Música

Breve charla con Paco Ibañez
por CÉSAR GÜEMES

 


Paco Ibañez - En vivo en el Olympia de París

A GALOPAR de Rafael Alberti
ANDALUCES DE JAÉN de Miguel Hernández
COMO TÚ de León Felipe
COPLAS A LA MUERTE DE SU PADRE de Jorge Manrique
ES AMARGA LA VERDAD de Francisco de Quevedo
LA MAUVAISE REPUTATION (La mala reputación) de Georges Brassens
LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO de Gabriel Celaya
NOCTURNO de Rafael Alberti


Si no puedes escuchar las canciones
baja la última versión de Windows Media





Con suerte, al hablar con un pintor te mostrará algo de su obra nueva. Con mucha suerte, al conversar con un escritor te leerá un texto inédito. Con toda la suerte, al platicar con Paco Ibañez cantará a capella una canción que está a punto de terminar. Ya que es intraducible a palabras la música que propone, vayamos al diálogo.


-Comencemos por sus maestros de guitarra. ¿Quiénes fueron?, ¿qué lo enamoró del instrumento?

-El primer acorde, re mayor, me lo enseñó un amigo cuando toda mi familia pasó a Francia. El cantaba rancheras y otras canciones mexicanas. Se llamaba Pepito. Luego mi padre me sugirió que aprendiera violín. Estuve seis meses intentándolo y lo dejé. Me atraía la guitarra. Me decidí por ella. En París mi padre conocía un músico de nombre Francisco Gil y con él empecé a aprender ya en plan académico. Tenía entonces 18 años. Ahí comencé a hacer arpegios y escalas y a estudiar varias técnicas.


Atesorar las enseñanzas de Brassens

-¿La composición viene al mismo tiempo?

-Mucho más tarde. Verás, si llegué a París a los 18, comencé a tocar acompañando a Carmela, la cantante, y luego trabajé con Soto, el pintor, que se ganaba la vida con la música. Me metí en el mundo de la canción, descubrí la obra de Brassens y vi que le ponía música a poetas franceses. Eso fue como si me hubiera dado el permiso para hacerlo yo también. ''El primer poema que trabajé fue aquel de Góngora que dice 'dejadme llorar a orillas del mar'. Ahí empecé. Luego Góngora me presentó a García Lorca, y él a Alberti y éste a Quevedo. Así he ido, de poeta en poeta hasta hoy.''


-Coincidió con Brassens. ¿Qué tanto se frecuentaban?, ¿fueron amigos?

-Nos quería mucho a mi hermano y a mí. A menudo íbamos a verlo. Pero decir que fuimos amigos, que compartimos juergas o comidas, pues no. Nos veíamos y dejó las puertas abiertas. Siempre estuvo cuando lo busqué.

''La última vez que lo vi fue cuando acudí a su casa para presentarle las canciones que traduje de él al castellano. La imagen final que tengo de Brassens es de ese día en que tomó la guitarra y me enseñó cómo hacer ciertos acordes. El era poseedor de una gran sabiduría musical, de un feeling y un ritmo que todavía le envidio. Era capaz de colocar las letras de modo que se apreciaban bien sentadas en la música. Yo le pregunté cómo hacía eso y él me lo mostró. Haberlo conocido es un tesoro que llevo dentro. Si hay una persona en la que sean lo mismo el creador y el ser, esa persona era Brassens.''

-Una característica de su obra es la economía. No hay alarde al tocar la guitarra. Es lo opuesto al barroquismo. Su música está llena de silencios.

-Eso es poner la notas que tienen que estar. A las que no, les digo que se vayan a pasear o a otra canción. Podría lucirme más con la guitarra, eso lo sé, pero no tengo ganas. No quiero que digan que toco muy bien la guitarra. Si lo dicen o lo piensan, que sea después. Distraer a las personas con el virtuosismo o con las facultades no es bueno. Y esto tampoco es un acto de humildad, es servir a la canción en su totalidad. Si hago una nota más sólo para lucirme, estoy traicionando mi trabajo. A lo mejor es severidad. No sé cómo llamarlo, pero nunca haré una nota más de las que pienso que tiene que haber.


''Y aparte hay otra cosa: fíjate tú que estoy cantando ahora de una forma distinta a la de antes. Sé que la gran escuela es el tiempo siempre y cuando le pongas interés. Durante cantidad de conciertos nunca quedé a gusto. Me decían que estaban bien, pero no, no era eso, hostias. Entonces, venga a buscar. Y así pasaron años y años. La madre que parió a los años. Y yo, buscando. Por fin lo he logrado. Me explico: ya no canto para que me oigan sino para que me sientan. Puedo cantar cerca del micrófono y se me va a escuchar mucho más. Pero lo que se oye es el cuerpo de la voz y quiero que salga el alma de la voz, a ver si esto se entiende. Ahora me compré un micrófono muy sensible y el alma a la que me refiero sale si canto de lado. Entonces busco el punto para que el sonido sea el que quiero. Esa es mi convicción. Claro que se me escucha menos. Muchos dirán que tengo carencia de voz, pero no es verdad, tengo la voz mejor que nunca. Hago lo mismo que con la guitarra: no hay alarde. Deseo que cuando me escuche alguien diga: hostias, qué canción".

-Pensé que el concierto en el Olympia de París ya había sido un trabajo redondo. De eso han pasado 30 años. ¿Aún así continuó buscando el matiz que necesitaba?

-Lo que ocurre es que hay otro aspecto que juega aquí: el concierto del Olympia fue efectivamente en el 69, y había una efervescencia y una fiebre de acontecimientos. Y entonces no se trataba de desechar pero sí de arrinconar un poco estos detalles de los que hablamos ahora, eso de hacer las notas justas o no. En el Olympia, más importante que cantar, era estar ahí juntos. Cada canción era un pretexto para que las personas manifestaran sus creencias, su sensibilidad, su posición política o su rabia. Ahí serví de instrumento para que los seres, que cantaron más que yo, dijeran lo que necesitaba decir.

Clamar y manifestarse

''Hoy las cosas son distintas: el que sube al escenario y el que canta soy yo. Si logro llegar hasta el público, pues recibe lo que doy y se lo lleva. Antes no me preocupaba tanto el detalle o el perfeccionismo. Déjame ser claro: digo perfeccionismo y me refiero a la mejor manera de expresar lo que quiero. Desde el Olympia para acá me he tardado por lo menos 25 años en conseguir lo que quiero. Es la leche, si te pones a pensar.''

''Durante 25 años canté frustrado. Había una urgencia tal en España que ya no te fijabas en si todos los elementos de la canción eran idóneos. Se trataba de cantar, de estar ahí, clamar y manifestarse. Después las cosas se han colocado, digamos, en su lugar. Si después de la muerte del monstruo hubiera habido un intento de realizar todo aquello que se quería, solidaridad, justicia y memoria de la que estamos cargados, si hubiéramos intentado hacer algo así en España a lo mejor continuaría arrinconando mis deseos de perfeccionismo para ser un instrumento de actividades de tipo social. Pero como eso no ocurrió, lo único que puedo dar son las canciones, la emoción y que cada cual la maneje como vaya de acuerdo con su conciencia o su dignidad. No me hago cargo de lo que haga cada uno con la emoción que, si bien me va, consigo transmitir. La emoción sí que es un arma cargada de futuro".




Suscríbete a Enfocarte.com y recibe las actualizaciones en tu e-mail





- Imprime esta página -

 

Copyright © 2000-2001 Enfocarte.com /fvp.
Prohibida la reproducción de cualquier parte de este sitio web sin permiso del editor. Todos los derechos reservados.