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"Lección
Primera, ¿Qué es el Arte?",
del libro Breviario de Estética de Benedetto Croce
Benedetto Croce (1866-1953) nació en
Pescasseroli, el 25 de febrero de 1866-1953. Siendo él muy
joven comenzó a residir Nápoles es donde
desarrolló la mayor parte de su actividad crítica
y filosófica, es considerado como el más eminente
representante del neohegelianismo y del neoidealismo italiano, pero en
muchos puntos su posición filosófica fue mucho
más allá de la neohegeliana. No sólo
por haber recibido otras diversas influencias -entre ellas las
positivistas y las historicistas de la tradición de Vico-,
sino también, y muy especialmente, porque el modo mismo de
plantear sus problemas centrales mostraba la insuficiencia del
neoidealismo. No es menos cierto, que la influencia del neohegelianismo
de la Italia del ochocientos, particularmente a través de
Bertrando Spaventa, parece determinar el origen de la
filosofía crociana. Croce se propuso aprovechar la riqueza
del pensamiento de Hegel, pero desprovisto de lo que, a su entender era
inesencial: el espíritu especulativo encarnado en la
orgía de una filosofía a priori de la Naturaleza
y de una construcción puramente artificiosa de la historia.
Croce subraya la dialéctica, la primacía del
pensamiento en la comprensión de la realidad y el
descubrimiento del Espíritu. Los aspectos y los grados del
Espíritu representan la mejor confirmación de
esta posibilidad de una dialéctica realmente viva, frente a
la cual desaparecerá toda rigidez y mecanización,
no solamente de lo real, sino de los propios conceptos. Esto es lo que
explicará la posibilidad de las síntesis,
así como, y muy especialmente, la posibilidad de un acceso
intuitivo a lo singular que no necesite disolverse en el
antirracionalismo de la intuiciones románticas. Pues el
acceso intuitivo tal como lo entiende Croce es, según se
revela en la estética, no una inefable
contemplación sino una voluntad de expresión, una
intuición en la cual la expresión constituye la
principal de las caras. Así, Croce hace lo que Hegel hizo
para su tiempo: una fenomenología del espíritu,
pero una fenomenología en donde la absorción de
los diferentes grados por una síntesis no equivalga a una
supresión, sino justamente a una afirmación de lo
distinto. La necesidad de la síntesis y la consiguiente
afirmación del carácter abstracto y negativo de
los opuestos no equivale, según Croce, a una
supresión de la autonomía de las realidades
diferentes. Sólo así es posible evitar la
absorción de todo lo real en lo idéntico en que
desemboca frecuentemente el idealismo romántico. La
fenomenología del espíritu de Croce, en que puede
resumirse su filosofía, tiene una apariencia constructiva,
aun cuando se sostenga en todas partes la necesidad de recurrir a la
realidad irreductible, a una realidad que tiene siempre la racionalidad
de fondo y la concreción como contenido. Los diferentes
grados del Espíritu se hallan implicados entre
sí; mejor dicho, constituyen una especie de
círculo en el cual no puede indicarse cuál es la
realidad primaria, porque cualquier grado se apoya en los restantes y a
la vez los completa. Según Croce el Espíritu
puede ser considerado en su aspecto teórico o
práctico: en el primero cabe considerarlo como conciencia de
lo individual, y este es el tema de la estética, o como
conciencia de lo universal concreto, y este es el tema de la
lógica; en el segundo cabe considerarlo como querer de lo
individual o economía o como querer de lo universal, o
ética. Cada una de estas partes de la filosofía
del Espíritu fue desarrollada por Croce con especial
detalle, buscando en todo momento aquello que podía
enlazarla con los grados restantes. Croce afirma así, en lo
que toca al arte, su carácter de comprensión
intuitiva de lo singular. Mas esta intuición no es la toma
de contacto inmediato con la naturaleza simple, al modo cartesiano,
sino lo que el propio autor llama "intuición
lírica", el hecho de expresar creadoramente una
impresión. De ahí la identificación
del arte con una "lingüística general" que es, en
el fondo, una teoría general de las expresiones. En la
lógica, Croce procura ampliar el marco tradicional al
buscar, como Hegel, lo concreto en el concepto y al sostener la
posibilidad de una comprensión conceptual de lo singular. El
pensamiento es de este modo una plenitud que jamás puede ser
confundida con la pura formalidad del concepto lógico;
más aun, el pensamiento es forzosamente, en cuanto
pensamiento, la plena verdad que comprende todos los momento, inclusive
el error, el cual se integra con la verdad y no puede,
consiguientemente, cuando menos desde el punto de vista rigurosamente
teórico, ser nada positivo.
En la filosofía práctica,
Croce vuelve sobre su primera adscripción de plenitud al
pensamiento; contra toda filosofía del sentimiento, sostiene
Croce que la emoción no existe sino como
vacilación entre la actividad teórica y la
práctica. Contra todo pragmatismo y todo vitalismo
activista, afirma Croce, que sólo la plenitud del pensar
puede dar un sentido a la vida. Mas esta afirmación no
equivale a negar la vida misma.; por el contrario, Croce intenta
continuamente establecer una síntesis de vida y pensamiento,
en la cual cada uno de estos dos elementos otorgue sentido al otro.
Semejante evasión de toda amenaza formalista queda
confirmada por la tendencia histórica de Croce, que se ha
manifestado concretamente en la preocupación por la historia
y la cultura no sólo en el aspecto teórico sino
práctico. La historiografía teórica y
práctica de Croce es así la coronación
de una filosofía que está enteramente penetrada
por la convicción de la universalidad concreta de lo
espiritual, convicción que, en el mismo sentido que inspiro
a Hegel, lo hace sentirse enemigo irreductible de quienes, en nombre de
lo racional puro, desconocen el valor y la función de la
evolución espirirtual y de la evolución
histórica, cuya riqueza solamente puede ser entendida,
según Croce, desde el punto de vista concreto y absoluto.
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