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-¿Es un «gourmet»?
-Me gusta mucho comer. Me encanta estar en Austria porque
mi amigo Mr. Kallman es un chef experto, así
que durante el verano me aficiono. Aquí vivo yo solo
y es distinto. Cuando se cocina para uno mismo se cogen manías
por cualquier cosa. Comiendo solo no se tiene ganas de pasar
mucho tiempo y se mastica de prisa. Me gusta el buen vino,
pero tampoco hago un drama. Hay un vino tinto de mesa, el
Valpolicella, que tomo con placer tanto aquí como en
Austria. Sabe mucho mejor que el Chianti que, cuando lo bebo
aquí, sabe a tinta roja.
-¿Se olvida de comer cuando está escribiendo?
-No. Yo vivo pegado al reloj. No podría tener hambre
si no tuviera reloj en la muñeca.
-¿ Cuáles son los peores versos que conoce
de un gran poeta?
-Creo que están en The Dynasts de Thomas Hardy, cuando
Napoleón trata de huir de Elba; es bastante insufrible.
-¿Y qué dice de Yeats?: «Si De
Valera hubiera comido el corazón de Pamell?, o de Eliot:
«Por qué tendría el viejo aguila que desplegar
sus alas?»
-Esos en realidad no son malos, sólo inintencionadamente
cómicos. Serían magníficas didascalias
para las viñetas de Thurber. Cuando era estudiante
en Oxford encontré una: «Isobel con los senos
saltantes/me persiguió verano...».
-¿Cuál es la poesía de Aude que
le gusta menos?
-«Semptember 1939». y tengo miedo de que haya
ido a parar un montón de antologías.
-¿De qué poema se siente más orgulloso?
-Está en mi comentario a Tempestad de Shakespeare,
una poesía escrita en prosa, un pastiche del último
Henry James, de Calibán al público.
-¿Ha terminado de leer alguna vez un libro que
odiaba?
-No; perdón, una vez lo hecho. He leído todo
el Mein Kampf porque era necesario para saber qué
pensaba. Pero no ha sido un placer.
-¿Ha hecho alguna vez reseña de un libro
que od¡aba?
-Muy raramente. A menos que uno sea crítico de profesión
o reseñe un libro de consulta en el que los hechos
estén equivocados; entonces es un verdadero deber informar
al público, como se le advertiría de que la
leche está agria. Escribir reseñas malignas
puede ser divertido, pero no creo que sea un ejercicio saludable
para el carácter.
«Tenía que ser ingeniero de minas o
geólogó. Más tarde me he dado cuenta
de que
en la construcción de aquel mundo minero
estaba aprendiendo cómo se escribe la poesía».
-¿ Cuál es el piropo poético,
bonito que ha recibido?
-Fue de una forma inusual. Una amiga, Dorothy Day, había
sido encarcelada entre el ángulo de la Sexta Avenida
y la Octava Calle por participar en una manifestación.
Pues bien, una vez por semana, el sábado, las chicas
eran obligadas a desfilar hacia las duchas. Estaban ya introduciendo
a un grupo cuando una de ellas, que era prostituta, proclamó
en alta voz: "Centenares han vivido sin amor/pero ninguno
sin agua...", un verso de un poema mío que había
sido publicado en el New Yorker. Cuando me lo contaron
supe no había escrito en vano.
-¿Ha leído alguna vez libros sobre la
liberación de la mujer?
-Estoy un tanto desconcertado. Ciertamente podrían
quejarse por la historia de la publicidad, como la lencería
femenina y ese tipo de cosas.
-¿Existen diferencias esenciales entre la poesía
de los hombres y la de las mujeres?
-Hombres y mujeres tienen dificultades opuestas que afrontar.
La dificultad para el hombre es evitar ser un esteta, evitar
decir las cosas no porque sean verdad sino porque son poéticamente
eficaces. La dificultad para la mujer es distanciarse suficientemente
de las emociones. Ninguna mujer es una esteta. Ninguna mujer
ha escrito jamás versos absurdos. Los hombres son «play-boys»,
las mujeres realistas. Si se cuenta una historia grotesca
sólo una mujer pregunta: ¿ha sucedido en serio?
Creo que si los hombres supieran las cosas que dicen las mujeres
de ellos, la raza humana se extinguiría.
-¿ Cree que nos iría mejor si las mujeres
dirigieran la humanidad?
-Creo que la política exterior debería ser totalmente
arrancada de las manos de los hombres. Los hombres deberían
continuar haciendo máquinas, pero las mujeres deberían
decidir qué máquinas tendrían que fabricarse.
Las mujeres tienen mucho más sentido común.
