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del siglo XX -
Nota: En el último año de su vida,
Jószef considero solicitar un trabajo en un banco,
en donde se requería escribir un CURRÍCULO VITAE...
CURRICULUM VITAE
(Febrero, 1937)
Nací en 1905, en Budapest, soy ortodoxo de religión.
Mi padre -el extinto Áron József- se expatrió
cuando yo tenía tres años y la Asistencia Pública
me envió a Öcsöd, donde fui criado por campesinos.
Fue allí donde viví hasta la edad de siete años.
Trabajaba como lo hacen en general los niños pobres
del campo; cuidaba cochinos. Cuando cumplí siete años,
mi madre -la extinta Borbála Pócze- me llevó
de nuevo a Budapest y me inscribió en el segundo grado
de la escuela primaria. Mi madre lavaba y hacía trabajos
domésticos para mantenernos a mis dos hermanas y a
mí. Ella trabajaba en casas ajenas y allí permanecía
de la mañana a la noche. Entregado a mí mismo,
sin vigilancia, yo vagabundeaba y mataba el tiempo. Pero en
mi libro de lectura de tercer grado hallé historias
interesantes acerca del rey Attila y me lancé a la
lectura.
Los cuentos relativos al rey de los hunos no sólo
me interesaban porque yo también me llamaba Attila,
sino porque en Öcsöd mis padres adoptivos me habían
llamado Pista(1). Después de un conciliábulo
entre los vecinos, escuchado por mí, ellos habían
llegado a la conclusión de que el nombre de Attila
no existía. Esto me había llenado de estupor,
como si fuera mi propia existencia lo que ponían en
duda. El descubrimiento de las historias del rey Attila ejerció,
creo yo, una influencia decisiva sobre mi orientación
y, en fin de cuentas, a ello se debe que yo me haya vuelto
hacia la literatura, que haya aprendido a reflexionar, y que
me haya convertido en un hombre que escucha las opiniones
ajenas, pero pasándolas por el tamiz de su propia experiencia;
un hombre que responde cuando le llaman Pista, antes de haber
verificado lo que pensaba en el fondo de sí mismo,
es decir, que su nombre era Attila.
Contaba nueve años de edad cuando estalló
la guerra mundial. Nuestra suerte empeoraba sin cesar. Tenía
que hacer la cola frente a las tiendas. A veces yo tomaba
mi turno en la tienda de víveres a las nueve de la
noche, y a las siete y media de la mañana, cuando llegaba
mi número, se reían en mis narices diciéndome
que ya no había grasa.
Ayudaba a mi madre como podía. Vendía agua
en el cinematógrafo Világ. Para calentarnos,
robaba carbón y madera en la estación de Ferencváros.
Confeccionaba juguetes de papeles de colores y se los vendía
a los niños más ricos que yo. Llevaba cestas
y paquetes al mercado, etcétera.
Durante el verano de 1918, pasé unas vacaciones en
Abazia gracias a la Acción Real para las Vacaciones
de los Niños. En esta época mi madre ya estaba
enferma, tenía un fibroma y yo mismo me presenté
en la Asistencia Pública: fue así como partí
para una breve estadía en Monor. De regreso en Budapest,
vendí periódicos, comercié con sellos
y luego con billetes blancos y azules(2) como un aprendiz
de banquero. Durante la ocupación rumana, vendí
pan en el café Emke. Entre tanto, después de
haber terminado el quinto grado de la escuela primaria, asistí
al Curso Complementarlo.
Durante las navidades de 1919, mi madre murió y el
Servicio de Huérfanos escogió como tutor a mi
cuñado Ödön Makai, el cual acaba de morir.
Durante una primavera y un verano, trabajé a bordo
de las barcazas Vihar, Török y Tatár de la
compañía de navegación Atlánica.
Después, sin haber asistido a las clases, pasé
el examen de cuarto grado del Curso Complementario y me gradué,
luego de lo cual mi tutor y el doctor Sándor Giesswein
me enviaron al seminario de los Hermanos Salesianos en Nyergesújfalu.
No permanecí allí más que quince días
en total debido a mi condición de ortodoxo y no de
católico. De allí fui enviado a Makó,
al colegio Demke, donde no demoré en obtener una plaza
gratuita. En verano, daba clases en Mezóhegyes a cambio
de la comida y el alojamiento. Terminé el sexto grado
del liceo con la mención de sobresaliente. Y no obstante,
debido a los trastornos ocasionados por la pubertad, yo había
intentado suicidarme en varias ocasiones. Es cierto que no
tenía entonces, como antes, nadie cerca de mí
que me guiara con sus consejos amistosos. Fue en esa misma
época cuando aparecieron mis primeros versos. La revista
Nyugat(3) publicó poemas que había escrito a
la edad de diecisiete años. Me consideraron un niño
prodigio, y sin embargo no era sino un huérfano. Al
terminar el sexto grado, abandoné el liceo y el internado,
pues, en mi aislamiento, me sentía desocupado: no estudiaba,
pues me sabía la lección tan pronto el profesor
la explicaba, mi certificado y la mención de sobresaliente
dan, por otra parte, fe de ello. Trabajé en Kiszombor
como obrero agrícola, jornalero, y luego me contrataron
como preceptor. Aconsejado por dos de mis profesores, que
sentían afecto por mí, decidí, no obstante,
presentarme al bachillerato. Pasé el examen de séptimo
y octavo grados de una sola vez y así terminé
un año más temprano que mis antiguos condiscípulos.
