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Viscoso e Hijos anuncia la próxima publicación
de Los poemas anotados de Sean O'Shawn, el gran poeta
irlandés, considerado por muchos estudiosos como el más
incomprensible y por tanto el más sutil de su tiempo.
Por abundar el poeta en referencias muy personales, todo intento
de aproximación a la obra de O'Shawn requiere un conocimiento
íntimo de su vida, que, según los especialistas,
ni él mismo tuvo.
Les ofrecemos un fragmento de este excelente
libro.
Más allá del Icor
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Zarpemos. Zarpemos con el
Mentón de Fogarty hacia Alejandría,
Mientras los hermanos Beamish
Se precipitan con risotadas a la torre,
Orgullosamente exhibiendo las encías.
Un millar de años ha pasado desde que
Agamenón exclamase: «No abráis
Las puertas, ¿quién demonios necesita
Un caballo de madera tan grande?».
¿Dónde está la relación?
Sólo en Que Shaunnesy, con su apestoso
Aliento, no quiso pedir un
Aperitivo con el menú aunque
Tenía derecho a hacerlo.
Y el bueno de Bixby, a pesar de su
Semejanza con un pájaro carpintero,
no consiguió que sin el ticket
Le devolviera Sócrates su ropa interior.
Parnell sabía la respuesta, pero
Nadie le formularía la pregunta.
Nadie, excepto el viejo Lafferty, cuya
Broma de lapislázuli indujo a
Toda una generación a tomar
Lecciones de samba.
Cierto, Homero era ciego y eso
Justifica por qué salía con aquellas
Extrañas mujeres.
Pero Egno y los Druidas proporcionan
Mudo testimonio a la busca por el hombre
De libres modificaciones.
Blake también soñó con eso, y
O'Higgins, a quien el traje
Robaron en lo más arduo de su empeño.
La civilización tiene forma de
Círculo y se repite a sí misma, mientras que
La cima del O'Leary tiene forma de
Trapezoide.
¡Regocijaos! ¡Regocijaos! y llamad a vuestra Madre
de
vez en cuando.
Zarpemos. O'Shawn era muy aficionado a navegar, aunque
nunca lo había hecho por mar. De niño soñaba
con ser capitán de barco, pero renunció más
tarde, cuando le explicaron lo que eran los tiburones. Su hermano
mayor James, sin embargo, se enroló en la Marina inglesa,
pero fue degradado por venderle ensalada de coles a un contramaestre.
Mentón de Fogarty. Indudablemente
una referencia a George Fogarty, quien convenció a O'Shawn
de que se hiciera poeta y le aseguró que a pesar de ello
le invitarían a fiestas. Fogarty publicó una revista
para dar a conocer nuevos poetas que, si bien su circulación
se limitaba a su madre, tuvo un impacto internacional.
Fogarty era un irlandés rubicundo y jovial
cuya idea de la diversión consistía en tumbarse
en la plaza pública para imitar a unas tenacillas. Finalmente,
sufrió un colapso nervioso y fue detenido por comerse
un par de pantalones en Viernes Santo.
El mentón de Fogarty era objeto de grandes
burlas porque era diminuto hasta el punto de la inexistencia,
y en el velatorio de Jim Kelly le confió a O'Shawn: «Daría
cualquier cosa por un mentón más grande, y si
no lo encuentro pronto acabaré por cometer alguna temeridad».
Fogarty, dicho sea de paso, fue amigo de Bernard Shaw y en una
ocasión le fue permitido tocarle la barba al comediógrafo,
con tal de que se marchase.
Alejandría. Las referencias al
Oriente Medio aparecen en la obra entera de O'Shawn, y su poema
que empieza «Hacia Belén entre la espuma de cerveza...»
versa cáusticamente sobre el negocio de hostelería
visto a través de los ojos de una momia.
Los hermanos Beamish. Dos hermanos subnormales que intentaron
ir de Belfast a Escocia echándose mutuamente al correo.
Liam Beamish fue al colegio de los jesuitas con
O'Shawn, pero le expulsaron por vestirse de castor. Quincy Beamish
era el más introvertido de los dos y llevó un
cojín en la cabeza hasta los cuarenta y un años.
Los hermanos Beamish solían tomarla con
O'Shawn y por lo general se le comían el bocadillo antes
de que pudiese hacer nada. Aun así, O'Shawn les recuerda
con afecto, y en su mejor soneto, «Mi amor es como un
yak grande, muy grande», aparecen simbólicamente
en forma de mesas de té.
La torre. Al abandonar O'Shawn la casa
de sus padres, se instaló en una torre al sur de Dublín.
Era una torre muy baja, de un metro y medio de altura, es decir,
un par de centímetros más baja que O'Shawn. Compartía
esta vivienda con Harry O'Connel, un amigo con pretensiones
literarias, cuyo drama en verso Almizcle de buey fue
retirado bruscamente de cartel al envenenarse con cloroformo
la compañía.
O'Connel ejerció una gran influencia en
el estilo de O'Shawn y fundamentalmente le convenció
de que no era preciso que todos los poemas empezasen: «Rojas
son las rosas, azules son las violetas».
Orgullosamente exhibiendo las encías.
Los hermanos Beamish tenían unas encías excepcionalmente
buenas. Liam Beamish podía quitarse la dentadura postiza
y masticar pistachos, lo que hizo a diario durante dieciséis
años hasta que alguien le explicó que no existía
tal profesión.
Agamenón. O'Shawn estaba obsesionado
por la guerra de Troya. Le era imposible creer que un ejército
pudiese ser tan estúpido como para aceptar un regalo
de sus enemigos en tiempo de guerra. Sobre todo cuando se acercaron
al caballo de madera y oyeron risitas ahogadas en su interior.
