Especial de poesía húngara

LÁZLO KÁLNOKY (1)
Traducido por Rodrigo Escobar Holguín y Vera Székács(2)

 

El fiasco de la creación

Aletas, piernas, élitros, tentáculos,
brazos, pinzas, cabezas a granel,
troncos humanos, perfectos o feos,
en inmenso caldero se revuelven.

De pronto el agua turbia del caldero
por una vara tosca es removida,
y en un latir feroz los corazones
desnudos con dolor se contorsionan.

El bodrio empieza a enfriarse muy despacio.
Y el hacedor ahora ya no sabe
qué hacer con él, su cara se oscurece

y ante la creación, fiasco inconfeso,
quiere huir a través del laberinto
de su espacialidad bizca y curvada.



El reverso de la luz

Jirones azulosos de viento cansado,
monotonía de ademanes rígidos.
Roído de polillas, un rostro naufraga
en los grises enjuagues del ocaso.

Un ruido casi imperceptible:
la caída de un ramo en la memoria.

Una terraza; hierbas amarillas
Crecen sobre la gran mesa de piedra.
Se cenó aquí una vez, quien lo creyera,
se partieron los panes quejumbrosos.

Sombras enjutas, magras, aquí pasan,
imágenes de muertos ha mucho se deslizan
ignorando las manos que se tienden.

Si al fin llegara una de ellas,
y en sus cabellos, estrellas fugaces
y en su mirada ejércitos murieran,
lo oscuro de su huella
sería el reverso de la luz que escapa.



La casa vieja

Se enrojece un jardín otoñal enmalezado,
donde brillan opacos, a través de la niebla,
los fuegos de hojarascas ardiendo, y la espesura
cubre la estatua pétrea y tiene aspecto
de una informe escultura enverdecida.
Ni para qué entrar en los cuartos,
donde en ventanas rotas y espejos herrumbrosos
bailan sombreas movidas por el viento,
y el color ha escapado del papel de los muros.
No puede absolver a nadie
al forastero a quien le concedieran
un plazo más aún sobre la tierra;
tampoco adentro habría que romperse
el grillete que la aprieta la frente.

Mejor es huir lejos,
atravesar el puente sin barandas,
o ver abajo del agua color hierro,
donde su rostro es óvalo deforme,
y su boca un rectángulo crispado.



El encuentro que no será

En vernos más allá no creas.
Ni yo lo creo. En el tiempo infinito
dos veces no se da la misma cosa.
Nuestra oportunidad nula sería.
Todavía puedo sostener tu mano.
Te inclinas sobre mí por ver si duermo.
Pero al final lo oscuro va a tragarse
nuestros rasgos. Entonces ya seremos
el uno para el otro como aquellos
que vivieron en siglos diferentes.
Más ajenos que imágenes de hombre
y mujer, que se ignoran uno a otro
mientras cuelgan en vano de la misma
pared, en el salón de algún castillo
antiguo, donde siempre más espesas
sombras se van colando en la ventana.



(1)Nació en 1912 en la ciudad de Eger, Hungría del Norte, y murió en 1985, en Budapest. Se graduó en Derecho, y trabajó por varios años como consejero en el Ministerio del Interior, y luego como bibliotecario y editor, en la más grande Editorial de literatura de Budapest.
Su primer libro de poemas, Az árnyak kertje (El jardín de las sombras), fue publicado en 1939, y reveló su excepcional sentido de las formas poéticas. Desde 1957 hasta su muerte se dedicó primordialmente a su propia poesía, y vivió de la traducción de poetas clásicos y modernos. Entre los dramas que figuran en su inmensa obra de traductor, está la segunda parte del Fausto de Goethe. Premio Baumgarten en 1947, Premio József Attila en 1963 y en 1972, Premio Robert Graves en 1970. 12 libros de poemas y un libro póstumo.
En su poesía vigorosa, de tonos oscuros, plasmada en un lenguaje conciso, de ritmos sutiles, y rica en imágenes a veces alucinantes que brotan de lo más hondo con una nitidez extrema, se manifiesta una visión desilusionada y trágica del mundo, quizá la más trágica de toda la poesía húngara. El dolor de sus tonos seria insoportable sin el humor acerbo que se esconde en el fondo de sus visiones y surge a veces con una fuerza elemental. Fue uno de los poetas de su generación que se libró más pronto de las rimas. Y en su último período se libró de la mayoría de los instrumentos poéticos para crear una mezcla personalísima entre prosa moderna, de lenguaje gris cotidiano, y poesía épica deliberadamente anticuada.

(2) Las poesías pertenecen al libro EL REVERSO DE LA LUZ, Cuatro Poetas Húngaros, editado por la Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, Editorial Orpheusz, Budapest.

 


Attila József I Attila József II Ágnes Nemes Nagy
János Pilinszky Sándor Weöres Lázlo Kálnoky


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