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Enfocarte.com agradece la colaboración
del Centro Cultural Borges por permitirnos realizar esta muestra
de Antoni Tàpies, y principalmente a Sandra Salem y al
Director Ejecutivo del centro, Roger J. Haloua.
Gestada en una tendencia de ruptura con el expresionismo
la obra de Tàpies es reconocida a partir del intento
de arribar a la abstracción total imponiendo específicamente
como valor absoluto la materia frente a la forma. Pintura
de relieves que, en el abandono de la representación
figurativa, deviene en un universo indeterminado y disperso
connotado por una intrincada simbología recurrente, en
el que prima la transformación de la materia en el anhelante
ímpetu de representar la continuidad primera de los elementos
materiales, eso es, el intento de exceder la distinción
entre el objeto representado y la materia con la que se lo representa.
Durante los primeros años de la posguerra reinaba en
el mundo del arte cierta pérdida de la orientación,
sobre todo en Europa, sobre la base de un rechazo hacia cualquier
tipo de pintura figurativa, sosteniéndose la idea que
la pintura abstracta era la única representación
artística posible para los países "libres"
occidentales, por su espontaneidad y su contenido no comprometido.
Si bien aquellos clásicos del mundo moderno que a principios
de siglo incursionaron en las vanguardias del expresionismo,
constructivismo y surrealismo se convirtieron en un lazo de
continuidad entre la pre y la posguerra, puede afirmarse sin
lugar a dudas, que en esta etapa se produce una reconceptualización
del arte, esto es, el inicio de una nueva era artística:
despojada de su tradicional función imitadora, efecto
ilusorio del mundo, la pintura perdió su significado
y legitimación transformándose en gesto y materia.
Ávidos de hallar innovadoras formas de expresión
individual los artistas daban vueltas alrededor de sí
mismos erigiendo en la subjetividad personal, determinante por
primera vez durante el expresionismo, el único sistema
válido de mesura para la producción artística
e inaugurando un doble juego con el espectador, en el sentido
de una apertura de sus posibilidades interpretativas, quien
ahora involucra libremente su imaginación, fantasía
y reflexión personal en la empresa de 'descifrar' el
contenido y mensaje de la obra.
De esta experiencia multifacética resultó
una amplia gama de estilos y movimientos aglutinados bajo el
epíteto francés de "informalismo", proveniente
de "informal", en el sentido de "sin forma (que
reproducir)": expresionismo abstracto, pintura sígnica,
tachismo, action painting, pintura matérica.
En la búsqueda de nuevas posibilidades
pictóricas Tàpies experimenta con los materiales,
modela los elementos dotándolos de peculiar significación
y la impronta personal queda sellada por el tratamiento de la
superficie pictórica como si fuera un muro sobre el cual
raspa, talla e imprime su señal. La pared, locuaz testigo
silencioso, es el lugar concreto donde se consignan los grafittis,
es decir, la dimensión donde se refleja el paso del tiempo:
"todos los muros de la ciudad fueron testigos de todos
los martirios y de todos los retazos inhumanos que eran infligidos
a nuestro pueblo"(1), modo formalmente abstracto pero "materialmente"
contundente de expresar su resistencia al régimen franquista.
En las mixturas introduce arena, yeso o mármol pulverizado
propiciando el campo para la huella: incisiones, surcos, agujeros
y grietas sobre grossos empastes de pintura en una constante
recreación de texturas rugosas, porosas o granulosas.
El conjunto de signos e imágenes seculares, insistente
repetición de una realidad "codificada", propicia
un incesante cuestionamiento: con disonantes colores estridentes
en un contexto de tonos bajos y oscuros, preferentemente en
una gama neutra (grises, ocres, negro, blanco), inserta figuras
geométricas mas o menos difusas o distorsionadas, la
cruz, que puede ser griega, latina, en aspa o en forma de T,
números y letras, así como la estampa de dedos,
manos o pies en el obstinado deseo de dejar impresas las huellas
de su propio cuerpo, manifiesta necesidad de confundirse en
el todo informe de la materia.
Tàpies profundiza la manipulación
de recursos desarrollando nuevas posibilidades y ampliando su
campo de acción en la medida en que incorpora, a modo
de collage, elementos no tradicionales, objetos cotidianos como
tela, cuerdas, platos, papel de estraza, papel entelado, trozos
de hilo, paja y madera, al tiempo que siembra una imbricada
madeja de símbolos disímiles, disonantes, impugnatorios
como abandonados a la realidad misma de la obra, en un contexto
yermo y desolado, evocador del vacío. El efecto de tal
densidad insustancial es el de un desconcierto y confusión,
tierra fértil para la incertidumbre extrema que consagra
la interrogación perpetua.
