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Retratos de La Habana es parte de un proyecto a largo
plazo que he estado desarrollando durante muchos años,
primero en México, luego en Roma, y recientemente
en La Habana. Este surge en el primer contacto que tuve
con la obra del retratista mexicano Ermenegildo Bustos.
Mi forma de trabajo fue la de montar un pequeño
estudio, y luego salir a la calle en busca de quien provocara
mi interés. Muy simple. Estas fotos fueron hechas
en un barrio de La Vieja Habana, en donde me recibieron
con gusto e hicieron sentir como en la calidez de mi propia
casa.
En el pasado trabajé arduamente en mi fotografía
para enmarcar el significado en el cual estaba interesado.
Pero en estas nuevas imágenes mi acercamiento fue
más reflexivo, una especie de wu wei taoísta.
En occidente se entiende a esto como la no-acción.
En realidad significa que, estando en el momento anterior,
o en la cadena de momentos, a que ocurra la acción,
y siendo extremadamente consciente, dejar que suceda sin
intentar dirigirla. Esto supone que todo tiene su propia
trayectoria interna, su Camino.
Pienso que esto es en definitiva el desarrollo del conocimiento,
del cual puede surgir aun más conocimiento. Deseo
el conocimiento pues me extiende. Deseo llegar a ser el
conocimiento mismo. El resto es tan solo una caja de fotos.
Mi anhelo es que al observar las fotografías,
estas prevengan nuestras mentes del hábito común
y prejuicioso de la vista al observar un retrato. Quiero
que el observador se detenga en un lugar de conciencia
por tiempo indeterminado sin sacar conclusiones, con la
esperanza que la experiencia que vivan sea mayor que la
esperada
Una vez, mi amigo John Paul Caponigro me preguntó
qué manifestaba con estos retratos. Nunca pensé
en esa pregunta al hacer el trabajo, y aun hoy no he dado
con una sencilla respuesta. Sé que no deseé
adular a esta gente o representarla como a otra más
de mis ideas. Pienso que solo quería estar con
ellos y tomar en serio ese momento, ver qué saldría
de allí, qué podríamos hacer junto.
El trabajo fue directo y experimental, las fotos son un
subproducto, restos de un proceso hecho en un estado que
fue abandonado y muy disciplinado. Este ha sido un trabajo
por voluntad propia que al mismo tiempo me sigue aclarando
cosas que no conozco.
Obviamente es un proyecto inconcluso. Y cuento con el
impulso que genera su necesidad de desplazamiento. Me
gustaría retratar a mineros en Siberia, indígenas
en los Andes, y hasta quizás las clases altas de
Nueva York. Y he realizado con discapacitados mentales
algunos trabajos, que encuentro muy desafiantes. Me gusta
ir más allá con esto.
En definitiva, simplemente ansío abrir mis ojos
y mi mente.
Sean Kernan
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