Plástica

Imprescindible Van Gogh
Por CARLOS YUSTI

La imagen pintoresca y cotidiana de esos pintores callejeros que tratan de vender sus insufribles paisajes y bodegones a los transeúntes, me recuerdan siempre a un pintor cuya obra pictórica en vida no gozó con la fortuna de ser valorada. Me refiero a Vincent Van Gogh, de quien Antonin Artaud escribió uno de los más lúcidos ensayos y al que catalogó como el suicidado por la sociedad.

Hoy la obra pictórica de Vincent Van Gogh, perteneciente al millonario mercado del arte, ha dejado de tener ese encanto inicial de trabajo estético realizado por encima de las dificultades y los cánones culturales. Los cuadros de Van Gogh se han convertido en objetos de culto. En consecuencias la vida del pintor, especie de drama folletinesco, ha sido pasto preferido de la crítica especializada y de la psiquiatría. El pobre Van Gogh ha pasado a ser indiscutible paradigma del genio incomprendido, o de esa profesión de pintar plena de vicisitudes y carencias. Su breve periplo existencial se entretuvo en la locura, hecho por el cual sus exegetas y admiradores le han revestido la piel y el corazón con una leyenda negra. Él, que aunque resulte paradójico, fue un pintor solar.

Vincent Van Gogh nació en Groo Zundert, en la provincia de Brabante, Holanda, en 1853. Dos pasiones dominaron su vida: la religión y la pintura. Como predicador evangelista resultó un fracaso. Como pintor tuvo mala fortuna. A lo largo de sus 37 años de vida, plena de privaciones y dolor, apenas vendió un lienzo. Los amores difíciles, la vida bohemia, las amenazas de Van Gogh con su navaja al también pintor Paul Gauguin, ese sueño ingenuo de edificar una casa para que los artistas tuvieran un espacio propio para crear y vivir con dignidad, el hambre, la locura y la oreja cercenada son algunos capítulos que constituyen esa leyenda bituminosa, rica en mitos clínicos que han permitido rubricar a van Gogh como un artista de la desgracia nítida, como un pintor que pactó a tiempo completo con el fracaso.

Café de Noche
Café de la Noche Interior

Como pintor Van Gogh, tuvo inclinación y apego por los maestros clásicos como Leonardo Da Vinci y Rembrant Van Ryn. Con 23 años todavía no tiene claro sus deseos y aspiraciones. Sus profusas (y desordenadas) lecturas de libros sobre arte, novelas y textos religiosos se mezclan con sus constantes visitas a museos y galerías privadas. Sus crisis con respecto a su fe y a sus creencias religiosas lo sumen en depresiones continuas. Es un nómada sensible sin un norte preestablecido. En el condado de Kent enseña lengua. Luego se traslada a Islerwort, cerca de Londres, donde funge como ayudante de predicador. Después está en Dorderch trabajando como ayudante de librero.

En Bruselas ingresa a una escuela evangelista. Para el año 1879 está como misionero en la cuenca minera de Borinage, en Bélgica. La dramática miseria en la que viven los mineros lo hunde en depresiones violentas. Con sus primeros trabajos pictóricos sólo busca plasmar ese mundo de miseria extrema que oprime sus sentidos y su alma.

A los 33 años se reúne con su hermano Theo en París. Allí con rapidez se vincula con algunos artistas jóvenes como Tulose Lautrec, Pisarro, Seaurat, Signac y Paul Gauguin. Su relación con Gauguin estuvo signada, en Arles, por la fatalidad y las carencias materiales de todo tipo. La relación nunca fue idílica debido al fuerte temperamento antagónico de ambos artistas. Mientras Van Gogh era entusiasta, febril, lleno de fe, su amigo Gauguin por el contrario era recalcitrante, puntilloso, irreverente, descreído y despreocupado (había dejado un puesto en un banco, aparte de romper de manera definitiva con su mujer e hijos para dedicarse a la pintura). El único punto de conexión entre artistas tan distintos fue esa indoblegable pasión que ambos sintieron por el arte de pintar.

Las primeras pinturas de Van Gogh reflejan, con un realismo rebuscado y que abusa de manera empírica del claroscuro, la vida triste de los mineros, de los tejedores y sembradores que él conoce en sus más mínimos detalles debido a su larga convivencia con ellos. Son pinturas carentes de luz y alegría. Telas llenas de sombras y personajes patéticos, opresivas incluso para el propio pintor. Su tela "Los comedores de patatas" es la culminación de esa etapa. En dicho cuadro su franca intención de denuncia social conforma una manera para silenciar su pulverizada conciencia, debido a su naufragio religioso. Estos cuadros no satisfacían a Van Gogh, cuestión que le permite abrirse y dedicarse a una búsqueda estética más libre y menos encadenada al clasicismo. Su relación con los pintores impresionistas en París y con el paisaje luminoso de Arles le permitirán introducir en sus cuadros torrentes de luz, pero de una luz que intenta develar ese poder recóndito de las tinieblas que se agitan en el corazón humano.

