AMATEUR
Revelación o nostalgia...
Por JOSÉ TIRADO (*)

 

 

Hal Hartley, realizador americano, es probablemente uno de los directores más europeizantes de la actualidad. Gran conocedor de nuestra cinematografía, Hartley afirma dejarse influenciar por ella, alzándose como uno de los autores más subversivos del cine indie. Su carácter singularmente independiente lo aleja de la desidia estética que define a dicha corriente y lo sitúa como el paradigma de metteur en scéne contemporáneo. Su profundo esteticismo se asocia al simbolismo atávico de Jean Luc Godard. La dislocación del espacio fílmico, que en las obras del director francés está dotada de una extraña espontaneidad, adquiere en las cintas de Hartley un tono coreográficamente organizado. Cada movimiento de cámara, cada salto de raccord o cada encuadre es el resultado de un análisis perfectamente proyectado.


Asimismo, uno de los principales puntos de conexión entre ambos directores es la figura del personaje. Su importancia merece, efectivamente, una descomposición en profundidad, ya que los protagonistas de las películas de Hartley (Trust, Simple men, Flirt), y en especial de la obra Amateur (1993) acogen infinidad de interesantes elementos.

Los personajes del film citado recuerdan sistemáticamente a los homónimos godardianos. Su idealismo se cobija en una filosofía de la cotidianeidad totalmente insólita, inverosímil y en cierto modo, alejada de la realidad, inscribiéndose directamente en la cinematografía moderna.

Sus erráticos protagonistas deambulan, en un viaje a la deriva, en busca de su identidad, apelándose así a la construcción del personaje típica de Antonioni (1). Y es que Amateur es un recorrido iniciático en busca de la identidad propia que, aun no contar con la aserción del director, goza de un evocador carácter redentor. Sin lugar a dudas, este concepto liberador, presente en toda su obra, deriva directamente de la filmografía bressoniana (2), como también la austeridad, sobriedad y concisión de su puesta en escena.


... DEVELANDO AL PERSONAJE

Isabelle, una exnovicia ninfómana, escribe relatos pornográficos para revistas de adultos. Un día, de forma casual se encuentra con Thomas, un hombre que sufre amnesia, del cual, tras acoger en su casa, se acabará enamorando. Pronto incide en la historia Sofía, una ingenua estrella pornográfica y anteriormente esposa de Thomas, a través de la cual se descubrirá el oscuro pasado de éste. En la accidentada trama se involucrará erróneamente a Edward, antiguo amigo de la pareja...


En toda esta comparsa de personajes yace la clave que Isabelle debe descifrar: Dios le ha encomendado la misión de salvar a alguien... pero, a Thomas... o a Sofia... y, ¿de quién?, ¿de los gángsteres que la persiguen o de su antigua pareja, ahora encantador pero terriblemente malvado en el pasado?.

Así transcurre la cinta, divagando entre la estructura tradicional del thriller clásico y los mecanismos propios del cine de espionaje que proliferase durante la década de los 40's: persecuciones de gángsteres, una organización secreta, archivos con información reveladora... No obstante, no debemos olvidar que su autor sigue siendo Hal Hartley y, por tanto, todo puede incidir en la historia para quebrantar la disposición del relato policiaco convencional. Sus elementos apelan directamente al McGuffin hitchconeano para provocar el movimiento de sus personajes, incitando su búsqueda y, finalmente, su encuentro.

En Amateur nada ni nadie es lo que parece. Su naturaleza de estandarte contemporáneo sobre el espejismo de la apariencia sólo ha sido superada por la sublime Persona, de Bergman. Como acontece a sus personajes, los protagonistas de Amateur se presentan al espectador bajo una desvalida apariencia: erráticos, situados al margen de la sociedad y al borde del abismo individual. Estas características han conducido a tachar a los personajes de Hartley de seres alienados sin mayor escapatoria que la confianza ciega en quien le tienda la mano. Dicha solidaridad es uno de los principales catalizadores del carácter subversivo de su filmografía, forjada en torno a la afirmación de una segunda oportunidad para redimir errores pretéritos.


