
"El día que Kadi perdió parte
de su vida" Editorial Blume.
50% beneficios ONG luchan por erradicar
la practica de la ablación.
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Francesc Iglesias: Te dedicas a la fotografía
desde muy joven: a los 15 años conseguiste publicar
tus primeras fotos, a los 16 ya habías realizado tu
primera exposición individual... ¿Cómo nació tu pasión
por la fotografía? ¿Qué o quién alentó esta vocación
tan precoz?
Kim Manresa: Cuando tenía 14 años, mis padres
me regalaron una cámara. Vivía en el barrio de Sant
Andreu de Barcelona, Franco había muerto hacía poco
y cuando salía del cole me iba a hacer fotos de las
manifestaciones, las cargas policiales... En aquella
época había pocos fotógrafos y la televisión sueca,
que estaba haciendo un reportaje sobre la transición
española, me compró algunas fotografías. Poco después
empecé a publicar en "Mundo Diario", "Tele/exprés"...
A los 17 años hice un viaje por Europa. Después me
tocó hacer la mili en Canarias pero, una vez allí, conseguí
que me declararan inútil. En Canarias hice un reportaje
sobre los guanches y después me embarqué hacia Mauritania
donde hice unos reportajes sobre las caravanas de las
minas de sal y el papel de la mujer en el mundo árabe.
Se publicaron en "Geo", "Muy Interesante"...
También estuve un tiempo de ayudante con la fotógrafa
Colita. Con ella aprendí técnica fotográfica, trabajo
de laboratorio, el instante decisivo, etc.
El ambiente que se vivía en las calles durante la Transición,
mi interés por la fotografía social y de denuncia y
las ganas de viajar fueron los factores que determinaron
mi dedicación a la fotografía.
FI: ¿Qué sientes cuando ves alguna de tus fotografías
publicada en la portada de periódicos o revistas de
gran difusión?
KM: Al principio me hacía mucha ilusión. Actualmente,
cuando veo publicado un reportaje, sólo pienso en el
siguiente. Si no publicaran mis fotografías las haría
igual: ¡ llevo la fotografía en la sangre!
FI: Los médicos deben aceptar el código deontológico
antes de dedicarse a la práctica médica. ¿Cuál sería
para ti el código ético o moral que debería respetar
cualquier profesional del fotoperiodismo?
KM: Para mí, lo principal es la ética informativa
y la credibilidad del autor. La aparición de la fotografía
digital ha aumentado la posibilidad de manipulación.
Debería existir un control de la profesión, una comisión
o una especie de colegio que vigilara a los fotógrafos
que mienten o exageran y que, en caso de reincidencia,
pudiera expulsarlos del oficio.
FI: Algunos periodistas te han definido como fotógrafo
sin chaleco. ¿Qué crees que quieren decir con esta expresión?
KM: Hoy en día la profesión de fotógrafo está
de moda: a algunos fotógrafos se les trata como a dioses
y otros van por el mundo vanagloriándose de ser grandes
periodistas. Yo no le doy demasiada importancia al hecho
de ser fotógrafo. No suelo llevar chaleco y para cada
viaje compro una cámara de 15.000 o 16.000 ptas. que
hace unas fotos tan buenas como una de 500.000. ¡ No
quiero ser esclavo de la cámara!. Cuando termino un
reportaje la cambio por un tirachinas, de los que actualmente
hago colección.
FI: Tu trabajo El día que Kadi perdió parte de su
vida ha recibido infinidad de premios en el ámbito nacional
e internacional (El Visa pour la image de Perpignan,
el Godó de Fotoperiodismo, la medalla de plata de Fotoperiodismo
de la Society of Newspaper Design, el FotoPres'99 ...)
¿De quién y cómo surgió la idea de realizar un reportaje
sobre la práctica de la ablación en los países subsaharianos?
KM: Fue todo muy casual. Hacía tiempo que junto
a David Serra estaba realizando unos reportajes sobre
la vida cotidiana en África. Un amigo africano me invitó
a presenciar el ritual de una ablación. Primero me propuso
asistir al de una niña de un año, pero finalmente presencié
el de Kadi, que entonces tenía 5 años. En principio
era una historia más dentro de historias de África.
FI: Mientras tomabas las fotografías de esta práctica
atroz y ancestral. ¿Qué pasó por tu cabeza? ¿No sentiste
la necesidad de dejar de ser un testimonio objetivo
para implicarte personalmente?
KM: Estaba un poco implicado, pero llamar a
una ONG para intentar evitarlo no hubiera servido de
nada, ya que lo habrían negado. La ablación se practicó
en un patio y duró 7 u 8 minutos. Kadi gritaba desconsoladamente.
