Fotografía

Entrevista a Kim Manresa
Por FRANCESC IGLESIAS (*)

 

El ganador del premio Fotopress '99 nos habla de su experiencia personal en la realización del reportaje sobre la ablación en África.



"El día que Kadi perdió parte de su vida" Editorial Blume.
50% beneficios ONG luchan por erradicar
la practica de la ablación.

Francesc Iglesias: Te dedicas a la fotografía desde muy joven: a los 15 años conseguiste publicar tus primeras fotos, a los 16 ya habías realizado tu primera exposición individual... ¿Cómo nació tu pasión por la fotografía? ¿Qué o quién alentó esta vocación tan precoz?

Kim Manresa: Cuando tenía 14 años, mis padres me regalaron una cámara. Vivía en el barrio de Sant Andreu de Barcelona, Franco había muerto hacía poco y cuando salía del cole me iba a hacer fotos de las manifestaciones, las cargas policiales... En aquella época había pocos fotógrafos y la televisión sueca, que estaba haciendo un reportaje sobre la transición española, me compró algunas fotografías. Poco después empecé a publicar en "Mundo Diario", "Tele/exprés"...

A los 17 años hice un viaje por Europa. Después me tocó hacer la mili en Canarias pero, una vez allí, conseguí que me declararan inútil. En Canarias hice un reportaje sobre los guanches y después me embarqué hacia Mauritania donde hice unos reportajes sobre las caravanas de las minas de sal y el papel de la mujer en el mundo árabe. Se publicaron en "Geo", "Muy Interesante"...

También estuve un tiempo de ayudante con la fotógrafa Colita. Con ella aprendí técnica fotográfica, trabajo de laboratorio, el instante decisivo, etc.

El ambiente que se vivía en las calles durante la Transición, mi interés por la fotografía social y de denuncia y las ganas de viajar fueron los factores que determinaron mi dedicación a la fotografía.

FI: ¿Qué sientes cuando ves alguna de tus fotografías publicada en la portada de periódicos o revistas de gran difusión?

KM: Al principio me hacía mucha ilusión. Actualmente, cuando veo publicado un reportaje, sólo pienso en el siguiente. Si no publicaran mis fotografías las haría igual: ¡ llevo la fotografía en la sangre!


FI: Los médicos deben aceptar el código deontológico antes de dedicarse a la práctica médica. ¿Cuál sería para ti el código ético o moral que debería respetar cualquier profesional del fotoperiodismo?

KM: Para mí, lo principal es la ética informativa y la credibilidad del autor. La aparición de la fotografía digital ha aumentado la posibilidad de manipulación. Debería existir un control de la profesión, una comisión o una especie de colegio que vigilara a los fotógrafos que mienten o exageran y que, en caso de reincidencia, pudiera expulsarlos del oficio.

FI: Algunos periodistas te han definido como fotógrafo sin chaleco. ¿Qué crees que quieren decir con esta expresión?

KM: Hoy en día la profesión de fotógrafo está de moda: a algunos fotógrafos se les trata como a dioses y otros van por el mundo vanagloriándose de ser grandes periodistas. Yo no le doy demasiada importancia al hecho de ser fotógrafo. No suelo llevar chaleco y para cada viaje compro una cámara de 15.000 o 16.000 ptas. que hace unas fotos tan buenas como una de 500.000. ¡ No quiero ser esclavo de la cámara!. Cuando termino un reportaje la cambio por un tirachinas, de los que actualmente hago colección.

FI: Tu trabajo El día que Kadi perdió parte de su vida ha recibido infinidad de premios en el ámbito nacional e internacional (El Visa pour la image de Perpignan, el Godó de Fotoperiodismo, la medalla de plata de Fotoperiodismo de la Society of Newspaper Design, el FotoPres'99 ...) ¿De quién y cómo surgió la idea de realizar un reportaje sobre la práctica de la ablación en los países subsaharianos?

KM: Fue todo muy casual. Hacía tiempo que junto a David Serra estaba realizando unos reportajes sobre la vida cotidiana en África. Un amigo africano me invitó a presenciar el ritual de una ablación. Primero me propuso asistir al de una niña de un año, pero finalmente presencié el de Kadi, que entonces tenía 5 años. En principio era una historia más dentro de historias de África.

FI: Mientras tomabas las fotografías de esta práctica atroz y ancestral. ¿Qué pasó por tu cabeza? ¿No sentiste la necesidad de dejar de ser un testimonio objetivo para implicarte personalmente?