.... ISABELLE O EL HEROÍSMO FLAGELADOR

La evolución de Isabelle avanza según el itinerario heroico-iniciático trazado por Campbell en su teoría del Monomito (3). Con tan sólo 17 años, Isabelle recibe la llamada de la Virgen María, advirtiéndole de la sacrificada misión que Dios le ha delegado. Asustada, rechaza la invocación y decide refugiarse en un lugar opuesto a su ninfómano destino: el convento. Tras atender a los hábitos durante 15 años, la protagonista decide partir de su hogar rumbo a Nueva York. Allí encuentra la figura del guía-protector en un editor de revistas pornográficas que le ofrece trabajo como redactora de relatos eróticos. Durante diez meses nuestra protagonista deambulará buscando la señal que desvele el misterio de su misión; debiendo superar diversas pruebas que darán fe de su fuerza de voluntad: evitar la tentación, los falsos profetas que prometen satisfacciones terrenales inmediatas y regirse según un ascético modus vivendi inscrito en un solitario y melancólico abatimiento. Inesperadamente, Isabelle encuentra a Thomas, médium que catalizará su encuentro con una nueva señal (Sofía).


Es interesante analizar cómo Isabelle descifra el enigma vaticinado, tras ver en una película pornográfica a Sofía. "Esta es la señal. Lo sé. Lo noto, en su cara. Está en peligro, estoy segura. Tú formas parte de ello. Tú viniste a mí. Tú me has traído la señal". No es fortuito que tan importante revelación se diese a través de la pequeña pantalla, haciéndose así evidente la intención del director por subrayar la influencia que la televisión posee. Así Hartley convierte a la televisión en objeto de un nuevo culto, una mitología contemporánea que cumple las mismas funciones que en la Antigüedad redimían los oráculos.

Con la llegada a casa de Sofía se anuncia el siguiente paso del mito campbelliano: el advenimiento al umbral del país desconocido y su consecuente traspaso. Entonces, en un alarde metamorfosita, Isabelle se transforma, abandona su anterior Yo en favor de una nueva apariencia pant-girl. Gracias a sus seductoras armas fetichistas, Isabelle consigue acabar con el gángster que custodia a Sofía, metaforizándose el rescate de la princesa por parte del príncipe en una ostentación de interpretación sui generis del clásico héroe libertador. En este caso, la dulce princesita es sustituida por una actriz porno investida de todas las características que definen a la princesa: inocencia, candidez, buenos sentimientos e intenciones...


No obstante, la recompensa de nuestra heroína no se corresponde con el desenlace esperado del cuento de hadas, es decir el matrimonio entre héroe y princesa, sino que la distinción se produce a nivel personal, en tanto que se ha cumplido la misión encargada, revelando su identidad heroica.

Pero, probablemente también podría analizarse el argumento desde otro punto de vista, al interpretar que la persona a la que Isabelle debía salvar no era Sofía, sino Thomas (supervisando su evolución durante el proceso de reminiscencia introspectiva hasta la culminación redentora). Desde esta perspectiva también se cumple el esquema heroico-iniciático descrito por Campbell. El conflicto principal se interpone en una escena desarrollada en casa de Isabelle, cuando ésta, igual que Joan Fontaine en Sospecha (A. Hitchcock), pasa del amor ciego a la duda más siniestra y, por temor, quita las balas de la pistola antes de dársela a Thomas, como dudoso símbolo de confianza. ¿Cuál es entonces la recompensa para Isabelle en este esquema?. Posiblemente tan sólo la revelación del amor y el descubrimiento de su propia identidad, deviniendo, por ello, su evolución una clara experiencia iniciadora con tintes mesiánicos.


