"El amor y la muerte" la novela grande de Marco Tulio Aguilera Garramuño
por Juan Fernando Argüello
(*)

 

 


En "El amor y la muerte", novela de Marco Tulio Aguilera Garramuño publicada recientemente por la editorial Alfaguara, se narra la existencia de alguna manera ejemplar de Edith Viscontini, una mujer que vivió su vida con inusitada intensidad no sólo en el terreno amoroso, sino en el político, el intelectual y el espiritual. En esta obra se cumple lo que pedía Flaubert a toda gran novela: un gran personaje femenino. Y Edith Viscontini en realidad lo es: en primera medida por sus amores, sus pasiones, sus fidelidades a hombres de diversas cataduras (casi ninguno de ellos estuvo a su altura: ni un vividor bogotano, ni un ajedrecista alcohólico de Costa Rica, ni el comandante de las fuerzas sandinistas; tal vez el único que estuvo cerca de la grandeza espiritual de Edith Viscontini, fue su primer esposo, un cundinamarquense imponente, de origen indio y con ínfulas de lord inglés: el doctor Castillo, quien fuera -según la novela-el cirujano más eminente de Colombia hacia mediados del siglo pasado. Edith Viscontini fue entre otras cosas hipnotista, musa radiofónica de Costa Rica, madre de la revolución nicaragüense y engendradora de gran cantidad de hijos extremistas y apasionados, cuyas historias leemos con deleite. Edith Viscontini, si en realidad hubiera vivido, sería sin duda una precursora de todas las libertades de la mujer hoy en día. Pero lo curioso, lo encomiable en este personaje creado por Marco Tulio Aguilera, es su modestia, su falta de deseo de figuración, su intento de vivir sin pena ni arrepentimiento. Y aquí es donde se liga la vida de esta protagonista memorable, con la cantatriz francesa Edith Piaf, cuyas canciones Edith Viscontini cantó a lo largo de su vida: Rien, rien de rien, je ne regrette rien! (De nada, no me arrepiendo de nada). Edith Viscontini vivió todo y no se arrepintió de nada. El amor fue su religión y en él se consumió con más pena que gloria. Pero no se arrepintió de nada.

Novela escrita de manera vertiginosa, casi con el ritmo de una película, sorprende de página a página. Los cambios son sorpresivos, y sin embargo, totalmente verosímiles: se trata, como dice la contraportada de la vida de "una mujer que se atrevió a vivir lo que otras apenas se atreven a soñar". Del tiempo sólo se puede predicar que no conocemos su naturaleza, que es irreversible y que cualquier cosa puede pasar, incluso la muerte. Tal parece ser la idea que movió al autor a escribir esta novela que es como un río turbulento, que atrapa al lector y no lo deja en paz hasta la última línea.

Con esta novela Marco Tulio Aguilera Garramuño, un autor que de alguna manera se había mantenido simplemente como un buen escritor de varios libros francamente legibles como Cuentos para después de hacer el amor, Cuentos para antes de hacer el amor, Mujeres amadas, Buenabestia -novela publicada por Plaza y Janés en Colombia y que apareció en México con el nombre a "Las noches de Ventura"-, curiosamente relegada, que sin embargo es de una intensidad erótica y de una altura pocas veces lograda por un autor colombiano) alcanza una consolidación me atrevo a decir que definitiva. Sin pudor alguno hay que decir que es una novela grande, apasionante, inolvidable. Cumple a cabalidad la exigencia de Flaubert: tiene un inolvidable personaje femenino. Quien conoció a Edith Viscontini lo más probable es que nunca la vaya a olvidar. Confieso que leí la novela de un tirón, aunque inicié la lectura con algo de desconfianza. Me dije: hasta allá cayó (o llegó) Garramuño, hasta ser producto Alfaguara. Pues este producto Alfaguara me hace recuperar la fe en la literatura y perderle un poco el miedo a eso que han llamado la alfaguarización de ella, el rasamiento y la trasnacionalización de un arte que tiene su origen en la intimidad y debe hallar su destino en la misma intimidad.

"El amor y la muerte" es una novela de amor en la que se afrontan los grandes problemas de la vida, una novela de educación sentimental de una mujer y de una familia, una novela en la que se reflexiona sobre el destino trágico de Colombia, sobre la pérdida de las utopías colectivas y, finalmente, sobre el sentido de la vida.


(*) Juan Fernando Argüello es periodista de la sección cultural del Diario La Prensa, editado en México DF.




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