Literatura

Entrevista a Wystan H. Auden (continuación)
Por MICHAEL NEWMAN


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-¿Es un «gourmet»?
-Me gusta mucho comer. Me encanta estar en Austria porque mi amigo Mr. Kallman es un chef experto, así que durante el verano me aficiono. Aquí vivo yo solo y es distinto. Cuando se cocina para uno mismo se cogen manías por cualquier cosa. Comiendo solo no se tiene ganas de pasar mucho tiempo y se mastica de prisa. Me gusta el buen vino, pero tampoco hago un drama. Hay un vino tinto de mesa, el Valpolicella, que tomo con placer tanto aquí como en Austria. Sabe mucho mejor que el Chianti que, cuando lo bebo aquí, sabe a tinta roja.

-¿Se olvida de comer cuando está escribiendo?
-No. Yo vivo pegado al reloj. No podría tener hambre si no tuviera reloj en la muñeca.

-¿ Cuáles son los peores versos que conoce de un gran poeta?
-Creo que están en The Dynasts de Thomas Hardy, cuando Napoleón trata de huir de Elba; es bastante insufrible.

-¿Y qué dice de Yeats?: «Si De Valera hubiera comido el corazón de Pamell?, o de Eliot: «Por qué tendría el viejo aguila que desplegar sus alas?»
-Esos en realidad no son malos, sólo inintencionadamente cómicos. Serían magníficas didascalias para las viñetas de Thurber. Cuando era estudiante en Oxford encontré una: «Isobel con los senos saltantes/me persiguió verano...».

-¿Cuál es la poesía de Aude que le gusta menos?
-«Semptember 1939». y tengo miedo de que haya ido a parar un montón de antologías.

-¿De qué poema se siente más orgulloso?
-Está en mi comentario a Tempestad de Shakespeare, una poesía escrita en prosa, un pastiche del último Henry James, de Calibán al público.

-¿Ha terminado de leer alguna vez un libro que odiaba?
-No; perdón, una vez lo hecho. He leído todo el Mein Kampf porque era necesario para saber qué pensaba. Pero no ha sido un placer.

-¿Ha hecho alguna vez reseña de un libro que od¡aba?
-Muy raramente. A menos que uno sea crítico de profesión o reseñe un libro de consulta en el que los hechos estén equivocados; entonces es un verdadero deber informar al público, como se le advertiría de que la leche está agria. Escribir reseñas malignas puede ser divertido, pero no creo que sea un ejercicio saludable para el carácter.

— «Tenía que ser ingeniero de minas o geólogó. Más tarde me he dado cuenta de que
en la construcción de aquel mundo minero
estaba aprendiendo cómo se escribe la poesía».

-¿ Cuál es el piropo poético, bonito que ha recibido?
-Fue de una forma inusual. Una amiga, Dorothy Day, había sido encarcelada entre el ángulo de la Sexta Avenida y la Octava Calle por participar en una manifestación. Pues bien, una vez por semana, el sábado, las chicas eran obligadas a desfilar hacia las duchas. Estaban ya introduciendo a un grupo cuando una de ellas, que era prostituta, proclamó en alta voz: "Centenares han vivido sin amor/pero ninguno sin agua...", un verso de un poema mío que había sido publicado en el New Yorker. Cuando me lo contaron supe no había escrito en vano.

-¿Ha leído alguna vez libros sobre la liberación de la mujer?
-Estoy un tanto desconcertado. Ciertamente podrían quejarse por la historia de la publicidad, como la lencería femenina y ese tipo de cosas.

-¿Existen diferencias esenciales entre la poesía de los hombres y la de las mujeres?
-Hombres y mujeres tienen dificultades opuestas que afrontar. La dificultad para el hombre es evitar ser un esteta, evitar decir las cosas no porque sean verdad sino porque son poéticamente eficaces. La dificultad para la mujer es distanciarse suficientemente de las emociones. Ninguna mujer es una esteta. Ninguna mujer ha escrito jamás versos absurdos. Los hombres son «play-boys», las mujeres realistas. Si se cuenta una historia grotesca sólo una mujer pregunta: ¿ha sucedido en serio? Creo que si los hombres supieran las cosas que dicen las mujeres de ellos, la raza humana se extinguiría.