No hubieran inventado nunca el motor de combustión
interna o ninguna de las máquinas. La mayor parte de
las máquinas de cocina son buenas, no impiden desarrollo
de otras capacidades. Con nuestros líderes el caso
es, demasiado a menudo, el de uno niño que dice a otro:
Mi padre puede pegar al tuyo. En este punto los juguetes han
sido transformados en algo demasiado peligroso.
-¿Ha conocido a los locos?
-Naturalmente he conocido a personas que se han ido de la
cabeza. Todos las hemos conocido. Gente que está un
poco dentro, un poco fuera. He conocido a varias personas
maniaco-depresivas. He pensado a veces que se les podía
hacer bien si quisieran organizar una sociedad anónima
de maníacos-depresivos. Podrían vivir juntos
y hacerse bien unos a otros.
-No creo que funcionara.
-¡Todos tienen sus altos y bajos!
-Si tuviera que enloquer, ¿cuál cree
que sería su locura?
-No puedo imaginarme enloquecer. Es simplemente algo que mi
imaginación no puede soportar. Puedo verme tocado,
pero es distinto. Hay un libro muy divertido titulado Los
tres Cristos de Ypsilanti, sobre un hospital en el que
hay tres señores, cada uno de cuales cree que es el
Señor, lo que es bastante común a excepción
un caso que encontró en realidad un discípulo.
-¿Y la colaboración? ¿Ha examinado
alguna vez sus poemas con T. S. Eliot?
-No, no se puede esperar de los demás este tipo de
cosas. El ha sido muy bueno conmigo, me ha animado. No se
sentía celoso de los otros escritores. Lo había
encontrado poco antes de dejar Oxford. Le envié algunos
poemas y me pidió que fuese a verlo. Fue quien publicó
mi primera cosa, era Paid on Both Sides y vio la luz
en The Criterion en el 28 ó 29.
-¿Isherwood le ayudó por aquellos tiempos?
-Sí, enormemente. En verdad a esa edad se depende de
los amigos, se lee el propio trabajo y ellos lo critican.
Es lo mismo para cada generación.
-¿ Colaboró en algún momento con
él en Oxford?
-La primera vez que colaboré con Isherwood debió
ser en el 33 ó 34 -The Dog Beneath the Skin-.
Siempre me ha gustado colaborar. Es estimulante. Verdaderamente
no se puede colaborar sobre una poesía en particular.
Se puede colaborar en una traducción, en un librito
o en un drama y me gusta trabajar de ese modo, aunque solamente
se puede hacer con gente con la que se comparten ideas fundamentales.
Cuando una colaboración funciona, las dos personas
interesadas se transforman en una tercera persona que es distinta
de cada uno de ellos tomados individualmente. Naturalmente
cada trabajo llevado al escenario es una colaboración
porque hay que contar con actores y productores y Dios sabe
qué más.
Poesía y música
-¿La poesía contiene la música?
-Se puede hablar de música verbal en la medida en que
se recuerda que el sonido de las palabras es inseparable de
su significado. Las notas musicales no denotan nada.
-¿Hay una diferencia de método cuando
escribe versos que deben ser transformados en música?
-Escribiendo palabras que después serán musicalizadas,
hay que tener presente que sólo una de cada tres será
percibida. Entonces conviene evitar imágenes complicadas.
Están bien los verbos de movimiento, interjecciones,
listas y nombres como Luna, Mar, Amor o Muerte.
-Usted ha escrito el himno de las Naciones Unidas para
ser musicalizado por Pau Casals. ¿Cuáles eran
sus fines?
-El problema al escribir este himno, en el que no se debe
ofender a ningún hombre, a la naturaleza o al mundo,
era cómo evitar los clichés más tristes.
Decidí que la clave estaba en crear imágenes
musicales, porque la música, a diferencia del lenguaje,
es internacional. Casals y yo nos escribimos y él fue
extremadamente generoso en alterar su partitura cuando, como
ocurrió un par de veces, me parecía que acentuaba
las sílabas de forma errónea.
-¿De dónde viene su interés por
las sagas irlandesas?
-Mi padre ha contribuido en ello. Su familia provenía
de una zona que sirvió de cuartel general al ejército
vikingo. El nombre Auden escrito Audun es bastante frecuente
en las sagas. Mi madre provenía de Normandía.
Tengo una antepasada de nombre Birch que se casó con
un Constable; sé que la familia estaba orgullosa porque
se casó con un pintor. He visto algunos retratos suyos
realizados por él. Debió ser muy hermosa. Tengo
otra pariente que se caso con un hindú. Esto se identifica
mejor con la línea familiar que dice que o se casa
con un inglés o un brahman.
-¿Y su padre era médico?
