Tantos poemas tontos
(1996/1999)
Por Dante Bertini (*)

 

de Tantos poemas tontos (1996/1999)


K.

si te lastima la visión de un pájaro
por el simple y normal hecho de su vuelo
si la primavera te desangra lentamente
desde la piel hasta los huesos
si te desvaneces repentinamente
ante la imagen repentina de este cielo
reflejándose en la rectangular luna del espejo
es que la vida te ha herido para siempre
y llevas el corazón fuera del pecho


pequeña lulú

Te encuentro en la calle.
-¿Qué tal, cómo andas?
Me respondes "bien"
y sin que lo pregunte
me explicas que cambias.
Es verdad, me digo,
lleva otras sandalias.


Valéry

yo con el alma herida
tú saltando
tú con la cara llena de sonrisas
yo con el corazón desemplumado
yo que tanto te quería y no te quiero
tú que nunca me quisiste
y ahora tanto.


Lugares comunes

dicen tiempo de perros
y desde donde estoy
no oigo sus ladridos

dicen catástrofe dantesca
y no puedo sentirme culpable
de tal cantidad de muertos
          de ese número
casi innumerable
          de lesos
          y desaparecidos


Sin (pecado)

Un día sin ti nunca es un día.
Son nada más que veinticuatro horas
con el mismo nombre
un tiempo de labor
una jornada
una parte mínima del año
la séptima porción de una semana.


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Los guapos al poder
yo a mis labores
los guapos al poder
yo a mi tristeza
los guapos al poder
yo al desconsuelo
del catre, la soledad
los trapos negros
          (raídos estandartes de mi duelo)

Los guapos al poder
y yo
vacío al fin de toda vanidad
hacia mi entierro.



de Los días, todos (2000/1):


Árbol navideño

Andaré por (la que fue) mi casa con pasos de silencio
para no despertar a los que vivan dentro
No estarán mis dibujos, mis gatos, mis humores
pero habrá algún lugar donde todavía palpite la vida que viví
algún rincón cualquiera donde aún no me haya muerto.


El ángel que no aguarda

Con gesto cansino y leve peso
mirando al frente sin fijarse en nada
con andar pausado y perfil quieto
atraviesa frente a mí
esta que fuera
sin ninguna duda
alguna vez
hace un montón de tiempo
auténtica puerta de hierro
y hoy solo es una calle
un nombre
un apaisado escaparate de comercio

Tiene la espalda tan ancha como las caderas
(y esto en él es un canon de belleza)
la cintura es pequeña
y el cuello grueso luce un mechón de pelo oscuro
que lo parte en dos con expresivo gesto
con tan casual como simétrica ternura

Un viento suave le gira la cabeza
y deja que entrevea su cara pequeña
de rasgos sin dolor
su expresión de trazo suave
sin aristas
adolescente de una estirpe sin heridas
de una ciudad sin guerras
de un pueblo sin conflictos

Lo sigo a la distancia durante algunos metros
el tiempo y el espacio necesarios
para comprobar que va a su aire
aéreo
y pese a la pluma blanca
que asoma de su mano izquierda
pese a la tierna mansedumbre de su soledad en espera
permito que los caminos se bifurquen

Cargo demasiado lastre para tanto vuelo.


Rosita Baylon

La muerte parca y embozada
vino a buscar la rosa que escondida
rodeada de gatos y baúles
          entre nubes cilíndricas de humo
          y lluvias intermitentes de fatiga
perdía hora a hora
          hoja a hoja
la pequeña ilusión que tuvo un día
Ella que vistió la juventud de cascabeles
y soltó sus dobladillos para rozar la hierba
ella que calzó zapatos de color distinto
para pisar la tierra con más sabiduría
quiso marcharse ahora
antes de tiempo
cuando todavía se la necesita.


Testuz

"Sólo puedo reconocerlo cuando se aleja."
Constance Woolbridge.

Quisiera apartar de mi cabeza
la imagen rectangular de tu cabeza
y lo único que logro es agrandarla
convirtiéndola en una testa macrocéfala
en una cabezota hueca
inabarcable
de gigantón de feria
en un enorme globo que se infla
y sigue y sigue inflándose
como un dirigible de otra época
ocupándome la mañana entera
hartándome con mil ideas viejas

Lleno de ti hasta el borde
desbordado
humedecido por mil pensamientos transeúntes
fugitivos
desbocados
juveniles
más propios de otra época
tu pequeña y rectangular cabeza
se hace entonces una única idea en mi cabeza
una cabeza única que me llena de ideas
 ideas recurrentes
 ideas fijas
 ideas obsesivas
 ideas crueles
todas siempre alrededor de tu cabeza,
esa cabeza de trazo regular
ligera
con remolino incorporado y pelo grueso
esa cabeza que gira y me sonríe
vuelve a su sitio y duerme
que despierta y me habla
acercándose a mi cara con un par de ojos adyacentes
 ¿verdes o grises?, me pregunto
 ¿azules o incoloros?