-¿ Cree que nos iría mejor si las mujeres dirigieran la humanidad?
-Creo que la política exterior debería ser totalmente arrancada de las manos de los hombres. Los hombres deberían continuar haciendo máquinas, pero las mujeres deberían decidir qué máquinas tendrían que fabricarse. Las mujeres tienen mucho más sentido común. No hubieran inventado nunca el motor de combustión interna o ninguna de las máquinas. La mayor parte de las máquinas de cocina son buenas, no impiden desarrollo de otras capacidades. Con nuestros líderes el caso es, demasiado a menudo, el de uno niño que dice a otro: Mi padre puede pegar al tuyo. En este punto los juguetes han sido transformados en algo demasiado peligroso.

-¿Ha conocido a los locos?
-Naturalmente he conocido a personas que se han ido de la cabeza. Todos las hemos conocido. Gente que está un poco dentro, un poco fuera. He conocido a varias personas maniaco-depresivas. He pensado a veces que se les podía hacer bien si quisieran organizar una sociedad anónima de maníacos-depresivos. Podrían vivir juntos y hacerse bien unos a otros.

-No creo que funcionara.
-¡Todos tienen sus altos y bajos!

-Si tuviera que enloquer, ¿cuál cree que sería su locura?
-No puedo imaginarme enloquecer. Es simplemente algo que mi imaginación no puede soportar. Puedo verme tocado, pero es distinto. Hay un libro muy divertido titulado Los tres Cristos de Ypsilanti, sobre un hospital en el que hay tres señores, cada uno de cuales cree que es el Señor, lo que es bastante común a excepción un caso que encontró en realidad un discípulo.

-¿Y la colaboración? ¿Ha examinado alguna vez sus poemas con T. S. Eliot?
-No, no se puede esperar de los demás este tipo de cosas. El ha sido muy bueno conmigo, me ha animado. No se sentía celoso de los otros escritores. Lo había encontrado poco antes de dejar Oxford. Le envié algunos poemas y me pidió que fuese a verlo. Fue quien publicó mi primera cosa, era Paid on Both Sides y vio la luz en The Criterion en el 28 ó 29.

-¿Isherwood le ayudó por aquellos tiempos?
-Sí, enormemente. En verdad a esa edad se depende de los amigos, se lee el propio trabajo y ellos lo critican. Es lo mismo para cada generación.

-¿ Colaboró en algún momento con él en Oxford?
-La primera vez que colaboré con Isherwood debió ser en el 33 ó 34 -The Dog Beneath the Skin-. Siempre me ha gustado colaborar. Es estimulante. Verdaderamente no se puede colaborar sobre una poesía en particular. Se puede colaborar en una traducción, en un librito o en un drama y me gusta trabajar de ese modo, aunque solamente se puede hacer con gente con la que se comparten ideas fundamentales. Cuando una colaboración funciona, las dos personas interesadas se transforman en una tercera persona que es distinta de cada uno de ellos tomados individualmente. Naturalmente cada trabajo llevado al escenario es una colaboración porque hay que contar con actores y productores y Dios sabe qué más.


Poesía y música


-¿La poesía contiene la música?
-Se puede hablar de música verbal en la medida en que se recuerda que el sonido de las palabras es inseparable de su significado. Las notas musicales no denotan nada.

-¿Hay una diferencia de método cuando escribe versos que deben ser transformados en música?
-Escribiendo palabras que después serán musicalizadas, hay que tener presente que sólo una de cada tres será percibida. Entonces conviene evitar imágenes complicadas. Están bien los verbos de movimiento, interjecciones, listas y nombres como Luna, Mar, Amor o Muerte.

-Usted ha escrito el himno de las Naciones Unidas para ser musicalizado por Pau Casals. ¿Cuáles eran sus fines?
-El problema al escribir este himno, en el que no se debe ofender a ningún hombre, a la naturaleza o al mundo, era cómo evitar los clichés más tristes. Decidí que la clave estaba en crear imágenes musicales, porque la música, a diferencia del lenguaje, es internacional. Casals y yo nos escribimos y él fue extremadamente generoso en alterar su partitura cuando, como ocurrió un par de veces, me parecía que acentuaba las sílabas de forma errónea.

-¿De dónde viene su interés por las sagas irlandesas?
-Mi padre ha contribuido en ello. Su familia provenía de una zona que sirvió de cuartel general al ejército vikingo. El nombre Auden escrito Audun es bastante frecuente en las sagas. Mi madre provenía de Normandía. Tengo una antepasada de nombre Birch que se casó con un Constable; sé que la familia estaba orgullosa porque se casó con un pintor. He visto algunos retratos suyos realizados por él. Debió ser muy hermosa. Tengo otra pariente que se caso con un hindú. Esto se identifica mejor con la línea familiar que dice que o se casa con un inglés o un brahman.

