Castillo en la arena (1)
por Gabriel Paraduchka (*)
Traducción: Lucas Sarasibar

 


El hombre buscó entre el tumulto de veraneantes una lámina de arena húmeda y solitaria. Luego de una incómoda travesía descubrió tres metros cuadrados de arena libre en medio de una obesa mujer y unas cuantas latas de refresco oxidadas. Con solemnidad, abrió el saco que llevaba en su espalda y extrajo cuatro palas de diferentes tamaños, dos cubos, y un rastrillo. La sombra regalaba la justa medida de cada una de las miles de personas que dominaban la playa cuando el hombre comenzó a surcar la arena con ingeniero cuidado. Primero trazó un pentágono, luego comenzó a levantar en el centro la primera habitación de veintisiete. Los movimientos de sus manos eran insomnes, y a los ojos de los niños que iban amontonándose alrededor, también mágicos: la arena adquiría una solidez y formas definidas; ni una sola grieta podía vislumbrarse. Los niños trajeron a sus hermanos y amigos, y éstos a sus padres. En el transcurso de media hora el perímetro estaba cubierto de curiosos, la mayoría admirados por el talento de aquel hombre anónimo: un castillo con sus habitaciones, salones, ventanas, puertas y baluarte, comenzaba a erigirse en la populosa playa. Surgían exclamaciones de asombro ante la presteza del artesano, pero el hombre, aunque orgulloso por su obra, permanecía indolente, concentrado en su labor. La conclusión del castillo la dictó el remate de la gola de entrada. Habían transcurrido ocho horas. La muchedumbre irrumpió en un sonoro aplauso y empezó a dispersarse. El hombre recogió los bártulos, los limpió en la orilla del mar, los devolvió al saco, y caminó hacia el malecón hasta perderse entre la gente que decía adiós a su día de radiante ocio. En unos pocos minutos la playa se desocupó. Sólo quedaban algunas gaviotas sobrevolando la costa mientras el sol reverberante se hundía en el horizonte, y las impasibles olas comenzaban a desgastar las arenas solitarias.


(1) Texto extraído del libro Cuentos inconclusos, aún sin traducción.
(*) Gabriel Paraduchka nace en Ucrania en 1970. Luego de incontables problemas políticos emigra a Viena, en donde se establece con su familia. En 1989 el escritor emigra a Barcelona, regresando todos los veranos a Viena. Hasta ahora a publicado su novela La insoslayable necedad, aún no traducida al castellano, pero sí al húngaro y al inglés; edita en 1994, Antología de jóvenes escritores, traducida al alemán. A partir de entonces publica en ruso dos libros de cuentos, Historias de Alcohol, y Cuentos Inconclusos, aún no traducidos a ningún idioma.




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