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Laura Cottingham: Las obras que comenzó
a mostrar, hace ya unos cinco años, parecían trabajos
de bajo desarrollo técnico como de la época
de recesión americana, como los de Weston o Stieglitz,
o la fotografía naturalista temprana.
Zoe Leonard: No podría estar más
lejos de la estética de Weston. El heredero de Weston
es, no en términos del contenido pero sí formalmente,
alguien como Mapplethorpe.
Cottingham: Estaba pensando más en la clase de objetos
y lugares que acostumbra a fotografiar - el océano, paisajes
naturales fotografiados desde el aire...
Leonard: Pero la fotografía de Weston trata
sobre de la perfección. Sobre la luz cayendo perfectamente
en el papel, sobre la sensualidad de las formas. Lo que me atrae
de fotografía no es tanto un acercamiento artístico,
es más bien documental. No solo la fotografía
periodística sino también los otros papeles que
la fotografía ha jugado fuera del contexto del arte:
fotografía aérea de reconocimiento, ciencia y
fotografía médica, fotos familiares. Todas las
formas en las cuales los seres humanos han documentado el mundo
intentando su ordenamiento, su consumo, su dirección,
o su sustento en cierto sentido.
Cottingham: Pero, usted no está obviamente
interesada en una exploración formalista de la fotografía.
Sus fotografías son tan antiformalistas.
Leonard: No considero mi trabajo como antiformalista.
No estoy realmente interesada en ponerme en contra de otros
artistas u otras formas del arte, mostrándolo mal. Hago
el trabajo que hago pues así pienso. Estas son las cosas
que me motivan. Esta es mi clase de belleza, me gustan las cosas
que sorprenden por su quietud. He desarrollado un lenguaje técnico
que trabaja para mí. Disparo en blanco y negro. Copio
la foto entera. Nunca retoco. Realizo en general muchos disparos
sobre un mismo objeto o tema, pero me toma meses o hasta años
elegir y dar con la imagen que buscaba. Trabajo generalmente
con imágenes durante mucho tiempo, copiándolas
en distintos tamaños y papeles, probando diferentes productos
químicos y exposiciones hasta que encuentro la impresión
final. Existen muchas decisiones formales. La idea es adquirir
estos aspectos formales para concentrarse y trabajar sobre el
concepto.
Cottingham: Cuando me refiero a una estética
formalista, me estoy refiriendo a un formalismo resuelto desde
afuera. No estoy diciendo sin forma. Viniendo de mí,
antiformalista, bajo desarrollo técnico no son insultos
- aunque los artistas suelen ponerse a la defensiva cuando digo
bajo desarrollo técnico pues el hiperformalismo está
atrincherado cual una prioridad en la estética de nuestro
sistema.
Leonard: No pienso que la forma y el contenido puedan estar
separados. La estética no existe en el vacío.
Si a usted le gusta un conjunto de Chanel, es porque hay un
cúmulo de razones por las cuales le gusta ese conjunto.
Cottingham: Lo estético no solo es
la moda - quizás sea, pero no solamente eso. Y, tal vez,
la moda sea más de lo que insinúo. ¿No
obstante, usted se opone a mi comentario sobre que sus fotografías
contienen un bajo desarrollo técnico?
Leonard: Yo no discutiría eso. Mi trabajo
está completamente arraigado a cierto acercamiento formal.
No son pinturas ni dibujos. Son fotografías. Quiero que
el espectador se dé cuenta de esto. Por esto copio la
imagen completa. Si hay un rasguño en el negativo, lo
dejo allí. La aspereza en mis impresiones es mi manera
de dar lugar al espectador sobre mis procesos, el proceso de
la fotografía. Pienso que por mucho tiempo la fotografía
se ha considerado pobremente dentro de las artes. El máximo
elogio que se le podría rendir a un fotógrafo
es decirle que "su trabajo es muy plástico".
Si deseara algo plástico o que parezca una pintura, pintaría.
Mi trabajo es tomar fotografías, usar una cámara
para observar que hay en el mundo. Así lo presento, tal
como sucede en la cámara: sin matizarlas, enmarcarlas,
o cortarlas.
Cottingham: Pero esta es mi pregunta: ¿es
su rudimentaria técnica una indicación al espectador
para que observe las asociaciones en torno a la imagen, y no
las virtudes técnicas que hay o no en el objeto de arte
por como éste haya sido realizado?
Leonard: Sí, se trata de proporcionar una
señal. Pero si vamos a hablar de esto, debemos comenzar
con la pregunta básica: ¿Por qué la fotografía?
