Al Sr. Presidente, desde una memoria actoral
Por Juan Manuel Martins (*)

 

Sr. Presidente, reciente reposición del grupo Rajatabla se nos presenta como un acontecimiento teatral. Esto es, que la experiencia para el espectador se unifica con el actor. La intimidad, dada por la cercanía de la escena con el espectador. Nos hace pensar a su vez en aquella relación actor-público. La historia es evidente: el caudillo latinoamericano como impostura política. Ahora, la anécdota sólo cubre parte de la experiencia: es la estructura estética lo que adquiere importancia. No hallamos una «dirección», si no la composición, y también discusiva, de los actores en torno al escenario: disponer de la escena en modo circular no es aquí un capricho estilístico o un exceso conceptual. Por el contrario, es estructurante, puesto que el ritmo llevado a cabo es contundente a pesar de la cercanía con el público. Todo el acontecer de la historia debe desarrollarse sin descanso. Los actores mantienen el ritmo. Éste se sostiene por aquél ritmo de los actores. Desde luego, tal hecho exige que los dispositivos sean usados en su coherencia. Nada nos parece que está en exceso o en desuso. Como decía, se componen, se unifican. Sabemos que el pretexto literario debe exigirnos un compromiso: para todos es conocido, junto a Miguel Ángel Asturias, que nuestros escritores han tenido como preocupación el autoritarismo latinoamericano, cualquiera que sea su causa y origen: las dictaduras, la fatalidad histórica y la depresión política han sido el lugar común de América Latina.

Es un acuerdo discursivo entre la historia de la novela, la cual le dio origen a la escena, el concepto de Carlos Jiménez y la memoria actoral de sus actores, han dado como resultado que se imponga -sin falsa modestia- un uso teatral, con el cual están convencidos de cómo hacer teatro, nos recuerdan, y mucho, que de alguna manera los adefesios (tanto teatro de taquilla), sólo quedará en el recuerdo del algunos «productores» beneficiados.

Cada actor hace funcionar sus recursos, conoce de ellos y tiene conciencia de su uso por medio de esta memoria actoral: el espacio se transfiere en un uso memorial porque los actores hacen uso de cada una de sus condiciones, a objeto de levantar la definición que está presente en una agrupación como lo es Rajatabla: el compromiso es mayor cuando la audiencia, «mano en el mentón», espera sólo por el error de un actor o por cualquier equivocación ante nuestros ojos. Esto se apreció para quienes, en cambio, estábamos como espectadores, disfrutando objetivamente, sin prejuicios, el hecho actoral de modo natural. Este hecho acontecido entre las butacas demuestra que el espectador forma parte del quehacer teatral. No es, un espectáculo, igual al otro, según se tenga un público diferente, bien lo decía Peter Brook: que el éxito de un espectáculo dependía -y depende- del público y sus condiciones de contexto. Creo que esto nos explica porqué Rajatabla recoge frutos fuera del país: el público que está fuera de nuestro país sólo disfruta la composición. No la enjuicia. No pretendo, como gran parte de nuestra crítica, justificar conceptualmete. Sino poner en la palestra un estudio más objetivo de las relaciones comunicacionales que se establecen entre el público y el actor. Más aún, cómo incorpora el actor su lenguaje en un contexto social a veces contrario a su propia estética. Nos interesa cuando esto está integrado en la atmósfera que se hace presente. Y esta atmósfera, que está vinculado al espacio teatral conduce cualquier escenario hacia un final feliz. Pero siempre se impone el actor. Y en esta ocasión queda evidente la maestría actoral de cada uno. No hay desniveles, ni excesos. Incluso, y esto lo digo con toda responsabilidad, algunos arquetipos actorales intencionan el perfil de los personajes, como pudimos ver en Roberto Moll en su interpretación para figurar una conciencia de la escena. Elemento que usa el grupo como muestra y dominio de su lenguaje. Nada sobra, el ritmo se establece. Estoy seguro que merece un capítulo aparte encontrar los elementos que integran aquella relación semántica que nos permita puntualizar sobre el comportamiento del actor cuando se halla ante su conciencia escénica. De esta manera lamento que ha muchos nos les guste aceptar cuando se está frente a niveles de maestría actoral. Lo disfruté con la humildad del alumno.


(*) JUAN MANUEL MARTINS, escritor y dramaturgo venezolano, es director de la Editorial Ediciones Estival (Maracay-Venezuela).
Ha escrito y dirigido entre otras las siguientes obras: Terciopelo negro, A la mitad de la iguana, Tres cabezas muerden mejor que una, Preludio en tres autoestimas o la vida con Edith Piaf. Entre sus publicaciones se encuentran: Deseos de casa, Editorial la Liebre libre; Teatro y Literatura, Editorial La Liebre libre (Recopilación de ensayos de poetas como Eliot, Pessoa, O. Paz y Oscar Wilde en torno al teatro); Poética para el actor, editorial The Latino Press de Nueva York.
Colaborador de la página literaria Contenido del Periodiquito. Ha publicado diferentes artículos en la prensa regional, y extranjera. Colaborador en diferentes programas de mano de actividades culturales de la región.


Para contactarse con Juan Manuel Martins: estival@etheron.net
Sitio web: http://littheatrum.cjb.net


Suscríbete a Enfocarte.com y recibe las actualizaciones en tu e-mail






| Sumario | Editorial | Plástica | Galería I | Galería II | Fotografía | Especial | Literatura | Artículo | Cuento I | Cuento II | Poesía I | Poesía II | Poesía III | Opinión | Filosofía | Destacado | Cine | Teatro | Crítica |


| Home | Agenda | Staff | Colaboraciones | Directorio | Contacto | Promoción | Archivo | Buscador | Noticias | Concursos |
| Crea tu sitio |



- Imprime esta página -

 

Copyright © 2000-2002 Enfocarte.com /fvp.
Prohibida la reproducción de cualquier parte de este sitio web sin permiso del editor. Todos los derechos reservados.