Algunas notas de la moral de Nietzsche
Por Enrique G de la G(*)

 


«El infinito no cabe en un vaso de agua y la condición humana,
aun la más elevada, es cuando mucho un vaso de agua».
Ricardo Garibay

«En la Vida y en el Arte lo que importa es un final inevitable».
Enoch Soames

A juicio de Nietzsche, la realidad se entiende bajo dos categorías: Apolo y Dioniso. La figura de Dioniso irrumpe en el mundo griego con gran escándalo. La cultura griega, formada bajo la guía del lógos, con poetas como Homero y Hesíodo, es sorprendida por un dios extranjero que es salvaje, bebedor, bárbaro, que gusta de fiestas crueles y ritos extraños, casi exagerados. La mesura griega se ofusca. Les aterra descubrir que esa misma crueldad y anti-razón está en ellos mismos(1) . Ahora no pueden callar su escisión, la división propia de la condición humana, y se estremecen al considerar que en ellos mismos conviven Apolo y Dioniso(2) . ¿Qué hacer? La conciencia de realismo se impone: si así somos, aceptémonos. ¿A qué negar lo evidente? Dioniso está a la par de Apolo(3) , el hombre es una mezcla de bien y mal, de sensatez e irracionalidad. Pero, ¿cómo es posible que en un solo individuo convivan fuerzas aparentemente tan dispares? Esa disparidad es tan sólo aparente, porque Dioniso se ha de transfigurar en Apolo. La fuerza dionisiaca, cuando se manifiesta en el hombre, es transfiguradora, creadora.

Nietzsche sospecha de la visión típica de Grecia(4) . Parece todo armonía, racionalidad, luz, perfección, lógos, todo se muestra como apolíneo. La gran virtud de Grecia es la mesura, pero Nietzsche sospecha. ¿Qué los griegos no fueron hombres comunes y corrientes? ¿No estaban ellos escindidos? ¿Por qué tanta mesura, por qué el lógos ecuánime? Nietzsche ofrece una respuesta ingeniosa, que luego se convertirá en la gran propuesta de El origen de la tragedia. Los griegos fueron los primeros en descubrir la presencia de lo dionisiaco a la par de lo apolíneo. ¿Qué sentido tienen la enfermedad y la muerte? ¿Cuál es el por qué del dolor? La vida se manifestó a los griegos como escindida, y lograron asimilar esa escisión, la doble campanada: salud-enfermedad, vida-muerte, alegría-dolor, comedia-tragedia. Un pesimista preferiría no haber nacido; el pesimismo filosófico, si se conduce hasta el extremo, orilla al suicidio. Pero los griegos no se suicidaron. Nietzsche propone volver la mirada al espíritu griego para descubrir cómo superaron este doble impulso.

La clave es la fuerza transfiguradora. Los griegos superaron el problema creando belleza. "Los griegos saben que toda la existencia, interpretada como moderación y belleza, se basa en un suelo de sufrimiento y de exceso. Puesto que en la existencia se esconden tormentosas pasiones, los griegos optaron por Apolo, dios de la transfiguración, fuerza que plasma y transforma lo perturbador en una tranquila serenidad"(5) . Toda su existencia se concentró en la creación de obras bellas, en la producción de arte. Si la vida es doble usque ad infinitum, más vale enfrentarla con un alegre impulso creador; la otra posibilidad es realmente inhumana porque rompe con el ritmo de la vida, nos desgaja de la tierra. En ese momento nace un anhelo de vivir, se descubre el sentido de la vida, un porqué orientador(6) . A esa estrella polar llama Nietzsche ilusión. La ilusión es una forma de vida que reúne y encauza en una misma dirección todos los impulsos vitales. Los griegos tuvieron una ilusión artística; más tarde, Sócrates inaugura la ilusión teorética, en la que lo apolíneo subyuga lo dionisiaco(7) . Toda la vida, la vida de todos, es una cadena de ilusiones. Vivir es ilusionarse con algo.

Cuando uno se ilusiona con algo no desaparece el dolor de la vida. Este dolor es inevitable, siempre está allí, pero es posible invertirlo. Como una rosa con tallo espinado, como el ungüento medicinal que se prepara con veneno. El bien extraído del mal(8) . El hombre supera las dificultades mediante la creación artística, Dioniso transfigurado en Apolo.