¿Por qué este medio? Por supuesto hay muchas aplicaciones
de la fotografía, de artistas como Cindy Sherman que
esencialmente documentan una acción, o foto reporteros
como Susan Meiselas o Donald McCullum, o artistas como Penn
y Weston. Para mí la fotografía es intrínseca
a la observación. Es estar en el presente y tener una
inequívoca perspectiva sobre él, sobre el mundo
que me rodea. No se trata tanto de crear, o de mi imaginación
- como podría serlo el dibujo. Es más una cuestión
de respuestas. Elegir observar determinados objetos o situaciones.
No es solo lo qué estoy mirando sino también cómo
lo miro. La fotografía baraja una noción de absoluta
verdad. Cuando la gente mira una fotografía, la cree.
Creemos que representa la realidad, creemos que un retrato puede
mostrar el verdadero carácter de alguien. Si mira una
foto creerá que realmente sucedió de esa manera.
Las fotos son "testimonios". Mis fotografías
se arrastran a lo largo de ese borde. Documento el mundo, pero
desde mi propio e influenciado punto de vista. Deseo crear al
espectador dentro del proceso de observación, y que juntos
logremos ver estas cosas. Deseo mostrarle lo que veo. Tomo fotos
de lo que me mueve. A veces esto es la belleza - cascadas, el
océano. Cosas que me llenan de sobrecogimiento. A veces
son evidencias de nuestra cultura. Cosas que me asustan, me
disgustan, o me enojan. Lo frustrante de todo esto es que si
estoy sintiendo algo o deseo expresar ciertos pensamientos,
debo encontrar algo realmente fuera de mí que me lo represente
visualmente, algo en el mundo a qué sacarle fotos.
Cottingham: En sus imágenes de museos
la relación con el espectador ya está contextualizada
por el hecho que usted está fotografiando artefactos
del museo. Está tomando algo que ya se ha enmarcado...
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Leonard: Estoy re-enmarcando. Pidiendo a la gente que tenga
una segunda mirada. No solo a los objetos sino a cómo
se visualizan. Tomé fotos en el Museo de Historia Natural
de Venecia. Había salas llenas de cabezas de animales.
No había carteles ni información - solo las paredes
cubiertas, del suelo al techo, con los trofeos - cabezas en
los muros, pieles y animales embalsamados en el suelo. Era espeluznante
y repugnante. Dice mucho sobre la gente que montó esa
colección. Eso no es una muestra sobre la historia natural,
es sobre cazadores y coleccionistas. Sobre la necesidad de dominar
y controlar, y por lo tanto, implícitamente, sobre nosotros
mismos. Más adelante, comencé a fotografiar en
museos de historia de la medicina. Comenzó cuando vi
la foto de un modelo anatómico en cera de una mujer con
perlas en una guía turística en Viena. Ella pulsó
un acorde en mí. No pude parar de pensar en ella. Contenía
todo lo que deseaba decir en ese momento, una sensación
intestina, mantenía deseo y repulsión al mismo
tiempo. También resultaba relevante en términos
históricos, era un ejemplo claro del sexismo en la medicina.
La perversidad de esas perlas, su pelo largo y rubio. Continué
con este trabajo a pesar de lo sangriento y deprimente que resultaban
las imágenes. Tuve un shock cuando encontré la
cabeza de una mujer barbuda. No podía creer que ahí
estaba la cabeza de esa mujer, embalsamada dentro un frasco.
La campana de cristal estaba sobre un archivo en la esquina
de un cuarto, en un oscuro museo de París, un lugar cerrado
al público en general (parte de la escuela de la medicina
en la universidad de París). Su cabeza fue puesta en
ese frasco para que sea observada. Pero no solo es su cabeza
lo que veo. Veo la campana de cristal, la tarjeta de identificación
del espécimen, el zócalo de madera tallado. Veo
un conjunto de circunstancias implicadas. ¿Quién
había estado a su cargo? ¿Quién puso la
cabeza de esa mujer en un frasco y lo llamó ciencia?
Me encontraba motivada por ella, impaciente por saber más
sobre su vida, por cómo había sido. Pero, estas
fotografías no dicen mucho sobre ella. No se la puede
conocer viendo aisladamente su cabeza. Estas fotos hablan sobre
nuestra cultura, sobre una obsesión institucional con
diferencias. Esos modelos anatómicos fueron hechos en
el siglo XVII, y pusieron a esa mujer bajo la campana de cristal
a fines del siglo XIX, aunque encuentre contemporáneas
a estas imágenes, el sistema que puso su cabeza en una
campana de cristal todavía está en este lugar.
