Teatro

Dinosaurios (continuación)
de SANTIAGO SERRANO (*)

 

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NICOLAS: Pero eso es antiquísimo.
SILVINA: Soy una antigüedad que camina. Coma, si quiere, yo agradeceré.
NICOLAS: Si hay que agradecer, agradezcamos.
SILVINA: Gracias. En casa nos turnamos en hacerlo. Quiere hacerlo Ud. o lo hago yo.
NICOLAS: Ud... Ud...
SILVINA: Benditos sean estos alimentos que nos han sido concedidos por ti. Que nunca falten en nuestra mesa. Por tu nombre. Por tu santísimo nombre. Amén.
NICOLAS: (CASI COMIENDO) Ya está.
SILVINA: Sí. (BEBE) Este vino es muy dulce.
NICOLAS: El vino seco no me gusta. Esto ya se ha convertido en una cena romántica. Si alguien nos ve seguro que pensaría que somos dos enamorados.
SILVINA: Dos enamorados... Que cosas dice.
NICOLAS: (RIENDO) Si pasara Rita por acá.
SILVINA: Eso no lo diga ni en broma.
NICOLAS: No se asuste. Debe estar festejando que me haya ido.
SILVINA: Si le hace falta sal, acá hay. Mamá come todo con muy poca sal y yo también me acostumbré.
NICOLAS: Tome un poco más de vino.
SILVINA: Tenía razón, nunca tomo. Pero hoy es una noche especial.
NICOLAS: ¿Especial?
SILVINA: No sé. Siento como si no fuera a amanecer nunca.
NICOLAS: Para bien o para mal el sol siempre sale.
SILVINA: (LO MIRA ATENTAMENTE COMER) No me dijo nada de la comida. ¿No le gusta?
NICOLAS: Nada de eso. Cuando hablo poco es que me gusta mucho la comida.
SILVINA: ¿Quiere más? Yo no voy a comer todo esto.
NICOLAS: Bueno.
SILVINA: (SONRIENDO.) Con mamá pasa lo mismo. Yo como poco y ella siempre termina comiéndose mi parte. Tiene muchísimo apetito. Ahora no tanto. Pero no tenía fin para comer. Hasta antes de enfermarse era así de gorda. Los dulces le encantaban.
NICOLAS: Le encantan.
SILVINA: Sí. Le encantan.
NICOLAS: Ud. sólo piensa en el pasado.
SILVINA: Es tan lindo recordar. Desde que mamá no está me siento en el comedor y miro a los cuatro costados. Tenemos todas las paredes llenas de retratos. Cada cara de antes me trae imágenes e imágenes. Es tan tranquilo recordar Uno siempre sabe de antemano que va a pasar. Las cosas malas si uno no quiere sufrirlas deja de lado y ya está. Pensar en el futuro no me gusta. Nunca me gusto. Quien sabe lo que puede pasar.
NICOLAS: No se alegra ni con el vino. Si fuese borracha sería una borracha triste.
SILVINA: Borracha triste. (RIE) Deme un poco más de vino. (SE SIRVE ELLA.)
NICOLAS: ¿Jugaba de chica?
SILVINA: Sí, tenía dos muñecas Marilú. Todavía las tengo sobre mi cama.
NICOLAS: ¿Y no jugaba en la calle?
SILVINA: Nunca me gusto.
NICOLAS: La cincha. Era linda la cincha... ¡Y el rango! Eso me volvía loco. Daba cada salto.
SILVINA: Sé que es, pero yo nunca...
NICOLAS: Como que nunca jugó. No sabe lo que se ha perdido.
SILVINA: No era ni soy muy ágil.
NICOLAS: Que tiene que ver. Cualquiera puede jugar. Venga. (SE LEVANTA)
SILVINA: No, está loco. En serio que no quiero.
NICOLAS: Venga le digo. (LA TOMA DE UN BRAZO) Si Ud. no se anima, yo quiero probar si aún puedo. Quédese acá y doble la espalda. Así.
