El anhelo de Dios
El desasimiento en Meister Eckhart
Por Enrique G de la G (*)

 

"Quizá me equivoque, pero no soy herético,
porque lo primero se refiere a la inteligencia
y lo segundo a la voluntad."

Meister Eckhart


Breve semblanza de su vida.

Nace Johannes Eckhart hacia 1260 en Hochheim, cerca de Gotha. Su padre era siervo en un castillo en el bosque de Tubinga. Allí se formó la noción de aristócrata que, en sus años maduros, aprovecharía para convertirse en una persona a los ojos de Dios en lugar de los ojos del mundo. A los quince años ingresa con los dominicos en Erfurt; continúa sus estudios en Colonia, donde Alberto Magno enseñó hasta su muerte en 1280. Al parecer no fue discípulo directo de Alberto Magno, pero sí recibió gran influencia de Tomás de Aquino, quien había muerto hacía muy poco (en 1275) y cuya fama era ya grande. Es ordenado sacerdote en 1285. Fue prior de Erfurt y vicario provincial de Tubinga (1298). Sus superiores le envían a París para enseñar (1300-1302), donde recibe los grados de Licentiate y Master en Sagrada Teología (1302). Se cree que el móvil era la tensión contra los franciscanos: realismo contra nominalismo, la Inmaculada Concepción. Eckhart regresa a Colonia "triunfante" de París, y los franciscanos, a su vez, envían a Duns Scotus.

A su regreso a Alemania fue nombrado provincial de Sajona (1302) y más tarde vicario general de Bohemia (1307-1311). Estos cargos le consumían mucho tiempo y le obligaban a viajar. De esta época es su Libro del confort divino, escrito y dedicado a la Reina de Hungría, Agnes. Una serie de penas se habían extendido sobre ella y el reino: su cuñada, la princesa de Francia, Blanche, murió, su padre fue asesinado y, más tarde, murió también su madre.

En el año 1309 fue postulado para Superior de la Provincia Alemana de los Dominicos. Finalmente no fue confirmado. Regresa a París (1311), donde escribe su Opus Tripartitum en latín. Más tarde viaja a Estrasburgo (1314) para predicar. Quizá ésta fue la época de su más alto nivel místico. Algunos afirman que fue prior de Frankfurt (1317) pero es altamente improbable. Su fama se extendió tanto que fue enviado a Colonia (1320) a enseñar. Allí vivió hasta su muerte. Lo escuchan Johannes Tauler, Heirich Suso (ahora beato) y Ruysbroeck. El arzobispo no lo vio con buenos ojos, porque proliferaban las sociedades místicas en su diócesis.

Entonces es acusado de herejía frente al Papa en 1326 por el arzobispo de Colonia, el franciscano Heinrich von Virneburg. Sus sermones eran popularísimos, y puesto que preparaba sólo algunas notas, no se conservan. Pero Nicolás de Estrasburgo, quien estaba al frente de los dominicos en Alemania por orden papal, lo exonera. El arzobispo insiste y presiona. Se le acusa de estar relacionado con los begardianos, unos movimientos heréticos y "salvajes" que se extendían por el Rhin. De nuevo, dos franciscanos preparan una formidable lista de errores, que Eckhart refuta con su Defensa. Y advierte, con sarcasmo, que sus acusadores están condenando también a Cicerón, Orígenes, Tomás de Aquino y otros Padres de la Iglesia, e incluso la Biblia misma. Asegura que son los acusadores los sospechosos de herejía y, finalmente, apela a Roma. Eckhart estaba horrorizado por la idea de herejía, aunque al mismo tiempo la certeza de sus opiniones era casi sagrada.

A principios de 1327 es llamado a responder los cargos frente a la corte arzobispal. El 13 de febrero, predica y muestra un texto en latín, acompañado por una explicación en alemán, a favor de su fe. Dice que detesta todo lo erróneo y, si apareciera algo equivocado en sus escritos, se retracta de ello. Deja la valoración final en manos de la Santa Sede, que rechaza su apelación el 22 de febrero. Éste es el último dato que se tiene del Eckhart vivo, nada hay sobre su muerte, que se sospecha muy poco después de la protesta.