El mundo apenas ha cambiado.
Cottingham: ¿Cómo pasó
de tomar fotografías de nubes a fotografías de
objetos de museos, de fotos sobre la "naturaleza "
a fotos sobre la "cultura"?
Leonard: Tomo fotos de todo lo que me fascina
o me compromete. Aun fotografío la naturaleza. Pero,
usted sabe, de algún modo creo que la crisis del SIDA
e implicarme en movimientos activistas me llevaron hacia otra
dirección. No de una manera obvia, mi trabajo no trata
sobre el SIDA ni en la mayoría de mis obras se muestran
claras ideas políticas, pero acabo sí llena de
rabia. Comencé a averiguar más cosas, y a conocer
la historia, para examinar las estructuras de nuestro mundo,
a los sistemas y a la gente que lo hace tan injusto y cruel.
Esto fue cuando comencé con este historial médico
y empecé a sentirme conectada a sus imágenes.
También me he sentido enormemente inspirada por el trabajo
de otras personas, quienes fueron confrontantes y exigentes
con sus obras sin apartarse nunca de los propios sentidos de
la belleza, en especial el de David Wojnarowicz.
Cottingham: La primera vez que vi la fotografía
de la mujer barbuda, creí que era un hombre que llevaba
una gargantilla. Ese es, por supuesto, el punto. Al asumir conocer
el sistema de castas sexuales del siglo XIX, y que la ropa y
los accesorios personales estén estrictamente determinados
por su género, pues entonces o la barba o la gargantilla
están fuera de lugar. Resulta interesante que decidiera
que era la cultura (el collar), y no la naturaleza (la barba),
quien estaba "equivocada".
Leonard: Lo que considero interesante sobre esta
pieza es que no hay prueba de género dentro de la campana
de cristal. Eso podría ser un hombre con pendientes y
una gargantilla. Me dijeron que es la cabeza de una mujer barbuda,
pero no hay prueba del sexo en su cabeza. La verdadera pregunta
sobre esa pieza es: ¿Qué está haciendo
aquí esta cabeza? Si no hay pruebas de su sexo, no hay
nada que estudiar, ningún propósito científico.
¿Por qué está en la campana de cristal?
Cuando estaba en el museo, todo lo que me dijo el profesor Delmas
fue que ella trabajó en un circo y murió a finales
de siglo. ¡Deseo saber lo que está haciendo aquí!
Deseo saber más sobre su vida y del tratamiento que le
dieron luego de su muerte. ¿Ella donó su cuerpo
antes de morir? ¿Consiguió algo de dinero a cambio?
¿Firmó algún acuerdo? ¿Lo hizo su
familia? ¿Dónde está el resto del cuerpo?
¿Fue enterrado? ¿Cómo la adquirió
el museo y por qué? Aún intento conseguir más
información.
Cottingham: Veo una conexión entre la
"mujer barbuda" y su obra en Documenta, porque, básicamente,
pone sus órganos genitales en el museo. De alguna manera,
colocó el sexo de la "mujer barbuda" en otro
museo.
Leonard: No lo había pensado en estos términos,
pero existe una conexión. De hecho, en un momento había
pensado en instalar las fotos de la mujer barbuda en la Neue
Galerie. Ambas obras evocan la presencia de la mujer en la poderosa
institución occidental. La obra de Documenta es claramente
más agresiva e irreverente. Tenía una oportunidad
real de intervenir en el museo. Tenía mucho entusiasmo
en hacer esto. La obra de la mujer barbuda es mucho más
seria para mí. Es una obra realmente triste y que me
enfurece, porque puedo mostrar lo que le sucedió a esta
mujer pero no puedo intervenir, ella está muerta. Siento
mucha responsabilidad en cómo trabajo con ella, en cómo
la represento. Ella ya no tiene ninguna opinión.
Cottingham: ¿Qué hay sobre su
instalación en Documenta? ¿Qué responsabilidad
toma para representar a las mujeres que fotografió?
Leonard: Oh, vamos Laura, estas mujeres están
vivas. Sabían exactamente qué sucedería
y cómo se utilizarían. Sobre todo deseaban ver
las fotos y conseguir sus copias.
Cottingham: La instalación de Documenta
parece ser la más coextensiva con las imágenes
de moda, como las imágenes de Geoffrey Beene tomadas
por abajo, donde deja visible la entrepierna de la modelo. Parece
usted adoptar, o intentar adoptar, una mirada masculina - una
mirada que subordina mujeres a objetos. ¿Es esto para
conseguir una imagen más comercial? ¿Está
esta visión de moda relacionada a su obra de Documenta?
