|
[MAESTRO SON PLÁCIDAS]
Maestro, son plácidas
Todas las horas
Que perdemos
Si en el perderlas,
Cual en un jarro,
Ponemos flores.
No hay tristezas
Ni hay alegrías
En nuestra vida.
Así sepamos,
Sabios incautos,
Nunca vivirla,
Mas recorrerla
Serenos, plácidos,
Teniendo al niño
Como maestro,
Y los ojos plenos
De Naturaleza...
Junto a los ríos,
Junto a los caminos,
Según se tercie,
Siempre en el mismo
Leve descanso
De estar viviendo.
El tiempo pasa,
No nos dice nada.
Envejecemos.
Sepamos, casi
Maliciosos,
Sentirnos ir.
No vale penas
Hacer un gesto.
No se resiste
Al dios atroz
Que al propio hijo
Devora siempre.
Cojamos flores.
Mojemos leves
Las manos nuestras
En ríos calmos
Para aprender
Calma también.
Girasol siempre,
Mirando al sol,
Calmos, dejemos
El vivir teniendo
Ni el remorderse
De haber vivido.
[CORONADME DE ROSAS]
Coronadme de rosas.
Coronadme en verdad
De Rosas
-Rosas que se apagan
En frente que se apaga
Temprana.
Coronadme de rosas
Y de hojas breves.
Basta.
[NO TENGAS NADA EN LAS MANOS]
No tengas nada en las manos
Ni una memoria en el alma,
Que cuando te pusieren
En las manos el óbolo último
Al abrirte las manos
Nada pueda caer.
¿Qué trono quieren darte
Que Atropo no te quite?
¿Qué laurel que no mustien
Los arbitrios de Minos?
¿Qué horas que no te tornen
Estatura de la sombra
Qué serás cuando fueres
En la noche y al fin del camino?
Coge las flores mas suéltalas
Apenas tú las mires.
Siéntate al sol. Abdica
Y sé rey de ti mismo.
[SABIO QUIEN SE CONTENTA CON EL ESPECTÁCULO
DEL MUNDO]
Sabio quien se contenta con el espectáculo del
mundo
Y al beber no
recuerda
Que ya bebió
en la vida,
Para quien todo
es nuevo
E inmarcesible
siempre.
Ya lo coronen pámpanos, o yedras, o rosas volátiles,
Él sabe
que la vida
Por él
pasa, y tanto
Corta a él
como a la flor
De Atropo la
tijera.
Mas él sabe hacer que el color del vino se lo
esconda,
Que su sabor
orgiástico
Apague gusto
a las horas,
Cual a una voz
que llora
El pasar de bacantes.
Y él espera, gozoso casi y bebedor tranquilo;
Tan sólo
deseando
Con incierto
deseo,
Que la ola abominable
No lo moje tan
pronto.
[SÓLO ESTA LIBERTAD NOS CONCEDEN]
Sólo esta libertad nos conceden
Los dioses: someternos
A su dominio por propia voluntad.
Vale más así hacerlo,
Porque sólo en la ilusión de libertad
La libertad existe.
No otra maña los dioses, sobre quienes
El eterno hado pesa,
Usan para su calmo y presuntuoso
Convencimiento antiguo
De que su vida es libre y divina.
Imitando nosotros a los dioses,
Tan poco libres cual ellos en su Olimpo,
Igual a aquel que sobre arena
Levanta castillos para llenar los ojos,
Nuestra vida levantemos
Y los dioses sabrán agradecernos
El ser tanto como son ellos.
[TAN PRONTO PASA TODO CUANTO PASA]
¡Tan pronto pasa todo cuanto pasa!
¡Muere tan joven ante los dioses cuanto
Muere! ¡Todo
es tan poco!
Nada se sabe, todo se imagina.
Circúndate de rosas, ama, bebe
Y calla. Lo demás
es nada.
[CUANDO, LIDIA, VENGA NUESTRO OTOÑO]
Cuando, Lidia, venga nuestro otoño,
Con el invierno que hay en él, guardemos
Un pensamiento no para la futura
Primavera, que
es de otros,
Ni para el estío, del que somos muertos,
Sino para cuanto, de lo que pasa, queda:
El amarillo que hoy viven las hojas
Y las torna diferentes.
[LIDIA, IGNORAMOS. SOMOS EXTRANJEROS]
Lidia, ignoramos. Somos extranjeros
Dondequiera que estemos.
Lidia, ignoramos. Somo extranjeros
Dondequiera que vivamos. Todo es ajeno;
Ni nuestra lengua habla.
Hagamos de nosotros mismo el retiro
Donde escondernos, tímidos ante el insulto
Del tumulto del mundo.
¿Qué más quiere el amor que no ser
de los otros?
Cual un secreto dicho en los misterios,
Sacro sea por nuestro.
[VIVEN EN NOSOTROS INNÚMEROS]
Viven en nosotros innúmeros;
Si pienso o siento, ignoro
Quien es que piensa o siente.
Soy tan sólo el lugar
Donde se siente o piensa.
Tengo más almas que una.
Hay más yos que yo mismo.
No obstante, existo.
Indiferente a todos.
Los hago callar: yo hablo.
Los impulsos cruzados
De cuanto siento o no siento
Disputan en quien soy.
Los ignoro. Nada dictan
A quien me sé: yo escribo.
|