Música

Simmel y el Bebop:
Desbocado viento del azar o saturada mansión del arte
por HERNÁN RONSINO (*)

 

- Escuchar Bebop -

¿Para qué releer a Platón cuando un saxofón puede hacernos entrever igualmente otro mundo?
Cioran, Silogismos de la Amargura.



Charlie Parker


Esto lo estoy tocando mañana, dice Johnny Carter, que bien podría ser Charlie Parker, huyendo de una realidad dominada por la Cosa, en El Perseguidor.

Pongamos un bar, imaginemos un bar, en un pequeño local de Harlem llamado, por ejemplo, Minton's Playhouse. Imaginemos que el tiempo, allí en ese bar de Harlem, es distinto al tiempo que puede estar imperando afuera, en la ciudad. Pongamos que en el bar estén tocando músicos que en la realidad de afuera fuese imposible que estuvieran tocando, juntos, en un lugar así, y en el tiempo de ese afuera. Pongamos que en ese bar están en el piano Thelonius Monk, en la trompeta Dizzy Gillespie, en el saxofón Charlie Parker, en la batería Keny Clarke, en el contrabajo, como invitado, y porque a todos nos gusta, el gordo Mingus, y por los mismos motivos en la guitarra, Django Reinhardt- imaginémoslo a Django, aquí, negro. Muy bien, están ellos, a punto de tocar, y estoy yo, y puede, imaginemos, estar, más atrás, solo, inclinado sobre la mesa, Simmel, que nunca escuchó jazz. Pongamos que yo llegue cuando ya empezaron a tocar, y que hago ruido, y al bajar las escaleras me tropiezo y tiro algo, y que todos me miran. Será la única interrupción. Yo llevo en la mano una libreta, y El Perseguidor de Cortázar, que nadie de todos ellos ha leído, o se imaginan que existe. Porque todos ellos no existen, afuera, en la realidad de la ciudad.

Entonces me animo a decir que eso que Parker está a punto de tocar lo está tocando mañana, agrandado, diciendo un chiste que nadie entiende, porque nadie, recuerden, ha leído El Perseguidor, ni mucho menos se imaginan que ellos, ahora, en la realidad de la ciudad, ya no existen como entidades físicas, se entiende, pero sí, con sus obras, con sus formas, y es de esto, es para esto, si se quiere, que los meto, en una noche posible, a tocar jazz: los vuelvo a reunir en una sesión de jazz. Quiero que Simmel escuche lo que es el jazz. Quiero en definitiva hablar del desbocado viento del azar (trompeta furiosa, piano caótico, vida, azar, renovación, aventura) o de la saturada mansión del arte (forma, prisión de la vida). Esto es lo que escribo en la libreta.


APUNTES EN UN PEQUEÑO LOCAL DE HARLEM LLAMADO, POR EJEMPLO, MINTON'S PLAYHOUSE

Hablaré hoy del jazz. Más precisamente, del movimiento al interior del jazz que se da en la década del 40, en Nueva York, y al que se lo llamó Bebop. Quiero tomar al Bebop, entonces, y analizarlo desde conceptos simmelianos. Encuentro en el Bebop a un movimiento artístico que significa un grito de hartazgo existencial (como el sentimiento blasé, del que Simmel cuenta que reina en las grandes metrópolis). Es entonces, no sólo en cuanto a lo musical, una renovación en las formas y ritmos (con la introducción de la quinta disminuida), sino que también es un grito en medio de un racionalismo Occidental que se desangra. El jazz habla de la sociedad que lo produjo. Es como dice Berendt, una música de protesta. Por un lado es su forma musical, caótica y desordenada, un grito en medio de la crisis existencial de occidente; por otro lado esta música hunde en las profundidades de la Vida al individuo que la crea y también al que la disfruta. Por lo tanto este repliegue espiritual conlleva un hallazgo de la Vida frente a la Forma objetiva que domina al mundo moderno.



