El genio irlandés (*)
por WOODY ALLEN
Traducción: José Luis Guarner

 


Viscoso e Hijos anuncia la próxima publicación de Los poemas anotados de Sean O'Shawn, el gran poeta irlandés, considerado por muchos estudiosos como el más incomprensible y por tanto el más sutil de su tiempo. Por abundar el poeta en referencias muy personales, todo intento de aproximación a la obra de O'Shawn requiere un conocimiento íntimo de su vida, que, según los especialistas, ni él mismo tuvo.

Les ofrecemos un fragmento de este excelente libro.



Más allá del Icor


Zarpemos. Zarpemos con el
Mentón de Fogarty hacia Alejandría,
Mientras los hermanos Beamish
Se precipitan con risotadas a la torre,
Orgullosamente exhibiendo las encías.
Un millar de años ha pasado desde que
Agamenón exclamase: «No abráis
Las puertas, ¿quién demonios necesita
Un caballo de madera tan grande?».
¿Dónde está la relación?
Sólo en Que Shaunnesy, con su apestoso
Aliento, no quiso pedir un
Aperitivo con el menú aunque
Tenía derecho a hacerlo.
Y el bueno de Bixby, a pesar de su
Semejanza con un pájaro carpintero,
no consiguió que sin el ticket
Le devolviera Sócrates su ropa interior.
Parnell sabía la respuesta, pero
Nadie le formularía la pregunta.
Nadie, excepto el viejo Lafferty, cuya
Broma de lapislázuli indujo a
Toda una generación a tomar
Lecciones de samba.
Cierto, Homero era ciego y eso
Justifica por qué salía con aquellas
Extrañas mujeres.
Pero Egno y los Druidas proporcionan
Mudo testimonio a la busca por el hombre
De libres modificaciones.
Blake también soñó con eso, y
O'Higgins, a quien el traje
Robaron en lo más arduo de su empeño.
La civilización tiene forma de
Círculo y se repite a sí misma, mientras que
La cima del O'Leary tiene forma de
Trapezoide.
¡Regocijaos! ¡Regocijaos! y llamad a vuestra Madre de
vez en cuando.



Zarpemos. O'Shawn era muy aficionado a navegar, aunque nunca lo había hecho por mar. De niño soñaba con ser capitán de barco, pero renunció más tarde, cuando le explicaron lo que eran los tiburones. Su hermano mayor James, sin embargo, se enroló en la Marina inglesa, pero fue degradado por venderle ensalada de coles a un contramaestre.

Mentón de Fogarty. Indudablemente una referencia a George Fogarty, quien convenció a O'Shawn de que se hiciera poeta y le aseguró que a pesar de ello le invitarían a fiestas. Fogarty publicó una revista para dar a conocer nuevos poetas que, si bien su circulación se limitaba a su madre, tuvo un impacto internacional.

Fogarty era un irlandés rubicundo y jovial cuya idea de la diversión consistía en tumbarse en la plaza pública para imitar a unas tenacillas. Finalmente, sufrió un colapso nervioso y fue detenido por comerse un par de pantalones en Viernes Santo.

El mentón de Fogarty era objeto de grandes burlas porque era diminuto hasta el punto de la inexistencia, y en el velatorio de Jim Kelly le confió a O'Shawn: «Daría cualquier cosa por un mentón más grande, y si no lo encuentro pronto acabaré por cometer alguna temeridad». Fogarty, dicho sea de paso, fue amigo de Bernard Shaw y en una ocasión le fue permitido tocarle la barba al comediógrafo, con tal de que se marchase.

Alejandría. Las referencias al Oriente Medio aparecen en la obra entera de O'Shawn, y su poema que empieza «Hacia Belén entre la espuma de cerveza...» versa cáusticamente sobre el negocio de hostelería visto a través de los ojos de una momia.


Los hermanos Beamish
. Dos hermanos subnormales que intentaron ir de Belfast a Escocia echándose mutuamente al correo.

Liam Beamish fue al colegio de los jesuitas con O'Shawn, pero le expulsaron por vestirse de castor. Quincy Beamish era el más introvertido de los dos y llevó un cojín en la cabeza hasta los cuarenta y un años.

Los hermanos Beamish solían tomarla con O'Shawn y por lo general se le comían el bocadillo antes de que pudiese hacer nada. Aun así, O'Shawn les recuerda con afecto, y en su mejor soneto, «Mi amor es como un yak grande, muy grande», aparecen simbólicamente en forma de mesas de té.

La torre. Al abandonar O'Shawn la casa de sus padres, se instaló en una torre al sur de Dublín. Era una torre muy baja, de un metro y medio de altura, es decir, un par de centímetros más baja que O'Shawn. Compartía esta vivienda con Harry O'Connel, un amigo con pretensiones literarias, cuyo drama en verso Almizcle de buey fue retirado bruscamente de cartel al envenenarse con cloroformo la compañía.

O'Connel ejerció una gran influencia en el estilo de O'Shawn y fundamentalmente le convenció de que no era preciso que todos los poemas empezasen: «Rojas son las rosas, azules son las violetas».

Orgullosamente exhibiendo las encías. Los hermanos Beamish tenían unas encías excepcionalmente buenas. Liam Beamish podía quitarse la dentadura postiza y masticar pistachos, lo que hizo a diario durante dieciséis años hasta que alguien le explicó que no existía tal profesión.