-Sí, pero en la época que se casó con
mi madre la medicina no estaba considerada como una profesión
respetable. Una de las tías dijo poco antes de la boda:
cásate si tienes que hacerlo, pero nadie irá
a visitarte.
-¿Usted cree en las diferencia de clase entre
las formas y entramados sociales?
-Hasta cierto punto sí. Se habla con gente a la que
tiene algo que decírsele. Creo que el primer requisito
de una civilización es que sea capaz de producir una
conversación civil.
-Muchos escritores y artistas bajan en los mass-media
o utilizan sus técnicas para componer o enfocar su
trabajo.
-Nunca he tenido esa tentación. Supongo que la cosa
funciona bien con gente como Norman Mailer. Personalmente
no veo cómo una persona civilizada pueda mirar la televisión
y mucho menos tener un aparato. Prefiero los relatos policiales,
especialmente los del padre Brown. Ni siquiera tengo mucho
interés por la ciencia ficción. He leído
un poco a Verne cuando era pequeño pero no me siento
fascinado por otros planetas. Me gustan donde están,
en el cielo.
Otros escritores
-¿Existen medios de comunicación que
son tabú para usted?
-Sí, la televisión, todas las películas,
excepto aquellas cómicas -Chaplin y los hermanos Marx
eran más bien divertidos- y el rock and roll
son para mí tabús.
-¿Los periódicos?
-Para mí son penosos, pero hay que leerlos para saber
lo que ocurre. Trato de despacharlos lo antes posible. No
es nunca demasiado agradable por la mañana abrir el
New York Times.
-¿Ha leído o tratado de leer Finnegans
Wake?
-No soy muy experto en Joyce. Naturalmente es un gran genio,
pero su trabajo es simplemente demasiado largo. Joyce mismo
decía que quería que la gente pasara la vida
en su trabajo. Para mí la vida es demasiado breve y
preciosa. El Ulises me da la misma impresión.
Además Finnegans Wake no se puede leer como
se lee normalmente. Se puede hojear, pero no creo que haya
nadie capaz de leerlo de un tirón y recordar lo que
ha sucedido. En pequeñas dosis es distinto. Recuerdo
que cuando se publicó Anna Livia Plurabelle,
conseguí leerlo entero y apreciarlo. En general, me
gusta que las novelas sean cortas y divertidas. Hay excepciones,
naturalmente; con Proust, por ejemplo, uno se da cuenta de
que no ha podido ser más corto. Creo que los novelistas
modernos preferidos son Ronald Firbank y P. G. Wodehouse porque
los dos hablan del Edén.
-A propósito, ¿sabe que se le menciona
en Finnegans Wake?
-Lo sé, no sabría decir el número de
página, pero he visto la nota.
-¿Le disgustaría comentar algo sobre
Yeats?
-Encuentro muy difícil ser imparcial con Yeats porque
tuvo sobre mí una mala influencia. Me ha llevado a
una retórica que para mí estaba sobresimplificada.
No es necesario decir que la culpa no fue suya, sino mía.
Era un grandísimo poeta. Pero él y Rilke han
tenido un mal efecto sobre mí, así que me es
difícil juzgarles de forma imparcial.
Eliot y los demás
-¿Y la influencia de Eliot?
-En realidad, Eliot puede tener muy poca influencia estilística
directa sobre otros poetas. Quiero decir que es raro encontrar
una poesía y poder decir: estaba leyendo a Eliot. Se
puede hacer con Yeats y Rilke pero no con Eliot. Es un poeta
muy idiosincrático y nada imitable. Mi trabajo es mucho
más fácil de usar como modelo estilístico.
No digo esto con sentido peyorativo. Es lo mismo con Gerald
Manley Hopkins; ambos son muy personales y no pueden ser fácilmente
adaptables a la propia sensibilidad. Cuando se intenta se
tiene simplemente a un Hopkins ahogado.
-¿Cree que Gerontion es la poesía más
grande de Eliot?
-De nuevo esta idea de elegir; ¿a qué se deberá?
En realidad se desea preferir muchas.
-¿Entonces cree que Gerontion es un poema muy
místico?
-No estoy seguro de que místico sea la palabra adecuada.
En realidad, una parte de su trabajo se basa en su forma de
percibir, tan peculiar. Por eso es muy idiosincrático.
En este sentido creo que es muy revelador un comentario que
hizo sobre la Beatriz de Dante. Aunque si Dante declaraba
haberla conocido a los nueve años, Eliot estaba convencido
de que se habían encontrado incluso antes. Creo que
esto es muy revelador de Eliot. Y todos esos niños
que se columpian en los manzanos... se debe referir a cualquier
visión precoz muy fuerte. Pero no era un poeta confesional,
así que no sabemos cómo fue.
