Filosofía

Savater: Filosofía a ras de la gente
Por CARLOS YUSTI

En nuestro ámbito postmoderno la filosofía (o más bien uno que otro filósofo) ha tratado de bajarse de su elevado pedestal, para asir por el cuello la calle y retornar así a sus orígenes en la Grecia antigua; donde la actividad de razonar, pensar y hacerse preguntas sobre el devenir humano era inherente a todos los individuos, los cuales merodeaban por las plazas en busca de una buena discusión filosófica. El número de filósofos que ha querido desmitificar el sentido cerradamente elitista y académico de la filosofía ha crecido significativamente en nuestros días. Fernando Savater es uno de esos filósofos que ha intentado darle una orientación menos restrictiva al quehacer filosófico.

Ha repetido en infinidad de entrevistas que es un filósofo en minúscula y su estilo emparenta más con los filósofos de la ilustración (Voltaire, Diderot) que con esos monstruos sagrados como Kant. A pesar de ello sus libros, que desarrollan esos temas urgentes de la democracia, la ética, la política, la tolerancia, la literatura y un variadísimo etcétera, se venden como rosquillas. Hace poco Fernando Savater ha estado en nuestro país, invitado por la Contraloría de la República en el marco de su aniversario, dictando siete conferencias que tuvieron como eje central la ética. Fernando Savater, siguiendo los pasos a sus homólogos como José Ortega y Gasset o Julián Marías, decide tomar por asalto los periódicos; pasando en limpio sus dudas, sus contradicciones y sus alegatos a favor de lo humano en el escrito apremiante del día, sin otro norte que asumir la filosofía más como género literario desabrochado, como él mismo ha manifestado, que como pesado tratado académico.

Savater ha escrito, haciendo referencia a Voltaire, que el filósofo tiene que hacer uso de la notoriedad, del estruendo publicitario para combatir los manejos de los fanáticos siempre tenebrosos y secretos. Que el filósofo tiene que brillar, hacer ruido para que su presencia irredenta se sienta y cause cierta incomodidad o como él escribe: "El intelectual no puede ser opaco, necesita brillar para conseguir una audiencia que sustituya con su apoyo los privilegios de la sangre, del poder o de la jerarquía eclesial. Hoy se habla con desdén de los intelectuales mediáticos, olvidando que todo intelectual por esencia debe serlo para llevar a bien su tarea. El sabio puede vivir oculto y retirado, pero el intelectual no: aquél aspira a transformar lo que se sabe y ello puede hacerse en el alejamiento mundano, pero éste quiere influir en la organización de la vida colectiva, lo cual no se consigue más que poniéndose en evidencia ante la comunidad." Estos mismos argumentos se le podrían aplicar perfectamente al autor del "El Jardín de las dudas", biografía novelada sobre Voltaire, quien no sólo brilla por su prolija producción intelectual, que abarca los géneros más disímiles y los cuales van desde el teatro hasta la novela, pasando por libros sobre literatura, o con temas filosóficos específicos; sin mencionar sus obras que recopilan una gran cantidad de artículos de opinión. Brilla, además, por sus posturas polémicas y por sus actuaciones cívicas contra la violencia que ejercen el poder, o los grupos políticos infectados de fundamentalismos paranoicos. Savater sale a la calle y al igual que Voltaire toma partido a favor de los más vulnerables. No por casualidad en su "Diccionario Filosófico" acuña como epígrafe una frase de Ortega y Gasset: "La filosofía es, antes, filosofar, y filosofar es, indiscutiblemente, vivir; como lo es correr, enamorarse, jugar al golf, indignarse en política y ser dama de sociedad. Son modos y formas de vivir."

Postula sin ambages que la filosofía es un género literario y lo asume con razonada complejidad y profundo desparpajo. Los temas predilectos para sus divagaciones controvertidas, y alejadas de todo maniqueísmo, son la ética, la tolerancia, la religión, la política, los sueños, la muerte y la educación. Se dirige a un público heterogéneo, así su libro "Malos y malditos" recopila un conjunto de textos que se pasean por el zoo de malos y malditos de la literatura como el Cíclope de Ulises, Sansón Carrasco del Quijote, los Velociraptores de Parque Jurásico. Con un lenguaje fresco y sencillo busca captar la atención de niños de nueve años. Sus libros "Ética para Amador" y "Política para Amador" buscan explicar a los adolescentes, utilizando la figura de su hijo como interlocutor inmediato, los pormenores de la ética y los vericuetos algo bituminosos de la política. Dirige la revista "Claves de razón practica", donde se escribe y se discute sobre el azaroso mundo contemporáneo de las ideas, la política y la cultura. Así mismo escribe con regularidad para diarios y revistas. En su libro "Diccionario Filosófico", y que por supuesto toma el tono del Diccionario portátil de Voltaire, acerca al lector por una serie de temas variados a los que logra sacarle su enseñanza filosófica a fuerza de razonamientos nada ortodoxos. En el diccionario de Savater hay una multiplicidad de temas no siempre propios de la filosofía. Con respecto al diccionario él ha escrito: "Voltaire iba a lo suyo y hacía filosofía sobre cualquier cosa, no sólo a partir de esos grandes temas que ya tienen el marchamo de calidad filosófica reconocida por la academia. Aquí procuraremos pensar del mismo modo."