¿Acaso todas las ilusiones son idénticas? De ninguna manera. Algunas tienen contacto con la verdad tan íntimamente que son capaces de manifestar la verdad primordial. Otras, en cambio, ocultan la verdad originaria del hombre. Así, por ejemplo, continúa Nietzsche, el cristianismo rechaza la presencia de Dioniso en el hombre(9) . El cristiano es incapaz de aceptar sus ámbitos dionisiacos para más tarde transfigurarlos en belleza, sencillamente los niega, y por eso miente, y quien miente oculta la verdad. También Sócrates es, en este sentido, un mentiroso: "Y no se nos debe ocultar ya lo que se oculta en el fondo de esta cultura socrática, la ilusión sin límites del optimismo"(10) . En cambio, el artista se vuelca sobre sí mismo hasta llegar al fondo de sí. Ese viaje al interior que se efectúa mediante la creación artística le permite descubrir y describir la dualidad que lo habita(11) . Conoce la humanidad en sí mismo, lo universal en lo particular, lo objetivo en lo subjetivo. Leer a Shakespeare es leer la condición humana en sí misma, encontrarse con Hamlet es encontrarse con las fibras íntimas de todo hombre. Nietzsche utiliza un poema en El origen de la tragedia que lo explica mejor:

En las ondas suaves
de un océano de dichas,
en la armonía sonora
de las ondas vaporosas embalsamadas,
en el tormento infinito
de la respiración universal,
asumirse -abismarse-,
¡inconsciente, suprema dicha!

La ilusión artística permite encontrarse con Apolo y Dioniso en un clima de transfiguración que desemboca en la verdad originaria, en lo objetivo, en lo universal. Pero, advierte Nietzsche, sería absurdo dejarse engañar por una ilusión vulgar. Hace falta arremeter violentamente contra ellas y plantarse sólo frente a las ilusiones nobles. Arte contra cristianismo, el prototipo de la ilusión noble y la ilusión vulgar. Incluso la filosofía es un arte(12) . ¿Qué entiende Nietzsche por arte? Toda creación humana que nos habla del fondo de la vida. Todo aquello que manifieste el carácter dionisiaco y apolíneo de la vida(13) . Quien niegue alguno de estos caracteres será un embaucador detestable, que oculta la verdad, i.e., aquella construcción que nos habla acerca de lo profundo de la vida. Por eso, cuando leemos a Shakespeare o Madame Bovary aprendemos algo de nosotros mismos, como escribe Mario Vargas Llosa: "La novela sólo apacigua momentáneamente esa insatisfacción vital, pero, en ese milagroso intervalo, en esa suspensión provisional de la vida en que nos sume la ilusión literaria -que parece arrancarnos de la cronología y de la historia y convertirnos en ciudadanos de una patria sin tiempo, inmortal- somos otros. (...) De donde resulta que la irrealidad y las mentiras de la literatura son también un precioso vehículo para el conocimiento de verdades recónditas de la condición humana"(14) .

El arte prototípico son la música(15) y la tragedia. Comienza el §25 de El origen de la tragedia: "La música y el mito trágico son, en igual grado, la expresión de la facultad dionisiaca de un pueblo, y parecen inseparables." Poco antes había descrito Nietzsche la grandeza de la música alemana, "de Bach a Beethoven y de Beethoven a Wagner"(16) . ¿Por qué la música y la tragedia? Porque en ellas no media la racionalidad. Por eso enfada a Nietzsche la ciencia, que no logra jamás explicar la dualidad de la vida: "Alborea en cinco o seis mentes tal vez, que también la física es, a lo sumo, una exposición y una ordenación... pero no una explicación del mundo"(17) . Pero tampoco ha funcionado la moral, y mucho peor ha sido después de Sócrates y el cristianismo. Por eso Habermas dice que "la crítica de la moral [de Nietzsche] tiene como presupuesto general la perspectiva de la interconexión entre teoría y praxis vital". Porque Nietzsche no entiende cómo distanciaron estos ámbitos, que en sí mismos están siempre profundamente unidos, tan profundo que el problema no es sólo estético sino ontológico. Con éstos, "el instinto creador queda cabeza abajo; ya no es la creatividad artística la que ahí funciona, sino la producción intelectual"(18) .


BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA

FUENTES
F. NIETZSCHE, El origen de la tragedia, Espasa Calpe, Colección Austral, Madrid, 1969.
F. NIETZSCHE, Así habló Zaratustra, Alianza, México, 1992.

BIBLIOGRAFÍA SECUNDARIA
M. DESIATO, Nietzsche, crítico de la posmodernidad, Monte Ávila Editores Latinoamericanos, Caracas, 1998.
J. HABERMAS, Sobre Nietzsche y otros ensayos, rei México, México DF, 1996.
J. QUESADA, Un pensamiento intempestivo / Ontología, estética y política en F. Nietzsche, Anthropos, Barcelona, 1988.
G. VATTIMO, Las aventuras de la diferencia / Pensar después de Nietzsche y Heidegger, Ediciones Península, Barcelona, 1998.


NOTAS:

(1) Escribe Nietzsche en El origen de la tragedia, p.37: el griego apolíneo "hasta hubo de sentir algo más: su existencia entera, con toda su belleza y su medida, reposaba sobre el abismo oculto del mal y del conocimiento, y el espíritu dionisiaco le mostraba de nuevo el fondo del abismo ¡Y no obstante Apolo no pudo vivir sin Dioniso!".

