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Elementos sincrónicos de un paisaje
Por Gloria Bosch I Mir
Obsesión por las distancias
La mezcla es síntoma de vivencia. Si la
magia cotidiana permite visitar una sincronía de elementos,
entonces podemos hablar de creación o invención,
pero ese mecanismo es el que verdaderamente proyecta ese "todo"
y "nada" que llevamos a cuestas. Cuando se invierte
productivamente, cada idea, cada pieza del rompecabezas, puede
ser una gran aventura plástica. Las ráfagas intuitivas
que transforman día a día la vida interior en
un juego de perspectivas entre pasado y futuro, proyectan ese
otro juego de imágenes que unidas a un núcleo
primitivo de elementos se sincronizan. Subyacentes o no aparecen
la pintura como materia; la música que reviste a las
formas de sensaciones; el espacio como búsqueda; poesía
y distancia como soledades del poeta; el estímulo cambiante
e incontrolable; el movimiento a través de colores, pulsiones,
cambios de luz..., perspectivas todas que estructuran el "viento",
la "memoria del paisaje", la "noche" como
misterio o enigma -"paisatge de la nit i de la música",
"nit a un, altre lloc", "una nit en el temps"...-;
la génesis o ese ir hacia un lugar sin tiempo.
Con Genovart se experimenta la necesidad de construir que nace
del retorno a unas emociones o un estado psicológico
primario. Son, en realidad, los "carriles de infancia"
que señalaba, Cesare Pavese, esa vida interior que ha
sentido desde siempre y comporta una serie de signos vivenciales
para expresarse. Todo un mundo ya implícito en la propia
naturaleza perceptiva que, a través de fugas románticas,
accede al mundo de la creación como un proceso casi incons-ciente
que él define como "mecanismo en el inconsciente
que se mueve constantemente y exprime ideas como pasadas por
un filtro. Hay una mezcla de todas estas cosas que ves y piensas,
pero el cuadro también te lleva hacia otro lugar. Se
establece una lucha y un pacto".
Un lento, largo y silencioso aprendizaje técnico.
Pintor de noches y de domingos, encontró un camino que
singulariza su obra y un afán: la búsqueda de
espacios, de perspectivas que se pierden...
"Siempre he sido fiel al espacio. Tengo una
obsesión por las distancias, por inventarme paisajes
-los paisajes de mi mente-. Es como una pequeña magia:
ventanas por donde escapar y volar".
El Genovart de los años setenta hacía unos paisajes
más fantásticos y abarrocados, imaginados e inventados,
pero en los últimos tiempos hubo una depuración
-evidente en el período representado en Hamburgo-, una
esquematización que marca las pautas o referencias a
un contacto vivencial más directo con el paisaje.
"Siento el tiempo y el color que lo determina.
Antes, mis paisajes eran un poco cósmicos, más
indeterminados e inexistentes, pero ahora se acercan más
a lo posible. Son más próximos e incluso poéticos.
Busco con más intensidad la luz, el color y los momentos
o estados del tiempo. Pero siempre me ha gustado que sean cosas
perdidas, cosas que sólo existen allí. Llegados
a este punto se podría acentuar la sensibilidad romántica
de este artista, heredada de la última etapa de Turner,
pero la introspección creativa que busca lo insólito
de la naturaleza, en él se invierte y crea mundos insólitos
que desembocan en ella. Hay una riqueza de sobreentendidos -signos
como letras, números, papel pautado... -, de sentidos
que se recortan de nosotros mismos, de la memoria atemporal
de la Aurelia, de G. de Nerval, o del este-reoscopio
de las palabras-sensación de Joyce.
Un poco de magia
Las mezclas de ingredientes diversos siempre le
han gustado a Genovart y, sobre todo, ese punto de ambigüedad
tan común a muchas obras actuales: "Me gustaría
encontrarlo, pues para mí es una de las soluciones y
caminos de la pintura actual: que una mancha pueda ser una nube
o una montaña y al mismo tiempo una mancha".
Detrás de las palabras, detrás del
paisaje... está su pintura. Detrás, incluso, de
los nuevos expresionismos y la primariedad gestual, aparece
la génesis de una vivencia, de un sentimiento o un estado
psicológico perfectamente estructurado. La emoción
saturada desprende ese lenguaje tan particular donde paisajes
sin nombre tienen toda una escenografía de números,
letras, caligrafías, notas musicales, manchas, gestos
furtivos, formas irregulares, cambiantes, mutables... De espacios
triangulares, cuadriláteros y formatos que rompen una
estructura convencional del cuadro. Pavese decía que
"crear una obra es transformar en absolutos el tiempo y
el espacio (...) lo que tú llamas contemplación
(tu carácter poético) es el paso del plano empírico
al poético".
"Modificar las medidas de un espacio es transformar. En
las formas irregulares has de buscar otros equilibrios. Es más
inexistente e irreal y se establece una contraste entre la composición
y el formato, con todo un misterio ya implícito que no
tendríamos si fuera clásico. Es un recorte plástico
poético y a su vez un juego, un poco de magia".
Secretos, enigmas, mutaciones vivenciales, que
sobrepasan la superficie de las cosas y, separando la piel,
penetran en una sincronía de movimientos entre alusión
directa -materializada en un signo- e ilusión de espacios,
de perspectivas inacabadas, de pulsaciones gestuales, de manchas...
Son los que mezclan y proyectan esa ambigüedad necesaria
en toda obra de creación.
- Ver curriculum -
Contacto Mercedes M. Genovart: genovart@genovart.com
Sitio web: www.genovart.com
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