El 27 de marzo de 1329, el Papa Juan XXII publica una bula (In agro dominico) condenatoria de 26 proposiciones. Se habla de Eckhart como ya difunto. La acusación fue de panteísmo; pero en vida él mismo replicaba que los acusadores no consideraban el contexto, que pudo haberse equivocado pero no haber caído en herejía. Heinrich Suso dedica vigorosos esfuerzos a defender la ortodoxia del Maestro.

Durante siglos, los textos de Eckhart fueron desconocidos, excepto por algunos sermones, encontrados en antiguas ediciones de los sermones de Tauler (Leipzig, 1498; Basel, 1521 y 1522). En 1857, Franz Pfeiffer publica un volumen (Meister Eckhart un seine Junger, ungedruckte Texte zur Geschichte derecho deutsche Mystik) dedicado a Eckhart, que recoge algunas piezas del Maestro. Pero pronto se dudó de la autenticidad de los textos. Hacia 1880 y también en 1886, H. Denifle descubre en Erfurt y Cues un par de manuscritos con textos en latín del propio Eckhart, anteriormente mencionados por Nicholas de Cusa y Trittenheim, y que se habían considerado perdidos. Pero Denifle no los publicó en su totalidad, de manera que aún hoy se desconocen muchas páginas, de las cuales, tal vez, las más ansiadas sean los comentarios al Evangelio de san Juan.

Eckhart no es un contemplativo pasivo. Recomienda la acción y las obras en el mundo. Actúa como maestro, reforma la vida conventual, predica la mística, dirige almas. Escribe en latín las Qæstiones parisienses (1300-1303) y el Opus tripartitum (1314), y en alemán los Sermones y colaciones, los Tractates y el Libro de Benedicto.

Fue contemporáneo del Dante y, como él, escribió por primera vez en alemán. A juicio de Franz von Baader y de muchos otros, se le considera padre del idealismo alemán. Los mismos nazis aseguraron que Eckhart era un notable miembro del partido. Alfred Rosenberg lo elogia y asegura que el nazismo se nutre del misticismo del siglo XIV.


La mística del desasimiento.

Para el Maestro Eckhart, Dios es sinónimo de ser. Dios es el "unum", no simplemente "unus", entendido numéricamente. En la unicidad de Dios entra la comprensión de las tres divinas personas. Para que la critaura sea "algo" debe buscar unirse a Dios. El fondo (der Grund) del alma es la centella de la razón, es decir, la razón superior del entendimiento: una luz o castillo en el seno del alma. Allí enraizan la inteligencia y la voluntad.

Ética y mística se relacionan íntimamente y se condicionan. Es imposible concebir una sin la otra. El hombre está llamado al silencio, porque sólo el silencio posibilita que Dios habite en el alma, en el castillo del alma. Es un silencio o vacío que se vuelve habitado por Dios. La divinidad que transforma. "Pero esta presencia está más allá de las palabras, más allá de la sensación". Eckhart señala un elenco de cualidades necesarias: el autoconocimiento, la docta ignorancia, la aniquilación de la voluntad y el sentir, la paz, el silencio, la muerte mística.

Brota la necesidad de no desear nada, excepto la presencia desbordante de Dios en el castillo del alma. "Todo deseo aunque sea el más pequeño, el más noble, el más puro, representa un motivo de turbación en el camino hacia Dios, [quien] solamente se encuentra en un corazón completamente desasido y libre de imágenes." Esto no implica un estado de demencia o de enajenación del mundo, dicho con términos modernos; tampoco denota insensibilidad o egoísmo. El desasido ama más intensamente, es humilde desde el fondo, es misericordioso porque carece de todo "yo" que lo explique o justifique. Justo esa unión con Dios le permite atisbarlo todo con un corazón nuevo, desasido.

¿Quién puede alcanzar un desasimiento tan radical? El hombre noble. Es como si durmiera, no por el desinterés frente al mundo, sino por desprendimiento de lo determinado y finito. Sólo así Dios puede penetrar el alma. El hombre que "no sabe nada", que carece de distractores, posee a Dios en su desnudez y esencialidad. "Dormido frente a todas las cosas, que significa no debe saber nada ni sobre tiempo, ni sobre criaturas, ni sobre imágenes"; así es el hombre nuevo.