Leonard: Bueno, creo que sí. Para los
que se inician ambas son imágenes de entrepiernas. Ambas
obras resultan más atrevidas y cáusticas que mi
anterior trabajo. Voy un poco más allá, me permito
ser más humorística y agresiva. Ambas tienen cierta
tensión entre lo que supuse que se vería y lo
que realmente veo. En ambos casos, comencé con una idea
y acabé con algo completamente distinto. Quería
fotografiar espectáculos de moda, tenía todas
estas ideas sobre el adorno y la trampa, teorías sobre
botones y sostenes. Así pues, me escabullí entre
las colecciones - el gran desplomo de los espectáculos
de moda. Mi intención no era en absoluto espiar bajo
la falda de alguien. Disparé infinidad de fotos - más
de un centenar de carretes de película. Los momentos
más cargados fueron completamente inesperados. Cuando
el vestido de una modelo voló hacia arriba y pude ver
su ropa interior. Eso fue interesante. Esas resultaron ser las
mejores fotos. Trabajé con éstas y cayeron las
demás. En Documenta, también fueron en gran parte
instintivas. Cuando fui por primera vez a Kassel, la Neue Galerie
no era uno de los sitios que me ofrecían, pero algo me
cautivó e incomodó en sus pinturas. La sobriedad
de las salas, privadas de aire, el papel satinado de las paredes.
Pensé que eso podría ser interesante. Tuve sensaciones
que deseaba conseguir en ese lugar, pero no estaba segura cómo.
Deseaba dejar mi persona en la galería. Y a una fuerte
presencia femenina, direccionar mujeres como artistas, como
objetos de arte (modelos), como espectadoras del arte. Las pinturas
parecían un único monólogo, todas yendo
en una misma dirección. Pretendía inyectar mi
punto de vista, hacer de eso una conversación. Quería
hacer algo positivo y fuerte. El museo me provocaba incomodidad,
y deseaba conseguirlo allí. Ver si de alguna forma podía
cambiarlo. Como un niño, deseaba ser Van Gogh. Pero a
veces, deseaba ser una de las mujeres hermosas de las pinturas.
Estaba desgarrada. ¿Deseo ser Picasso o deseo ser una
de estas hermosas mujeres? ¿Qué satisface más?
¿Tuve alguna vez esa elección? Solía hojear
esto en un libro de fotografías de Man Ray en un estupor
virtual sobre Meret Oppenheim y Lee Miller. Por supuesto, en
ese entonces no tenía idea que estas mujeres eran artistas.
De forma similar, en los espectáculos de moda, veía
a las modelos. Las deseaba, les envidiaba su belleza, me daba
lástima su figuración como objetos y me disgustaba
todo ese ritual. Tenía previsto un conjunto mucho más
complicado de imágenes para Documenta, pero unos seis
días antes me fui a Alemania a instalarlas, y decidí
que todos esos complejos impulsos se contendrían en una
sola imagen: el sexo de una mujer. Esa única imagen sería
inerte y agresiva, eso representaría el invisible pero
implícito sexo en las mujeres de las pinturas, las artistas
inexistentes, y la nunca dirigida sexualidad de las mujeres
de las pinturas. Así pues, llamé a cada una de
las mujeres que conocía bien, y les pregunté si
podía fotografiar su vagina. Seis mujeres convinieron.
Sacamos las fotos en los siguientes días, las copié,
y al llegar a Kassel llevaba en mi bolso unas noventa fotos.
No era realmente lo que habían esperado. Decidí
quitar todos los retratos de hombres y paisajes, y sustituirlos
por las fotografías. Hay algunas pinturas con hombres,
pero son periféricas o ligadas muy específicamente
a la interacción con las mujeres. Un hombre sentado junto
a su esposa mientras ella amamanta, otro está pintando
un retrato de su esposa (ella aparece en la pintura dentro del
cuadro), otro está visitando a Cleopatra en su lecho
de muerte. Una vez que se montaron las imágenes, la galería
entera pareció cambiar. El lazo entre las fotos y las
pinturas fue asombroso. Todas las expresiones en los rostros
de la gente en las pinturas parecían responder a las
fotografías. Algunos eran graciosos, algunos conmovedores,
algunos sensuales. Una anciana sentada con las manos en su regazo,
con la mirada perpleja. Junto a esta, un primer plano de una
mujer con su mano sobre el clítoris, y al lado una naturaleza
muerta con un gran pescado. Algunas de las mujeres eran hermosas,
seductoras. Dos muchachas jóvenes, princesas, sentadas
juntas con cómplices miradas en sus rostros, otra mayor
miraba melancólica. Una parecía severa. Para mí,
existen lazos visuales primarios entre las mujeres. Como se
observan entre ellas al visitante a través de las salas
en la presencia de las fotografías. Las mujeres y su
sexo. Esto es lo que estaba ausente en las pinturas.