SILVINA: ¿Y piensa pasar por encima mío? Me va a aplastar.
NICOLAS: Anímese. No se mueva sino puede ser peor. Voy a tomar envión. Uno... Dos... Tres... (CORRE HACIA ELLA: SILVINA SE LEVANTA Y SE DA VUELTA. LOS DOS SE CHOCAN EN UN ABRAZO.) Le dije que no se moviera.
SILVINA: No, tengo miedo.
NICOLAS: ¿Qué prefiere que salte o que la bese?
SILVINA: Está bien, salte. (SE COLOCA NUEVAMENTE)
NICOLAS: Uno, dos y.. tres. (CORRE Y SALTA SOBRE ELLA) ¡Lo hice! ¡Lo hice! Casi cincuenta años y estoy como cuando tenía doce.
SILVINA: No exagere, tampoco.
NICOLAS: Ahora te toca a vos. No puedo jugar y tratarte de Ud. Vamos, tomá envión y saltá.
SILVINA: No.
NICOLAS: O saltás o te beso.
SILVINA: Bueno. Si me caigo Ud. va a tener la culpa.
NICOLAS: Contá.
SILVINA: Uno, dos... No puedo.
NICOLAS: ¡Te beso!
SILVINA: Uno... Dos... Tres... (CORRE Y SALTA SOBRE ÉL) Pude. Yo también puedo.
NICOLAS: (CANTA COMO EN UNA CANCHA DE FUTBOL.) Ole le, O la la, somos los campeones y vamos a ganar. Ole le, O la la...
SILVINA: Shhshhh. No grite. ¡Basta de vino!
NICOLAS: (SE SIENTA) Estoy agotado. En realidad no tendré doce pero estoy como de treinta.
SILVINA: (LUEGO DE UN SILENCIO.) ¿En serio que me iba a besar por la fuerza?
NICOLAS: No sé. Quédese con la duda.
SILVINA: Contésteme.
NICOLAS: ¿Ud. que cree?
SILVINA: Que no se hubiera atrevido.
NICOLAS: ¿Entonces por qué saltó?
SILVINA: Porque me moría de ganas de hacerlo. Me gustó. Me gustó mucho. Fue casi como volar... A mi mama le hubiera encantado verme.
NICOLAS: No vuelva a hablar de su mamá, que se pone triste.
SILVINA: Tiene razón. Bailar. Me gustaba mucho bailar. Lo hacía muy bien.
NICOLAS: ¿Qué bailaba?
SILVINA: Ningún baile en especial. Inventaba. Ponía cualquier música y bailaba. De esto hace mucho.
NICOLAS: Pruebe. Anímese. Yo toco el bandoneón.
SILVINA: No.
NICOLAS: Si no baila, la beso.
SILVINA: No empiece con eso de nuevo.
NICOLAS: La beso.
SILVINA: No. (NICOLAS LA ESTRECHA Y BESA. ELLA LUEGO DE UN INSTANTE SE SEPARA DE GOLPE Y LO MIRA FIJAMENTE.)
NICOLAS: Disculpe. Disculpe, por favor. Yo se lo advertí. No pensó que lo haría. Seguro que no tenía ganas de bailar y por eso...
SILVINA : Me moría de ganas de bailar pero...
NICOLAS: ¿Pero qué?
SILVINA: Tenía más ganas que me besara.
NICOLAS: Siempre me sorprende. Es increíble.
SILVINA: Creo que hacía más tiempo que no me besaban que que no bailaba.
NICOLAS: (LOS DOS RIEN.) Puedo repetirlo.
SILVINA: No, ya está bien. Ahora voy a bailar. Toque su instrumento, maestro.
NICOLAS: Mire que no sé tocar...
SILVINA: Tan atrevido que es para algunas cosas... Haga ruido, con eso me basta. Vamos, maestro. (MUEVE SU CUERPO CON GRACIA. BAILA UNOS COMPASES Y LUEGO SALUDA COMO UNA BAILARINA CLÁSICA.)
NICOLAS: (APLAUDIENDO) ¡Bravo! ¡Bravo! (LOS DOS VUELVEN A SENTARSE.) Falta poco para el tren.
SILVINA: Un poco más de media hora. ¿Adónde va a ir?
NICOLAS: Al centro. Me voy a quedar en un bar hasta la hora de ir a la oficina.
SILVINA: ¿A qué hora?
