Editorial

Herencia

 

La Tierra vista desde el Galileo

Una brújula. Una enorme brújula que (medio) oriente a la humanidad. No es mucho lo que estoy pidiendo. Deberíamos comenzar a cuidarnos un poco, somos verdaderas criaturas amnésicas. Nos creemos todopoderos e inmortales, y no recordamos la historia de este mundo, este único planeta que es nuestro hogar. ¿O acaso tenemos algún otro lugar a donde ir? Somos íntegramente destructivos: aniquilamos especies, arrasamos con el medio ambiente, nos matamos entre nosotros. Insistimos inacabablemente con la historia de Caín y Abel. No nos conformamos con el daño que le hemos hecho a la tierra en los últimos cincuenta años - tan sólo nos llevó cinco décadas desarrollar este proceso irreversible de contaminación ambiental - sino que estamos completamente decididos a exterminarnos incentivando guerras y guerrillas, vendiendo veneno a las jóvenes generaciones y desarrollando enfermedades en laboratorios; flamantes plagas concebidas en el siglo veinte.

Desde hace unos días se comenzó a escribir un nuevo capítulo de una controvertida novela que acarrea miles de años y que, todos sabemos, es muy difícil que tenga un final, ni pensemos que sea además, un final venturoso. Es ilusorio llegar siquiera a un mínimo bienestar con tantos cadáveres, y por sobre todas las cosas, con tantos intereses involucrados.

El daño que nos producimos es desmesurado, tanto en extensión como en intensidad, si es posible establecer alguna forma de medida para tales aberraciones. Por momentos parece que nada está librado al azar, que cada una de estas acciones realizadas contra nuestra propia naturaleza pertenece a un gran plan maestro que tiene como último propósito la extinción total de la raza humana.

Entonces, a esta altura de la historia, me pregunto si alguien está pensando en que planeta le estamos legando a las futuras generaciones. Acaso algunos de estos poderosos hombres que manipulan los gobiernos de las grandes potencias mundiales siquiera a soñado una vez con dejarle una mundo mejor a sus hijos y sus nietos. Pesada herencia estamos dejando: Tierra gobernada por demiurgos del exterminio y la aniquilación.

Una brújula, tan sólo una brújula que permita encontrar un progreso sobre cimientos basados en la educación y la cultura para desarrollar expresiones artísticas y concebir nuevos espacios que ponderen la creación por encima de cualquier forma de destrucción. Esa es la herencia que debemos legar.

/fvp



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