Georg Simmel


Para Simmel, toda creación artística supone la apertura de un espacio ideal que tiene muy pocos contactos con el espacio real. Adorno critica esta postura estética de Simmel, y plantea la necesidad de que exista una unidad dialéctica entre el espacio ideal y el real. Adorno no cree que el jazz pueda ser música genuina, expresar en definitiva la realidad que sufren los creadores de jazz que son negros segregados y dominados. Para Adorno el jazz es un producto de la industria cultural al igual que el rock. Alabar el jazz y el rock and roll en lugar de Beethoven no sirve para desmontar la mentira de la cultura, sino que da un pretexto a la barbarie y a los intereses de la industria de la cultura. Las supuestas cualidades vitales y aún no dañadas de tales productos están preparadas sintéticamente por esos poderes que representan su negación: están realmente dañadas. (1)

Por mi parte agrego que la música que crea, por ejemplo, Thelonius Monk, no sólo es una recreación espiritual, un buceo por el mar de la Vida plena, sino que también, sin olvidar el pasado y el presente de sometimiento, refleja la dominación racista, la opresión de los negros, la guerra, la crisis existencial. Por ejemplo. "Cuando un poco más tarde cayó la primera bomba atómica, la banda de Gillespie estaba ya lista para comenzar a actuar, y la catástrofe se reflejó en forma fantasmal en Things to come, el Apocalipsis en Jazz de Gil Fuller, presentado en la versión Parker-Gillespie, con sus frases convulsivas, precipitadas y moribundas." (2)

"Quizá todo lo que llamamos música desde Bach, son elaboraciones de obsesión pegada a temitas y fragmentos de canto que en inmenso número dejaron aquellos músicos y pueblos. Quizá nunca, o casi nunca, ha ocurrido música genuina o individual: tránsito del estado sentido por el artista individual a su expresión directa y personal, busca de medios y deseo sentido de expresarse" .

Tal vez el Bebop sea, en sus improvisaciones, o jam sesion, ese tránsito del que habla Macedonio Fernández, tránsito del individuo creador a su expresión directa. Yo creo, en oposición a Adorno, que el Bebop, en especial, es música genuina y no solamente individual. Para Adorno, el jazz es un producto de la industria cultural. El Bebop es un movimiento que repudia el éxito impresionante del Swing, de las grandes bandas, las big band. Es por lo tanto, el Bebop una aventura en cuanto a la creación artística, es dentro del azar que domina su creación, sin registro ni partitura, donde radica el punto central de plena renovación constante, de una eterna aventura en el instante que dura la ejecución. De ese fragmento (el urbanita que vive en el fragmento y sólo puede obtener placer en el instante), tal vez sea el Bebop, precisamente, la metáfora más acabada, el símbolo de un tiempo alienado. Expresa un estado de alienación, y al mismo tiempo rompe lo cosificante del mundo exterior. Es en esos soplidos desgarrados, por ejemplo de Parker, o en las delirantes notas de Monk, en donde encontramos el punto, la ruptura, el quiebre, diría Simmel que se atraviesa la puerta que lleva a la libertad, al espíritu genuino, y se crea verdaderamente, y con ese crear se está uno renovando, siempre, claro, necesitando de las Formas, de la propia Catedral de la que habla Cortázar, pero sin quedar, justamente, prisionero en ellas.


El Jazz

"El jazz es una forma de música de arte que se originó en los Estados Unidos mediante la confrontación de los negros con la música europea. La instrumentación, melodía y armonía del jazz se derivan principalmente de la tradición musical de occidente. El ritmo, el fraseo y la producción de sonido, y los elementos de armonía del blues se derivan de la música africana y del concepto musical de los afronorteamericanos". (3)

Hay, a su vez, tres elementos que diferencian al jazz de la música clásica y ellos tienen que ver con: Una relación especial con el tiempo, definida como swing; una espontaneidad y vitalidad de la producción musical en que la improvisación desempeña un papel; y una sonoridad y manera de frasear que reflejan la individualidad de los músicos ejecutantes.

