Patricia Suárez

 

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Estuvimos una noche en Portland

.....

estuvimos una noche en Portland
en la estación,
esperando;

dulces de la máquina de a un dólar
me supieron agrios

....

personas dormían en el suelo
a la espera
del próximo ómnibus
o de algo como un próximo ómnibus
para irse a otra parte
casi a cualquiera otra parte
fuera de Portland:

estaban todo el día solas.

....

afuera nevaba;
la nieve impregna hoy todas mis visiones
de Portland

....

una mujer muy rubia
tapó a su marido con una manta escocesa
y lo arrulló;
después durmió junto a él
en el suelo.
Dos ardillas hibernando.

Yo me dije que éso
era el matrimonio
y me puse pensativa.

....

Pensé y pensé durante la noche
cada vez más y más,
quizá fuera por el aburrimiento.

....

alguien gritó ¡Serge!
y no hubo nadie que se volviera.

...

dijo la anciana mejicana
a su hijo,
rendido de sueño
sobre su hombro
como en la infancia:

cuida de tu sombrero,
hijo mío.

...

viajaban a Los Angeles,
pero venían de muy al norte;
su equipaje eran
cestos
y bolsas de nylon.

macabremente
rodó el chiste
de si llevaban vivo
un chupacabras
en un canasto

...

la chica venía llorando
desde Seattle:
chica rara
que rompiste con tu novio
a la vista de todos nosotros;

no conocíamos las palabras
para compadecerte,

para calmarte.

....

olíamos distinto en esos días
como a ceniza
tomábamos cerveza irlandesa
tiritábamos

....

veo todavía en sueños
la manada de alces
cruzar la ruta
intensamente
y a los coches
detenidos,
sus motores ronroneando
con respeto.

....

hubo un momento en que partimos
yo no recuerdo muy bien cuándo fue

la estación se revolvía dormida.
Nosotros,
probablemente,
nos marchamos

...

y los pañuelos de papel
que usó la chica rara
para secarse las lágrimas
fue lo último que vi,
como nieve solapada
colada del cielo
-el cielo terrible- de Portland.



Cumpleaños / el asunto de la edad

1.
Torturaron a Willy
-a quien llamaban el Viejo-
con el asunto de la edad,
hasta que él respondió:
No crean que mis años son
como los del perro.

2.
¿Por qué, preguntó una mujer
mayor, muy flaca,
y de quien yo sabía
que bailaba danzas árabes,
todo el mundo se preocupa
por el asunto de la edad,
cuando en realidad,
vamos todos, todos,
por el mismo camino?

3.
El Mono brindó:
Claro que no será esto
Vancouver,
pero acá tengo mi vaso
de cerveza
y ahí enfrente está
el río.

4.
¿Te casaste?,
preguntó Roberto a
Silvi y agregó:
Estás más gordita.

Sus ojos pardos
se tornaron grises.

5.
Se alabó al champán
Fresita
como si proviniera
verdaderamente
de una fuente
de agua viva

6.
Sopló Willy una sola vela
pero le advirtieron:
cada cereza que hay
es un año
de tu edad.

7.
Miré en un momento
los árboles
-creo que eran plátanos-
y me pregunté si estarían
durmiendo
las lechuzas
que vimos una vez.

8.
Te recordé en aquella cena ya tarde
cuando te calzaste
los lentes
diciendo que si había lechuzas
las verías sí o sí,
como si hubieras sido un
superhéroe de la vista

felices ambos de pasar la noche
juntos
felices ambos

9.
(Esa sola frase,
esa sola,
cifra
el pasado:

felices ambos).

10.
Miré el paisaje y pensé
que el primer poema
que escribí
era sobre una situación
idéntica:

una reunión
y el río.

11.
Kike ordenó que sonriéramos
y pronunciáramos
Salchicha parrillera

(yo recordé aquella fotografía
que nos tomaste en Vancouver
a Carly, a Cheryl y a mí
en casa de Joelle;
y a Carly,
su cara de niña-bibliotecaria
diciendo:
Patrisha: say cheese;
mi nombre sonaba de otra manera
en sus bocas)

nos apretamos demasiado
para entrar en el estómago
de la cámara
para que al final diagnosticaran:
El fotógrafo está borracho:
capaz que ésta sale movida.

12.
Cuando Joelle
hablaba de sus amigas
las llamaba:
Carly, la flaca
y Cheryl, la fuerta.

De eso nos hemos reído
varias veces.

13.
y el apellido de Joelle
era Ciona,
parecía italiano,
pero en realidad
era de Ucrania,
y la c había venido
a reemplazar la dz original
porque todo nombre,
como ella explicó,
está destinado
a deformarse,
a divorciarse
de sus orígenes.

14.
¿Y cuántos años habían pasado
para que la dz se hiciera c?

¿Sufren también las palabras
el asunto de la edad?

15.
Volví del cumpleaños
con la nariz
flechada
por el sol:

aquellos árboles,
calculé,
no daban buena sombra.


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