No existe una lectura del cuadro sino un 'sumergirse
en él' impelido por su dinámica interna en una
constante y renovada interpretación impersonal que inaugura
un tipo de contemplación creativa gracias a la cual la
obra permanece forzosamente actual y contemporánea y
que, con su monocromatismo y simbología específicos,
adquiere carácter real en el sentido de soslayar una
identidad propia y autónoma, erigiéndose en huella
del movimiento mismo de la vida, prueba de la formulación
del sentimiento.
BIOGRAFÍA
Antoni Tàpies nace el 13 de diciembre de
1923 en Barcelona. A finales de los años 30 comienza
a pintar en forma autodidacta y, en 1945, luego de una enfermedad
pulmonar, inicia su trayectoria artística tomando clases
y realizando copias de cuadros de Van Gogh y Picasso. Con un
grupo de jóvenes artistas e intelectuales catalanes -Modest
Cuixart, Joann Ponç, Brossa, Cirlot, Puig- funda en 1948
"Dau al Set", en alusión a una frase de André
Breton la séptima cara del dado, constituyendose
en referente de la vanguardia cultural española como
la manifestación más importante del surrealismo
después de la Guerra Civil, época de la que datan
sus paisajes fantásticos y oníricos influidos
por Paul Klee y Max Ernest y sus primeras aguafuertes.
En 1950 obtiene una beca para completar sus estudios
en París, donde entra en contacto con la ideología
marxista, que le confiere un viraje hacia los temas sociales.
Inmerso en una época histórica de crisis, la Guerra
Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, Tàpies
se asumió una posición socialmente comprometida
en defensa de los derechos humanos y la libertad, que se desarrollaría
como complemento y retroalimentación de su producción
artística a lo largo de toda su carrera: en 1962 se adhiere
al Congreso por la Paz en Moscú presidido por Bertrand
Russel; junto a Joan Miró, en 1970, acude a una asamblea
clandestina en el monasterio de Montserrat, Barcelona, en contra
del "Proceso de Burgos", en el que un tribunal militar
sería el encargado de juzgar a opositores del régimen
de Franco; en 1975 participa de "Pro Abolición Pena
de Muerte", un conjunto de campañas con el objeto
de lograr la amnistía de los presos políticos
que propugnaban la vuelta a la democracia parlamentaria; en
1980 participa de las Jornadas de estudio sobre los Derechos
Humanos, organizadas por la Cruz Roja en el mismo monasterio,
en el que lee el escrito "El arte y los derechos humanos".
Hacia 1951 Tàpies se desliga de Dau al
Set iniciando un proceso exploratorio por diversas corrientes
pictóricas y optando, desde entonces, por una línea
informalista en la que prevalece una búsqueda de texturas
con la incorporación progresiva de elementos de densidad
creciente (cenizas, mármol pulverizado, arena, tierra)
hasta la inclusión de distintos objetos gastados rescatados
del olvido, típicos de la civilización pre-industrial
(paja, tanza, cuerdas).
Desde 1970 se ha abocado con creciente interés
hacia la escultura: objetos de bronce pintados, su mosaico de
la plaza de Sant Boi de Llobregar (Barcelona), el controvertido
Calcetín (1992) y las monumentales Homenaje
a Pablo Picasso y Núvoi i cadira (ambas en
1990), que corona el edificio del la Fundació Antoni
Tàpies, constituida en 1984 por iniciativa del propio
artista. Pero particularmente ha desarrollado una serie de obras
"esculto-pictóricas" como resultante de un
assemblage, un proceso de ensamblado de piezas en bronce
fundido o/y de moldes. También ha realizado pintura mural,
propiamente dicha: dos obras en St. Gallen, Suiza, y desde 1980
cerámica y tapices.
Colaboró con diversos artistas, pero preferentemente
con escritores y poetas como Octavio Paz, Joan Brossa, cuyos
libros estaban ilustrados por litografías y aguafuertes.
Ha publicado cuatro libros que constituyen una recopilación
de declaraciones, escritos y ensayos y la autobiográfica
Memoria personal.
(1) Revista 3 Puntos, nº 212, 19/07/01.
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