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Con eso de "ilustres segundones" no
haga referencia al corifeo borreguil que conforma nuestra cochambrosa
Asamblea Nacional. Mucho menos a todos esos generales empecinados
en filibustear a costa del gobierno, tampoco a los advenedizos
del MVR que pululan por los pasillos del poder tan agrisados
y elementaloides. Mucho menos va referido a los majareta meretrizados
de la oficialidad cuyas actuaciones/opiniones (rangelciceronianas)
demuestran el triste papel de relleno en esta gran opereta,
con música de cacerolas al fondo, en la que han convertido
al país. Más bien la cosa va por lo literario
y hago alusión a esos personajes, que sin ser titulares,
son inolvidables. Personajes al fondo, desenfocados y que a
pesar de su condición subalterna se vuelven imprescindible
en el afecto de los lectores.
Se puede iniciar esta mínima enumeración
con Panurgo, personaje de la novela Gargantua y Pantagruel,
que es una especie de buscavidas, cuya filosofía de la
vida surge de su experiencia y de su gran observación
del mundo. El fragmento sobre el matrimonio ilustra el perfil
bastante pormenorizado del personaje creado por Rabelais:
"Puesto que la suerte está echada y lo habéis
decretado tras firme deliberación -repuso Pantagruel-
no queda nada por decir y sí mucho por hacer.
-Bien -dijo Panurgo- pero no quisiera ejecutarlo sin vuestro
consejo y excelente opinión.
-Tal es mi opinión -contestó Pantagruel- y os
lo aconsejo.
-Pero -dijo Panurgo- si pensáis que más vale así,
sin emprender nunca más nuevas aventuras, preferiría
no casarme.
-Pues no os caséis -fue la respuesta de Pantagruel.
-Bien -dijo Panurgo-. Pero he de continuar así, solitario
toda la vida, sin compañía conyugal? Sabéis
que está escrito: VAE SOLI? El hombre solo nunca parece
tan feliz como el casado.
-¡Casaos, vive Dios! -exclamó Pantagruel.
-Pero y si estando enfermo o impotente para cumplir mis deberes
matrimoniales, mi mujer, impaciente por mi languidez, se entregará
a otro y no solamente dejará de cuidarme, sino que se
burlará de mi calamidad y (lo que es peor) me robará
como he visto que es frecuente, ¡eso acabaría conmigo!.
-Pues no os caséis, -repuso Pantagruel.
-Si tal hiciese , -replicó Panurgo- nunca tendría
hijos legítimos, en los cuales depositar la esperanza
de perpetuar mi nombre, mis títulos, a los cuales legar
mi herencia y mis adquisiciones."
Otro segundón memorable es el Doctor Watson,
celebre compañero del agudo, y morfinómano, Sherlock
Holmes. El cuadriculado Watson, aparte de observador directo,
participante y escritor de las peripecias del infalible detective,
viene a constituir la mente apolínea, común y
sin complicados vuelos del intelecto. Watson es un cascarrabias
metódico y austero que permite al peculiar detective
brillar con sus deducciones y su preciso poder de observación.
Holmes por su parte era un genio peculiar, drogadicto, destacado
con el violín y poseedor de una mente exaltada, preocupada
en resolver asuntos de cierta complejidad. La novela "Estudio
en escarlata", narra la primera de estos dos espíritus
divergentes. Tanto Watson como Holmes adquirieron rasgos más
allá del papel, sin mencionar que el cine les dio una
popularidad sin precedente. Aquella anécdota es de sobra
conocida: una mañana Holmes y Watson están en
una plaza. Holmes le dice al distraído doctor. "Estimado
Watson sus interiores son color café". Watson sorprendido
pregunta: "¿Rayos, como lo supo?". "Elemental
mi querido Watson, olvidó ponerse los pantalones".
Otro personaje destacable en su rol secundario,
y que ha servido de modelo a los demás, en Sancho Panza,
escudero del famoso caballero de la triste figura Don Quijote
de la Mancha. Si Don Quijote representa al hombre versado en
lecturas, mordido a su vez por la pasión y la locura;
Sancho, su escudero de circunstancia, viene a representar ese
lado iletrado de la vida, esa parte bizarra y es en cierto modo
la otra cara de su amo y caballero. Si Don Quijote tiene equipado
su espíritu con una buena porción de novelas de
caballerías, el escudero Sancho tiene apertrechada su
alma de sandeces y refranes, una innata sabiduría picaresca
lo alienta. Sancho es la España del paisanaje, la España
del taco y charrasquillo, de la miseria y la ignorancia. Este
sigue al Quijote no movido por ideal, sino por un interés
concreto. Una ínsula que en las primeras de cambio le
promete en su locura el delirante Caballero de la Mancha. Luego
con el camino andado, las palizas y la menesterosa, pero siempre
movida, vida de escudero Sancho, crece espiritualmente personaje.