NICOLAS: A las ocho.
SILVINA: ¿En qué trabaja?
NICOLAS: Soy empleado en una escribanía. Ya hace 17 años. Antes trabajé en un estudio jurídico por casi 11 años. Entré a los dieciocho como cadete. ¿Y Ud.?
SILVINA: Yo no hago nada. Bah... Cuido a mi mamá. Ella está tan mal, pobrecita.
NICOLAS: Lo lamento mucho.
SILVINA: Gracias.
NICOLAS: Acuérdese de mí mañana, cuando se despierte, yo voy a estar trabajando.
SILVINA: Pobre, sin dormir.
NICOLAS: ¿En qué estación tiene que bajarse?
SILVINA: No me haga esa pregunta.
NICOLAS: ¿Por qué?
SILVINA: Porque le mentí.
NICOLAS: Me mintió. ¿En qué?
SILVINA: Vivo a una cuadra.
NICOLAS: ¿Y por qué está acá? Con este frío. No la entiendo.
SILVINA: Volví a las doce del hospital. Hoy estaba muy desmejorada, la pobre. Las enfermeras cuchicheaban entre sí. Me dijeron que la iban a trasladar a otra sala, que me podía quedar con ella si quería. No pude. Sentí pánico. Esperé que estuviese dormida y salí corriendo. Llegué a casa y me puse a rezar. Rece casi una hora sin parar. El silencio de la casa me ahogaba. Nunca estuve sola. ¿Se da cuenta? Nunca. Tengo 45 años y nunca estuve sola.
NICOLAS: Se va a mejorar. Seguro que se va a mejorar.
SILVINA: ¿Le parece? Dios tiene que ayudarme. Yo rezo mucho. ¿Ud. tiene a sus padres?
NICOLAS: No. Murieron cuando yo era muy chico. Me criaron mis abuelos.
SILVINA: ¿El que tocaba el bandoneón?
NICOLAS: Era ferroviario. Encargado de una estación cuando los trenes eran ingleses. Cada vez que salía o llegaba un tren tocaba la campana, se colocaba la gorra y ponía cara de circunstancia. Para él era tan importante su trabajo... Nunca me dejó tocar la campana, decía que no era juego. Si un tren se atrasaba más de un minuto se labraba un acta y se ponía el motivo, que debía ser muy grave por supuesto. Un día un maquinista le gritó alcahuete porque le hizo firmar el formulario por un atraso de un minuto y un poco más. Mi abuelo ni se inmutó. Es lo justo, dijo.
SILVINA : Buena persona su abuelo. Honesto.
NICOLAS: Él decía: "No hay trabajo mediocre. Hay hombres mediocres que trabajan"
SILVINA: Mi papá era jefe de bomberos. Murió muy joven del corazón, pobre. Me acuerdo que desfiló un 9 de julio. Yo tenía 7 años, me parece estar viéndolo. Mi mamá le lustro las botas y yo los botones del uniforme. Como brillaban los botones...
NICOLAS: ¡Qué lindos eran los desfiles!. Yo marché en uno, como conscripto. Ya no son lo mismo. (REALIZA PASOS DE MARCHA MILITAR)
SILVINA: A mí me inquietan. Me dan un no sé qué, ahora.
NICOLAS: Nada es lo mismo... Antes las cosas eran blancas o negras. Cada uno era algo: bombero, militar, lustrabotas, bancario, maestro, que sé yo. La gente estaba orgullosa de su profesión. Ahora... Para mí mi trabajo es importante. Al menos yo me siento importante. Sello todos los escritos entes que firme el escribano. Él se da cuenta si yo no lo hago. Dice que nadie coloca el sello tan derecho y tan firme. Es verdad que no gano mucho, pero... Yo voy contento a trabajar.