Según parece este episodio le traumatizó y a lo
largo de su vida no hubo regalo que no examinase muy cuidadosamente,
llegando hasta el punto de enfocar con una linterna unos zapatos
que le regalaron por su cumpleaños gritando: «¿Hay
alguien ahí? ¿Eh? ¡Salga inmediatamente!».
Shaunnesy. Michael Shaunnesy, un escritor
místico y ocultista, que convenció a O'Shawn de
que habría otra vida después de la muerte para
aquellos que llevasen el string más pequeño.
Shaunnesy creía también que la
luna influía en las acciones y que cortarse el cabello
durante un eclipse total provocaba la esterilidad. O'Shawn apreciaba
mucho a Shaunnesy y dedicó buena parte de su vida a estudiar
el ocultismo, aunque nunca llevó a cabo su meta definitiva
de conseguir entrar en una habitación por el ojo de la
cerradura.
La luna aparece con enorme frecuencia en los
últimos poemas de O'Shawn, quien le contó a James
Joyce que uno de sus placeres era sumergir el brazo en mostaza
durante una noche de luna.
La alusión a la negativa de Shaunnesy
a tomar un aperitivo se refiere probablemente a la ocasión
en que los dos hombres cenaron juntos en Innisfree y Shaunnesy
le tiró garbanzos con una paja a una dama obesa que se
hallaba en desacuerdo con sus puntos de vista sobre el embalsamiento.
Bixby. Un fanático político
que preconizó la ventriloquia como remedio para los males
del mundo. Fue un gran estudioso de Sócrates, pero disentía
del filósofo griego en su concepto de la «buena
vida», el cual consideraba Bixby imposible a menos que
todo el mundo tuviera el mismo peso.
Parnell sabia la respuesta. La respuesta
a que O'Shawn se refiere es «Latón» y la
pregunta es «¿Cuál es la exportación
principal de Bolivia?». Que nadie formulase a Parnell
esta pregunta es comprensible, si bien en cierta ocasión
se le desafió a que nombrase el mayor cuadrúpedo
peludo existente y contestó «el pollo», por
lo cual fue objeto de severas críticas.
Lafferty. El pedicuro de John Millington
Synge. Un personaje fascinante que tuvo una apasionada aventura
con Molly Bloom mientras no descubrió que era un personaje
ficticio.
A Lafferty le entusiasmaban las bromas y una
vez, con crema de maíz y huevo, le aplanó a Synge
el arco de los pies. De resultas Synge empezó a caminar
de una manera peculiar, y sus seguidores le imitaron, confiados
en que, si copiaban sus andares, también ellos escribirían
comedias de valor. De ahí los versos: «Indujo al
Toda una generación a tomar / Lecciones de samba».
Homero era ciego. Homero es un símbolo
de T. S. Eliot, a quien O'Shawn consideraba un poeta de «inmensa
extensión, pero muy escasa envergadura».
Los dos hombres se conocieron en Londres en los ensayos de Asesinato
en la catedral (que se titulaba entonces Las piernas
de un millón de dólares). O'Shawn persuadió
a Eliot de que se quitara las patillas y que olvidase toda veleidad
que pudiese abrigar de convertirse en bailarina española.
Ambos compusieron luego un manifiesto para declarar los fines
de la «nueva poesía», uno de los cuales consistía
en escribir poemas que versaran sobre conejos.
Egno y los Druidas. O'Shawn estaba influido
por la mitología céltica, y su poema que comienza
«No vistáis al desnudo, al desnudo, al desnudo...»,
cuenta cómo los dioses de la antigua Irlanda convirtieron
a dos amantes en una colección de la Enciclopedia
Británica.
Libres modificaciones. Es probable que
aluda al deseo de O'Shawn de «modificar la raza humana»,
que consideraba fundamentalmente depravada, en especial los
jockeys. O'Shawn fue ante todo un pesimista y opinaba que nada
bueno saldría de la humanidad hasta que la temperatura
del cuerpo descendiese a partir de los 37° C, exorbitante
en su opinión.
Blake. O'Shawn era un místico y,
al igual que Blake, creía en las fuerzas invisibles.
Esta creencia se arraigó en él cuando su hermano
Ben fue fulminado por un rayo mientras lamía un sello
de correos. El rayo no consiguió matar a Ben, lo que
atribuyó O'Shawn a la Providencia, pero transcurrieron
diecisiete años antes de que su hermano pudiera meter
de nuevo la lengua dentro de la boca.
O'Higgins. Patrick O'Higgins fue quien
le presentó a O'Shawn a Polly Flaherty , quien se convertiría
en esposa del poeta tras un noviazgo de diez años, durante
el cual no hicieron los dos otra cosa que verse a escondidas
y jadear mutuamente. Polly jamás comprendió el
alcance del genio de su marido y confió a los íntimos
su opinión de que sería recordado no por sus poemas
sino por su hábito de emitir un penetrante alarido antes
de comer manzanas.
La cima del O'Leary. El monte O'Leary,
donde O'Shawn se declaró a Polly un momento antes de
que ella cayese rodando. O'Shawn la visitó en el hospital
y conquistó su corazón con su poema «Sobre
la descomposición de la carne».
Llamad a vuestra madre. En Su lecho de
muerte, la madre de O'Shawn, Bridget, rogó a su hijo
que abandonase la poesía y se convirtiera en viajante
de aspiradores. O'Shawn no pudo prometerle tal cosa y la angustia
y el remordimiento le atormentaron el resto de su vida, aunque
en la Conferencia Internacional de la Poesía, en Ginebra,
les vendió a W. H. Auden y a Wallace Stevens un Hoover
a cada uno.
(*)Texto publicado en el libro Cuentos sin Plumas, Tusquets
Editores.
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