"Quizá me equivoque, pero no soy herético,
porque lo primero se refiere a la inteligencia
y lo segundo a la voluntad."
Meister Eckhart
Breve semblanza de su vida.
Nace Johannes Eckhart hacia 1260 en Hochheim,
cerca de Gotha. Su padre era siervo en un castillo en el bosque
de Tubinga. Allí se formó la noción de
aristócrata que, en sus años maduros, aprovecharía
para convertirse en una persona a los ojos de Dios en lugar
de los ojos del mundo. A los quince años ingresa con
los dominicos en Erfurt; continúa sus estudios en Colonia,
donde Alberto Magno enseñó hasta su muerte en
1280. Al parecer no fue discípulo directo de Alberto
Magno, pero sí recibió gran influencia de Tomás
de Aquino, quien había muerto hacía muy poco
(en 1275) y cuya fama era ya grande. Es ordenado sacerdote
en 1285. Fue prior de Erfurt y vicario provincial de Tubinga
(1298). Sus superiores le envían a París para
enseñar (1300-1302), donde recibe los grados de Licentiate
y Master en Sagrada Teología (1302). Se cree
que el móvil era la tensión contra los franciscanos:
realismo contra nominalismo, la Inmaculada Concepción.
Eckhart regresa a Colonia "triunfante" de París, y
los franciscanos, a su vez, envían a Duns Scotus.
A su regreso a Alemania fue nombrado provincial
de Sajona (1302) y más tarde vicario general de Bohemia
(1307-1311). Estos cargos le consumían mucho tiempo
y le obligaban a viajar. De esta época es su Libro
del confort divino, escrito y dedicado a la Reina de Hungría,
Agnes. Una serie de penas se habían extendido sobre
ella y el reino: su cuñada, la princesa de Francia,
Blanche, murió, su padre fue asesinado y, más
tarde, murió también su madre.
En el año 1309 fue postulado para
Superior de la Provincia Alemana de los Dominicos. Finalmente
no fue confirmado. Regresa a París (1311), donde escribe
su Opus Tripartitum en latín. Más tarde viaja
a Estrasburgo (1314) para predicar. Quizá ésta
fue la época de su más alto nivel místico.
Algunos afirman que fue prior de Frankfurt (1317) pero es
altamente improbable. Su fama se extendió tanto que
fue enviado a Colonia (1320) a enseñar. Allí
vivió hasta su muerte. Lo escuchan Johannes Tauler,
Heirich Suso (ahora beato) y Ruysbroeck. El arzobispo no lo
vio con buenos ojos, porque proliferaban las sociedades místicas
en su diócesis.
Entonces es acusado de herejía frente
al Papa en 1326 por el arzobispo de Colonia, el franciscano
Heinrich von Virneburg. Sus sermones eran popularísimos,
y puesto que preparaba sólo algunas notas, no se conservan.
Pero Nicolás de Estrasburgo, quien estaba al frente
de los dominicos en Alemania por orden papal, lo exonera.
El arzobispo insiste y presiona. Se le acusa de estar relacionado
con los begardianos, unos movimientos heréticos y "salvajes"
que se extendían por el Rhin. De nuevo, dos franciscanos
preparan una formidable lista de errores, que Eckhart refuta
con su Defensa. Y advierte, con sarcasmo, que sus acusadores
están condenando también a Cicerón, Orígenes,
Tomás de Aquino y otros Padres de la Iglesia, e incluso
la Biblia misma. Asegura que son los acusadores los
sospechosos de herejía y, finalmente, apela a Roma.
Eckhart estaba horrorizado por la idea de herejía,
aunque al mismo tiempo la certeza de sus opiniones era casi
sagrada.
A principios de 1327 es llamado a responder
los cargos frente a la corte arzobispal. El 13 de febrero,
predica y muestra un texto en latín, acompañado
por una explicación en alemán, a favor de su
fe. Dice que detesta todo lo erróneo y, si apareciera
algo equivocado en sus escritos, se retracta de ello. Deja
la valoración final en manos de la Santa Sede, que
rechaza su apelación el 22 de febrero. Éste
es el último dato que se tiene del Eckhart vivo, nada
hay sobre su muerte, que se sospecha muy poco después
de la protesta.
El 27 de marzo de 1329, el Papa Juan XXII
publica una bula (In agro dominico) condenatoria de
26 proposiciones. Se habla de Eckhart como ya difunto. La
acusación fue de panteísmo; pero en vida él
mismo replicaba que los acusadores no consideraban el contexto,
que pudo haberse equivocado pero no haber caído en
herejía. Heinrich Suso dedica vigorosos esfuerzos a
defender la ortodoxia del Maestro.