Agamenón. O'Shawn estaba obsesionado por la guerra de Troya. Le era imposible creer que un ejército pudiese ser tan estúpido como para aceptar un regalo de sus enemigos en tiempo de guerra. Sobre todo cuando se acercaron al caballo de madera y oyeron risitas ahogadas en su interior. Según parece este episodio le traumatizó y a lo largo de su vida no hubo regalo que no examinase muy cuidadosamente, llegando hasta el punto de enfocar con una linterna unos zapatos que le regalaron por su cumpleaños gritando: «¿Hay alguien ahí? ¿Eh? ¡Salga inmediatamente!».

Shaunnesy. Michael Shaunnesy, un escritor místico y ocultista, que convenció a O'Shawn de que habría otra vida después de la muerte para aquellos que llevasen el string más pequeño.

Shaunnesy creía también que la luna influía en las acciones y que cortarse el cabello durante un eclipse total provocaba la esterilidad. O'Shawn apreciaba mucho a Shaunnesy y dedicó buena parte de su vida a estudiar el ocultismo, aunque nunca llevó a cabo su meta definitiva de conseguir entrar en una habitación por el ojo de la cerradura.

La luna aparece con enorme frecuencia en los últimos poemas de O'Shawn, quien le contó a James Joyce que uno de sus placeres era sumergir el brazo en mostaza durante una noche de luna.

La alusión a la negativa de Shaunnesy a tomar un aperitivo se refiere probablemente a la ocasión en que los dos hombres cenaron juntos en Innisfree y Shaunnesy le tiró garbanzos con una paja a una dama obesa que se hallaba en desacuerdo con sus puntos de vista sobre el embalsamiento.

Bixby. Un fanático político que preconizó la ventriloquia como remedio para los males del mundo. Fue un gran estudioso de Sócrates, pero disentía del filósofo griego en su concepto de la «buena vida», el cual consideraba Bixby imposible a menos que todo el mundo tuviera el mismo peso.

Parnell sabia la respuesta. La respuesta a que O'Shawn se refiere es «Latón» y la pregunta es «¿Cuál es la exportación principal de Bolivia?». Que nadie formulase a Parnell esta pregunta es comprensible, si bien en cierta ocasión se le desafió a que nombrase el mayor cuadrúpedo peludo existente y contestó «el pollo», por lo cual fue objeto de severas críticas.

Lafferty. El pedicuro de John Millington Synge. Un personaje fascinante que tuvo una apasionada aventura con Molly Bloom mientras no descubrió que era un personaje ficticio.

A Lafferty le entusiasmaban las bromas y una vez, con crema de maíz y huevo, le aplanó a Synge el arco de los pies. De resultas Synge empezó a caminar de una manera peculiar, y sus seguidores le imitaron, confiados en que, si copiaban sus andares, también ellos escribirían comedias de valor. De ahí los versos: «Indujo al Toda una generación a tomar / Lecciones de samba».

Homero era ciego. Homero es un símbolo de T. S. Eliot, a quien O'Shawn consideraba un poeta de «inmensa extensión, pero muy escasa envergadura».


Los dos hombres se conocieron en Londres en los ensayos de Asesinato en la catedral (que se titulaba entonces Las piernas de un millón de dólares). O'Shawn persuadió a Eliot de que se quitara las patillas y que olvidase toda veleidad que pudiese abrigar de convertirse en bailarina española. Ambos compusieron luego un manifiesto para declarar los fines de la «nueva poesía», uno de los cuales consistía en escribir poemas que versaran sobre conejos.

Egno y los Druidas. O'Shawn estaba influido por la mitología céltica, y su poema que comienza «No vistáis al desnudo, al desnudo, al desnudo...», cuenta cómo los dioses de la antigua Irlanda convirtieron a dos amantes en una colección de la Enciclopedia Británica.

Libres modificaciones. Es probable que aluda al deseo de O'Shawn de «modificar la raza humana», que consideraba fundamentalmente depravada, en especial los jockeys. O'Shawn fue ante todo un pesimista y opinaba que nada bueno saldría de la humanidad hasta que la temperatura del cuerpo descendiese a partir de los 37° C, exorbitante en su opinión.

Blake. O'Shawn era un místico y, al igual que Blake, creía en las fuerzas invisibles. Esta creencia se arraigó en él cuando su hermano Ben fue fulminado por un rayo mientras lamía un sello de correos. El rayo no consiguió matar a Ben, lo que atribuyó O'Shawn a la Providencia, pero transcurrieron diecisiete años antes de que su hermano pudiera meter de nuevo la lengua dentro de la boca.

O'Higgins. Patrick O'Higgins fue quien le presentó a O'Shawn a Polly Flaherty , quien se convertiría en esposa del poeta tras un noviazgo de diez años, durante el cual no hicieron los dos otra cosa que verse a escondidas y jadear mutuamente. Polly jamás comprendió el alcance del genio de su marido y confió a los íntimos su opinión de que sería recordado no por sus poemas sino por su hábito de emitir un penetrante alarido antes de comer manzanas.

La cima del O'Leary. El monte O'Leary, donde O'Shawn se declaró a Polly un momento antes de que ella cayese rodando. O'Shawn la visitó en el hospital y conquistó su corazón con su poema «Sobre la descomposición de la carne».

Llamad a vuestra madre. En Su lecho de muerte, la madre de O'Shawn, Bridget, rogó a su hijo que abandonase la poesía y se convirtiera en viajante de aspiradores. O'Shawn no pudo prometerle tal cosa y la angustia y el remordimiento le atormentaron el resto de su vida, aunque en la Conferencia Internacional de la Poesía, en Ginebra, les vendió a W. H. Auden y a Wallace Stevens un Hoover a cada uno.


(*)Texto publicado en el libro Cuentos sin Plumas, Tusquets Editores.



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