SILVINA: Eso es bueno.
NICOLAS: No para todos. Siempre las discusiones con Rita empiezan por eso. Sé que tiene que hacer esfuerzos... ¿Qué quiere, que salga a robar?
SILVINA: No creo que quiera eso.
NICOLAS: Dice que le cagué la vida. Perdón, pero lo dice así. No debí casarme con ella. Me gustó desde el primer momento en que la vi. No es linda, lo que se dice linda. Tiene unos ojos enormes, y unas piernas... Bueno, Ud. me dijo que hiciera de cuenta que estaba confesándome...
SILVINA: ¿Se casó ya grande?
NICOLAS: Sí. Novias tuve, no muchas, pero tuve. Aunque no me había enamorado hasta conocer a Rita. ¿Y Ud.?
SILVINA: ¿Yo?
NICOLAS: ¿Por qué no se casó?
SILVINA: Lo mío es muy aburrido. No vale la pena ni contarlo.
NICOLAS: No diga eso. Supongo que debe haber tenido lo suyo. Alguien como Ud. tan delicada, tan tierna, tan formal, tan...
SILVINA: Tan antigua. Soy una especie de antigüedad que camina. (SONRIE) Hago juego con mi casa.
NICOLAS: No sea tan mala con Ud.
SILVINA: Si no me molesta, no crea. Me enorgullece, tengo un retrato de una tía abuela, ella era alguien tan especial... Miro su retrato y es como mirarme al espejo.
NICOLAS: Pero novio seguro que tuvo.
SILVINA: No sé si llamarlo novio... Sí, en realidad, lo fue. Eramos tan jóvenes. No sé porque le dije un día que no viniera más. Él me quería y creo que yo también. Armando pretendía tantas cosas de mí. Esperaba que yo cambiase tanto... Me decía que lo mío estaba bien para principio de siglo... No sé que pasó. Me fatigaba... Me exigía... Y yo estaba tan cómoda, tan tranquila.
NICOLAS: Querer a alguien no cansa.
SILVINA: Los afectos intensos siempre me han fatigado, salvo el de mamá. Ella me quiere como soy.
NICOLAS: Mire que es rara Ud.
SILVINA: Antigua. Nada más.
NICOLAS: ¿Mi beso la fatigó?
SILVINA: No. Fue jugando. Como el rango, el baile, el canto...
NICOLAS: ¿Y si no hubiera sido juego? (SE ACERCA)
SILVINA: Por favor no eche a perder este momento. Todo ha sido muy lindo esta noche.
NICOLAS: Pensé que a Ud. también le gustaría.
SILVINA: Quizás... pero prefiero quedarme con el recuerdo. No me exija, no me presione.
NICOLAS: Tiene razón, no quise molestarla. (SE QUEDA CRUZADO DE BRAZOS. ELLA SE ABALANZA Y LE DA UN LARGO BESO. LUEGO SE SEPARA) Esto no es de principio de siglo.
SILVINA: No. (LOS DOS SE RIEN.)
NICOLAS: Si mi reloj no miente, faltan diez minutos para el tren.
SILVINA: Diez minutos, ¿nada más?
NICOLAS: Sí, se pasó rápido el tiempo. Ahora va a poder dejar de cuidarme. Mire, la botella ya está vacía. Ya no hay peligro. ¿Por qué no vuelve a su casa?
SILVINA: Si le molesto me voy.
NICOLAS: No diga eso. Ahora se comporta como una tonta. No me quedaría tranquilo si se queda acá sola.
SILVINA: Por favor, lo saludo desde el andén y me voy corriendo a casa.
NICOLAS: No, mejor deje que la acompañe hasta la puerta de su casa y cuando vea venir el tren...
SILVINA: No. Me voy a quedar acá hasta que se vaya. Nunca despedí a nadie en un andén.
NICOLAS: Supongo que no se le ocurrirá pasar la noche aquí.