-¿Y su padre era médico?
-Sí, pero en la época que se casó con mi madre la medicina no estaba considerada como una profesión respetable. Una de las tías dijo poco antes de la boda: cásate si tienes que hacerlo, pero nadie irá a visitarte.

-¿Usted cree en las diferencia de clase entre las formas y entramados sociales?
-Hasta cierto punto sí. Se habla con gente a la que tiene algo que decírsele. Creo que el primer requisito de una civilización es que sea capaz de producir una conversación civil.

-Muchos escritores y artistas bajan en los mass-media o utilizan sus técnicas para componer o enfocar su trabajo.
-Nunca he tenido esa tentación. Supongo que la cosa funciona bien con gente como Norman Mailer. Personalmente no veo cómo una persona civilizada pueda mirar la televisión y mucho menos tener un aparato. Prefiero los relatos policiales, especialmente los del padre Brown. Ni siquiera tengo mucho interés por la ciencia ficción. He leído un poco a Verne cuando era pequeño pero no me siento fascinado por otros planetas. Me gustan donde están, en el cielo.


Otros escritores

-¿Existen medios de comunicación que son tabú para usted?
-Sí, la televisión, todas las películas, excepto aquellas cómicas -Chaplin y los hermanos Marx eran más bien divertidos- y el rock and roll son para mí tabús.

-¿Los periódicos?
-Para mí son penosos, pero hay que leerlos para saber lo que ocurre. Trato de despacharlos lo antes posible. No es nunca demasiado agradable por la mañana abrir el New York Times.

-¿Ha leído o tratado de leer Finnegans Wake?
-No soy muy experto en Joyce. Naturalmente es un gran genio, pero su trabajo es simplemente demasiado largo. Joyce mismo decía que quería que la gente pasara la vida en su trabajo. Para mí la vida es demasiado breve y preciosa. El Ulises me da la misma impresión. Además Finnegans Wake no se puede leer como se lee normalmente. Se puede hojear, pero no creo que haya nadie capaz de leerlo de un tirón y recordar lo que ha sucedido. En pequeñas dosis es distinto. Recuerdo que cuando se publicó Anna Livia Plurabelle, conseguí leerlo entero y apreciarlo. En general, me gusta que las novelas sean cortas y divertidas. Hay excepciones, naturalmente; con Proust, por ejemplo, uno se da cuenta de que no ha podido ser más corto. Creo que los novelistas modernos preferidos son Ronald Firbank y P. G. Wodehouse porque los dos hablan del Edén.

-A propósito, ¿sabe que se le menciona en Finnegans Wake?
-Lo sé, no sabría decir el número de página, pero he visto la nota.

-¿Le disgustaría comentar algo sobre Yeats?
-Encuentro muy difícil ser imparcial con Yeats porque tuvo sobre mí una mala influencia. Me ha llevado a una retórica que para mí estaba sobresimplificada. No es necesario decir que la culpa no fue suya, sino mía. Era un grandísimo poeta. Pero él y Rilke han tenido un mal efecto sobre mí, así que me es difícil juzgarles de forma imparcial.


Eliot y los demás

-¿Y la influencia de Eliot?
-En realidad, Eliot puede tener muy poca influencia estilística directa sobre otros poetas. Quiero decir que es raro encontrar una poesía y poder decir: estaba leyendo a Eliot. Se puede hacer con Yeats y Rilke pero no con Eliot. Es un poeta muy idiosincrático y nada imitable. Mi trabajo es mucho más fácil de usar como modelo estilístico. No digo esto con sentido peyorativo. Es lo mismo con Gerald Manley Hopkins; ambos son muy personales y no pueden ser fácilmente adaptables a la propia sensibilidad. Cuando se intenta se tiene simplemente a un Hopkins ahogado.

-¿Cree que Gerontion es la poesía más grande de Eliot?
-De nuevo esta idea de elegir; ¿a qué se deberá? En realidad se desea preferir muchas.

-¿Entonces cree que Gerontion es un poema muy místico?
-No estoy seguro de que místico sea la palabra adecuada. En realidad, una parte de su trabajo se basa en su forma de percibir, tan peculiar. Por eso es muy idiosincrático. En este sentido creo que es muy revelador un comentario que hizo sobre la Beatriz de Dante. Aunque si Dante declaraba haberla conocido a los nueve años, Eliot estaba convencido de que se habían encontrado incluso antes. Creo que esto es muy revelador de Eliot. Y todos esos niños que se columpian en los manzanos... se debe referir a cualquier visión precoz muy fuerte. Pero no era un poeta confesional, así que no sabemos cómo fue.