Otro rasgo distintivo en el estilo de Savater, para abordar los asuntos, es el humor entusiasta y el optimismo crítico de sus escritos que rezuman vitalidad y pasión aparatosa. El humor en muchos textos de Savater proviene, sin duda, de su intenso amor por la vida. Prefiere buscarle un lado jocoso a las cuestiones más espinosas del existir, que perderse en el bosque de las lamentaciones y las recriminaciones golpes de pecho.

Parece interesarse más en captar el lado risible de la vida antes que perorar sobre los padecimientos que pasamos por estar vivos, aunque es bueno destacar que no por ello rehuye ningún tema y los aborda con enorme desfachatez intelectual. El optimismo de Savater tampoco es un optimismo aquejado de ensoñaciones retóricas y mentiras piadosas, es más bien un optimismo crítico que percibe el acontecer humano con irreverente claridad. Siendo un optimista/hedonista consumado no busca acomodar el discurso filosófico para maquillar la realidad, sino que trata que sus argumentos desnuden todos los flancos posibles de dicha realidad, buscando así la manera de que cada cual se mueva con más holgura por la realidad a pesar de que sea terrible o como él escribe: "Mis escritos filosóficos pertenecen al género de las diatribas. No me refiero al sentido actual de la palabra, que sirve para nombrar panfletos que acusan y denigran (aunque tampoco soy, ay, ajenos a ellos), sino al que recibía entre los filósofos cínicos del siglo III a. de J.C. para designar obras accesibles a un público amplio, culto pero no forzosamente especializado, que versaban sobre temas mundanos, es decir, no tanto sobre qué es el mundo sino sobre cómo arreglárnoslas en él y con él: cuestiones simples (aunque no sencillas) sobre placeres y dolores, formas de belleza, técnicas de convivencia y réplica a engaños perturbadores o tiránicos."

En una de sus conferencias durante su semana de estada en nuestro país, Savater distinguió que los males políticos no se solucionan a través de la ética o como él lo expresó: "Hay una convicción de que la ética es una especie de panacea universal para resolver cualquier tipo de problema, como la política. A mí me parece que esa es una posición exagerada; yo creo que la política tiene sus propios valores. Y lo que hace falta para resolver los problemas es hacer mejor política. La ética es una reflexión individual sobre la libertad propia en relación con la libertad de los demás." Una reportera le preguntó que si tantos elogios reiterados que le hacían como filósofo y escritor no distorsionaban un tanto la imagen que tenía de sí mismo, que como hacía para mantener el ego en un lugar adecuado. Fernando Savater respondió con una frase de Montaigne, pero que sin empacho él acomoda para responder: "Yo le agradezco que considere que tengo el ego en un lugar adecuado, yo espero que así sea. Yo lo que puedo decir es que los papas y los reyes y todo aquel que se sienta por encima de los demás debe recordar que, igual que todos los mortales, todos tenemos que sentarnos sobre nuestro propio culo."

Savater ha intentado llevar la filosofía a ras de la gente común. Pensar e interrogarse sobre uno mismo y sobre el mundo que nos rodea parece ser una cualidad inherente al ser humano. El escritor Francisco Umbral escribe que Savater cumple el trámite actual y urgente de filosofar desde la calle y hasta desde otros géneros literarios, lo que le ha permitido, digo yo, estar cerca del personal, tutearse con las cosas que pasan haciendo gala de un estilo de ir contra algo y a favor de algo en un tono ameno, optimista, límpido y coloquial. Para él todos los temas son importantes y vitales. Trata de enfocarlos con una desenvoltura literaria y agudeza franca y apasionada. No busca de ofrecer lecciones pacatas de ética, moral o política al mayoreo. Mucho menos trata de adoctrinar a nadie, más bien busca con sus escritos dejar en claro el rotundo placer por la sabiduría y su inigualable aventura, la inequívoca posibilidad de la filosofía como un sacudimiento despabilado e inteligente de eso que bulle a nuestro alrededor y busca cercenar las posibilidades de lo humano. La filosofía como un antídoto reflexivo, pugnaz, pleno de humor, como él mismo lo ha dicho, contra la pedantería y la intimidimación doctrinal.



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