Constantino Kavafis
Selección
Traducción: José María Alvarez

 

MURALLAS

Sin consideración, sin piedad, sin pudor
en torno mío han levantado altas y sólidas murallas.

Y ahora permanezco aquí en mi soledad.
Meditando en mi destino: la suerte roe mi espíritu:

tanto como tenía que hacer.
Cómo no advertí que levantaban esos muros.

No escuché trabajar a los obreros ni sus voces.
Silenciosamente me tapiaron el mundo.



VENTANAS

En esas habitaciones oscuras donde vivo
pesados días, con qué anhelo contemplo a veces
las ventanas. -Cuándo se abrirá
una de ellas y qué han de traerme-.
Pero esa ventana no se encuentra, o yo no sé
hallarla. Y quizás mejor sea así.
Quizá esa luz fuese para mí otra tortura.
Quién sabe cuántas cosas nuevas mostraría.



CHE FECE... IL GRAN RIFIUTO

A cada uno le llega el día
de pronunciar el gran Sí o el gran
No. Quien dispuesto lo lleva
Sí manifiesta, y diciéndolo

progresa en el camino de la estima y la seguridad.
El que rehúsa no se arrepiente. Si de nuevo lo interrogasen
diría no de nuevo. Pero ese
no -legítimo- lo arruina para siempre.



DESEOS

Como bellos cuerpos que la muerte tomara en juventud
y hoy yacen, bajo lágrimas, en mausoleos espléndidos,
coronados de rosas y a sus pies jazmines -
así aquellos deseos de una hora
que no fue satisfecha; los que nunca gozaron
el placer de una noche, o una radiante amanecida.



MONOTONÍA

Sigue un día monótono a otro día igualmente
monótono, idéntico. Las mismas
cosas sucederán de nuevo, una y otra vez -
las mismas circunstancias nos toman y nos dejan.

A un mes sigue otro mes igual.
Lo que vendrá fácilmente se adivina;
serán las mismas cosas de ayer.
Y el mañana nunca parece ese mañana.



LA CIUDAD

Dices «Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.
Donde vuelvo mis ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí».
No hallarás otra tierra ni otra mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad siempre es la misma. Otra no busques
           -no hay-,
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra.



CUANTO PUEDAS

Si imposible es hacer tu vida como quieres,
por lo menos esfuérzate
cuanto puedas en esto: no la envilezcas nunca
en contacto excesivo con el mundo,
con una excesiva frivolidad.

No la envilezcas
en el tráfago inútil
o en el necio vacío
de la estupidez cotidiana,
y al cabo te resulte un huésped inoportuno.



FUI

Nada me retuvo. Me liberé y fui.
Hacia placeres que estaban
tanto en la realidad como en mi ser,
a través de la noche iluminada.
Y bebí un vino fuerte, como
sólo los audaces beben el placer.



CONFRONTACIÓN

Quien confrontar su espíritu desee
debe abandonar toda sumisión.
Observará algunas leyes
Pero violará la mayoría,
No obedeciéndolas, como
Tampoco la por todos aceptada falsa rectitud.
Aprenderá de los placeres.
No temerá la destrucción,
Pues la mitad de la heredad ha de ser demolida.
Sólo así crecerá virtuosamente en la Sabiduría.



EL OLVIDO

           Encerradas en un invernadero
bajo el cristal, las flores olvidan
           que la luz existe
y cómo temblaban bajo el rocío.



QUIEN VINO A MENOS

Qué difícil para quien vino a menos,
para quien vio declinar su fortuna, aprender el nuevo
lenguaje de la pobreza, otros caminos.

Cómo sentir suya esa otra casa, extraña, miserable.
Qué dolor en su corazón cuando avance por las calles
hacia esa puerta que lo socorrerá,
y contemple la campanilla, y toque.
Cómo repetirá «gracias» mientras coge
el pedazo de pan, la ropa usada.
Cómo hará frente a esas frías miradas
en las que sólo encuentra el espejo de su miseria.

Cómo enseñará a sus labios
a hablar ahora humildemente;
¡y cómo bajará la cabeza este espíritu antes orgulloso!
Cómo escuchar ahora ese idioma
Del que cada palabra sólo puede herirle - Y al mismo tiempo
hacer como si todo eso fuera extraño,
como si él solamente fuera un incomprendido.



EL BANCO DEL FUTURO

Para asegurar mi ardua existencia
            no ingresaré muchas letras de cambio
            en el Banco del futuro.

Dudo tener nunca un gran capital.
            Y comienzo a temer que en la primera crisis
            repentinamente se cancelen los pagos.



ADICIÓN

No pregunto si soy feliz o no.
Pero hay algo que permanece siempre alegre en mi cabeza:
que en la gran suma -esa suma que aborrezco-
de sus demasiados números, yo no soy uno,
no soy una de esas unidades. Yo no fui contado
en el total. Y eso ya me alegra suficientemente.




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