A veces ni siquiera sé qué miro
en los momentos en que te estoy mirando
ya que no puedo precisar el color de esos tus ojos
 ojos que se giran
 y miran a otro lado
 sonríen a otro lado
 se van hacia a otro lado
 escapan de la invasión de esta mirada ajena
 y me dejan pensando en el tamaño real de tu cabeza
 en el remolino que hay detrás de tu cabeza
 tan clásica como las esculturas de los clásicos
 aquellos que no tenían ningún temor de enamorarse
 de una cabeza pequeña
 joven
 regular como la tuya
 masculina.


Titular

La guerra no es sólo el titular de algún periódico
una larga y acalorada discusión entre despachos
la nutrida definición de un diccionario
varias líneas de texto en las enciclopedias
Tampoco es un documental ruidoso
para despertar la sobremesa
o esa larga película con uniformes y trincheras
donde sobran los subtítulos
y faltan las palabras
La guerra es una explosión brutal
en nuestra propia calle
una ventana rota abierta hacia el desastre
el miedo simple y llano
          verdadero
una pierna sin cuerpo
o gangrenada
la ceguera y la peste
los temblores del pánico
media cara quemada
          destruida
el hijo muerto
una sobrina inválida
las copas de cristal hechas pedazos
un suelo polvoriento de madera
          que ya no cruza nadie
una escultura sin pedestal o sin cabeza
nuestros libros quemándose
un montón de amigos muertos
que nunca tendrán tumba
          no enterrados
la panadería sin harina
las calles desoladas
la justicia sorda y ciega
          injusta
la violencia sin más

toda la sangre suelta, reseca, desatada
el río que cruza nuestro pueblo
emponzoñado
cubierto de caballos muertos
de buitres despiadados
la violación de los cuerpos y las almas
          los tormentos
un cómputo final de vencedores y vencidos
la soledad de la sangre sin familia
el dolor sumándose al dolor
los gritos mudos de los supervivientes
los gritos acallados
          con mordaza y soga
de los torturados.



de Poemas desubicados (1984/2002)


nueve de noviembre del 99

feliz cumpleaños, me digo
porque aunque la tristeza acecha mis momentos
como un lobo a su caperucita
tengo una casa confortable recortada sobre un cielo con gaviotas
varias plantas de hojas desmedidas
un par de asustadizos peces rojos
dos gatos con nombre de persona
un puñado de dinero para ir tirando
y otro de amigos con los que hablar de un puñado de cosas

Mientras tanto
a trescientos metros mal medidos
de mi festejo sin algarabías
un tipo de cuarenta y nueve años
          natural de la república argentina
          y del mismo barrio donde yo nací
          hace un montón de años
salta por la estrecha ventana de un cuarto piso
para estrellarse como un huevo fresco
sobre la superficie asartenada del asfalto

Casi un final sangriento de ópera italiana
a cien metros escasos del pequeño y antiguo
                              teatro del Liceo

No sé si los diarios sacarán la noticia
porque hoy se conmemora la caída del muro
que nunca fue de acero
y todos pensarán
en consignas trasnochadas
en el fin de esa guerra que llamaron fría
cuando acaso sólo era incruenta
en los ladrillos abatidos
por los certeros golpes de un montón de manos
de unos cuantos picos

Ya los sé,
no es ninguna noticia trascendente
que el hijo de unos pobres griegos que no hicieron la América
termine como una señal de alerta para perros hambrientos
en medio de una calle con nombre de marqués:
          la piel fría como la cáscara de un huevo
          las alas desplumadas
          rotas
          los huesos derramados como lágrimas
          y la cabeza convertida en una caja abierta
          desguazada
          vacía para siempre de todo pensamiento

Muerto
fatal e irremisiblemente muerto
después de recibir
cuatrocientos noventa golpes de la vida
cuarenta y nueve certeros golpes de la suerte

Dante Bertini
marzo de 2002, Barcelona


(*)Dante Bertini nació en la ciudad de Buenos Aires.
Radicado en Europa desde diciembre de 1975, ha vivido largas temporadas en Madrid, París e Ibiza, aunque desde hace doce años reside de forma permanente, y feliz, en el barrio gótico de Barcelona.
Dibujante desde la niñez, ha trabajado como ilustrador diario de La Opinión de Buenos Aires y El Periódico de Cataluña, colaborando también con Rolling Stones, Cinemanía, Courrier International, La Il.lustració, Media Vaca y otras publicaciones.
Escritor tardío, en 1993 ganó el premio literario La Sonrisa Vertical de Editorial Tusquets con la novela "El hombre de sus sueños". El jurado estaba presidido por Luis García Berlanga, director de la colección, y contaba entre sus miembros a Juan Marsé, Terenci Moix y Almudena Grandes. Ha publicado, también en editorial Tusquets, "Salvajes mimosas", editada en alemán bajo el título de "Unbezähmbar" por Bruno Gmünder Verlag y, en tirada limitada para coleccionistas, "Eros desencadenado", textos poéticos (Compactos de Editorial El gato gris, Valladolid).
Algunos de sus cuentos, poesías y notas sobre el mundo de la cultura han aparecido en los diarios El Mundo (España) y Clarín (Bs.As.) y en las revistas 4 gatos, Co&Co y Lateral.
E-mail: bertini@ctv.es




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