... THOMAS: REMINISCENCIA HOMÉRICA Y REDENCIÓN EDÍPICA

La complejidad de Thomas consigna al personaje como el arquetipo problemático típico de la cinematografía moderna, según la clasificación que hace Vanoye: "Sin objetivo ni motivación claro, está generalmente en crisis. Inmerso en las situaciones, soporta los acontecimientos sin ejercitar una voluntad muy precisa. Su personalidad, no obstante, ciertamente ambigua o ambivalente, se dibuja bastante bien en relación con un medio dado o por interacciones con otros personajes (...). El modelo moderno del personaje problemático se refiere más bien a los esquemas explicativos basados en la idea de la alineación, de desposesión de uno mismo y de sus actos, sea ésta de orden histórico, sociológico o psíquico..."(4). Así pues, al hablar de Thomas apelamos inmediatamente al actor-marioneta de la Nouvelle Vague, a los intermitentes protagonistas de los films de Antonioni, a algunos de Bergman, Woody Allen e incluso Hitchcock (como el Gregory Peck de Spellbound, cuya problemática evoca al protagonista de Amateur).


Tanto en la cinta de Hitchcock, como en la de Hal Hartley, la amnesia juega un papel revelador al custodiar un terrible recuerdo. Si Vanoye destacaba que el personaje problemático se define más por su interacción con cuantos le rodean que por sus propias acciones, evidentemente dicha condición se incrementa al referirnos a un personaje amnésico, pues su persona se forja en torno a la definición que los demás trazan sobre él.

Tanto Amateur, como Recuerda, como muchas de las producciones americanas de los años cuarenta (cuyo leitmotiv será la pérdida del recuerdo) (5) descienden del clásico homérico La Odisea, en tanto que dicho viaje a la deriva es, al fin y al cabo, un magnífico relato sobre la búsqueda del sentido y la identidad.

Con un esquema similar al de Paris-Texas, de Wenders, Amateur ilustra el retorno al hogar donde aguarda el pasado. Thomas/Ulises llega a Nueva York desde Holanda para recuperar a su esposa Sofía/Penélope. Pero él no es el héroe victorioso que debería ser, no ha vivido la aventura iniciática que le permitirá alcanzar, en boca de Bettelheim, "un nivel superior de existencia"(6). Aún no se ha conocido a sí mismo, ya que su caída le ha sumido en un sueño profundo semejante al de los cuentos de hadas. "Muchos héroes de los cuentos de hadas, en un determinado momento de su vida, caen en un profundo sopor, o son resucitados. Todo despertar o renacer simboliza la consecución de un estadio superior de madurez y comprensión. Es el modo característico en que los cuentos de hadas estimulan el deseo de encontrar un mayor sentido a la vida: una conciencia más profunda, un mayor conocimiento de sí mismo y un grado de madurez más elevado".


Ulises/Thomas despierta amnésico de su letargo e intentará recuperar su identidad con ayuda de Isabelle. Esta recuperación pasa necesariamente por el reconocimiento del hijo y de la esposa. Ulises/Thomas rescatará a Sofía/Penélope de los pretendientes que la acechan (analogía con el grupo de mafiosos que persiguen a la pornstar) y conseguirá su reconocimiento gracias a la colaboración de Isabelle. Pero, en el intento de dar con Sofía, Thomas convergerá con la exnovicia, la nueva Penélope correspondiente a su actual ego heroico. Isabelle acogerá a este náufrago ignoto, curará sus heridas y lo alimentará (permitiéndonos así trazar una analogía con Circe o Naausica), pero en cuanto Sofía confiese a Isabelle el pasado de su exmarido, éste quedará desprovisto del halo misterioso que le encubría, produciéndose entonces un negativo reconocimiento (el del antiguo Thomas).

Como sucede en Paris-Texas, y como consecuencia a la recuperación del pasado, Thomas debe enfrentarse a la dificultad de afirmar su única responsabilidad en la destrucción de las vidas de Penélope/Sofía y Telémaco/Edward. Habiendo admitido su culpabilidad, ambos personajes podrán despojarse de la carga que este Ulises ausente y violento supuso para ambos, pudiendo ahora vivir juntos y en paz. No obstante, la redención de Thomas no se corresponde con el perdón de Sofía y Edward, sino con el de Isabelle (su nueva Penélope) que, en una bellísima secuencia final, después de haberle condonado su pasado, le pide que le haga el amor. Le sigue un plano medio de los personajes, besándose, de pie, en uno de los jardines del convento, entrecortado por fugaces insertos de los ya aliviados Edward y Sofía. Dicho desenlace parece evidenciar el protagonismo heroico de Thomas e Isabelle, reconciliados al fin y dispuestos a vivir "felices para siempre", ahora sí, en su nuevo nivel de existencia.


