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Carlos Mérida (Guatemala 1891- México
1984) es uno de los pintores más trascendentes
de los que han visto la luz en Guatemala.
Criado en un ambiente familiar donde la cultura era
importante, a muy corta edad comenzó a adquirir
conocimientos artísticos, especialmente de música
y de pintura, campos que le atraían mucho.
Después que una sordera parcial le imposibilito
su deseo de ser músico, decidió, siendo
aún muy joven, dedicarse a la pintura.
Desde sus inicios como pintor logró capturar
escenas propias del folclore Guatemalteco; sin embargo,
en estas ya se notaba la influencia de las escuelas
y técnicas europeas de su tiempo, con las cuales
entró en contacto gracias a una larga estadía
en Europa. Ahí, Mérida fue testigo de
la transición del impresionismo al cubismo, y
vivió plenamente la gran revolución del
arte moderno.
Esta primera etapa es muy significativa, no por su obra
en sí, sino porque es la época donde redescubre,
a partir de su conocimiento con otras sociedades, las
diferentes expresiones culturales de su Guatemala natal,
presencia decisiva hasta los últimos años
de su labor artística.
En su obra posterior, existe un constante juego de
líneas geométricas, que da como resultado
la abstracción de la aturaleza. Los conjuntos
se ven enriquecidos por el uso de colores intensos,
clara reminiscencia de los güipiles indígenas
que dota a sus composiciones de una armonía muy
especial.
A simple vista los cuadros de Mérida parecen
complejos, las figuras se entrelazan o estallan en colores
o nuevas figuras, a las cuales no siempre se les encuentra
correspondencia con objetos o seres reales, pero la
intención es muy simple: la composición
de la pintura es la forma expresiva de la misma. El
artista ha eliminado todas las formas y elementos complejos
de la naturaleza y nos entrega una obra inundada de
un lenguaje visual simplificado, renovado, y accesible
si se usa la emoción más que la lógica.
Se puede percibir también una gran influencia
musical, la repetición de líneas y colores
recuerda los sonidos emitidos por instrumentos de percusión
convirtiéndolo en un elemento muy importante
en toda su obra. El mismo Mérida reconocía
tal tendencia, ya que alguna vez escribió: "Siempre
se encontrará en mi pintura una fuente, un origen
vital... asociaciones remotas o sentimientos musicales
que vienen desde muy lejos."
Otro aspecto importante es que por sí mismos,
los cuadros no presentan formas en movimiento; son los
colores, las líneas, los puntos, los que nos
lo sugieren. Otra vez interviene lo innato como factor
predominante ya que su obra reproduce sentimientos,
vivencias, no la naturaleza tal cual sino las emociones
que en el artista recrudecen. Componía con colores
libres, superpuestos, los rojos parecieran adelantar
a los otros colores creando aparentemente un orden que
muere con el movimiento.
El estilo y la técnica de Mérida pueden
hacernos creer que lo que retratan sus pinturas no son
imágenes indígenas. Ante esto no se debe
olvidar la ascendencia mestiza del artista, el eterno
conflicto de identidad que como cualquier guatemalteco
habrá sufrido y que surge en su obra, marcada
por el choque entre dos mundos al mismo tiempo opuestos
y complementarios.
Carlos Mérida intentó destacar en su
obra la cultura ancestral de su país, pero no
fue un pintor de paisajes o un retratista, fue un pintor
moderno e innovador. Utilizó las formas geométricas
para recrear la desesperanza, las ilusiones y miedos
colectivos, típicos de su época. Fue testigo
de grandes cambios artísticos, políticos
y culturales que plasmó en sus cuadros, y es
sin duda alguna un pintor fundamental para el descubrimiento
del ser americano.
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