Hal Hartley, realizador americano, es probablemente uno
de los directores más europeizantes de la actualidad. Gran
conocedor de nuestra cinematografía, Hartley afirma dejarse
influenciar por ella, alzándose como uno de los autores más
subversivos del cine indie. Su carácter singularmente
independiente lo aleja de la desidia estética que define a
dicha corriente y lo sitúa como el paradigma de metteur
en scéne contemporáneo. Su profundo esteticismo se asocia
al simbolismo atávico de Jean Luc Godard. La dislocación del
espacio fílmico, que en las obras del director francés está
dotada de una extraña espontaneidad, adquiere en las cintas
de Hartley un tono coreográficamente organizado. Cada movimiento
de cámara, cada salto de raccord o cada encuadre es el resultado
de un análisis perfectamente proyectado.
Asimismo, uno de los principales puntos de conexión
entre ambos directores es la figura del personaje. Su importancia
merece, efectivamente, una descomposición en profundidad,
ya que los protagonistas de las películas de Hartley
(Trust, Simple men, Flirt), y en especial de la obra
Amateur (1993) acogen infinidad de interesantes elementos.
Los personajes del film citado recuerdan sistemáticamente
a los homónimos godardianos. Su idealismo se cobija
en una filosofía de la cotidianeidad totalmente insólita,
inverosímil y en cierto modo, alejada de la realidad,
inscribiéndose directamente en la cinematografía
moderna.
Sus erráticos protagonistas deambulan, en un viaje
a la deriva, en busca de su identidad, apelándose así
a la construcción del personaje típica de Antonioni
(1). Y es que Amateur es un recorrido iniciático
en busca de la identidad propia que, aun no contar con la
aserción del director, goza de un evocador carácter
redentor. Sin lugar a dudas, este concepto liberador, presente
en toda su obra, deriva directamente de la filmografía
bressoniana (2), como también la austeridad, sobriedad
y concisión de su puesta en escena.
... DEVELANDO AL PERSONAJE
Isabelle, una exnovicia ninfómana, escribe relatos
pornográficos para revistas de adultos. Un día,
de forma casual se encuentra con Thomas, un hombre que sufre
amnesia, del cual, tras acoger en su casa, se acabará
enamorando. Pronto incide en la historia Sofía, una
ingenua estrella pornográfica y anteriormente esposa
de Thomas, a través de la cual se descubrirá
el oscuro pasado de éste. En la accidentada trama se
involucrará erróneamente a Edward, antiguo amigo
de la pareja...
En toda esta comparsa de personajes yace la clave que Isabelle
debe descifrar: Dios le ha encomendado la misión de
salvar a alguien... pero, a Thomas... o a Sofia... y, ¿de
quién?, ¿de los gángsteres que la persiguen
o de su antigua pareja, ahora encantador pero terriblemente
malvado en el pasado?.
Así transcurre la cinta, divagando entre la estructura
tradicional del thriller clásico y los mecanismos propios
del cine de espionaje que proliferase durante la década
de los 40's: persecuciones de gángsteres, una organización
secreta, archivos con información reveladora... No
obstante, no debemos olvidar que su autor sigue siendo Hal
Hartley y, por tanto, todo puede incidir en la historia para
quebrantar la disposición del relato policiaco convencional.
Sus elementos apelan directamente al McGuffin hitchconeano
para provocar el movimiento de sus personajes, incitando su
búsqueda y, finalmente, su encuentro.
En Amateur nada ni nadie es lo que parece. Su naturaleza
de estandarte contemporáneo sobre el espejismo de la
apariencia sólo ha sido superada por la sublime Persona,
de Bergman. Como acontece a sus personajes, los protagonistas
de Amateur se presentan al espectador bajo una desvalida
apariencia: erráticos, situados al margen de la sociedad
y al borde del abismo individual. Estas características
han conducido a tachar a los personajes de Hartley de seres
alienados sin mayor escapatoria que la confianza ciega en
quien le tienda la mano. Dicha solidaridad es uno de los principales
catalizadores del carácter subversivo de su filmografía,
forjada en torno a la afirmación de una segunda oportunidad
para redimir errores pretéritos.
