DE UN MENDIGO EN WASHINGTON SQUARE
...Y viendo el humo de su incendio, dieron
voces,
diciendo: ¿Qué ciudad era semejante a esta
gran ciudad?
Apocalipsis, 18:18
Habría mirado las bóvedas multiplicándose
en alargadas filas contra la lluvia.
¿Cuál es el arroz, cuál ese conejo
alado de Cimabue,
dónde está el yeso que trajeron de Umbría
las intercesoras,
aquellas madres primeras de mi especie?
Era una mesa blanca, casi traslúcida,
vestida para la exageración y el desprecio.
Podría ser nebuloso patíbulo,
aunque nunca tablón ritual de aniversarios.
Un opulento pasajero enciende las lámparas.
Los comensales -mis hermanos- han muerto ya.
El arco solar se ha derribado.
¿Qué carpintería nómade para
esta bacanal de Narciso?
¿No miras sumergirse la casa? -pregunta la figura-.
Del robo de las pieles nace el vuelo.
Y así empieza la historia.
El musgo ofrece un ácido perfume
a patio de destierro, a caireles dispersos
entre los matorrales donde juega el niño del triciclo
rojo.
(Ahora reconstruye risas en mitad de su cráneo.)
¿Era la distancia de la diferencia?
¿Los harapos de la más cruel cercanía?
¿O la abisal condición para destituir a su
rey,
el valimiento de un iluso crucificándose?
Rotan las cláusulas.
Se instalan en éxtasis de Pound todos los enunciados.
Pensó en la cabeza comida por insectos de su padre,
en el jugo incalculable, ahora seco,
rondando entre los dientes del pequeño difunto.
Fuiste un agujero, la grieta de mi corazón - afirma
la figura-.
No habla.
Aun antes de acostarse del lado del vacío,
gesticula.
(Un llamado de hidra ha regresado a la cueva.)
Brevísimo, respiran todavía sus membranas.
Nada es legendario en la dársena sacrílega.
¿En qué madejas del segundo tiempo merodeará
esta geometría del verdugo?
Va adentrándose en la palabra carente:
palabra sin inicial; juzgamiento de vigilia.
Grazna y husmea.
Que no suplique ayuda con un arpón en la boca.
Se abrieron las sienes de mi escalofrío.
Cavidades lechosas donde hubo un pasado,
¿por qué duermen así, junto a la espuma?
Son los habituales.
Son los faústicos delatores.
Son los imaginados.
Son los que agitan la lepra bajo pieles fastuosas.
¿Retornarían desde un mísero exilio?
Muerdes madera en el poema, invención extremada.
Fermentan las hojas.
Desciendo los escalones y aspiro en cuclillas
el temible torbellino de la idolatría.
Es el ruinoso chacal de esta profanación.
Lanza increíbles objetos.
Al reflejarse en el revés de un espejo de bronce
-mira paciente, hiberna con traidores-,
dibuja la espantosa raíz del simulacro.
New York, 22-IX-2000
(de su libro Navegar por el enigma)
AQUEL ROBERT BROWNING SALIENDO DE LA HIERBA
Viento que has gastado el sol con tu secreta
lámpara, apenas
el asco por el mundo
y ni siquiera el albor como un insuperable ramo de prodigios
que desde la pesadilla no llega.
Vengo a ti cuando soy nadie.
¿Cómo estará tu canción resplandeciente
entre carbones fríos?
No se destruiría el espanto con esta posesión.
El viviente reclama agua arrastrándose en un cuarto
de hotel
lleno de libros y de sombra caníbal, mis testigos.
Es insostenible tu amor reclinado para siempre entre los
muertos,
el curvado rostro derritiéndose en su hoguera,
agravado quizás en la pasión sin sosiego de
los días.
Has vuelto a arrojar sombra donde hubo tinieblas,
a quemarme el corazón con esta sangre.
¿Qué carne, vieja criada de las telarañas,
riendo a solas?
No hay terrazas para ver la tempestad.
No hay pleamares, furiosas danzas de escarnio.
No hay impaciencia de fruto en este infierno.
So is the murder managed, sin conceived
to the full: and why not crowned with triumph too?
Why must the sin, conceived thus, bring forth death?
Vengo a ti cuando soy nadie.
Señor inacabado en el hambre, acógeme.
GENEALOGIA DE CRIMENES ESPLENDIDOS
Nada me asusta más que la falsa
serenidad
De un rostro que duerme...
Jean Cocteau, Plain-Chant
No el regreso de un porvenir abandonado
sin sosiego en los lechos terrestres.
No el verano con un palpable resplandor entre invasores,
y otra herida creciendo como lenta enredadera
en la piel del delirio.
No el pequeño cadáver de mi infancia
flotando (con su boca abierta) en la inmensa laguna.
No el arcángel quemado, entre las maquinaciones del
espanto
y la obstinada majestad del ruego.
No las elementales maravillas del amor en la hierba.
No la profanada canción, la hoguera luminosa.
No los párpados fatídicos que devoran y resisten
la desesperación de los otros.
No el balbuceo de aquel dios en su cruz.
No la incertísima tempestad del reposo.
