El arte contemporáneo y entre ellos la producción
de imagen es una permanente crítica de sus propios
medios y lenguajes y una continua muerte-renacimiento para
dar paso a nuevas formas de comunicar. La imagen se ha liberado
del requisito representacional o subsidiario de ideas mayores
para pasar a ser representación de sí mismo.
La fotografía, descendiente de la tradición
representacional asume un proceso de conciencia de sí
misma para llegar a hacer una fotografía que se contiene
a sí misma. Una imagen construida sobre su propio
andamiaje.
Mientras representa se representa, es autorreflexión
estética.
La producción contemporánea
de imagen se ha liberado de las estéticas tradicionales
que pretendían la contemplación y la desvinculación
entre el arte y la vida para convertirse hoy en una imagen
que es consciente de sí misma, de las herramientas
que la construyen, del lenguaje que es posible a través
de ella y de los mecanismos perceptivos que permiten que
un espectador la reciba y pueda interpretar sentidos inherentes
a su propia experiencia.
No se halla atada a un fin representacional,
subsidiario de ideas "mayores", para poner al
servicio de éstas sus herramientas de lenguaje sino
más bien busca convertirse por sí misma en
una idea y en un fin por sí mismo. Es el continuo
ejercicio de ser consciente de sí mismo, valor fundamental
del pensamiento moderno(1), "responsable"
por fin de su destino y de su pasado y por lo tanto avezado
experimentador de su propia existencia. Desligados de la
idea de un Dios creador de nuestra realidad y nosotros como
simples testigos de aquel devenir, hoy es la hora de ser
nosotros mismos y para serlo debemos conocernos y trascendernos,
por lo tanto no podemos acogernos sin más a viejas
técnicas o normativas que no tienen sentido en nuestro
mundo de perpetuo cambio.
En este entorno cultural se halla la producción
de imagen de hoy que no se ve obligada a asumir la representación
y todas sus normas de armonización como un paradigma
único y garante de una lectura óptima de los
significados; la imagen, a la par que las técnicas
de producción de éstas, como los medios de
distribución y la percepción de los espectadores,
sufren una perpetua transformación, que implican
igualmente una permanente transformación del lenguaje,
siendo esto un proceso que implica muchas variables y una
inalienable articulación entre éstas.
Por lo tanto querer aplicar normas y técnicas
de representación de un medio "tradicional"
en los nuevos medios implica una incomprensión absoluta
del mismo y de la calidad cultural del receptor, quien potencialmente
está habilitado para entender las nuevas formas y
sentidos: es prácticamente un anacronismo con respecto
al medio y una actitud romántica frente al pasado
como época que "verdaderamente" concebía
la imagen de forma armónica y orgánica. Como
es anacrónico intentar hacer cine con el video, hacer
fotografía naturalista con la tecnología digital,
realizar proyecciones estáticas y lineales con la
interactividad y lo multimedial.
Cada técnica implica su propio lenguaje
Ser conscientes de nosotros mismos nos libera
de las ataduras técnicas y formales para expandir
todas nuestras posibilidades creativas y expresivas. En
ellos han aportado las vanguardias, que trataron de imaginar
un entorno futuro de las artes que experimentaban y hoy
nos dan elementos para trabajar con un arte que 80 años
atrás iniciaba su proceso de maduración. Un
Man Ray nos puede dar pistas para entender el medio y para
asumirlo hoy.
Es una liberación no solo de las ataduras
técnicas sino temáticas, ideológicas,
donde los prejuicios, los lugares comunes, las preconcepciones
del ser estallan y permiten un arte más "ingenuo",
que habla de su propio entorno y que investiga al hombre
desde las formas que tiene presentes y de las trascendencias
que le sugiere un rostro o una calle o un objeto sin valor.
Se ha liberado de las visiones heroicas o
santificadas que sacralizaban iconos para convertirlas en
objetos de culto y desmembrarlas de su ropaje cotidiano
que es una gran fuente de poesía; ahora somos como
Funes el Memorioso de Borges, indagando despreocupadamente
los avances imperceptibles de la cotidianeidad que nos rodea
y derrumbadores de ídolos que nos remiten a una historia
o una religiosidad que no nos genera buena memoria(2).
Igualmente los iconos que ha creado la historia
de la fotografía solicitan permanentemente su reemplazo
y superación para impactar continuamente al espectador
y no acostumbrarlo a un modelo de imagen, que por convertirse
en modelo deja de ser revolucionario y termina convirtiéndose
en un lugar común fotográfico. Es el caso
de la gran fotografía de Cartier Bresson o Sebastiao
Salgao que no puede ser repetida hoy, y un homenaje a ellos
se lograría desde una nueva interpretación
de sus estéticas, desde una nueva estética.
La modernidad aparece dominada por la reflexión
consciente.
Sin que suene peyorativo, el arte moderno
es esencialmente intelectual pues es el resultado de una
continua reflexión de su objeto, de los medios de
los cuales dispone, del receptor, de las formas de distribución
de la obra y de su función dentro de la sociedad.
No existe sin cruzarse por todos o alguno de estos problemas
que determinan en mucho su resolución técnica
o de lenguaje. Un arte espontáneo o no crítico
de sí mismo únicamente puede estar destinado
a repetir viejos modelos de representación, no integrando
nuevas propuestas estéticas a la historia de la cultura
y del arte(3).
La obra de arte contemporánea es un
triunfo sobre la cultura, logra identificar los códigos
y valores que la sustentan para sobrepasarlos y generar
otra manera de ver la realidad e interpretarla; es una operación
de investigación del entorno, las formas, los materiales
y las acciones de los hombres y sobre ello construir formas
que expresen aquella subjetividad.
Fabular sin sentido no tiene sentido, ha de
partir de un autoanálisis y comprendiendo su realidad
particular generar nuevas opciones de diálogo con
lo social; es una opción de lo auténtico -permitiendo
toda la duda que pueda haber en torno a tal concepto- y
de la liberación de modelos de creación, si
se asume tal postura de manera consciente.
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(*) Carlos Fernando Rodríguez B. es
docente de la Universidad del Cauca de Colombia en las áreas
de Estética y Televisión
(1) ... "la muerte del arte" como la percepción
progresiva e irreversible de un tránsito incontenible
de las conciencias ingenuas a autoconciencias cada vez más
absolutizadas. MUERTE DEL ARTE Y LA ESTETICA, Formaggio
Dino, Grijalbo, 1992, pg 17.
(2) Ciertamente le estética es el reino de la apariencia.
La apariencia es la revelación de la cosa en cuanto
que recubre la invisibilidad de la cosa con un velo visible.
Son las apariencias las que nos hacen ver la realidad. ESTETICA
Y RELIGIÓN, Autores varios. Panikkar Raimon. Er.
Revista de Filosofía.1998. pg 21
(3) ..."muerte del arte" no sólo como un
tránsito del plano sensible al racional y como un
morir del arte en el arte mismo; o sea, no ya en una verdad
de reflexión filosófica, sino propiamente
en la verdad artística de la pura "artisitcidad",
en una autoconciencia que se actúa no ya en la idea,
sino como autoconciencia que el arte asume de sí
mismo dentro de su propio operar praxístico-corpóreo.
. MUERTE DEL ARTE Y LA ESTETICA, Formaggio Dino, Grijalbo,
1992, pg 17.