.... ISABELLE O EL HEROÍSMO FLAGELADOR
La evolución de Isabelle avanza según el itinerario
heroico-iniciático trazado por Campbell en su teoría
del Monomito (3). Con tan sólo 17 años, Isabelle
recibe la llamada de la Virgen María, advirtiéndole
de la sacrificada misión que Dios le ha delegado. Asustada,
rechaza la invocación y decide refugiarse en un lugar
opuesto a su ninfómano destino: el convento. Tras atender
a los hábitos durante 15 años, la protagonista
decide partir de su hogar rumbo a Nueva York. Allí
encuentra la figura del guía-protector en un editor
de revistas pornográficas que le ofrece trabajo como
redactora de relatos eróticos. Durante diez meses nuestra
protagonista deambulará buscando la señal que
desvele el misterio de su misión; debiendo superar
diversas pruebas que darán fe de su fuerza de voluntad:
evitar la tentación, los falsos profetas que prometen
satisfacciones terrenales inmediatas y regirse según
un ascético modus vivendi inscrito en un solitario
y melancólico abatimiento. Inesperadamente, Isabelle
encuentra a Thomas, médium que catalizará su
encuentro con una nueva señal (Sofía).
Es interesante analizar cómo Isabelle descifra el enigma
vaticinado, tras ver en una película pornográfica
a Sofía. "Esta es la señal. Lo sé.
Lo noto, en su cara. Está en peligro, estoy segura.
Tú formas parte de ello. Tú viniste a mí.
Tú me has traído la señal".
No es fortuito que tan importante revelación se diese
a través de la pequeña pantalla, haciéndose
así evidente la intención del director por subrayar
la influencia que la televisión posee. Así Hartley
convierte a la televisión en objeto de un nuevo culto,
una mitología contemporánea que cumple las mismas
funciones que en la Antigüedad redimían los oráculos.
Con la llegada a casa de Sofía se anuncia el siguiente
paso del mito campbelliano: el advenimiento al umbral del
país desconocido y su consecuente traspaso. Entonces,
en un alarde metamorfosita, Isabelle se transforma, abandona
su anterior Yo en favor de una nueva apariencia pant-girl.
Gracias a sus seductoras armas fetichistas, Isabelle consigue
acabar con el gángster que custodia a Sofía,
metaforizándose el rescate de la princesa por parte
del príncipe en una ostentación de interpretación
sui generis del clásico héroe libertador.
En este caso, la dulce princesita es sustituida por una actriz
porno investida de todas las características que definen
a la princesa: inocencia, candidez, buenos sentimientos e
intenciones...
No obstante, la recompensa de nuestra heroína no se
corresponde con el desenlace esperado del cuento de hadas,
es decir el matrimonio entre héroe y princesa, sino
que la distinción se produce a nivel personal, en tanto
que se ha cumplido la misión encargada, revelando su
identidad heroica.
Pero, probablemente también podría analizarse
el argumento desde otro punto de vista, al interpretar que
la persona a la que Isabelle debía salvar no era Sofía,
sino Thomas (supervisando su evolución durante el proceso
de reminiscencia introspectiva hasta la culminación
redentora). Desde esta perspectiva también se cumple
el esquema heroico-iniciático descrito por Campbell.
El conflicto principal se interpone en una escena desarrollada
en casa de Isabelle, cuando ésta, igual que Joan Fontaine
en Sospecha (A. Hitchcock), pasa del amor ciego a la
duda más siniestra y, por temor, quita las balas de
la pistola antes de dársela a Thomas, como dudoso símbolo
de confianza. ¿Cuál es entonces la recompensa
para Isabelle en este esquema?. Posiblemente tan sólo
la revelación del amor y el descubrimiento de su propia
identidad, deviniendo, por ello, su evolución una clara
experiencia iniciadora con tintes mesiánicos.
... THOMAS: REMINISCENCIA HOMÉRICA Y REDENCIÓN
EDÍPICA
La complejidad de Thomas consigna al personaje como el arquetipo
problemático típico de la cinematografía
moderna, según la clasificación que hace Vanoye:
"Sin objetivo ni motivación claro, está
generalmente en crisis. Inmerso en las situaciones, soporta
los acontecimientos sin ejercitar una voluntad muy precisa.
