|
- Leer Soñando
a Durero -
- Leer Francisco Toledo o la ardiente
soledad de lo sagrado -
Enfocarte.com agradece la colaboración del Centro Cultural
Borges por permitirnos realizar este especial de Francisco Toledo,
y principalmente a Sandra Salem y al Director Ejecutivo del
centro, Roger J. Haloua.
Francisco Toledo crea un universo singular y mágico
a partir de una inigualable capacidad de asimilación
y síntesis de elementos profundamente significativos
para su existencia personal; respira, vive a través
de las formas y los colores, poseído por ellos; explora
y juega con las texturas y las figuras, explota y recontextualiza
diversas fuentes en una yuxtaposición de la que emergen
nuevas imágenes.
Aludo a sus metáforas para dar forma a
lo indecible, a lo invisible, al despliegue de una fauna multifacética,
de metamorfosis insólitas, de criaturas fantásticas,
en una fusión de imágenes condensadas en una singular
iconografía que incita a transitar obsesiones y sueños,
pasiones y deseos, la vida, la muerte, el erotismo y la sexualidad,
la libertad, el humor, lo primigenio, los mitos y leyendas,
la fertilidad y el instinto, materializados en hombres, mujeres,
almohadas y su característico e inconfundible repertorio
zoomorfo: sapos, cangrejos, grillos, chapulines, peces, tortugas,
vacas, cerdos, toros, alacranes, serpientes, conejos, murciélagos,
monos, iguanas y variados insectos como hormigas, mosquitos
y libélulas.
Toledo rompió la monotonía del
arte en México: pinta mitos, tierra, leyendas, pero no
ilustra ni decora costumbres o creencias, los vive míticamente;
lo que toca lo transfigura en forma significativa en un continuo
movimiento arraigado en la tradición, lo que toca le
pertenece. Nos introduce en experiencias intemporales universalmente
sentidas, inexplicablemente condensadas en sus exuberantes sistemas
de realidad: chamanes y ritos, la energía de su pueblo
en su lengua indígena, sincretismos, cantos a la fertilidad
saturados de lo zoológico, de lo metafísico, del
placer de vivir.
Escucha la llamada de lo primitivo y pinta como un hombre en
estado de naturaleza en cuyos ojos arde la memoria milenaria,
pero no en forma repetitiva sino mas bien renovada, buscando
lo sagrado de la cotidianeidad y penetrando así en la
intemporalidad.
En su cosmovisión pueden percibirse latentes
los ocultos poderes de la magia ancestral que, partiendo de
lo regional, lo trascienden para consumarse en la poesía
de todos. Su obra abarca lo gentilicio. En la unidad de su lenguaje
y el manejo de sus medios, el tema banal retorna a su fuente,
adquiere su sentido, en fin, deja de ser banal en la apología
narrativa al inferir en las raíces anulando las fronteras.
Extrañan o sorprenden sus representaciones
de la sexualidad o del erotismo: lo que expresa con el sexo,
lo que el sexo expresa de la vida y de la muerte. Con su obra
celebra la gloria de lo terrenal: el deseo, lo más puro
y enlutado del hombre, porque en materia de sexo nada es impuro,
porque es la afirmación poética del instinto;
y Toledo semeja obedecer la consumada sabiduría del instinto:
vive un ímpetu deseante que enriquece su derroche. El
hombre nace con la memoria y la imaginación de los hombres
de todas partes: quien no escucha su remota sangre poco encuentra
de la verdad de su manera de ver y de ser en el abrazo amoroso
de lo indio; una vez tras otra, con la conciencia más
viva, ser Uno en todas las cosas; de Toledo fluyen sus entrañas
y su íntima relación con la naturaleza.
Pero reducir a Toledo a la categoría monotemática
de pintor erótico sería minimizar su amplitud
lírica y no ver mas allá de lo literal. Al aproximarnos
a algún cuadro lo que vemos se halla expuesto a una generalizada
interpretación de superficie en la que el entusiasmo
figurativo de la cópula, de los falos, del húmedo
pubis hormigueante no dejan ver el bosque; es menester acercarnos
a los genitales femeninos transformados en expresivas bocas
de hombre y pez, al murciélago testigo del frondoso pubis,
al miembro que es una flor vertiendo su rocío, a la desnudez
mimetizada bajo una piel de cebra, abandonando nuestra imaginación
a su incisiva dulzura y permitiendo el encantamiento de su seducción
que en un tenue e imperceptible juego nos induce infinitamente
hacia el Deseo.
Toledo es ajeno al pudor, a la noción
de pecado, ignora el sexo bárbaro y portentoso del cristianismo.
Es cándida inocencia que enciende hogueras exentas de
voluptuosidad, agresión o venganza; la obsesión
plana, opresora, las hipocresías y represiones son tuyas.
Lo erótico es sugerente impulso optimista, sonriente
presentimiento del tacto, del paladar, del oído, del
plenilunio del olor; prístino y natural. Cuando pinta
es un instrumento de la luz y el tiempo, y sus instintos, su
mundo, una alquimia que envuelta en un halo de religiosidad
trasciende la materialidad reconstruyendo la unidad de lo diverso.
La vitalidad intrínseca manifiesta en su
lenguaje personal denota su espectacular dominio expresivo al
conferir vuelo y solidez al espacio que en un proceso de libre
invención e infinidad de asociaciones hace evidente su
maestría y versatilidad en la estampa. Su estilo, que
va de la simplicidad y limpieza del trazo y las formas al abigarramiento
de la línea achurada y eléctrica, crea claroscuro,
modela volúmenes explotando la energía física
primitiva del color, la potencialidad acústica de los
tonos y matices, rozando los resortes del estado de ánimo
y produciendo por resonancia una vibración interna del
espíritu. El itinerario exhibido conforma un amplio espectro
que incluye tanto trabajos sobre papel y lienzo como grabados
en metal, aguafuerte, aguatinta, ruleta y punta seca combinando
tintas, acuarelas, técnicas mixtas, gouches y materiales
diversos como la mica logrando impregnar de texturas su producción
artística.
(*) Basado en Toledo de Luis Cardoza y
Aragón, Ediciones Era, 1987.
- Leer Soñando a Durero -
- Leer Francisco Toledo o la ardiente
soledad de lo sagrado -
|
Suscríbete
a Enfocarte.com y recibe las actualizaciones en tu e-mail
|
|
|
|