Artes plásticas

Jaime Genovart
(Barcelona 1941 - 1994)

 

Elementos sincrónicos de un paisaje
Por Gloria Bosch I Mir

Obsesión por las distancias

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La mezcla es síntoma de vivencia. Si la magia cotidiana permite visitar una sincronía de elementos, entonces podemos hablar de creación o invención, pero ese mecanismo es el que verdaderamente proyecta ese "todo" y "nada" que llevamos a cuestas. Cuando se invierte productivamente, cada idea, cada pieza del rompecabezas, puede ser una gran aventura plástica. Las ráfagas intuitivas que transforman día a día la vida interior en un juego de perspectivas entre pasado y futuro, proyectan ese otro juego de imágenes que unidas a un núcleo primitivo de elementos se sincronizan. Subyacentes o no aparecen la pintura como materia; la música que reviste a las formas de sensaciones; el espacio como búsqueda; poesía y distancia como soledades del poeta; el estímulo cambiante e incontrolable; el movimiento a través de colores, pulsiones, cambios de luz..., perspectivas todas que estructuran el "viento", la "memoria del paisaje", la "noche" como misterio o enigma -"paisatge de la nit i de la música", "nit a un, altre lloc", "una nit en el temps"...-; la génesis o ese ir hacia un lugar sin tiempo.

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Con Genovart se experimenta la necesidad de construir que nace del retorno a unas emociones o un estado psicológico primario. Son, en realidad, los "carriles de infancia" que señalaba, Cesare Pavese, esa vida interior que ha sentido desde siempre y comporta una serie de signos vivenciales para expresarse. Todo un mundo ya implícito en la propia naturaleza perceptiva que, a través de fugas románticas, accede al mundo de la creación como un proceso casi incons-ciente que él define como "mecanismo en el inconsciente que se mueve constantemente y exprime ideas como pasadas por un filtro. Hay una mezcla de todas estas cosas que ves y piensas, pero el cuadro también te lleva hacia otro lugar. Se establece una lucha y un pacto".

Un lento, largo y silencioso aprendizaje técnico. Pintor de noches y de domingos, encontró un camino que singulariza su obra y un afán: la búsqueda de espacios, de perspectivas que se pierden...

"Siempre he sido fiel al espacio. Tengo una obsesión por las distancias, por inventarme paisajes -los paisajes de mi mente-. Es como una pequeña magia: ventanas por donde escapar y volar".

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El Genovart de los años setenta hacía unos paisajes más fantásticos y abarrocados, imaginados e inventados, pero en los últimos tiempos hubo una depuración -evidente en el período representado en Hamburgo-, una esquematización que marca las pautas o referencias a un contacto vivencial más directo con el paisaje.

"Siento el tiempo y el color que lo determina. Antes, mis paisajes eran un poco cósmicos, más indeterminados e inexistentes, pero ahora se acercan más a lo posible. Son más próximos e incluso poéticos. Busco con más intensidad la luz, el color y los momentos o estados del tiempo. Pero siempre me ha gustado que sean cosas perdidas, cosas que sólo existen allí. Llegados a este punto se podría acentuar la sensibilidad romántica de este artista, heredada de la última etapa de Turner, pero la introspección creativa que busca lo insólito de la naturaleza, en él se invierte y crea mundos insólitos que desembocan en ella. Hay una riqueza de sobreentendidos -signos como letras, números, papel pautado... -, de sentidos que se recortan de nosotros mismos, de la memoria atemporal de la Aurelia, de G. de Nerval, o del este-reoscopio de las palabras-sensación de Joyce.


Un poco de magia

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Las mezclas de ingredientes diversos siempre le han gustado a Genovart y, sobre todo, ese punto de ambigüedad tan común a muchas obras actuales: "Me gustaría encontrarlo, pues para mí es una de las soluciones y caminos de la pintura actual: que una mancha pueda ser una nube o una montaña y al mismo tiempo una mancha".

Detrás de las palabras, detrás del paisaje... está su pintura. Detrás, incluso, de los nuevos expresionismos y la primariedad gestual, aparece la génesis de una vivencia, de un sentimiento o un estado psicológico perfectamente estructurado. La emoción saturada desprende ese lenguaje tan particular donde paisajes sin nombre tienen toda una escenografía de números, letras, caligrafías, notas musicales, manchas, gestos furtivos, formas irregulares, cambiantes, mutables... De espacios triangulares, cuadriláteros y formatos que rompen una estructura convencional del cuadro. Pavese decía que "crear una obra es transformar en absolutos el tiempo y el espacio (...) lo que tú llamas contemplación (tu carácter poético) es el paso del plano empírico al poético".

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"Modificar las medidas de un espacio es transformar. En las formas irregulares has de buscar otros equilibrios. Es más inexistente e irreal y se establece una contraste entre la composición y el formato, con todo un misterio ya implícito que no tendríamos si fuera clásico. Es un recorte plástico poético y a su vez un juego, un poco de magia".

Secretos, enigmas, mutaciones vivenciales, que sobrepasan la superficie de las cosas y, separando la piel, penetran en una sincronía de movimientos entre alusión directa -materializada en un signo- e ilusión de espacios, de perspectivas inacabadas, de pulsaciones gestuales, de manchas... Son los que mezclan y proyectan esa ambigüedad necesaria en toda obra de creación.




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Contacto Mercedes M. Genovart: genovart@genovart.com
Sitio web: www.genovart.com


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