Su personalidad, no obstante, ciertamente ambigua o ambivalente,
se dibuja bastante bien en relación con un medio dado
o por interacciones con otros personajes (...). El modelo
moderno del personaje problemático se refiere más
bien a los esquemas explicativos basados en la idea de la
alineación, de desposesión de uno mismo y de
sus actos, sea ésta de orden histórico, sociológico
o psíquico..."(4). Así pues, al hablar
de Thomas apelamos inmediatamente al actor-marioneta de la
Nouvelle Vague, a los intermitentes protagonistas de los films
de Antonioni, a algunos de Bergman, Woody Allen e incluso
Hitchcock (como el Gregory Peck de Spellbound, cuya
problemática evoca al protagonista de Amateur).
Tanto en la cinta de Hitchcock, como en la de Hal Hartley,
la amnesia juega un papel revelador al custodiar un terrible
recuerdo. Si Vanoye destacaba que el personaje problemático
se define más por su interacción con cuantos
le rodean que por sus propias acciones, evidentemente
dicha condición se incrementa al referirnos a un personaje
amnésico, pues su persona se forja en torno a la definición
que los demás trazan sobre él.
Tanto Amateur, como Recuerda, como muchas de
las producciones americanas de los años cuarenta (cuyo
leitmotiv será la pérdida del recuerdo)
(5) descienden del clásico homérico La Odisea,
en tanto que dicho viaje a la deriva es, al fin y al cabo,
un magnífico relato sobre la búsqueda del sentido
y la identidad.
Con un esquema similar al de Paris-Texas, de Wenders,
Amateur ilustra el retorno al hogar donde aguarda el
pasado. Thomas/Ulises llega a Nueva York desde Holanda para
recuperar a su esposa Sofía/Penélope. Pero él
no es el héroe victorioso que debería ser, no
ha vivido la aventura iniciática que le permitirá
alcanzar, en boca de Bettelheim, "un nivel superior
de existencia"(6). Aún no se ha conocido a
sí mismo, ya que su caída le ha sumido en un
sueño profundo semejante al de los cuentos de hadas.
"Muchos héroes de los cuentos de hadas, en
un determinado momento de su vida, caen en un profundo sopor,
o son resucitados. Todo despertar o renacer simboliza la consecución
de un estadio superior de madurez y comprensión. Es
el modo característico en que los cuentos de hadas
estimulan el deseo de encontrar un mayor sentido a la vida:
una conciencia más profunda, un mayor conocimiento
de sí mismo y un grado de madurez más elevado".
Ulises/Thomas despierta amnésico de su letargo e intentará
recuperar su identidad con ayuda de Isabelle. Esta recuperación
pasa necesariamente por el reconocimiento del hijo y de la
esposa. Ulises/Thomas rescatará a Sofía/Penélope
de los pretendientes que la acechan (analogía con el
grupo de mafiosos que persiguen a la pornstar) y conseguirá
su reconocimiento gracias a la colaboración de Isabelle.
Pero, en el intento de dar con Sofía, Thomas convergerá
con la exnovicia, la nueva Penélope correspondiente
a su actual ego heroico. Isabelle acogerá a este náufrago
ignoto, curará sus heridas y lo alimentará (permitiéndonos
así trazar una analogía con Circe o Naausica),
pero en cuanto Sofía confiese a Isabelle el pasado
de su exmarido, éste quedará desprovisto del
halo misterioso que le encubría, produciéndose
entonces un negativo reconocimiento (el del antiguo Thomas).
Como sucede en Paris-Texas, y como consecuencia a
la recuperación del pasado, Thomas debe enfrentarse
a la dificultad de afirmar su única responsabilidad
en la destrucción de las vidas de Penélope/Sofía
y Telémaco/Edward. Habiendo admitido su culpabilidad,
ambos personajes podrán despojarse de la carga que
este Ulises ausente y violento supuso para ambos, pudiendo
ahora vivir juntos y en paz. No obstante, la redención
de Thomas no se corresponde con el perdón de Sofía
y Edward, sino con el de Isabelle (su nueva Penélope)
que, en una bellísima secuencia final, después
de haberle condonado su pasado, le pide que le haga el amor.