En el jazz por lo tanto se crea intensidad: ya sea a través de la fricción de los niveles rítmicos; con la improvisación, por el hecho de que el camino del músico al sonido es más breve y directo que en ningún otro tipo de producción musical; o, esa intensidad puede ser producida en la sonoridad y el fraseo que se produce por la inmediatez y forma directa con que una personalidad humana particular se proyecta en sonido. (4)

El jazz, por otro lado, nace marcado por factores sociales. El jazz es música de protesta. Esto también le da su vitalidad. Grita contra la discriminación racial, y contra la desaparición de la Persona.


Música de Negros



Thelonius Monk


La apropiación de los instrumentos musicales por parte de los negros, a fines del siglo XIX, una vez que las bandas militares se desarman, es un punto de arranque simbólico. Es la posibilidad de comenzar a expresar una voz. Estos negros de las plantaciones, que luego se concentraran en Nueva Orleáns, lugar donde nacerá el jazz, son negros racialmente explotados que entenderán a la creación musical como un grito de liberación, en donde se ejecuta el fluir constante de la Vida. Se genera de este modo, un espacio descosificado. O sea, y más precisamente en el Bebop, se genera una esfera que será replica de la Vida. El momento de creación y el de ejecución se parece a la Vida misma como lo escribe Simmel en Para una metafísica de la muerte: "Pero nosotros morimos y experimentamos la vida como algo azaroso, pasajero, como algo que, por así decirlo, también podría ser de otra manera."(5) Si tomamos en cuenta estas definiciones, un tema característico del Bebop reúne estas cualidades que Simmel le confiere a la experiencia de la Vida. Un tema de Monk, si lo analizamos, es algo azaroso, pasajero, y que también podría ser de otra manera. También estos temas mueren. Por lo tanto, si tenemos en cuenta esto, entra la necesidad de plantear la problemática de la vida y de la muerte. Estos temas musicales, imprevisibles, minutos antes de ser tocados, creadores de otra realidad, y transportadores de placer, están, como diría Simmel, predeterminados desde dentro por la muerte. El hecho de no quedar fijadas en grabaciones, si pensamos en los orígenes del BeBop en suburbios de Chicago o Nueva York, si pensamos, entonces, en la fugaz creación, y en la muerte instantánea: cuando el trompetista crea, no deja rastros, no fija su creación en ninguna parte; esa nota, que la rescató y la creo su propio espíritu, al expresarse, muere. Y ese fugaz instante está predefinido por la muerte. La Vida, como dice Simmel, necesita de la muerte para poder tener un sentido y ser. Sólo las melodías musicales llevan en sí su propia muerte como una necesidad interna, escribe Sartre en La Náusea.

Entonces, podemos pensar que la vida de los creadores del Bebop, y su obra suponen un continuo vértigo. No hay, como especifica Simmel, en relación a la realidad del actor y del personaje que el actor encarna en un momento particular, dos realidades separadas y conscientemente demarcadas. Las vidas de los hombres del Bebop - Charlie Parker en este caso sería el actor de sí mismo -, también son vidas caóticas, pasajeras y que podrían ser de otra manera. Música y vida se funden en una realidad desordenada. Vida y obra son la expresión más acabada de una época desesperada. El Bebop es un sonido "frenético", "nervioso", "fragmentario", "abreviado", "precipitado". Podemos pensar que esos temas fugaces, desesperados, se ligan íntimamente con el motor de la vida de la mayoría de sus creadores. Para el músico creador del Bebop la muerte temprana a menudo fue la regla. Por ejemplo, Charlie Parker muerto a los 35 años, destruido por las drogas y el alcohol. Bud Powell, el "padre del piano bebop", también muerto en condiciones similares. Y el trompetista Fats Navarro que falleció a los veintiséis años.