-Eliot hizo entender que estaba influido por San Juan de la Cruz, alguien a quien sí podemos llamar místico. ¿Usted lo lee mucho?
-Su poesía es notabilísima, pero no en lo que tiene que ver conmigo. Esencialmente porque la experiencia mística no puede ser verbalizada. Cuando desaparece el yo desaparece también el dominio sobre el lenguaje. Tengo que decir que era extremadamente audaz, usa las metáforas más audaces del orgasmo. Esto guarda relación, ya que en ambos casos, el orgasmo y la unión mística, el yo desaparece.

-¿Dedica mucho tiempo a actividades eclesiales?
-No, aparte de ir a la iglesia los domingos.

-Pero usted tiene cierta reputación en los ambientes teológicos; ha mantenido relación con la Guild of Episcopal Scholars.
-Querían solamente algún consejo sobre la revisión de los salmos. Efectivamente soy un apasionado contrario a la reforma litúrgica, y me hubiese gustado que el Book of Common Prayer hubiera permanecido en latín. El rito es el anillo de unión entre los muertos y los no nacidos y tiene necesidad de una lengua sin tiempo que en la práctica quiere decir una lengua muerta. Siento curiosidad por saber los problemas que existen en Israel actualmente, donde hablan una lengua que por mucho tiempo no ha sido hablada.

-¿Habla hebreo?
-No. Me gustaría. Es una lengua maravillosa. Otra cosa que me gustaría en la Iglesia es el Seder. He estado una o dos veces y me he quedado impresionado. Nosotros no tenemos nada parecido. La Ultima Cena es una cosa dirigida a la comunidad pero no a la familia.

-¿Y los ritos matrimoniales?
-La idea de la boda me parece genial, pero sin embargo considero que lo que arruina tantos matrimonios es la idea romántica del enamoramiento. Creo que le ocurre a la gente que posee una mente inusualmente fértil. Sin duda es una experiencia mística que sucede. Pero creo que, con la mayoría de la gente que cree estar enamorada, la situación puede ser descrita más simple y me temo que más brutalmente. El problema con todo este asunto de amor es que uno u otro acaba por sentirse mal y culpable porque ve cómo las cosas no van como ha leído. Me temo que los matrimonios funcionaban más felizmente cuando estaban organizados por los padres. Creo que es esencial que la pareja comparta el sentido del humor y la visión de la vida. Lo mismo que Goethe, creo que los matrimonios deberían celebrarse de una forma más humilde y sencilla porque son el inicio de algo.

-¿Qué es aquel libro tan gordo?
-Es la autobiografía de Goethe. Es sorprendente. Si me pidieran hacer una biografía de mis primeros veintiséis años no creo que llegara a las sesenta páginas. Goethe llena ochocientas. A mí me interesa la historia, pero no el pasado. Me interesan el presente y las próximas veinticuatro horas.

-¿Cree en el diablo?
-Sí.

-En Austria vive en Audens trasse. ¿Sus vecinos saben quién es?
-Mis vecinos saben que soy poeta. En el pueblo en el que vivo había un famoso poeta austriaco Joseph Weinheber, así que están habituados. Se suicidó en el 45.

-¿Y sus vecinos de aquí?
-No lo sé. Sólo que mis dividendos han crecido en el último año. Apareció un artículo sobre mí en Daily News, que al parecer lo leen todos aquí. Después de aquello pensaron que debía ser alguien. Fue muy gracioso recibir todas aquellas atenciones.

-¿Encuentra que en el extranjero los escritores son más respetados que aquí?
-No podría afirmarlo. Cuando me preguntan qué hago, a la gente le respondo que soy historiador medieval. Congela la conversación. Si uno dice que es poeta recibe extrañas miradas que quieren decir: sí, pero de qué vive. Hace tiempo se estaba orgulloso de tener en el pasaporte, profesión: gentilhombre. El pasaporte de Lord Antrim decía simplemente Ocupación: Par, lo que encuentro justo. He llevado una vida afortunada. He tenido una familia feliz y mis padres me han dado una buena educación. Mi padre era médico y también una persona culta, así que nunca tuve la idea de que arte y ciencia fueran opuestos ambos se practicaban en mi casa. Nunca he tenido que hacer nada que me disgustara. En verdad he tenido que hacer trabajos que no haría si hubiese tenido dinero, pero siempre me he considerado un trabajador, no un luchador. Hay mucha gente que realiza trabajos que no le gustan en absoluto. Nunca ha sido mi caso y estoy contento.

© «París Review», 1974.

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