Durante siglos, los textos de Eckhart fueron
desconocidos, excepto por algunos sermones, encontrados en
antiguas ediciones de los sermones de Tauler (Leipzig, 1498;
Basel, 1521 y 1522). En 1857, Franz Pfeiffer publica un volumen
(Meister Eckhart un seine Junger, ungedruckte Texte zur
Geschichte derecho deutsche Mystik) dedicado a Eckhart,
que recoge algunas piezas del Maestro. Pero pronto se dudó
de la autenticidad de los textos. Hacia 1880 y también
en 1886, H. Denifle descubre en Erfurt y Cues un par de manuscritos
con textos en latín del propio Eckhart, anteriormente
mencionados por Nicholas de Cusa y Trittenheim, y que se habían
considerado perdidos. Pero Denifle no los publicó en
su totalidad, de manera que aún hoy se desconocen muchas
páginas, de las cuales, tal vez, las más ansiadas
sean los comentarios al Evangelio de san Juan.
Eckhart no es un contemplativo pasivo. Recomienda
la acción y las obras en el mundo. Actúa como
maestro, reforma la vida conventual, predica la mística,
dirige almas. Escribe en latín las Qæstiones
parisienses (1300-1303) y el Opus tripartitum (1314),
y en alemán los Sermones y colaciones, los Tractates
y el Libro de Benedicto.
Fue contemporáneo del Dante y, como
él, escribió por primera vez en alemán.
A juicio de Franz von Baader y de muchos otros, se le considera
padre del idealismo alemán. Los mismos nazis aseguraron
que Eckhart era un notable miembro del partido. Alfred Rosenberg
lo elogia y asegura que el nazismo se nutre del misticismo
del siglo XIV.
La mística del desasimiento.
Para el Maestro Eckhart, Dios es sinónimo
de ser. Dios es el "unum", no simplemente "unus",
entendido numéricamente. En la unicidad de Dios entra
la comprensión de las tres divinas personas. Para que
la critaura sea "algo" debe buscar unirse a Dios.
El fondo (der Grund) del alma es la centella de la
razón, es decir, la razón superior del entendimiento:
una luz o castillo en el seno del alma. Allí enraizan
la inteligencia y la voluntad.
Ética y mística se relacionan
íntimamente y se condicionan. Es imposible concebir
una sin la otra. El hombre está llamado al silencio,
porque sólo el silencio posibilita que Dios habite
en el alma, en el castillo del alma. Es un silencio o vacío
que se vuelve habitado por Dios. La divinidad que transforma.
"Pero esta presencia está más allá
de las palabras, más allá de la sensación".
Eckhart señala un elenco de cualidades necesarias:
el autoconocimiento, la docta ignorancia, la aniquilación
de la voluntad y el sentir, la paz, el silencio, la muerte
mística.
Brota la necesidad de no desear nada, excepto
la presencia desbordante de Dios en el castillo del alma.
"Todo deseo aunque sea el más pequeño,
el más noble, el más puro, representa un motivo
de turbación en el camino hacia Dios, [quien] solamente
se encuentra en un corazón completamente desasido
y libre de imágenes." Esto no implica un estado
de demencia o de enajenación del mundo, dicho con términos
modernos; tampoco denota insensibilidad o egoísmo.
El desasido ama más intensamente, es humilde desde
el fondo, es misericordioso porque carece de todo "yo"
que lo explique o justifique. Justo esa unión con Dios
le permite atisbarlo todo con un corazón nuevo, desasido.
¿Quién puede alcanzar un desasimiento
tan radical? El hombre noble. Es como si durmiera, no por
el desinterés frente al mundo, sino por desprendimiento
de lo determinado y finito. Sólo así Dios puede
penetrar el alma. El hombre que "no sabe nada",
que carece de distractores, posee a Dios en su desnudez y
esencialidad. "Dormido frente a todas las cosas, que
significa no debe saber nada ni sobre tiempo, ni sobre criaturas,
ni sobre imágenes"; así es el hombre nuevo.
La virtud prototípica del desasimiento
es la pobreza. Pobreza en un sentido material y espiritual.