Le sigue un plano medio de los personajes, besándose,
de pie, en uno de los jardines del convento, entrecortado
por fugaces insertos de los ya aliviados Edward y Sofía.
Dicho desenlace parece evidenciar el protagonismo heroico
de Thomas e Isabelle, reconciliados al fin y dispuestos a
vivir "felices para siempre", ahora sí, en
su nuevo nivel de existencia.
Pero... no podría acabar así la historia...
de modo que el final va a depararles una sorpresa inesperada
que pone en relieve la imposibilidad de eximirse en vida,
forzando al personaje a revivir sus recuerdos constantemente.
Y es que, científicamente, la amnesia más corriente,
la que sufre Thomas a consecuencia de la caída se llama
amnesia retrógrada y en ella los recuerdos no
se borran realmente, sino que se mantienen encubiertos, con
lo cual, la memoria se va recuperando poco a poco: primero
los recuerdos más lejanos y luego los más cercanos.
Cuando el amnésico pierde la memoria durante mucho
tiempo, como pasa en la película, normalmente es por
razones de tipo psicológico, es decir, el amnésico
suprime ciertos recuerdos, a menudo de forma inconsciente.
Ésta sea probablemente la disfunción del protagonista.
Dicha debilidad organizativa de la propia identidad conecta
directamente con el soporte edípico del autoconocimiento.
El origen desconocido es básico en el mito de Edipo,
que se presenta como el primer relato policiaco de la historia,
en el que la resolución de un misterio (la peste que
azora al reino de Edipo o el pasado desconocido de Thomas,
en nuestro film) conducirá a una terrible revelación:
Mea Culpa. Como describen Jordi Balló y Xavier Pérez:
"El cine de amnésicos encuentra en la encuesta
edípica la respuesta al origen desconocido y a la culpabilidad
oculta"(7).
El esquema del conflicto edípico se hace evidente en
nuestro film mediante los distintos estadios por los que pasa
la relación de Isabelle con Thomas: amor (en un primer
momento), escepticismo (tras la revelación del pasado
de Thomas, por parte de la actriz), distanciamiento (de Isabelle
frente a su náufrago), reconocimiento y redención.
En general, la actitud de Thomas pasa de la más absoluta
perplejidad por las acciones que se le imputan, a la ira y
el enfado a causa de la actitud de Isabelle y Sofía,
hasta, finalmente el arrepentimiento.
Un esquema similar, aunque infinitamente más complejo
es el que propone Diel sobre el mito edípico y su posibilidad
de redención (8). Paul Diel postula que los monstruos
de los mitos, como la Quimera, la Medusa o la Esfinge
(o la Peste en el caso de Edipo), son símbolos de
nuestra propia perversión y la resolución del
enigma de estos monstruos pasa por el autoconocimiento,
por el principio clásico del Temet Nosce. La
solución es, para Diel, yo mismo: cada ser humano
tiene un nivel distinto de inmersión en el espíritu
perverso.
Así, Paul Diel apuntará hacia la interpretación
simbólica del mito de Edipo, aceptando que el héroe
trivial no mata al padre real para casarse con la madre real,
sino que mata al padre mítico (el espíritu),
para casarse con la madre mítica (la tierra, la atracción
excesiva de los múltiples deseos). El rechazo a las
exigencias espirituales se materializa con un metafórico
parricidio. Es entonces cuando interviene una instancia juzgadora
análoga a la conciencia interior o el remordimiento.
¿Cuál es la única cura posible, la
única redención ante esta falta?: transformar
el remordimiento estéril en arrepentimiento saludable,
la inversión del rechazo en lucidez introspectiva.
Así, los errores del pasado de Edipo/Thomas ya no son
accidentales, fatales o individuales: la historia de Edipo
se convierte en el símbolo de la suerte que sobrevuela
sobre cada ser humano en virtud de una motivación profunda
y esencial que lo vuelve responsable frente a la vida misma
y su sentido. Edipo representa para Diel a todo ser humano
y su destino, cuya suerte depende de la solución de
este conflicto esencial y ancestral espiritualidad-materialidad
y de la aceptación de sus responsabilidades (9).