Pero... no podría acabar así la historia... de modo que el final va a depararles una sorpresa inesperada que pone en relieve la imposibilidad de eximirse en vida, forzando al personaje a revivir sus recuerdos constantemente.

Y es que, científicamente, la amnesia más corriente, la que sufre Thomas a consecuencia de la caída se llama amnesia retrógrada y en ella los recuerdos no se borran realmente, sino que se mantienen encubiertos, con lo cual, la memoria se va recuperando poco a poco: primero los recuerdos más lejanos y luego los más cercanos. Cuando el amnésico pierde la memoria durante mucho tiempo, como pasa en la película, normalmente es por razones de tipo psicológico, es decir, el amnésico suprime ciertos recuerdos, a menudo de forma inconsciente. Ésta sea probablemente la disfunción del protagonista.

Dicha debilidad organizativa de la propia identidad conecta directamente con el soporte edípico del autoconocimiento. El origen desconocido es básico en el mito de Edipo, que se presenta como el primer relato policiaco de la historia, en el que la resolución de un misterio (la peste que azora al reino de Edipo o el pasado desconocido de Thomas, en nuestro film) conducirá a una terrible revelación: Mea Culpa. Como describen Jordi Balló y Xavier Pérez: "El cine de amnésicos encuentra en la encuesta edípica la respuesta al origen desconocido y a la culpabilidad oculta"(7).


El esquema del conflicto edípico se hace evidente en nuestro film mediante los distintos estadios por los que pasa la relación de Isabelle con Thomas: amor (en un primer momento), escepticismo (tras la revelación del pasado de Thomas, por parte de la actriz), distanciamiento (de Isabelle frente a su náufrago), reconocimiento y redención. En general, la actitud de Thomas pasa de la más absoluta perplejidad por las acciones que se le imputan, a la ira y el enfado a causa de la actitud de Isabelle y Sofía, hasta, finalmente el arrepentimiento.

Un esquema similar, aunque infinitamente más complejo es el que propone Diel sobre el mito edípico y su posibilidad de redención (8). Paul Diel postula que los monstruos de los mitos, como la Quimera, la Medusa o la Esfinge (o la Peste en el caso de Edipo), son símbolos de nuestra propia perversión y la resolución del enigma de estos monstruos pasa por el autoconocimiento, por el principio clásico del Temet Nosce. La solución es, para Diel, yo mismo: cada ser humano tiene un nivel distinto de inmersión en el espíritu perverso.

Así, Paul Diel apuntará hacia la interpretación simbólica del mito de Edipo, aceptando que el héroe trivial no mata al padre real para casarse con la madre real, sino que mata al padre mítico (el espíritu), para casarse con la madre mítica (la tierra, la atracción excesiva de los múltiples deseos). El rechazo a las exigencias espirituales se materializa con un metafórico parricidio. Es entonces cuando interviene una instancia juzgadora análoga a la conciencia interior o el remordimiento.

¿Cuál es la única cura posible, la única redención ante esta falta?: transformar el remordimiento estéril en arrepentimiento saludable, la inversión del rechazo en lucidez introspectiva. Así, los errores del pasado de Edipo/Thomas ya no son accidentales, fatales o individuales: la historia de Edipo se convierte en el símbolo de la suerte que sobrevuela sobre cada ser humano en virtud de una motivación profunda y esencial que lo vuelve responsable frente a la vida misma y su sentido. Edipo representa para Diel a todo ser humano y su destino, cuya suerte depende de la solución de este conflicto esencial y ancestral espiritualidad-materialidad y de la aceptación de sus responsabilidades (9).