En el bachillerato los profesores hablaban siempre
de la quijotización de Sancho Panza. No obstante más
que una trasmutación de Sancho, creo que este despierta
como de un sueño; un sueño caótico, pero
grandioso. Debido a ello él lo que desea, en las entrañas
de su corazón, es seguir soñando. No su sueño,
claro, sino los sueños delirante de su amo. Sueños
que de alguna manera le han proporcionado significaciones nuevas
e inolvidables a su existencia. Pero Don Quijote ya esta de
vuelta de la locura, de la magia del delirio y es memorable
aquel pasaje donde un Sancho lloroso conmina a su señor
a volver a los caminos: "Ay!-respondió Sancho llorando-.
No se muera vuesa merced, señor mío, sino tome
mi consejo, y viva muchos años; porque la mayor locura
que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin
más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos
le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso,
sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos
de pastores, como tenemos concertado: quizá tras alguna
mata hallaremos a la señora Doña Dulcinea desencantada,..."
Otro personaje es el famoso Passepartout (o Picaporte
como aparece en algunas traducciones) del libro "La vuelta
al mundo en ochenta días". Aquí el amo y
su criado poseen también rasgos bien delimitados. El
amo, Phileas Fogg, es un flemático caballero inglés,
bastante quisquilloso con eso del tiempo. Todo para Fogg está
cronometrado. El almuerzo, su descanso, sus paseos. Vive solo
y con un criado resuelve las menudencias domesticas. Esta obsesión
por el tiempo lo lleva, primero, a despedir a su antiguo criado
James Forster( este se equivocó al llevarle el agua para
afeitarse a los ochenta y cuatro grados Fahrenheit y no a los
ochenta y seis) y luego en el Reform-club, en la que se engancha
en una apuesta de recorrer el mundo en 80 días.
La despedida del criado trae consigo la llegada
de uno nuevo: Jean Passepartout, apodo, según sus propias
palabras, que le ha quedado de su capacidad especial de salir
bien librado de cualquier contratiempo. Esta combinación
nos promete en las presentaciones de rigor una aventura bastante
movida. La adaptación al cine, protagonizada por David
Niven en el rol Fogg y Mariano Moreno "Cantinflas"
en el de Passepartout, es una película que hoy se deja
ver con agrado. Cantinflas como el criado de Fogg/Niven no tiene
parangón a tal punto que no sé si me gusta más
este personaje por Cantinflas o por Julio Verne.
El libro "Los papeles póstumos del
club Pickwick" es un libro inaplazable si uno quiere reírse
a mandíbula batiente. Todo los personajes del irrisorio
club mueven a la risa y al cariño. Novela escrita por
entregas que surge a raíz de una propuesta realizada
a Charles Dickens por los editores Chapman and Hall. Estos querían
editar una historia por entregas que ridiculizara a los Club
deportivos, muy en boga en esos días. La novela fue creciendo
a cada entrega y en el capítulo XIII el presidente del
club contrata los servicios de un criado, Sam Weller. Dicho
personaje hizo aumentar de manera inesperadas las ventas.
San Séller es un individuo del montón
que se las apaña, con ingenio natural, para desempeñar
cualquier oficio. En la entrevista para contratarlo el señor
Pickwick le dice:
"-Nos interesaría conocer la opinión que
le merece a usted el empleo que actualmente desempeña-empezó
diciendo Mister Pickwick.
-Me sería mucho más fácil contestarle,
señor, si usted pudiera informarme sobre la posibilidad
de obtener otro mejor".
Sam Weller siempre una respuesta ingeniosa, una frase chispeante:
"Fue tan grande la sorpresa de Sam, que hasta desfalleció
y tuvo que apoyarse sobre la muchacha lo que dio lugar a otro
juego complementario de ternuras.
-Esto es sencillamente el colmo -exclamó Sam- como dijo
una vez lord mayor al escuchar cómo le pedían
la mano de su propia esposa".
Es tanta aceptación de Sam Weller por
parte de los lectores que cuando este no aparece la novela pierde
encanto. Por ese motivo Dickens deja colar siempre: "Es
posible que algún lector avisado se pregunte dónde
estaba Sam durante el transcurso de aquellos hechos. El próximo
capítulo dará suficiente luz sobre su paradero".
Denis Diderot dijo una vez de Voltaire que este
era el mejor segundo en todo. En eso anda uno en la vida. En
quedar movido en la foto. En tratar de ser un personaje secundario
en la existencia. De muchos protagonistas y titulares casi nunca
nadie se acuerda. De segundo, pero ilustre e ilustrado. O sea.
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