La Metrópoli: Soledad y creación



Bud Powell


Las grandes urbes desarrolladas en los últimos siglos por el crecimiento industrial, por la división del trabajo, y por corrientes migratorias, se transforman para Simmel en el ámbito de la economía monetaria. Impera pues una mentalidad racionalista, calculadora. El dinero es junto a lo racional, las dos cualidades fundamentales de ese espacio que remite al mundo moderno. La vida en las grandes metrópolis se caracteriza por ser una vida fragmentaria y fluida. El individuo se encuentra en una contradicción. Por un lado, y de acuerdo a la división del trabajo, resigna sus potencialidades como sujeto, su riqueza, a favor de la especialización, en un espacio definido dentro de la cadena de la división del trabajo. Por el otro lado, frente a esta atrofia de la esencia misma del sujeto, se produce un repliegue del sujeto hacia espacios de intimidad y de soledad. Se produce un acrecentamiento de la vida anímica ante el feroz estímulo que proviene del mundo exterior. La soledad para Simmel no sólo significa la ausencia de toda sociedad, sino también, justamente, la existencia de una sociedad que, siendo de algún modo postulada, es inmediatamente después negada. Dice Simmel que tanto el placer como la amargura de la soledad son reacciones ante estímulos sociales. Se dijo que en el ámbito de la metrópoli se produce un repliegue hacia espacios más íntimos y de soledad. Es posible pensar, con esto, que el jazz no podría surgir, el jazz tal cual lo conocemos, el Bebop, si se quiere, en un ámbito que no sea el de una gran urbe y que tenga las características definidas anteriormente. El Bebop vendría a ser una ruptura, una fuga de ese ordenamiento racional y solitario. Fuga a partir de la cual se expresaría el chorro de la Vida (infinito, inabarcable, no fijo). Dice Cortázar: Pero la soledad es presencia constante, y acaece para definir nuestro ser y nuestro querer. En el arte, el altruismo resulta vana tentativa. Si el ser se ha de salvar por la belleza, la música debe surgir, pura porque nuestra, desde el centro mismo de cada hombre. Dice Cortázar: Cada uno debe ser su Músico. Cada uno debe levantar su catedral. La Forma, siguiendo esta idea de Cortázar, en Simmel, creada por la Vida, se vuelve cárcel para ésta. Hay que cuidar que esa catedral no se vuelva una prisión, o peor, una verdadera Catedral, símbolo de un dogma. La forma del jazz hace imposible que la catedral sea una eterna Catedral, un dogma, pues tocar sobre la improvisación, todo el tiempo estar buceando en el azar del espíritu y no dejar rastros de esa innovación, no sólo alimenta el alma, sino que siempre se supera a sí mismo. Aunque el jazz sea la forma musical de creación más personal.

Las modernas metrópolis, siguiendo a Simmel, se encuentran atravesadas por la tragedia de la cultura moderna. Ese mundo objetivo que se distancia cada vez más del mundo subjetivo que le dio vida. Alienando y atrofiando la fuente de vida de cada sujeto, la "inagotable" fuente de vida. En el arte levantar cada uno con sus propias manos una catedral entraña riesgos.


La Aventura del Bebop: Una legítima vivencia estética

Para Simmel, la forma de la aventura consiste en que rebasa y rompe la conexión de la vida. Todo aquello que interrumpa al fluir normal de la vida será tomado como aventura. Aquello extraordinario, extraño, que deja una marca y un recuerdo como de un sueño vivido. La aventura es "aquella parte de nuestra existencia que transcurre en su sentido más hondo fuera de la normal continuidad de esa existencia". Como relaciona Simmel la idea de agotar y concentrar a toda la vida en esa unidad, es lo que liga a la aventura con la obra de arte. Ambas son sentidas como un todo cerrado y bien delimitado. Comencemos a pensar la relación entre aventura simmeliana y el Bebop. Dice Simmel: y siendo un accidente fragmentario tiene, sin embargo, su sentido propio, redondo, como una obra de arte (se refiere, Simmel a la aventura, y pensemos que esa obra de arte sea un tema de jazz), agolpando como un sueño -sigue Simmel- todas las pasiones, está destinada a ser olvidada, como el sueño mismo: y deshaciéndose como un juego ante lo serio, se juega, sin embargo, como en el va banque del jugador, la ganancia suprema o la ruina.



