Finalmente he llegado a Rudabánya. A través
de un eterno e hirviente valle de alquitrán alcancé
mi destino. Este lugar siempre mantuvo un deseo inexpresable
en mí. Nunca había estado en una mina
de hierro, pero este sitio siempre atrajo mi imaginación.
Estoy parado en el parapeto más alto del edificio
de la mina y miro alrededor. El lugar está abandonado
desde hace más de setenta años. El paisaje
es lunar. Pelado. Descolorido. Una aureola inexplicable
irradia de la tierra. Todas mis especulaciones, las
ideas que mi fantasía creó durante mucho
tiempo, resultan ser perfectamente coincidentes con
lo que veo.
Se acerca una tormenta. Debo hacer las fotos rápido.
El cielo se ennegrece.
La nube avanza y el cielo vuelve a enceguecerme, cada
vez más. En el horizonte resplandece el sol,
escondiéndose lentamente detrás de los
picos rocosos. Pronto será de noche.
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