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| He
estado dos veces en el país masai. La primera hace nueve años, dentro de un largo
viaje a Kenia, y la segunda hace solo unos meses, durante mi recorrido por tierras
de Tanzania. Nueve años no son mucho tiempo para un pueblo,
sin embargo los masais están cambiando muy rápidamente. El contacto con turistas
occidentales está, sin ninguna duda, alterando drásticamente su estilo de vida.
No voy a entrar yo aquí en disquisiciones sobre si esta evolución es o no deseable,
lo que sí puedo atestiguar es que hay algo que permanece inalterable en este pueblo:
El orgullo masai. Los masai se consideran a
sí mismos un pueblo rico y privilegiado, así que nunca se han visto deslumbrados,
ni por otros pueblos autóctonos ni por, desde su punto de vista, la estrafalaria
llegada del hombre blanco. Es fácil acceder al pueblo masai.
¡Solo tienes que pagar por ello!. Que sean orgullosos no quiere decir que sea
tontos y, aunque su riqueza se solía medir en cabezas de ganado y en otros valores
entre los que no se contaba el vil metal, ahora el dinero sí les resulta útil.
"Vienen muchos blancos que quieren hacer fotos. Esta bien. Que paguen por ello".
Así que lo mejor es negociar con el jefe del poblado un precio
razonable y pagar esta tasa de una única vez para así tener derecho a charlar,
visitar y/o fotografiar cualquier cosa o persona que te resulte interesante dentro
del poblado, sin la necesidad de alterar las posibles relaciones que puedan surgir
interrumpiéndolas con continuas y laboriosas negociaciones económicas individuales.
¡Las cosas son así! |
Una
vez pagado este peaje la relación es muy agradable y bidireccional. Ellos resultan
interesantes por lo diferentes que son, pero tu también eres diferente para ellos
y desde luego no tienen el más mínimo pudor en preguntarte sobre cualquier cosa
que les llame la atención y reírse estrepitosamente cuando tu respuesta les parece
graciosa o, simplemente ridícula. Desde el punto de vista
fotográfico los masais son un tema muy recurrente. Intenté hacer algo diferente,
así que trabajé en blanco y negro forzando mucho la película para conseguir un
fuerte contraste y, desde el punto de vista humano, simplemente intenté mostrar
este orgullo y esta alegría a través de las dos cosas que mejor lo representan:
sus miradas y sus sonrisas. En esta sección del segundo número de Enfocarte.com
se muestra parte del resultado.
(*)
MANUEL MUÑOZ GARCÍA. Fotógrafo aficionado
madrileño graduado en Artes de la Imagen Fotográfica por la Escuela Superior de
Artes y Espectáculos de Madrid (TAI) y miembro de la Real Sociedad Fotográfica
de Madrid. Ha colaborado con trabajos fotográficos en las revistas Cambio16,
Foto, Revista Arquitectura y en la edición de varios folletos comerciales
(Politours, SNE, etc.). En los dos últimos años ha participado en la exposición
colectiva "Fotógrafos de la aldea global" celebrada en la Universidad del Pacífico,
en Lima, Perú. Así como en las exposiciones: "Trabajos de Composición Digital"
y "Fotógrafos vistos por fotógrafos" en la Sala Galileo Galilei y ha ganado el
Concurso Nacional de Transparencias de la Real Sociedad Fotográfica de Madrid;
el II Concurso Online de Imágenes Digitales en la Especialidad Fotografía Digital,
organizado por Teleline y Arte Fotográfico; el Concurso Fotográfico de la Sociedad
Nuclear Española; y el VI Concurso Nacional de Fotografía de Castilla La Mancha.
Para contactarse con
Manuel Muñoz García: mamuga@teleline.es Su
página personal es: http://www.terra.es/personal/mamuga
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