Aplicando este esquema a la película nos encontramos
con lo siguiente: Thomas, en su vida como gangster y magnate
de la pornografía, ha matado su espíritu (el
padre mítico) y se ha casado y explotado a su madre
mítica (la tierra, que podría ser Sofía).
Cuando despierta del golpe que produjo su amnesia, aparece
Isabelle (la instancia detractora que comentaba anteriormente),
pues ella empuja a Thomas a conocer su pasado. La perplejidad
del protagonista al descubrir su anterior vida se torna en
remordimiento, en culpabilidad exteriorizada, como en Edipo,
mediante un descontrolado comportamiento colérico.
La única manera de redimirse es aceptar la responsabilidad
y convertir el remordimiento en arrepentimiento, la ira en
voluntad introspectiva de autoconocimiento y mejora. Isabelle
será la personificación del padre mítico
encargado de hacer responsable de sus actos al héroe
trivializado de Diel, y cuya misión es la de preservar
al niño de la perversión y conducirlo a la sublimación.
Bajo mi punto de vista sólo de esta forma, franqueando
el universo que configura a cualquier personaje, seremos capaces
de descifrar realmente su calidad o su insignificancia.
Así pues, podemos seguir poniendo en duda la trascendencia
del personaje en Hartley... o podemos intentar conocerlo...
y juzgar por nosotros mismos...
NOTAS
(1) Del director italiano también adoptará la
capacidad para filmar los silencios, las miradas y los espacios
vacíos.
(2) El concepto redentor, tratado magistralmente por Robert
Bresson, devendrá uno de los principales argumentos
del cine de la modernidad, revelando como activistas a grandes
cineastas de la talla de Paul Schrader, Martin Scorsese, Abbas
Kiarostami o Aki Kaurismaki.
(3) Campbell, Joseph. El héroe de las mil caras.
Psicoanálisis del mito. Fondo de Cultura Económica.
México. 1992.
(4) Vanoye, Francis. Guiones modelo y modelos de guión.
Piados. Barcelona. 1996.
(5) Durante la década de los cuarenta uno de los grandes
temas del clasicismo será , sin lugar a dudas, la figura
del exconvicto hostigado por la sociedad, haciéndose
hincapié en el aspecto del retorno y el rechazo del
grupo anfitrión. Para más inri, a menudo,
dichos personajes padecen amnesia y se niegan a participar
del mundo que les rodea. En este contexto, el Psicoanálisis
encuentra en el cine de dicha época uno de sus mayores
aliados, recurriéndose a la teoría freudiana
para avalar los traumas y psicosis de la sociedad americana.
(6) Bettelheim, Bruno. Psicoanálisis de los cuentos
de hadas. Crítica. Barcelona. 1977.
(7) Balló, Jordi; Pérez, Xavier. La semilla
inmortal. Los argumentos universales en el cine. Anagrama.
Barcelona. 1997.
(8) Diel, Paul. El simbolismo en la mitología griega.
Anthropos. Barcelona. 1990.
(9) Disputa interna ya vaticinada por Nietzsche en su interpretación
de la dialéctica entre valores apolíneos y dionisíacos.
(*) JOSÉ TIRADO es un joven barcelonés que cursa
actualmente sus estudios de Comunicación Audiovisual
en la Universidad Pompeu Fabra.
Su interés por el análisis fílmico le
ha permitido colaborar, con diversos artículos, en
diferentes revistas y webs nacionales, siendo su especialización
la relación que une al cine con el resto de disciplinas
artísticas.
En los últimos años, ha recibido diversos premios
literarios por sus trabajos de narrativa, poesía y
relato breve, entre los que destacan el Premio Hidroeléctrica
de Catalunya y el Premio Jocs Florals Interescolars
de la ciudad de Barcelona.
El año 1998 fue ganador de la beca que el Ministerio
de Cultura Español concede anualmente para participar
en la expedición Ruta Quetzal Argentaria (programa
coordinado por la Universidad Complutense de Madrid y declarado
de Interés Universal por la UNESCO).
Este joven barcelonés ha recibido una amplia formación
cultural y artística en materia audiovisual (fotografía,
música, cine...), así como en cuestión
de idiomas.