas auténticamente independientes.
Sí, realmente me apasiona el primer cine independiente
que apareció en Estados Unidos. Pero también
me interesan directores como Stanley Kubrick, aunque en
Love Liza no haya prácticamente nada de Kubrick.
Probablemente, las películas en que más me
he fijado a la hora de rodar mi film han sido París,
Texas, de Wim Wenders, Coming Home, de Hal Ashby
y, por supuesto, todas las de Jim Jarmush.
¿Considera que Love Liza tiene relación
con los films de Todd Solonz?, tal y como se ha comentado.
No creo; Solonz juega a desdibujar totalmente la frontera
entre lo cómico y lo dramático. En cambio
mi película es más seria; es cierto que contiene
toques de humor, pero no creo que pueda compararse con los
films de Solonz.