La virtud prototípica del desasimiento es la pobreza. Pobreza en un sentido material y espiritual. Hombre noble es lo mismo que hombre pobre, el capaz de prescindir absolutamente de todo, quien abandona conceptos, voliciones, deseos, quien nada quiere, nada sabe, nada tiene. Incluso, la experiencia mística puede ser motivo de tentación contra la humildad. Por ello, "el hombre que debe tener esta pobreza, debe vivir sin saber siquiera que él vive ni para sí mismo, ni para la verdad, ni para Dios. Él debe estar tan vacío de todo saber, de no saber, ni conocer, ni sentir que Dios vive en él; más todavía: debe estar privado de todo saber que vive en él". El hombre se vuelve un espíritu libre, independiente, autónomo. Se une a Dios, y Dios se ve compelido a habitarle: "Tú debes saber en verdad que cuando el espíritu libre permanece en un verdadero desasimiento, eso obliga a Dios a ir hacia el propio ser".

El punto crucial en la enseñanza de Eckhart es la afirmación de la supremacía del desasimiento sobre la caridad: "el amor me obliga a amar a Dios, el desasimiento obliga a Dios a amarme". El desasimiento es, pues, el medio idóneo para unirse a Dios. Desnudez del alma, que se reviste con Dios. La separación limpia el alma, purifica la conciencia, redime los sentidos, inflama el corazón, despierta el espíritu, activa el anhelo, aleja la criatura, eclipsa las realidades terrenas, permite conocer a Dios, une a Dios. El mismo Cristo se lo explicó a Martha: "Unum est necessarium".

¿Qué es el desasimiento? "Un alma inmóvil por cualquier afección o pena, honor e infortunio, por el vicio es realmente desinteresada, como una pesada montaña que no es agitada por ningún viento. El desinterés inamovible lleva al hombre a su más cercano parecido con Dios".

El terreno en que el Maestro se mueve es peligroso. Afirmar la superioridad del desasimiento sobre la caridad es una opinión que contradice el Magisterio de la Iglesia, según el cual la caridad es la más alta de las virtudes. El mismo Pablo lo escribió: "Aún cuando yo hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tuviere caridad, vengo a ser como un bronce que suena a címbalo que retiñe. Y cuando tuviera el don de profecía, y penetrase todos los misterios, y todas las ciencias; cuando tuviera toda la fe, de manera que trasladase lo montes, no teniendo caridad, no soy nada. Y si distribuyo todos mis bienes para sustento de los pobres, y entrego mi cuerpo a las llamas, si la caridad me falta, no me sirve de nada. (...) Ahora permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y la caridad; pero la caridad es la más excelente de todas".

¿Es Eckhart un hereje, como se le acusó? Su texto Von Abgescheidenheit (Sobre el desasimiento) es muy sugerente y directo: "Cuando profundizo estos escritos, por cuanto puede mi razón y por cuanto por ello puedo comprender, únicamente encuentro esto: que el puro desasimiento está sobre todo, ya que cada virtud tiene en cualquier modo, en designio la criatura, mientras aquél está libre de todas las criaturas". Y también: "Los maestros alaban preferentemente al amor y a la misericordia; yo alabo el desasimiento más que todo amor". Más tarde: "Todo amor me obliga a amar a Dios, mientras que el desasimiento obliga a Dios a amarme y es mucho más noble obligar a Dios a venir a mí, que obligarme a mí a ir a Dios".

Quizá el error de Eckhart sea el desgajamiento entre desprendimiento y amor. ¿Cómo aprovechar esta intuición eckhartiana? Quiero sugerir una línea de investigación: el desasimiento como una manifestación de amor. Eckhart enfatiza el vaciamiento del propio yo pero no logra engarzarlo con la caridad. La kenosis se efectúa por amor, o pierde su sentido. ¿Tiene alguna utilidad estar poseído por Dios si no le amamos? En rigor, la pregunta es improcedente, pues Dios habita en todos los que le aman; pero sirve a manera de explicación. Eckhart acentúa el deseo de que Dios se hospede en el castillo del alma pero no logra dar el paso al amor que, indefectiblemente, lo justifica.


(*) Enrique G de la G (San Pedro Garza García, México, 1979). Lector y escritor, estudió filosofía. Su tesis versa sobre el objeto de la metafísica aristotélica. Colabora en distintas revistas con ensayos, reseñas y entrevistas. Agradecido lector de Borges, Victor Hugo y Alfonso Reyes.




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