SILVINA: (EVIDENTEMENTE MINTIENDO) No, claro que no.
NICOLAS: Me está mintiendo y no sabe mentir.
SILVINA: No se preocupe por mí. Yo, si tengo miedo, canto y ya está.
NICOLAS: Entonces no me voy.
SILVINA: ¿No se va?
NICOLAS: No. Ahora tengo que cuidarla, le guste o no.
SILVINA: Acepto. (VA HACIA UN COSTADO Y SE ARRODILLA)
NICOLAS: ¿Qué hace ahora?
SILVINA: Shhhh...
NICOLAS: Ud. es única
SILVINA: (QUE HA TERMINADO) Ya está.
NICOLAS: ¿Qué hacía?
SILVINA: ¿Ud. cree en los milagros?
NICOLAS: No mucho. Nunca vi salir agua de las piedras, ni resucitar a nadie.
SILVINA: Hay grandes milagros y pequeños milagros. Los pequeños milagros son cosas casi sin importancia, para muchos. Son cosas simples que se cumplen cuando se las desea mucho. Yo desee que se quedara, que no tomara el tren, por eso agradecía.
NICOLAS: ¿En serio? Pero eso no es un milagro.
SILVINA: No se deben pedir grandes cosas, como le dije. Pequeñas... así sí, se cumplen.
NICOLAS: Si a eso le llama milagro, aleluya, entonces.
SILVINA: Si quiere yo voy a pedir uno para usted.
NICOLAS: ¿Qué?
SILVINA: Que se reconcilie con su esposa.
NICOLAS: No, por favor. Si me estima no pida eso... a ver si todavía se cumple su pedido. No soportaría otra discusión. Yo tengo bien decidido esto, así que no se le ocurra rezar por eso. ¿Me lo promete?
SILVINA: Lo prometo. (SE LA NOTA EXHAUSTA. ÉL LA SIENTA)
NICOLAS: Tiene que dormir un rato. Mañana tiene que cuidar a su mamá. Venga, apóyese sobre mi hombro. Va a estar más cómoda.
SILVINA: Gracias, me haría bien. ¿Y usted?
NICOLAS: Yo voy a leer un poco más. Esta helada. Déjeme que la abrace. ¿Esta cómoda?
SILVINA: Sí. ¿Qué pasara mañana?
NICOLAS: Todavía es hoy.
SILVINA: (LUEGO DE UN TIEMPO) ¿Qué lee?
NICOLAS: Han encontrado restos fósiles de un dinosaurio en Alaska. (LEYENDO) "La tierra era dominio de los dinosaurios. Todo hacía suponer que por su tamaño serian indestructibles. Eran animales herbívoros y tenían alimento suficiente para varios milenios. La aparición de los animales carnívoros, entre ellos el hombre, fue el comienzo del fin para los dinosaurios. El dinosaurio solitario era atacado por los carnívoros en manada hasta liquidarlo..."

VA BAJANDO LENTAMENTE LA LUZ Y SE ESCUCHA A LO LEJOS EL SILBATO DE UN TREN




(*) Santiago Serrano es autor y director del Grupo Teatral Encuentros.

NOTA: La obra está registrada en el Registro de la Propiedad Intelectual de la República Argentina y en ARGENTORES. Se ruega se notifique su puesta en escena así como también vuestra opinión sobre la misma. santiagotexto@grupoteatro.com.ar

En el Festival del Centro Cultural Gral. San Martín, esta obra, obtuvo los siguientes premios:
MEJOR OBRA ORIGINAL
MEJOR ACTRIZ: Graciela GAROLA
MENCION ESPECIAL AL MEJOR ESPECTACULO

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Para contactarse con Santiago Serrano: santiagoms@sinectis.com.ar
Sitio web: http://usuarios.tripod.es/Santiago_Serrano/

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