El hombre que nunca estuvo allí: el "hombre Coen" más presente que nunca
Por Violeta Kovacsics (*)


Ed Crane es un hombre de pocas palabras, fumador empedernido, esposo complaciente. Un hombre con el rostro de Billy Bob Thorton y fotografiado en un blanco y negro plagado de luz y sombra, de un suave y tenue gris. Este barbero de mirada pesada es el eje central de la última película de Joel y Ethan Coen: El hombre que nunca estuvo allí, estilizado y moderno homenaje al cine negro. Pero más allá de las recurrentes referencias al film noir, esta obra esconde, ya desde su título, el retrato del personaje prototipo de los Coen.

El hombre que nunca estuvo allí nace de una imagen y crece mirando hacia las novelas de James M. Cain. Los Coen cuentan que durante el rodaje de El gran salto estaban sentados contemplando la fotografía de una barbería, cuando empezaron a imaginar cómo sería la vida del barbero. Sólo la imaginación del tándem de Minnessota podría inventar este ser esencialmente pasivo y contemplativo llamado Ed Crane que finalmente decide actuar debido a algún extraño y recóndito impulso.

A partir de un personaje ("el barbero", como iba a titularse, en principio, la película) y de un espacio (la luminosa, gris y detallada barbería) la historia se fue construyendo con James M. Cain, y en especial con su novela El cartero llama dos veces, como referente. En esta ocasión los Coen apelan al film noir de forma más directa que en su opera prima Sangre fácil (en la que la sombra de Cain está también presente) o en la deliciosa Muerte entre las flores (en este caso es Dashiel Hammet el que planea sobre el film). Su cuidado blanco y negro remite a los grandes clásicos del género y el triángulo amoroso nos acerca de forma precipitada a la novela de Cain.


Más allá de referentes y de géneros, la fuerza de la película es su protagonista y significa la culminación del personaje Coen por antonomasia. La idea que subyace a toda su filmografía se verbaliza en El hombre que nunca estuvo allí a través de la impertérrita y profunda voz en off de Billy Bob Thorton, que se prolonga a lo largo de todo el film. El hombre Coen es alguien a quien la vida le pasa por delante sin saber porqué. Un hombre pasivo, a veces ingenuo (es el caso del Dude de El gran Lebowsky o del Norville Barnes de El gran salto). Las tramas de sus películas arrancan a partir de un acto imprevisto de su protagonista o del momento en que éste es arrojado a la acción por algún malentendido o intervención del azar. La hoja de periódico que vuela por la calle persiguiendo a Barnes en El gran salto es el mejor ejemplo de cómo la vida de un hombre desdichado puede cambiar por casualidad. La idea del hombre que se ve trastornado por un hecho casual nos conduce sin duda a uno de los grandes referentes de los Coen: Hitchcock. La mayoría de los protagonistas de los films del director inglés son hombres corrientes(1) que ven su vida trastocada por un error. Es el caso del padre de familia de El hombre que sabía demasiado, del gris protagonista de Falso culpable; aunque, sin duda, el paradigma es el Roger Thornhill de Con la muerte en los talones, confundido con un espía por una simple llamada telefónica.

En el momento en que estos personajes son arrastrados hasta la acción aparece el caos. Y en el caos es donde se mueven las complejas tramas de los Coen, capaces de sorprender al espectador con lo más inesperado o crear desorden con las diferentes relaciones que se van estableciendo entre los personajes. La confusión del espectador y los múltiples giros esconden el geométrico entramado que extienden los Coen en sus films. En sus películas el azar está plagado de simetrías. Volviendo a El gran salto, vemos como la entrada del novato Norville Barnes en la empresa Hudsacker ocurre en el mismo instante en que el presidente, Warren Hudsacker, está saltando desde la planta 44. Barnes sustituirá al fallecido presidente, no puede ser de otra manera: las coincidencias expuestas por los Coen sólo lo son en apariencia. Todo tiene su razón de ser y las interminables significaciones que proponen parecen reforzar la visión del caos.

En el caso de El hombre que nunca estuvo allí, juegan con la decisión del protagonista de actuar. Crane, el barbero, el hombre que nunca estuvo allí, decide tomar partido en su vida. Es en ese instante cuando se pone en marcha la maquinaria del azar manipulado por los directores. El barbero se decide a tomar las riendas de su vida, con un acto atroz y alejado de su pasividad habitual. Pero en un film de los hermanos Coen jamás se pueden controlar los hechos, el destino aún tiene que intervenir con una de sus ironías. Lo imprevisible de los hechos es la constante en su filmografía. Así lo experimentan desde el colocado y necio Dude de El gran Lebowsky hasta el impulsivo e inteligente Tom "Bighead" Reagan de Muerte entre las flores (un personaje que parece tenerlo todo bajo control, pero reconoce actuar de forma inesperada). Esa incapacidad de controlar la propia inexistencia, el intento frustrado de escapar de su ordinaria vida es la reflexión que propone la voz en off de Billy Bob Thorton, esa verbalización de lo que ya se escondía bajo la nieve y la crueldad de Fargo, sin duda la película más próxima a El hombre que nunca estuvo allí.

Con su última obra los Coen han puesto en palabras, bellas imágenes y exquisita fotografía la figura de su hombre, el hombre Coen por excelencia, el hombre que nunca estuvo allí.




(1) Esta es la descripción que se hace de Ed Crane en El hombre que nunca estuvo allí. En la versión original: an ordinary man.

(*) Violeta Kovacsics es estudiante de Comunicación Audiovisual en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Su especialización se dirige al campo del guión y el análisis argumental en el cine. Colabora habitualmente en el programa radiofónico "Música láctea" y en la revista de cine "Scope". Ha sido redactora y co-webmaster de la página web sobre música alternativa "Safari por la luna" y ha publicado una serie de poemas titulada "Decálogo" en la revista barcelonesa "Encanal". También ha colaborado en la producción del cortometraje "Gnomon" y en el guión del cortometraje "ISO 400", ambos en 16 mm.




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