Charlie Parker y Miles Davis


El músico de jazz tiene su sonido propio. Un jazzista percibe y siente, comprende y abarca lo que toca. El sonido de un jazzista es tan personal, que puede llegar a ser reconocido, por ejemplo, con unos pocos tonos, que el que está tocando es Miles Davis. Eso no sucede con las grandes orquestas de música clásica.

El jazz, cuya esencia es que cada momento tiene una verdad propia, da al azar la ocasión de ventilar la saturada mansión del Arte.(6) A partir de la improvisación es que se lanzan a la aventura. Si bien la improvisación es una técnica que ya había sido utilizada por Bach, pero esto no quiere decir nada.

"Entre ellos (los músicos de jazz) no hay autores y ejecutantes, músicos e intérpretes. Todos ellos son músicos. No tratan de ejecutar creaciones ajenas; apoyan su orquesta sobre una melodía y un ritmo conocidos, y crean, libremente su música"(7) "Melodías viejas como sus algodonales, jamás escritas porque la música no puede ser escrita, afloran de sus pianos, sus saxos y sus clarinetes con la gracia proteiforme y ubicua de ser siempre las mismas y, sin embargo, cada vez nuevas músicas". El jazz para Cortázar es una legítima vivencia estética, "en donde late a cada instante una nueva música nacida de la jubilosa matriz del viejo tema". Muestra su valor de constante creación estética, y el goce de cada músico con su propia obra inmediatamente olvidada, sin crónica ni historia.

Pienso en el jazz como una aventura porque lo encuentro irrumpiendo en la normal continuidad de la Vida. Es un todo cerrado, lleno de sentido, que puede llegar a abarcar y a agotar a la Vida. Esta aventura que supone crear jazz y escucharlo, nos renueva, como si volviéramos de un viaje, nunca nadie vuelve igual después de un viaje o de una aventura, precisamente porque se rompe con el curso rutinario de los hechos y acontecimientos que nos rodean. Y a su vez rompe, así lo estimo, con las prisiones de la Forma.



Dizzy Gillespie


Según Simmel la Vida es esencia, inquietud, desarrollo, corriente continua, lucha permanente contra sus productos fijos que no pueden acompasarse con ella; pero como la Vida sólo puede encontrar su propia existencia externa expresándose en alguna Forma, este proceso se presenta visiblemente como una suplantación de la Forma vieja por la nueva. La Forma es lo fijo, lo finito. La Vida es un fluir constante infinito, inagotable.

Las sociedades modernas, como se ve en las metrópolis, están dominadas por el mundo objetivo, frente a un mundo subjetivo cada vez más en retroceso. Las Formas, creadas y necesitadas por la Vida para poder expresarse, se vuelven, como lo dice Simmel, en prisión de la Vida. Creo que el jazz, y particularmente el Bebop por ser un movimiento renovador que traza las claves para la música moderna influyendo en el resto del siglo: es ese desbocado viento que ventila la mansión del arte. El azar que motoriza a la creación y la búsqueda en la improvisación, rompen con el mundo chato y cosificado. El espíritu quiebra por un instante el predominio de las Formas. El carácter del azar y la improvisación no le permite a la Forma volverse la prisión de la Vida, que es flujo esencial que realimenta el alma. Y esto es así también por ser una creación verdaderamente individual - pero no por eso menos social -, algo bien distinto a las grandes orquestas clásicas europeas.

"Las Formas que la Vida se ha construido como vivienda se han vuelto una vez más cárcel para la Vida". Es precisamente esto lo que el Bebop, por su estructura estética, impide. Como el viento que renueva el aire de una casa, es posible pensar esta renovación artística. El BeBop es una aventura que renueva a la música, y que la renueva para desaparecer. Como un gran asesino que no deja huellas, ni deja rastros, que sólo nos deja el crimen cometido.

