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Se cree que en los últimos años
se han practicado mutilaciones genitales a más
de 130 millones de niñas y pre-adolescentes,
tanto en Africa como en Europa. En algunas de estas
naciones el clítoris de la niña se machaca
entre dos piedras; en Egipto, con bisturí en
el quirófano. En Somalia se realizan ablaciones
de clítoris al 98% de las mujeres. En España,
las familias inmigrantes de origen africano realizan
estas ablaciones en la clandestinidad poniendo la vida
de sus niñas en constante riesgo.
La presión de cientos de años sobre las
mujeres hace que éstas perpetúen la práctica
y el silencio social sobre ella. Tanto en el Primer
Mundo como en los países en desarrollo el
debate sobre estas prácticas se ha tornado complejo,
ningún gobierno quiere sobrepasar los límites
culturales. Pero debemos tomar en cuenta que estos límites
jamás debieran atentar contra los derechos humanos.
La defensa del multiculturalismo no representa
el abandono de los principios éticos universales.
Estas aberraciones inhumanas que agreden la integridad
física y las condiciones elementales de desarrollo
de la dignidad de los menores de edad se fundamentan
en costumbres ancestrales asociadas con prejuicios religiosos.
Es inminente que se pongan límites a este tipo
de singularidades culturales que violan en nombre
de la tradición los derechos humanos.
Durante la historia de la humanidad han existido infinidad
de concepciones del vocablo cultura y sea cual fuere
el concepto que se tome, jamás puede incluir
prácticas que agredan al ser humano. El antropólogo
Clifford Geertz en su libro La interpretación
de las culturas, desarrolla una concepción
sintética de cultura, es decir que los factores
biológicos, psicológicos, sociológicos
y culturales se tratan como variables dentro de un mismo
sistema (el ser humano). Esta concepción está
basada en la noción de que la cultura "no
es sólo un ornamento de la existencia humana,
sino que es una condición esencial de ella".
Más adelante explica que el desarrollo físico
y la evolución cultural fueron simultáneos,
que los cambios biológicos más importantes
se produjeron en el cerebro y en el sistema nervioso
central y, por último, que el ser humano "es
un animal incompleto, un animal inconcluso".
De estas afirmaciones se desprende que "sin
hombres no hay cultura por cierto, pero igualmente,
y esto es más significativo, sin cultura no hay
hombres".
Si la cultura es una "condición esencial"
de la naturaleza del hombre, entonces las costumbres
y factores culturales deben preservar la integridad
humana. Los derechos humanos deben estar por encima
de la tolerancia y del multiculturalismo.
Justificar las mutilaciones genitales como práctica
singular de una cultura es una de las mayores violaciones
a los derechos de los menores de edad, privándolos
de su integridad física y psíquica y por
sobre todas las cosas despojándolos de su dignidad.
Como escribió Geertz, "sin cultura no
hay hombres"; pero podemos completar esta expresión
afirmando que sin dignidad no hay humanidad ni cultura.
/fvp
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