Yo me sentía muy mal y sólo estuve presente unos 30
segundos, el tiempo imprescindible para tomar 8 fotografías.
Entraba un instante y volvía a salir. ¡ No veía ni a
qué disparaba!. Fue una de las experiencias que más
me ha impresionado.
FI: ¿En aquel momento, eras consciente de la importancia
y repercusión posterior que tendría tu reportaje?
KM: Sabía que podía ser complicado pero para
mí era una historia más dentro de un proyecto mucho
más amplio. Creo que el tema se ha desmadrado un poco.
El reportaje muestra una práctica que se realiza habitualmente
pero que los blancos no habíamos visto nunca. Yo sólo
la he mostrado de la manera más respetuosa posible.
Después, que cada uno saque sus conclusiones.
FI: Al cabo de un año y medio de haber realizado
el reportaje sobre Kadi, regresaste a Africa y estuviste
otra vez con ella y la buankisa que le practicó la ablación.
¿Qué supusieron para ti estos dos reencuentros?
KM: Me sentía mal conmigo mismo: estaba preocupado
por la niña que me había hecho ganar importantes premios
y mis fotos habían llevado a la cárcel a la mujer que
le practicó la ablación.
Por medio de un soborno conseguí que liberaran a la
buankisa. A través de una carta le hice saber que disponía
de una segunda oportunidad pero que si volvía a hacerlo,
la responsabilidad sería únicamente suya.
A Kadi le pregunté si quería ir a estudiar a la capital.
Me respondió que sí y ahora está viviendo con mi amigo.
Cuando sea mayor, si quiere, podrá venir a Barcelona
y tendrá pagada la Universidad. Mi amigo, que es del
mismo clan que Kadi, es su tutor legal y yo soy su tutor
económico. Ahora tengo dos ahijadas en África: Kadi
y la hija biológica de mi amigo, a la que han puesto
el nombre de Kima.
FI: En una sociedad global y cada día más mediatizada,
las imágenes de conflictos bélicos, temas sociales,
ecológicos... - captadas por fotógrafos o cámaras de
TV - juegan un papel determinante en la opinión pública.
¿Qué repercusión te gustaría que tuviera el reportaje
El día que Kadi perdió parte de su vida?
KM: Me gustaría que sirviera para concienciar
a la gente. De la multiculturalidad deben conservarse
algunas cosas pero otras deben desaparecer porque los
tiempos cambian. Actualmente la ablación no tiene ningún
sentido. Mi reportaje es de denuncia, pero son las mujeres
de estos países quienes deben luchar para conseguir
erradicar esta práctica.
FI: Desde el año 1985, trabajas en el departamento
de fotografía de La Vanguardia. ¿Cómo consigues combinar
tu trabajo diario en el periódico con tus proyectos
más personales que te obligan a viajar constantemente
por el mundo?
KM: La Vanguardia me deja bastante libertad
a la hora de realizar mis proyectos ya que normalmente
también le interesan. Trabajar en un periódico me permite
estar permanentemente en contacto con la realidad. Me
gusta combinar las dos facetas porque así no pierdo
el día a día.
FI: La consecución de tantos premios y el reconocimiento
unánime de la profesión parece el sueño y la culminación
de la carrera profesional de cualquier fotoperiodista.
¿Cuáles son los retos que te planteas de cara al futuro?
KM: Creo que las personas deben ser honestas
consigo mismas y trabajar en aquello en lo que creen.
Yo me lo he pasado muy bien y me lo he creído. Esto
es lo realmente importante, aunque si llega el reconocimiento
mucho mejor.
El proyecto más inmediato es la publicación del libro
Historias de África que recogerá 200 pequeñas historias
cotidianas de este continente. Queremos ofrecer una
imagen global de África que se aleje de la que habitualmente
nos muestran los medios de comunicación: guerras, miseria,
luchas tribales, hambre... En total habrá unas 1000
fotos. ¡ Será como el Libro Gordo de Petete!.
También estoy muy ilusionado con un libro de cuentos
para niños con fotos mías y textos de Marta Civil. La
mayoría de los libros infantiles son de historias fantásticas
pero en esta ocasión será de historias reales. Las fotografías
irán acompañadas de texto normal y en braille para que
también puedan leerlo los niños invidentes.
Además, estoy trabajando en un proyecto sobre los diez
ríos más importantes del mundo, cosa que me obligará
a viajar por Hungría, Brasil, Rusia, China, EEUU, la
India...
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