Cottingham: Quizás sus fotografías
entregan explícitamente la pornografía que las
pinturas solo traen de manera implícita. En ese sentido
colaboran, más que enfrentarse, con la tradicional objectificación
de las mujeres que sucede en la pintura.
Leonard: Todas esas pinturas fueron pintadas por
hombres, y en gran parte para los hombres Pero las estoy viendo.
Pienso que la instalación subraya que hay allí,
en las pinturas, y también que no está, que falta.
Me daba cuenta de la omnipresente mirada masculina, y pienso
que la obra dirige eso, pero los más interesantes en
mí fueron los pensamientos que tuve sobre esas mujeres.
Que hace doscientos años estas mujeres tenían
sexo, tenían deseos, se masturbaban, algunas eran lesbianas.
Probablemente algunas eran desgraciadas y reprimidas, pero también
algunas pudieron haber encontrado gran alegría y poder
en su sexualidad. Mire, yo no soy antiporno. Pienso que la imagen
sexual es buena. Es diversión, es atractiva. Y el sexo
está para el placer. El problema es quienes hacen pornografía,
quienes lucran con ella. Y para quién está hecha.
El problema es que no tratan a las mujeres como iguales, son
odiadas y abusadas. Aquí el problema no es la foto de
una vagina. No me interesa estar siempre atrapada en la crítica
mirada masculina. Tengo una mirada propia para mi pensamiento.
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Cottingham: Una de las cosas que resulta complicada en la
representación de órganos genitales femeninos,
es que una larga historia de representación pornográfica
precede cualquier tentativa contemporánea de resituar
la iconografía: la producción y la distribución
de la pornografía son las que definen. No es como si
estas imágenes, o los órganos genitales femeninos,
nunca hubiesen sido vistas. Se ha reproducido en la pintura,
generalmente por encargos privados, esta es la historia detrás
de la famosa pintura de Courbet. Las representaciones de órganos
genitales femeninos, en la pintura y en ese entonces también
en fotografía, fueron hechas expresamente para ser vendidas
a hombres de modo que pudieran hacer en privado con ellas lo
que no podían hacer literalmente hacer en los museos:
masturbarse. Pienso que es también importante recordar
que la sexualidad aun no tiene espacio libre: todas las prácticas
sexuales son circunscritas por otros determinantes políticos
y económicos. Las representaciones de órganos
genitales femeninos no solo tienen un uso sexual, o como catalizador
del orgasmo del espectador. También funcionan en otros
niveles no orgásmicos, tales como denotación (y
prueba) de la diferencia femenina o como evidencia de su carencia.
Por eso no sé si la única manera en que se lee
su instalación es en términos de intertextualidad
entre las fotos y las pinturas que usted describe. Usted también
está atrapada en lo que no puede ser eliminado: los restos
del voyeurismo masculino, tanto con relación a sus imágenes
como a las pinturas del siglo XVIII de mujeres vestidas aunque
con su marca femenina. Porque lo femenino ha sido construido
como un símbolo sexual, como un objeto sexual, la imagen
de la mujer aun la interpretamos de forma. ¿Ha sido esto
un conflicto para usted, lo había considerado?
Leonard: No puedo controlar el voyeurismo masculino.
Lo único que puedo hacer es señalarlo. Tan solo
pude confiar en mis instintos. Por supuesto estaba asustada,
y me sentí un poco a la defensiva y avergonzada mientras
duró la instalación. Creí que era un riesgo
que debía tomar. Otra cosa que quise intentar fue tomar
fotos de los genitales femeninos de forma distinta a cómo
los había visto fotografiados. Normalmente en el arte,
los genitales femeninos son invisibles, una curva discreta o
un montículo calvo. O en la más directa pornografía,
afeitados en un triángulo minúsculo, rosa, brillante
y pulcro. Quise fotografiarlos de la manera en que yo los veía
realmente, cada cual diferente.
(*) Laura Cottingham es crítico de arte y vive en Nueva
York desde 1992.
© 1993, Journal of Contemporary Art, Inc.
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