Aplicando este esquema a la película nos encontramos con lo siguiente: Thomas, en su vida como gangster y magnate de la pornografía, ha matado su espíritu (el padre mítico) y se ha casado y explotado a su madre mítica (la tierra, que podría ser Sofía). Cuando despierta del golpe que produjo su amnesia, aparece Isabelle (la instancia detractora que comentaba anteriormente), pues ella empuja a Thomas a conocer su pasado. La perplejidad del protagonista al descubrir su anterior vida se torna en remordimiento, en culpabilidad exteriorizada, como en Edipo, mediante un descontrolado comportamiento colérico. La única manera de redimirse es aceptar la responsabilidad y convertir el remordimiento en arrepentimiento, la ira en voluntad introspectiva de autoconocimiento y mejora. Isabelle será la personificación del padre mítico encargado de hacer responsable de sus actos al héroe trivializado de Diel, y cuya misión es la de preservar al niño de la perversión y conducirlo a la sublimación.

Bajo mi punto de vista sólo de esta forma, franqueando el universo que configura a cualquier personaje, seremos capaces de descifrar realmente su calidad o su insignificancia.

Así pues, podemos seguir poniendo en duda la trascendencia del personaje en Hartley... o podemos intentar conocerlo... y juzgar por nosotros mismos...



NOTAS
(1) Del director italiano también adoptará la capacidad para filmar los silencios, las miradas y los espacios vacíos.
(2) El concepto redentor, tratado magistralmente por Robert Bresson, devendrá uno de los principales argumentos del cine de la modernidad, revelando como activistas a grandes cineastas de la talla de Paul Schrader, Martin Scorsese, Abbas Kiarostami o Aki Kaurismaki.
(3) Campbell, Joseph. El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito. Fondo de Cultura Económica. México. 1992.
(4) Vanoye, Francis. Guiones modelo y modelos de guión. Piados. Barcelona. 1996.
(5) Durante la década de los cuarenta uno de los grandes temas del clasicismo será , sin lugar a dudas, la figura del exconvicto hostigado por la sociedad, haciéndose hincapié en el aspecto del retorno y el rechazo del grupo anfitrión. Para más inri, a menudo, dichos personajes padecen amnesia y se niegan a participar del mundo que les rodea. En este contexto, el Psicoanálisis encuentra en el cine de dicha época uno de sus mayores aliados, recurriéndose a la teoría freudiana para avalar los traumas y psicosis de la sociedad americana.
(6) Bettelheim, Bruno. Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Crítica. Barcelona. 1977.
(7) Balló, Jordi; Pérez, Xavier. La semilla inmortal. Los argumentos universales en el cine. Anagrama. Barcelona. 1997.
(8) Diel, Paul. El simbolismo en la mitología griega. Anthropos. Barcelona. 1990.
(9) Disputa interna ya vaticinada por Nietzsche en su interpretación de la dialéctica entre valores apolíneos y dionisíacos.


(*) JOSÉ TIRADO es un joven barcelonés que cursa actualmente sus estudios de Comunicación Audiovisual en la Universidad Pompeu Fabra.
Su interés por el análisis fílmico le ha permitido colaborar, con diversos artículos, en diferentes revistas y webs nacionales, siendo su especialización la relación que une al cine con el resto de disciplinas artísticas.
En los últimos años, ha recibido diversos premios literarios por sus trabajos de narrativa, poesía y relato breve, entre los que destacan el Premio Hidroeléctrica de Catalunya y el Premio Jocs Florals Interescolars de la ciudad de Barcelona.
El año 1998 fue ganador de la beca que el Ministerio de Cultura Español concede anualmente para participar en la expedición Ruta Quetzal Argentaria (programa coordinado por la Universidad Complutense de Madrid y declarado de Interés Universal por la UNESCO).
Este joven barcelonés ha recibido una amplia formación cultural y artística en materia audiovisual (fotografía, música, cine...), así como en cuestión de idiomas.




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