Café de Noche
Café de la Noche Exterior

En esta etapa sus pinturas, a pesar de la luz y el colorido, siguen reflejando su mundo de carencias y derrotas. Su hermano Theo le queda como único aliciente moral y soporte financiero. Su cuadro "Café de noche interior" es un turbador testimonio de todo esto. Con respecto a esta pintura el mismo Van Gogh le escribe a su hermano Theo: "En mi cuadro Café de noche he intentado expresar que el café es un lugar en el que uno puede arruinarse, volverse loco, cometer un crimen. Finalmente he buscado, a través de los contrastes entre el rosa suave y rojo sangre y vino, los verdes claros Luis XV y Veronés en contrastes con los verdes amarillentos y verdes azulados duros, crear una atmósfera de horno infernal, de azufre desvaído, para poder expresar el poder de las tinieblas en un tabernucho".

Las crisis nerviosas se suceden en un crescendo de horror y violencia. En 1889 entra el hospital psiquiátrico de Saint-Rhémy. En ese lugar de pesadilla antiséptica, y viajando indetenible hacia la locura, realizará 150 telas y centenares de dibujos. De este conjunto de obras destacan "El segador" y "Campo de trigo con vuelo de cuervos". Se puede especular que su tela "El segador" anuncia, con poética y turbadora clarividencia su destino final. Con referencia al cuadro, Van Gogh escribió: "Veo en este segador una vaga figura que lucha como un demonio en pleno calor, para acabar su faena; veo en él la imagen de la muerte.pero en esta muerte no hay tristeza, pasa a plena luz, con un sol que inunda todo con un brillo oro". Van Gogh es un poco este segador y en una carta lo confiesa: "El arte exige un trabajo obstinado, un trabajo a pesar de todo."

La importancia de Van Gogh para comprender los vaivenes de la pintura contemporánea es, y seguirá siendo, imprescindible. Van Gogh en la actualidad cibernáutica es un artista en extremo popular. No obstante subyace en dicha popularidad una sombra que los proyecta sobre el escenario del arte como un pintor curioso sujeto a la mitificación sicológica y siquiátrica más retorcida. Cuando no es esta visión clínica, viene esa otra un tanto romántica en la que los fracasos, la locura y su oreja cercenada por propia mano se convierten en ingredientes seductores. Francisco Calvo Serraller ha escrito: ". la morbosa atracción y consiguiente mitificación del artista suicida o suicidado se corresponde básicamente, por una parte, con la figura social llamada "chivo expiatorio", cuya marginación sirve para reforzar más el sentido de cohesión de la comunidad, mientras que, por otro lado, ya en el seno concreto de la entonces dominante sociedad burguesa secularizada, en el que el artista, que ni trabaja de la forma con que el burgués entiende el trabajo, ni tampoco respeta las pautas de comportamiento dominantes, debe sacrificarse-ser sacrificado- para triunfar o, si se quiere, para triunfar debe fracasar. Que el triunfo de Van Gogh ha sido causado precisamente por su dramático fracaso en todo los órdenes ."

Dormitorio
El dormitorio de Van Gogh

La automutilación (en un fuerte momento depresivo se corta una oreja) y su posterior suicido han contribuido a acentuar mucho más ese sentido de expiación que fue la vida de un hombre entregado a la pintura con toda la lucidez de sus sentidos como lo prueban algunas frases escritas en las cartas a su hermano Theo:

  • "Yo aro en mis lienzos como ellos en sus campos".
  • "Nosotros, artistas en la sociedad actual, no somos más que cántaros quebrados"
  • "Prefiero pintar los ojos de los hombres a las catedrales, porque en los ojos hay algo que no hay en las catedrales, aunque sean majestuosas e imponentes: el alma de un hombre aunque sea un pobre vagabundo o una muchacha de la calle, me parecen más interesantes".
  • "Me apena muy a menudo que la pintura sea como tener una mala amante, que gasta siempre y jamás tiene bastante".
  • "Que nuestro trabajo sea tan sabio que parezca ingenuo, y que no apeste nuestra sapiencia".

En una radiante mañana en la que el sol frotaba el paisaje con un color oro, el atormentado Van Gogh, en un paréntesis de lucidez plena y absoluta, en un breve regreso de las tinieblas de la demencia y los sanatorios, dejó sus pinceles y se encaminó sereno, con una escopeta bajo el brazo, hacia el campo de trigo de Auvers-Sur-Oise. Un disparo estremeció la tranquilidad amarilla. Pujante y luminosa del paisaje. Van Gogh se disparó una bala en el pecho. Su herida dejó escapar los cuervos negros de su vida, los cuales sobrevolaron ese espectáculo amarillo de trigos y girasoles que siempre lo deslumbró.

Autorretrato



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