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Nací en 1946, un año después del
fin de la Segunda Guerra Mundial. Mis padres sobrevivieron
las penurias de la evacuación y regresaron a Riga,
en ese entonces bajo la ocupación soviética.
Crecí entre la población de habla rusa de
Latvia, y ésta se convirtió en mi raíz.
Me gradué como ingeniero en aviación aunque
nunca trabajé de eso, en su lugar me uní
como diseñador al equipo de efectos especiales
de los Riga Motion Studios. Tenía unos veinte años
y mi relación con el arte era muy pobre. En ese
momento el realismo social era la oficiaba la cultura
del país, y poco me importaba. A su vez, era muy
difícil acceder a información sobre el arte
moderno occidental, y mi conocimiento sobre éste
era muy limitado.
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Comencé a tomar fotografías a los diecinueve,
motivado por el deseo de crear una propia visión
y estilo. Me involucré con el retrato y algunas
imágenes documentales, pero pronto los resultados
dejaron de satisfacerme. Dejé mi cámara
de lado y me concentré en la lectura de Dostoevsky,
Bulgakov, y en el cine Tarkovsky y Parajanov. Me encontraba
constantemente en la búsqueda de una expresión
a mis sentimientos y pensamientos a través de la
fotografía. Un año más tarde, ésto
se presentó en mí claro y simple. Decidí
fotografiar Conceptos. En 1972 creé mi primer y
más importante imagen, Conffesion. De inmediato
reconocí las posibilidades potenciales de un acercamiento
conceptual y la noción que adquirí con esa
imagen se convirtió desde entonces en la columna
vertebral de toda mi producción.
En 1974 luego de años de descontento con las autoridades
comunistas, dejé mi país y llegué
a los Estados Unidos.
Convencional contra Conceptual
¿Apunto mi cámara exteriormente hacia el
mundo que existe o hacia mi alma? ¿Saco fotos de
la realidad tangible o creo mi propio mundo, tan real
como inexistente? Los resultados entre estos dos enfrentados
abordamientos son notablemente disímiles y, en
mi opinión, la fotografía conceptual resulta
una forma superior de expresión artística,
que la instala al nivel de la pintura, la poesía,
la música y la escultura. Utiliza el talento especial
que posee una visión intuitiva. Al traducir los
conceptos personales al lenguaje fotográfico, se
reflejan posibles respuestas a las mayores incertidumbres
de la humanidad: el nacimiento, la muerte, la vida. Crear
una idea y convertirla a la realidad es el proceso esencial
de la fotografía conceptual.
El enfoque convencional de hoy en día, salvo
pocas excepciones, domina completamente el arte fotográfico.
Pero la introducción de la fotografía digital
puede cambiar este desequilibrio. La facilidad para producir
realidades alteradas, traerá una nueva ola de talentosos
artistas, quienes usarán esto para expresar sus
particulares universos de visiones, con todos sus significados,
símbolos y misterios. ¿En un mundo de avanzadas
tecnologías se podrá creer aún en
la veracidad de la fotografía? ¿Importa
esto? Para mí importa. En todos estos años
creando imágenes conceptuales, he intentado hacerlas
lo más realistas posibles. Mis habilidades técnicas
han mejorado, permitiéndome ensanchar horizontes
para mis ideas.
Pero esta no es la parte más importante del proceso.
Un concepto pobre, aunque perfectamente ejecutado, crea
una fotografía pobre. Por eso, el ingrediente más
importante de una imagen poderosa es el concepto. Talento
para crear un concepto y habilidad para desarrollarlo,
esta es la combinación para una fotografía
conceptual contundente.
No es nueva la idea de manipular imágenes fotográficas.
De hecho, en cierto grado, toda imagen se manipula. El
verdadero poder de la fotografía surge cuando la
realidad alterada se presenta como existente, y se da
por supuesta. Una imagen evidentemente manipulada acaba
siendo engaño que muestra la carencia de comprensión
del particular poder que posee la fotografía: grabar
fehacientemente en nuestro subconsciente que lo capturado
por la cámara ha existido. En el mejor ejemplo
de la imagen exitosamente manipulada, nunca surgiría
la pregunta "¿Es esto real?"
Desde el comienzo, esta manipulación me advirtió
cuan similares son la técnica digital y la analógica.
Ambas tienen sus ventajas y desventajas. Hasta el momento
no encuentro razón para pasarme a la digital. Todavía
prefiero la incomparable calidad de la copia original
y el laborioso proceso de archivado. Sin embargo, creo
que es una cuestión de tiempo para que la tecnología
digital remplace a la análoga, y un acercamiento
conceptual reciba su merecido lugar dentro del arte de
la fotografía. También quiero creer que,
dentro de muchos años, los artistas continuarán
desarrollando el lenguaje fotográfico, comprendiendo
y preservando su singular poder.
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