KM: Estaba un poco implicado, pero llamar a una ONG para intentar evitarlo no hubiera servido de nada, ya que lo habrían negado. La ablación se practicó en un patio y duró 7 u 8 minutos. Kadi gritaba desconsoladamente. Yo me sentía muy mal y sólo estuve presente unos 30 segundos, el tiempo imprescindible para tomar 8 fotografías. Entraba un instante y volvía a salir. ¡ No veía ni a qué disparaba!. Fue una de las experiencias que más me ha impresionado.

FI: ¿En aquel momento, eras consciente de la importancia y repercusión posterior que tendría tu reportaje?

KM: Sabía que podía ser complicado pero para mí era una historia más dentro de un proyecto mucho más amplio. Creo que el tema se ha desmadrado un poco.
El reportaje muestra una práctica que se realiza habitualmente pero que los blancos no habíamos visto nunca. Yo sólo la he mostrado de la manera más respetuosa posible. Después, que cada uno saque sus conclusiones.

FI: Al cabo de un año y medio de haber realizado el reportaje sobre Kadi, regresaste a Africa y estuviste otra vez con ella y la buankisa que le practicó la ablación. ¿Qué supusieron para ti estos dos reencuentros?

KM: Me sentía mal conmigo mismo: estaba preocupado por la niña que me había hecho ganar importantes premios y mis fotos habían llevado a la cárcel a la mujer que le practicó la ablación.

Por medio de un soborno conseguí que liberaran a la buankisa. A través de una carta le hice saber que disponía de una segunda oportunidad pero que si volvía a hacerlo, la responsabilidad sería únicamente suya.

A Kadi le pregunté si quería ir a estudiar a la capital. Me respondió que sí y ahora está viviendo con mi amigo. Cuando sea mayor, si quiere, podrá venir a Barcelona y tendrá pagada la Universidad. Mi amigo, que es del mismo clan que Kadi, es su tutor legal y yo soy su tutor económico. Ahora tengo dos ahijadas en África: Kadi y la hija biológica de mi amigo, a la que han puesto el nombre de Kima.

FI: En una sociedad global y cada día más mediatizada, las imágenes de conflictos bélicos, temas sociales, ecológicos... - captadas por fotógrafos o cámaras de TV - juegan un papel determinante en la opinión pública. ¿Qué repercusión te gustaría que tuviera el reportaje El día que Kadi perdió parte de su vida?

KM: Me gustaría que sirviera para concienciar a la gente. De la multiculturalidad deben conservarse algunas cosas pero otras deben desaparecer porque los tiempos cambian. Actualmente la ablación no tiene ningún sentido. Mi reportaje es de denuncia, pero son las mujeres de estos países quienes deben luchar para conseguir erradicar esta práctica.

FI: Desde el año 1985, trabajas en el departamento de fotografía de La Vanguardia. ¿Cómo consigues combinar tu trabajo diario en el periódico con tus proyectos más personales que te obligan a viajar constantemente por el mundo?

KM: La Vanguardia me deja bastante libertad a la hora de realizar mis proyectos ya que normalmente también le interesan. Trabajar en un periódico me permite estar permanentemente en contacto con la realidad. Me gusta combinar las dos facetas porque así no pierdo el día a día.

FI: La consecución de tantos premios y el reconocimiento unánime de la profesión parece el sueño y la culminación de la carrera profesional de cualquier fotoperiodista. ¿Cuáles son los retos que te planteas de cara al futuro?

KM: Creo que las personas deben ser honestas consigo mismas y trabajar en aquello en lo que creen. Yo me lo he pasado muy bien y me lo he creído. Esto es lo realmente importante, aunque si llega el reconocimiento mucho mejor.

El proyecto más inmediato es la publicación del libro Historias de África que recogerá 200 pequeñas historias cotidianas de este continente. Queremos ofrecer una imagen global de África que se aleje de la que habitualmente nos muestran los medios de comunicación: guerras, miseria, luchas tribales, hambre... En total habrá unas 1000 fotos. ¡ Será como el Libro Gordo de Petete!.

También estoy muy ilusionado con un libro de cuentos para niños con fotos mías y textos de Marta Civil. La mayoría de los libros infantiles son de historias fantásticas pero en esta ocasión será de historias reales. Las fotografías irán acompañadas de texto normal y en braille para que también puedan leerlo los niños invidentes.

Además, estoy trabajando en un proyecto sobre los diez ríos más importantes del mundo, cosa que me obligará a viajar por Hungría, Brasil, Rusia, China, EEUU, la India...

 

(*) Entrevista realizada por Francesc Iglesias para Vía Carla (http://www.viacarla.com)



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