Literatura

Bukowski, la literatura chatarra
Por CARLOS YUSTI

Charles Bukowski, escritor norteamericano que tuvo un fulgor pasajero en el gusto literario de los jóvenes en los 80, es hoy un producto literario secundario, cuya prosa atiborrada de felaciones, dipsómanos y vulgaridad ya nadie lee. En los cincos minutos de fama que le correspondían a Bukowski, algunos de sus libros fueron llevados al cine con bastante perecía y sin ningún asomo de poesía.

Charles Bukowski
Charles Bukowski

Todavía pueden verse películas como "Cuentos de la locura corriente" y "Barfly". Cuando comenzó la moda Bukowski, uno que venía de Henry Miller, miraba de reojo y con escepticismo toda esa fanfarria editorial, toda ese bullicio en torno a un escritor que gran parte de su vida estuvo borracho, intentando ser un escritor maldito (en mayúscula) sin lograrlo. O sea uno venía de leer a ritmo lírico y punzante más que el sueño americano la pesadilla americana, con su fuerte carga sexual y su nihilismo suburbial.

Henry Miller, el narrador de la urbe, de las prostitutas; el amigo de Anais Nïn, de los locos, de los reventados por la vida rogaba a Dios que lo hiciera escritor y así escribir, de una manera metafórica, desabrochada, todo ese delirante modo de vivir americano. Sus libros "Trópico de Cáncer" y "Trópico Capricornio" más que novelas, biografía o diarios, eran una poética perfumada de inconformismo y rebeldía que venía en plan de echar por tierra todo ese puritanismo de aire acondicionado y Hot-dog, todos esos prejuicios raciales de una Norteamérica preocupada por hacer la guerra y no el amor. Los libros de Miller estaban escritos con muchos cuartos baratos, sexo y eyaculaciones, sin embargo todo eso estaba llevado al papel con una poética feroz, todo escrito con inteligencia y desfachatez. Charles Bukowski venía detrás, lo único diferente era que sus libros eran torpes, ignorantes e impregnados de whisky barato y cachondeo, no tenían un mínimo de poesía y más que una escritura liberadora, como la de Miller, era una escritura de consumo y supermercado. No parece ocioso citar a Nuño: "Era de temer: en una época en que se impuso el miserable fast-food tenía que aparecer del fast-thinking, su equivalente en el orden de las ideas. No hay que atender a los contenidos (ni ese food es comida digna siquiera del nombre ni el thinking denota pensamiento alguno), sino a la intención dominante: la rapidez para todo." Leer a Bukowski es asimilar literatura donde no hay literatura, deglutir palabras que conforman frases donde sólo hay lugares comunes, pleonasmos eróticos, sin contenido. Bukowski es el producto literario de una América abocada al culto premeditado de la velocidad. Todo tiene que hacerse en el menor tiempo posible. Una América que ha sacrificado el deleite de los sentidos por su manía compulsiva a la rapidez. La escritura de Bukowski entra en ese mundo de lo que se deglute con rapidez, no es una escritura vanguardista, ni complicada al igual que la comida rápida viene aderezada con sabores y colores artificiales, fuera de los afeites, sólo nos queda la insipidez y el vomitivo.

Los libros de Bukowski, "La máquina de follar", "Factótum", "Cartero", "Escritos de un viejo indecente", "Se busca una mujer", era un Miller mal copiado y con resaca, un Miller de segunda mano. Los libros de Bukowski también tenían sexo, borrachines, prostitutas y un zoo urbano de todas las especies sólo que estaban escritos sin rabia, sin ninguna pizca de inteligencia. Bukowski era un hombre con poca lectura en el corazón y mucho whisky adulterado en el alma. Por esa razón sus libros se quedaron en literatura chatarra, especie de hamburguesa literaria que se consume y nada más. Henry Miller por el contrario tiene algunos libros de ensayos, género en el que Bukowski no incursionó, donde aborda temas sobre surrealismo, D. H. Lawrence, Rimbaud, Hámlet, demostrando su visión particular del arte y la literatura.

La juventud desideologizada, ecologista y vegetariana gusta mucho de Bukowski. Yo como soy un antiguo me he quedado con Miller. Los jóvenes son así ya no quieren ser el futuro y por eso el futuro es un viejo como Caldera. O sea lo jóvenes están poco interesados en la profundidad del mundo, sólo quieren estar al margen escuchando a Zapato 3 y rayando las paredes con mensajes sentimentales sosos. El futuro, el país, la LITERATURA y las cosas trascendentales no le entusiasman para nada.

La América contemporánea come literalmente mierda y en ese sentido consume arte y literatura en su equivalente. Bukowski es el ejemplo más representativo de ello. El sexo, la vulgaridad, las neurosis en sus libros no son más que colorantes artificiales (sin carnadura ni poesía) para que pueda ser consumida por el morbo americano que se deleita, de manera conformista, con la guerra por cable, con leer sexo de quiosco, o saborearlo en el V.H., antes que hacerlo; en suma que se deleita con las superficies de las cosas y no con las cosas mismas.

Esta América actual que nos invade con sus enlatados televisivos, sus penes cortados, la deuda externa, los Best-Sellers, las muñecas sexuales de goma, sus asesinos en serie de paso nos traen a Bukowski. Es la América atávica sumergida en su propia sangre y en su propia podredumbre, la cual siempre sale bien librada, exceptuando Vietnam, sojuzgando a los demás y publicitando al máximo su morbo oscurantista. La América today es el fascismo vivo o como escribe Umbral: "Superados los fascismos históricos, para mi fascismo es, hoy, segregar todavía alguna provincia humana, cortarle el pene al señor Bobbitt,...". Es creer, lamentablemente, digo yo, que Buskowski es literatura.

 



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