-Eliot hizo entender que estaba influido por San Juan
de la Cruz, alguien a quien sí podemos llamar místico.
¿Usted lo lee mucho?
-Su poesía es notabilísima, pero no en lo que
tiene que ver conmigo. Esencialmente porque la experiencia
mística no puede ser verbalizada. Cuando desaparece
el yo desaparece también el dominio sobre el lenguaje.
Tengo que decir que era extremadamente audaz, usa las metáforas
más audaces del orgasmo. Esto guarda relación,
ya que en ambos casos, el orgasmo y la unión mística,
el yo desaparece.
-¿Dedica mucho tiempo a actividades eclesiales?
-No, aparte de ir a la iglesia los domingos.
-Pero usted tiene cierta reputación en los ambientes
teológicos; ha mantenido relación con la Guild
of Episcopal Scholars.
-Querían solamente algún consejo sobre la revisión
de los salmos. Efectivamente soy un apasionado contrario a
la reforma litúrgica, y me hubiese gustado que el
Book of Common Prayer hubiera permanecido en latín.
El rito es el anillo de unión entre los muertos y los
no nacidos y tiene necesidad de una lengua sin tiempo que
en la práctica quiere decir una lengua muerta. Siento
curiosidad por saber los problemas que existen en Israel actualmente,
donde hablan una lengua que por mucho tiempo no ha sido hablada.
-¿Habla hebreo?
-No. Me gustaría. Es una lengua maravillosa. Otra cosa
que me gustaría en la Iglesia es el Seder. He
estado una o dos veces y me he quedado impresionado. Nosotros
no tenemos nada parecido. La Ultima Cena es una cosa dirigida
a la comunidad pero no a la familia.
-¿Y los ritos matrimoniales?
-La idea de la boda me parece genial, pero sin embargo considero
que lo que arruina tantos matrimonios es la idea romántica
del enamoramiento. Creo que le ocurre a la gente que posee
una mente inusualmente fértil. Sin duda es una experiencia
mística que sucede. Pero creo que, con la mayoría
de la gente que cree estar enamorada, la situación
puede ser descrita más simple y me temo que más
brutalmente. El problema con todo este asunto de amor es que
uno u otro acaba por sentirse mal y culpable porque ve cómo
las cosas no van como ha leído. Me temo que los matrimonios
funcionaban más felizmente cuando estaban organizados
por los padres. Creo que es esencial que la pareja comparta
el sentido del humor y la visión de la vida. Lo mismo
que Goethe, creo que los matrimonios deberían celebrarse
de una forma más humilde y sencilla porque son el inicio
de algo.
-¿Qué es aquel libro tan gordo?
-Es la autobiografía de Goethe. Es sorprendente. Si
me pidieran hacer una biografía de mis primeros veintiséis
años no creo que llegara a las sesenta páginas.
Goethe llena ochocientas. A mí me interesa la historia,
pero no el pasado. Me interesan el presente y las próximas
veinticuatro horas.
-¿Cree en el diablo?
-Sí.
-En Austria vive en Audens trasse. ¿Sus vecinos
saben quién es?
-Mis vecinos saben que soy poeta. En el pueblo en el que vivo
había un famoso poeta austriaco Joseph Weinheber, así
que están habituados. Se suicidó en el 45.
-¿Y sus vecinos de aquí?
-No lo sé. Sólo que mis dividendos han crecido
en el último año. Apareció un artículo
sobre mí en Daily News, que al parecer lo leen
todos aquí. Después de aquello pensaron que
debía ser alguien. Fue muy gracioso recibir todas aquellas
atenciones.
-¿Encuentra que en el extranjero los escritores
son más respetados que aquí?
-No podría afirmarlo. Cuando me preguntan qué
hago, a la gente le respondo que soy historiador medieval.
Congela la conversación. Si uno dice que es poeta recibe
extrañas miradas que quieren decir: sí, pero
de qué vive. Hace tiempo se estaba orgulloso de tener
en el pasaporte, profesión: gentilhombre. El pasaporte
de Lord Antrim decía simplemente Ocupación:
Par, lo que encuentro justo. He llevado una vida afortunada.
He tenido una familia feliz y mis padres me han dado una buena
educación. Mi padre era médico y también
una persona culta, así que nunca tuve la idea de que
arte y ciencia fueran opuestos ambos se practicaban en mi
casa. Nunca he tenido que hacer nada que me disgustara. En
verdad he tenido que hacer trabajos que no haría si
hubiese tenido dinero, pero siempre me he considerado un trabajador,
no un luchador. Hay mucha gente que realiza trabajos que no
le gustan en absoluto. Nunca ha sido mi caso y estoy contento.
© «París Review», 1974.
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