En el abandono a las turbulencias del lenguaje (donde el lenguaje empieza a perder su forma, la Forma preponderante), el concepto, la imagen o convicción que llevaron a escribir resultan ser una inseguridad o un desorden, y éstos el origen de una visión más clara, escribe Gombrowicz en su Diario.



Charles Mingus


Se puede pensar entonces, que sea ese desorden del lenguaje musical lo que lleve, en la búsqueda de notas, en la persecución, a la aventura, por ejemplo, que cuenta Cortázar en El Perseguidor, donde nos muestra cómo el protagonista, Johnny Carter (que bien podría ser Charlie Parker), vive en una dimensión distinta. No se siente perseguido, sino que él persigue algo que no se sabe bien lo que es. En el caos del lenguaje se puede encontrar la belleza, la forma que libere, que permita en el mismo instante sacarnos del caos, del barro negro y profundo que supone una creación artística o una realidad cosificada. Como dice Gombrowicz: "Entre uno y la obra surge una lucha igual a la que se origina entre el carretero y los caballos desbocados. No puedo dominar a los caballos, pero debo tener cuidado de no caerme… A dónde llegaré, no lo sé, pero tengo que llegar sano y salvo. Es más, debo extraer el mayor placer posible de esta carrera."

Internarse en el barro oscuro y caótico de la creación puede devorarnos, o podremos salir enriquecidos espiritualmente de esa aventura, con una perla en la mano. Una perla que brilla. Y que no nos pertenece. Una perla que es de todos. Una perla que libere.

Pongamos que la Vida sea ese soplo constante de creación y renovación, que sea como los caballos desbocados de los que habla Gombrowicz, y que la Forma sea esa mansión saturada, en este caso, mansión del arte.

Los tipos tocan como caballos desbocados. Los tipos se arquean, se doblan. Hacen muecas y gestos de placer. Están tocando algo que Simmel y yo no podemos tocar, sentados, en ese pequeño local de Harlem. Y cuando todo cae, cuando el sonido se desploma y desaparece, sólo nos queda el zumbido de lo que ya no existe. Los tipos, que son los músicos, sacan sus cuerpos del escenario: lentamente sacan sus cuerpos inventados del escenario. Sólo saluda Gillespie porque es un buen tipo, y porque pienso, ahora, que tal vez él sí haya leído El Perseguidor. Después Gillespie le dice algo al oído a Charlie Parker, y me miran, y me señalan, y se sonríen. Desaparecen rápidamente detrás del humo. Porque siempre hay humo en estos bares. Entonces descubro que Simmel se ha ido antes de que los tipos, que son los músicos, hayan terminado de tocar. Y yo no sé si se fue despavorido, rememorando el tiempo perdido que significa para él Bach o Beethoven, o si se fue previendo que el final abrupto nos impondría un vacío. El vacío de la Forma, me digo. La vuelta a una realidad dominada por la Cosa.

Esto lo estoy tocando mañana, dice Johnny Carter, que bien podría ser Charlie Parker, huyendo de una realidad alienada, en El Perseguidor. Esto lo estoy escribiendo mañana, digo yo, antes de salir del pequeño local de Harlem llamado, por ejemplo, Minton's Playhouse.

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NOTAS:
(1) Theodor Adorno, Teoría Estética, página 414. Taurus, 1980.
(2) Macedonio Fernández, Museo de la Novela de la Eterna, página 55, Corregidor, 1975.
(3) El Jazz, Joachim Berendt, Fondo de Cultura Económica, 1994.
(4) Ibídem, página 699.
(5) El individuo y la libertad, Georg Simmel, Ediciones Península, 1986.
(6) "Las riendas del caballo desbocado", por Marcelo Cohen, en Revista PUGLIESE, nº 7.
(7) En Cartas Desconocidas de Julio Cortázar, de Mignon Dominguez, Sudamericana, 1992.

(*) Hernán Ronsino nació en Chivilcoy, Provincia de Bs. As., en 1975. Es sociólogo, egresado de la UBA, y escritor. Tiene un libro de cuentos inéditos, y actualmente continúa trabajando en su producción literaria




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