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I
Un códice es un objeto destinado al registro. Etimológicamente
se trata de una tablilla de madera. Si uno indaga más,
el origen se remonta al tronco de un árbol. En todos
los casos hablamos de una cosa tangible, de algo que tiene dimensiones
y, por tanto, forma. Pero no termina ahí, si esa forma
careciera de escritura o dibujos, es decir, si no registrara
algo, no sería un códice. Así que al decir
"códice" nos referimos a una entidad en donde
la forma y el contenido son indisolubles.
II
Quien habita la Ciudad de México no se sustrae a la necesidad
de contarla. Maravilla su ser urbana y rural, su ser dulce y
amarga, su ser amable y detestable. Elena Villaseñor
la conoce bien, y para mejor interpretarla, la observa hasta
el grado de sintetizar a los personajes, los edificios y las
atmósferas a quienes armoniza en un espacio sin arriba
ni abajo, que notifica la dinámica de un territorio que
se expande y crece como a punto de evaporarse.
III
La Ciudad es un latido, posee una naturaleza binaria: sístole
y diástole inextinguibles. Esa pulsación parece
animar tanto el imaginario como la conciencia de Villaseñor.
Por un lado testifica un estado de cosas reales -caos, contaminación,
hacinamiento- y por otro, recurre a figuraciones abstractas
de un cromatismo casi festivo que jamás eluden su origen.
Los coches -estas máquinas fabricantes de humo- tienen
una apariencia casi enternecedora, pero no dejan de ser agentes
de contaminación y enemigos del peatón. Los transeúntes,
los pasajeros, los conductores realizan faenas diarias que desafían
las leyes físicas más elementales (un cuerpo no
puede ocupar el espacio de otro cuerpo) y con ello contribuyen
a un caos que sin embargo no es tanto, pues de alguna manera
la fricción, la gravedad, la inercia han conseguido aclimatarse
a una urbe sui generis. Así, a la hora de darles
imagen, Villaseñor ordena el caos y con escasas líneas
construye cuerpos que expresan no sólo movimientos, sino
emociones; con un ojo penetrante encuentra estructuras básicas
que robustece tanto con el color como con la composición.
IV
El tiempo es una sucesión de fragmentos, pero esa suma
tiene una apariencia lineal. Elena habla del tiempo consignando
hechos, situaciones, paisajes; en realidad toda su obra es un
inacabado códice de la urbe -también inacabada
e infinita (calcule el lector un espacio en donde habitan más
de 20 millones de personas)- que se prolonga ya por varias décadas.
Si cada lienzo pintado, cada trozo de papel dibujado o grabado
se dispusieran como un continuo, tendríamos el documento
de la percepción de una ciudad; una percepción
construida con las imágenes de la duermevela, con las
de la conciencia, con las imaginadas, con las soñadas.
V
Al bullicio de la calle, al pulso de los habitantes agréguese
luz y entonces aparecerán colores, vibrantes como todas
las fuerzas en movimiento. ¿Cómo piensa un artista
para lograr detener lo dinámico y otorgar a lo estático
lo kinético? ¿Qué tiene en los ojos y en
las manos para sintetizar las formas, para hacer caber en las
formas la vida? ¿Y qué es la vida, sino un amasijo
de luz y sombra que aparentemente ofrece rojos y azules y amarillos?
De este remolino Villaseñor extrae los colores ya vistos
y los que en este momento ve, abrevó en la máscara
y la cerámica de Ocumichu, en el maque y el esmalte y
cotidianamente asiste al espectáculo atávico de
la calle como una instalación en el que flores, frutos,
plásticos, ropas, vehículos surten la vista de
policromías inusitadas, y halla también las texturas
tanto de las ruinas como de los espejos, que todo eso es esta
Ciudad.
VI
El plano es la ilusión. El universo es esférico
y en la sucesión de curvas y espirales cabe un mundo
y una ciudad: hombres que danzan, luces que se fragmentan, un
niño y su perro y también ansiedad y dolor, y
ternura y armonía; sufrimiento y goce.
En México Tenochtitlán, mayo de 2001
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ELENA VILLASEÑOR Z.
Elena Villaseñor nace en Sahuayo, Michoacán,
México, el 12 de junio de 1944. Sin embargo desde muy
pequeña vive en la ciudad de México. Entre 1967
y 1968 realiza estudios de pintura y dibujo con el maestro
Luis Sahagún. Asiste a la Escuela de la Acuarela entre
los años de 1969 y 1971. De 1971 a 1975 estudia la
carrera de artes plásticas en la Escuela de Pintura,
Escultura y Grabado La Esmeralda. En 1980 se traslada a la
ciudad de Nueva York para asistir al taller de grabado del
Art Students League.
Exposiciones individuales destacadas
1990 Kraskin Gallery, Atlanta, Georgia, USA
1989 Apocalipsis No, Oelos y encáusticas.
Museo Universitario del Chopo. México DF
1991 ¿A donde van las sirenas?
Casa de la Cultura México-Japón. México
DF
1993-1994 Metáforas Urbanas. Museo
del Palacio de Bellas Artes. México DF
2000 Ciudad Relampagueante. Tecnológico
de Monterrey, Campus Estado de México. México
DF
2000 Tiempos Recurrentes. Galería
Metropolitana, Universidad Autónoma Metropolitana.
México DF
2001 Ciudad y Personajes. Exposición
de grabados. Estación Pino Suárez del Metro.
México DF
Premios y distinciones
1979 Primer lugar del Concurso de Grabado Día
del Árbol y Fiesta del Bosque, INBA-SARH, México
DF
1980 Primer lugar del concurso de grabado Día
del Árbol y Fiesta del Bosque INBA-SARH, México
DF
1980 Segundo lugar del Concurso de Pintura Sor
Juana Inés de la Cruz, Centro Universitario Cultural,
México DF
1981 Segundo lugar del Concurso de Pintura La
Ciudad, Instituto Nacional de Bellas Artes, México
DF
1984 Premio en la IV Muestra de Grabado Latinoamericano,
Curitiba, Brasil.
1991 Su obra fue seleccionada para participar
en la IV Bienal de La Habana, Cuba.
Ha participado en más de 137 exposiciones colectivas,
en diversos museos y galería de México, los
Esados Unidos de Norteamérica, Japón, Francia,
Argentina, Guatemala, Cuba y Bulgaria.
Su obra se encuentra en numerosas colecciones privadas e institucionales.
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Para contactarse con Elena Villaseñor: suam12@yahoo.com.mx
Sitio web: http://members.tripod.com/elenavillasenor/
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