Hombre noble es lo mismo que hombre pobre, el capaz de prescindir
absolutamente de todo, quien abandona conceptos, voliciones,
deseos, quien nada quiere, nada sabe, nada tiene. Incluso,
la experiencia mística puede ser motivo de tentación
contra la humildad. Por ello, "el hombre que debe tener
esta pobreza, debe vivir sin saber siquiera que él
vive ni para sí mismo, ni para la verdad, ni para Dios.
Él debe estar tan vacío de todo saber, de no
saber, ni conocer, ni sentir que Dios vive en él; más
todavía: debe estar privado de todo saber que vive
en él". El hombre se vuelve un espíritu
libre, independiente, autónomo. Se une a Dios, y Dios
se ve compelido a habitarle: "Tú debes saber en
verdad que cuando el espíritu libre permanece en un
verdadero desasimiento, eso obliga a Dios a ir hacia
el propio ser".
El punto crucial en la enseñanza de
Eckhart es la afirmación de la supremacía del
desasimiento sobre la caridad: "el amor me obliga a amar
a Dios, el desasimiento obliga a Dios a amarme". El desasimiento
es, pues, el medio idóneo para unirse a Dios. Desnudez
del alma, que se reviste con Dios. La separación limpia
el alma, purifica la conciencia, redime los sentidos, inflama
el corazón, despierta el espíritu, activa el
anhelo, aleja la criatura, eclipsa las realidades terrenas,
permite conocer a Dios, une a Dios. El mismo Cristo se lo
explicó a Martha: "Unum est necessarium".
¿Qué es el desasimiento? "Un
alma inmóvil por cualquier afección o pena,
honor e infortunio, por el vicio es realmente desinteresada,
como una pesada montaña que no es agitada por ningún
viento. El desinterés inamovible lleva al hombre a
su más cercano parecido con Dios".
El terreno en que el Maestro se mueve es
peligroso. Afirmar la superioridad del desasimiento sobre
la caridad es una opinión que contradice el Magisterio
de la Iglesia, según el cual la caridad es la más
alta de las virtudes. El mismo Pablo lo escribió: "Aún
cuando yo hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles,
si no tuviere caridad, vengo a ser como un bronce que suena
a címbalo que retiñe. Y cuando tuviera el don
de profecía, y penetrase todos los misterios, y todas
las ciencias; cuando tuviera toda la fe, de manera que trasladase
lo montes, no teniendo caridad, no soy nada. Y si distribuyo
todos mis bienes para sustento de los pobres, y entrego mi
cuerpo a las llamas, si la caridad me falta, no me sirve de
nada. (...) Ahora permanecen estas tres virtudes: la fe, la
esperanza y la caridad; pero la caridad es la más excelente
de todas".
¿Es Eckhart un hereje, como se le acusó?
Su texto Von Abgescheidenheit (Sobre el desasimiento)
es muy sugerente y directo: "Cuando profundizo estos
escritos, por cuanto puede mi razón y por cuanto por
ello puedo comprender, únicamente encuentro esto: que
el puro desasimiento está sobre todo, ya que cada virtud
tiene en cualquier modo, en designio la criatura, mientras
aquél está libre de todas las criaturas".
Y también: "Los maestros alaban preferentemente
al amor y a la misericordia; yo alabo el desasimiento más
que todo amor". Más tarde: "Todo amor me
obliga a amar a Dios, mientras que el desasimiento obliga
a Dios a amarme y es mucho más noble obligar a Dios
a venir a mí, que obligarme a mí a ir a Dios".
Quizá el error de Eckhart sea el desgajamiento
entre desprendimiento y amor. ¿Cómo aprovechar esta
intuición eckhartiana? Quiero sugerir una línea
de investigación: el desasimiento como una manifestación
de amor. Eckhart enfatiza el vaciamiento del propio yo pero
no logra engarzarlo con la caridad. La kenosis se efectúa
por amor, o pierde su sentido. ¿Tiene alguna utilidad estar
poseído por Dios si no le amamos? En rigor, la pregunta
es improcedente, pues Dios habita en todos los que le aman;
pero sirve a manera de explicación. Eckhart acentúa
el deseo de que Dios se hospede en el castillo del alma pero
no logra dar el paso al amor que, indefectiblemente, lo justifica.
(*) Enrique G de la G (San Pedro Garza García, México,
1979). Lector y escritor, estudió filosofía.
Su tesis versa sobre el objeto de la metafísica aristotélica.
Colabora en distintas revistas con ensayos, reseñas
y entrevistas. Agradecido lector de Borges, Victor Hugo y
Alfonso Reyes.
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