Sin embargo, como no había dispuesto más que
de tres meses para estudiar, pasé el examen de séptimo
grado con buenos resultados, pero el de octavo con notas mediocres.
Mi carné de bachillerato presentaba notas mejores que
el de octavo grado. Sólo en húngaro y en historia
obtuve el aprobado. Ya en aquella época me habían
acusado por haber blasfemado el nombre de Dios en un poema:
el Tribunal Supremo me absolvió.
Luego de haber sido durante cierto tiempo representante
de librería en Budapest, en la época de la inflación
fui empleado por el banco Mauthner. Después de la introducción
del sistema Hintz, me pasaron a la contabilidad y, para gran
disgusto de mis compañeros de más edad, fui
encargado de controlar los valores que estaba permitido emitir
los días de pago. Mi voluntad de trabajo fue un tanto
lesionada por el hecho de que mis mencionados colegas echaban
sobre mí una parte de su propio trabajo, que de ese
modo yo tenía que realizar aparte del mío. Además,
ellos no dejaban de fastidiarme a causa de mis poemas que
se publicaban en la prensa. "Cuando yo tenía su
edad, también escribía versos", decían.
Más tarde, el banco quebró.
Decidí que al fin y al cabo sería escritor
y que trataría de hallar alguna ocupación burguesa
en relación estrecha con la literatura. Me inscribí
en la Facultad de Letras de Szeged para estudiar húngaro,
francés, y filosofía. La matrícula comprendía
cincuenta y dos horas de clases por semana y, al fin del semestre,
pasé un examen obteniendo la mención de sobresaliente.
Pagaba mi alojamiento con los honorarios de mis poemas publicados.
Me había sentido muy orgulloso de que mi profesor
Lajos Dézsi me estimara con aptitudes para emprender
estudios independientes. Pero quedé definitivamente
desalentado cuando el profesor Antal Horger, con quien debía
pasar el examen de lingüística húngara,
me declaró, ante dos testigos -aun hoy sé sus
nombres; ellos son profesores- que, mientras él viviera,
yo nunca podría llegar a ser profesor de liceo. "Pues,
me dijo, poniéndome en la cara un ejemplar del periódico
Szeged, a un hombre que escribe semejantes cosas, nosotros
no podríamos confiarle la educación de las generaciones
futuras". Se habla a menudo de la ironía de la
suerte y aquella en realidad fue una ironía, pues el
poema incriminado, Corazón puro, pronto se volvió
célebre. Siete artículos le fueron consagrados.
Lajos Hatvany ha declarado en varias ocasiones que. "para
conocimiento de los tiempos futuros" aquel era el testimonio
de toda la generación de post-guerra. Ignotus, por
su parte, acariciaba, mimaba, mecía, murmuraba este
maravilloso poema, según escribió en la revista
Nyugat, y en su arte poética lo presentó como
modelo de la nueva poesía.
Al año siguiente -yo tenía entonces veinte-
fui a Viena y me inscribí en la Universidad. Para vivir,
vendía periódicos a la entrada del Rathaus-Keller
y realizaba la limpieza de los locales de la Academia Húngara
de Viena. Cuando el director, Antal Lábán, se
enteró, quiso que aquello terminara. Ordenó
que me dieran la comida en el Collegium Hungaricum y me consiguió
alumnos: los dos hijos del director general del Banco Anglo-Austríaco,
Zoltán Hajdu. De Viena, donde yo me albergaba en la
miseria (no me había acostado en sábanas durante
cuatro meses), me convertí, sin transición,
en el huésped del castillo Hatvany, en Hatvan, y luego
que la dueña de la casa, señora de Albert Hirsch,
me suministró dinero para el viaje, partí hacia
París a fines del verano. Allí, me inscribí
en La Sorbona.
El verano siguiente fui a la costa del mediodía de
Francia, a un pueblo de pescadores.
Luego regresé a Pest. Asistí durante dos semestres
a los cursos de la Facultad de Budapest: no realicé
sin embargo mis exámenes de profesorado pues, evocando
la amenaza de Antal Horger, estaba convencido de que de ningún
modo obtendría una plaza. El lnstituto del Comercio
Exterior me empleó entonces, desde su creación,
en trabajos de correspondencia en húngaro y en francés.
Mi antiguo director general, el señor Sándor
Kóródi, está dispuesto, creo yo, a dar
referencias acerca de mí. En esa época, no obstante,
la suerte me golpeó de modo tan imprevisto que, por
más endurecido que yo estuviese, no lo pude soportar.
Primero me enviaron a un sanatorio, luego me dieron permiso
por enfermedad, a causa de mi neurastenia. Abandoné
mi oficina, comprendiendo que, siendo tan joven, no podía
permanecer a cargo de una institución. Desde entonces
vivo de lo que escribo. Soy redactor de la revista literaria
y crítica Szép Szó (4).
Además de mi lengua materna, el húngaro, escribo
y leo el francés, y escribo perfectamente a máquina.
He aprendido igualmente la taquigrafía: un mes de práctica
sería suficiente para refrescar mis conocimientos.
Tengo alguna experiencia en materia de emplane de periódicos.
Sé componer según las reglas. Me considero un
hombre de honor, creo poseer agilidad mental y constancia
en el trabajo.
Attila József
(1) Diminutivo de Iván.
(2) Durante la inflación que se produjo en Hungría
en los años de post-guerra. circulaban dos tipos diferentes
de billetes, unos blancos y otros azules, con los cuales se
especulaba. Los primeros tenían más valor que
los segundos.
(3) Occidente.
(4) Argumento.