(2) "¡Pues de qué otro modo habría podido soportar la existencia este pueblo infinitamente sensible, tan brillantemente capacitado para el sufrimiento, si en sus dioses aquélla no se le hubiera mostrado circundada de una aureola superior", exclama Nietzsche. Y Julio Quesada comenta en Un pensamiento intempestivo, pp.107-108: "La tragedia, por lo tanto, posee la dualidad de estilos que bajo los nombres de Apolo y Dioniso encierra tanto el bello sueño cuanto la embriaguez del sufrimiento. En la tragedia luchan sin cuartel verdad y belleza; aquélla como expresión desnuda de la certeza con la que no se puede vivir, y ésta como medida para evitar la mirada directa de la Medusa que nos petrifica". En resumen: "Esta capacidad para sufrir y aquella otra para crear configuran la dualidad de estilo del arte griego"; p.107.

(3) Sería interesante estudiar si el maniqueísmo es una variación de esta conciencia doble.

(4) Cfr. la primera parte del "Ensayo de autocrítica" en Así habló Zaratustra IV, donde Nietzsche explica la gestación de El origen de la tragedia y donde enumera estas sospechas.

(5) Massimo Desiato, Nietzsche, crítico de la posmodernidad, pp.70-71.

(6) Es curioso el paralelismo Nietzsche, cuando piensa que el motor de la vida es la ilusión, y Aristóteles, para quien el cosmos se mueve en la medida en que anhela (aproximarse) al Sumo Bien. Vale la pena investigar el papel de la causa final en el pensamiento de Nietzsche: la ilusión, la tierra, el destino trágico, etcétera.

(7) Cfr. Massimo Desiato, Nietzsche, crítico de la posmodernidad, p.76.

(8) Encuentro ahora una similitud con san Agustín, quien se preguntaba por el origen del mal. Responde que Dios juzgó mejor sacar el bien del mal (recuérdese la idea gregoriana y de la primitiva cristiandad que clamaba: felix culpa!) que no permitir que el mal existiera.

(9) Por esta misma razón Nietzsche abomina también de Sócrates, Platón y Eurípides. El pensamiento de Sócrates y el de Platón son mejor conocidos que el de Eurípides, en general. Puede servir, para este propósito, la Paideia de Werner Jaeger, pp. 312-314.

(10) Friedrich Nietzsche, El origen de la tragedia, p.107.

(11) Massimo Desiato, Nietzsche, crítico de la posmodernidad, p.71: "el exceso no es rechazado ni negado: es asimilado por la mesura y su quietud. (...) A tal punto esta lucha fue cerrada, que de ahí en adelante ya no fue posible separar Apolo de Dioniso, pues la mesura cobra valor sólo si se ha experimentado alguna vez el exceso en toda su magnitud". Más tarde agrega, p.74: "La voluntad sana sabe que la vida es una tensión, sólo episódicamente reconciliada".

(12) Según Gianni Vattimo, el arte nietzscheano es ya voluntad de poder. Escribe Vattimo en Las aventuras de la diferencia, p.88: "(...) Nietzsche se dará cuenta de que, en la historia de la cultura occidental, el lugar en que ha sobrevivido un residuo dionisíaco, una forma de libertad del espíritu, en suma aquello que luego, en los últimos años, se llamará voluntad de poder, es precisamente el arte".

(13) "Todo arte opera como sugestión sobre los músculos y los sentidos, que están originariamente activos en el hombre artístico ingenuo; habla siempre y sólo a los artistas -habla a esta especie de sutil movilidad del cuerpo"; Gianni Vattimo, Las aventuras de la diferencia, p.100.

(14) Mario Vargas Llosa, "Un mundo sin novelas" en Letras Libres, octubre 2000, pp.41-42. Hay una diferencia entre Nietzsche y Vargas Llosa. El peruano-español afirma que la ilusión literaria suspende la vida; me parece que Nietzsche diría lo contrario, que precisamente esa ilusión nos hace vivir con mayor intensidad la vida.

(15) Como Schopenhauer.

(16) Friedrich Nietzsche, El origen de la tragedia, §19, p.117.

(17) Friedrich Nietzsche, Más allá del bien y del mal, sección primera, aforismo 14.

(18) Julio Quesada, Un pensamiento intempestivo, p.96.

(*) Enrique G de la G (San Pedro Garza García, México, 1979). Lector y escritor, estudió filosofía. Su tesis versa sobre el objeto de la metafísica aristotélica. Colabora en distintas revistas con ensayos, reseñas y entrevistas. Agradecido lector de Borges, Victor Hugo y Alfonso Reyes.




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