No las madrigueras de la piedad,
la hambrienta cueva que empolla toda angustia.
No la precariedad del ojo en la distancia.
No verdades habitables bajo el musgo de sospechas,
ajenas a mi carne y al olor diferente.
No el alarido devastado.
No las mansiones de razón: su más pura palabra.
No un laberinto de alacranes en cautiverio.
No el letárgico aroma de mis muertos mendigos.
No las hembras de chacal junto al sudario.
No este archipiélago hundido en mi memoria.
No la implacable codicia del vicario.
No la torpe desnudez entre las piedras,
aquélla que no cava el deseo.
No quien se inclina ante las jaulas
y duerme según la herrumbre de cuerpos mutilados.
No el que nunca oyó a los ojos.
No el visible matorral; siempre el oculto.
No la fiebre que no sana.
No el perverso matarife en este país de brumas.
No la boca sin cesar del desterrado.
No el estremecido inquisidor de los huesos.
Golpea la puerta.
¿Quién permanece en el desierto heroico
con las manos calientes?
¿Por qué fui hijastro y huésped del
infierno?
Te hablo con la sangre deshecha de los hombres.
BAHIA DE TODOS LOS SANTOS, enero de 2000
INFIERNOS PRIVADOS PARA EL MONSTRUO
Y sus vestidos se volvieron resplandecientes,
muy blancos...
Marcos, 9:3
Prisiones se cierran a tu paso.
De mimbre rojo son los dedos del malabarista.
Vastas progenies me cercan.
¿No se reflejan suntuosas las entretelas del crimen?
Himnos de Adán negro suben desde los ojos.
La cabeza es de hierro, moribundo amarillo
hasta la cercanía.
Un diminuto sol cae sobre el desierto blanco.
Así, el niño inscribe fisura y permanencia.
¿Cuál será el lujo de abandono en este
Paraíso?
Turmalina y topacio y luego este oleaje.
Has abierto las puertas de lino.
Muelles donde dibujas la sed.
Roma, Catacumbas de San Calixto, 9-X-1999
REPRESENTACIÓN DEL ÚLTIMO E INNOMINADO
Ha dicho:
-Hijo, un animal demasiado
solitario se come a sí mismo.
Sara Gallardo, Eisejuaz
A Antonia Lloret Hernández
Sigue al que camina tras la herida.
Observa al que camina con las manos oscuras.
Sobre su propia boca un corazón
nacido para ser destrozado con jirones de escarcha,
pronunciado ante el lince de la misericordia,
dice el amor.
¿No era espléndido el castigo en ese incendio?
Horus de los dos horizontes,
Har-em-akhet al borde de un precipicio,
Señor de la roja Athribis,
Har-hekenu con tu enigma rojo
en cuevas de la araña,
Resplandeciente sin orillas,
Reminiscencia del sol ciego,
Sumergido entre las plumas de Orión,
Envuelto en la piel quieta de Su Rostro,
bienvenido a esta tierra.
El cráneo de tu hambre
diviniza la mansión que fulgura.
Madrid, 14-IX/Granada,
24-IX-2001
VIGILIA DE LOS ESTIGMAS
Pájaro de ceniza que sobrevuela
donde es máscara
la pérdida del cuerpo.
¿De qué intercesoras
ocultarías esa luz, la tigra
de la sed persistiendo en aquelarres?
Altas hierbas
formarían un ataúd con la máscara.
En las esferas de la nada
no hubo nunca un lugar para el naúfrago.
Zurces basurales con tu sombra.
Subes y subes hasta entrar.
Madrid, 18/19-IX-2001
MUJER EN TRANCE POR LA HUIDA DE LAS ESTRELLAS FUGACES
(Miró, 1969)
Desnuda música en el resplandor de
los cráneos.
Las dunas huyen entre carcajadas.
Robo legumbres de mi impostura.
¿Cómo sería la aurora
de los amortajados bajo el viento?
La sangre es la pocilga de esta soledad.
Los caparazones fijan en la piel
otros tatuajes.
¿Cómo sería la aurora
de los amortajados?
¿Cómo sería mi amortajado
bajo el viento?
Alveolos que caen,
criatura durmiente,
la reina exhuma vidrios
del carro de la sed.
¿Cómo palpitar
sin calcinarse en la lluvia?
Segovia, 15-IX-2001
LA DANZA
Paréceme una cueva donde guardar los
hilos
que estallarían el aceite y la saliva
levantados como sudarios por el júbilo negro.
Me río en la albura de esta profanación:
¿Son manicomios los que ríen
por mi perdida sangre, por tu perdida
/osamenta,
por el tejido de llagas?
Entre ellos va cayendo una mansión.
El germen vela a la hija más fría
de Xangó con su perro entre los pastizales.
¿Ante qué liquen era el milagro
de tu muerte hundida por un tigre que vuela?
La sed pregunta por la herida,
discurre en percepciones de rocas
de un planeta exhalado para el amor,
para otros altares.
No hay víctimas sin red,
ni lajas sepulcrales sin declives.
El soplo desnudo es un caballo.
Paréceme trepar como gramilla lejana,
tal vez humo.
Trinidad (Cuba), 15-I-2002